Siempre sale el sol 16.

Luna se despertó y, cuando abrió los ojos, se encontró entre los brazos de Mike. Mike ya estaba despierto y la observaba sonriendo mientras ella se despertaba. La abrazó, la besó en los labios y le susurró al oído con ternura:

—Buenos días, preciosa.

—Buenos días —le respondió Luna sonriendo y añadió divertida—: ¿Preparado para ir a casa de mi abuela Clare?

— ¿Qué le vamos a decir a Clare? Obviamente sabrá que hemos pasado la noche juntos.

—Mi abuela no es tonta, Mike —fue la respuesta de Luna—. Tranquilo, siempre anda diciendo que hacemos una bonita pareja y deberíamos acabar juntos como Helen y Ryan, así que no tienes de qué preocuparte.

Mike y Luna se levantaron de la cama, se dieron junto una ducha y acabaron haciendo el amor de nuevo. Mike llevó a Luna a casa de su abuela y mientras Luna se ponía un bikini y se cambiaba de ropa para ir al río, Clare invitaba a Mike a desayunar en la cocina. Mike esperaba que Clare les preguntara por qué no había vuelto a dormir a casa Luna y dónde habían pasado la noche, pero Clare no mencionó nada al respecto porque sabía perfectamente lo que ocurría entre esos dos, aunque no acabara de entender por qué habían esperado cinco largos años para decidirse.

—Mm… ¡Has hecho tortitas de chocolate, abuela! —Exclamó Luna al entrar en la cocina y oler las deliciosas tortitas de chocolate de su abuela—. Gracias abuela, estoy hambrienta.

—He supuesto que necesitaríais recargar energía, sobre todo si pensáis pasar el día con la pequeña Amy —comentó Clare dedicando una mirada de guasa a su nieta.

—Clare, ¿no quieres venir al río con nosotros? —La invitó Mike.

—Gracias Mike, pero le dije a Helen que esta noche me quedaría con Amy, así los cuatro podréis salir a divertiros un poco —le contestó Clare.

Luna y Mike desayunaron las riquísimas tortitas de Clare y después se dirigieron al club de campo, dónde Ryan, Helen y Amy ya llevaban un rato esperándoles.

Subieron a los caballos y se dirigieron al río. Amy se había empeñado en ir a caballo con Luna y Luna, tras asegurarle a Ryan una y mil veces que no pasaría nada, subió a la pequeña con ella en el caballo. Por suerte, Helen no era tan protectora con Amy como lo era Ryan y se puso del lado de su prima, pero Mike no se pronunció. A Mike ya le costaba bastante ver a Luna sobre el arisco caballo de Helen, que llevara con ella a Amy le preocupaba todavía más pero Mike prefirió no decir nada y confiar en Luna, tal y cómo le había prometido que haría.

Pasaron el día en el río, Helen había preparado un delicioso picnic que todos comieron bajo la sombra de los árboles. Se bañaron en las frías aguas del río y Mike tuvo que contenerse una infinidad de veces para no abalanzarse sobre Luna y comérsela a besos como deseaba. Pero una de las veces en las que Mike se metió en las frías aguas del río, Luna decidió acompañarlo aprovechando que Helen y Ryan estaban entretenidos con Amy.

—Espera, voy contigo —le dijo Luna caminando rápido para llegar hasta Mike. Cuando lo tuvo lo suficientemente cerca como para hablar sin que nadie más la escuchara, añadió—: Pequeño vaquero, tengo la ligera impresión de que tratas de evitarme.

—Lamento tener que admitirlo, pero es cierto —le contestó Mike divertido. Se acercó más a ella y le susurró al oído—: Ya es bastante difícil contenerme con solo mirarte, no quiero pensar qué pasaría si me pidieras que te pusiera crema.

—Mm… No se me había ocurrido, pero no es una buena con Amy delante —se mofó Luna—. Si estuviéramos solos, pequeño vaquero…

—No termines esa frase o no respondo de mis actos —le interrumpió Mike poniéndose serio y añadió mirándola a los ojos—: Repítemelo más tarde, cuando estemos a solas.

—Es que no puedo evitarlo, estás tan sexy sin camiseta —le provocó Luna con una sonrisa maliciosa en los labios. Nadó hasta quedar a un centímetro de distancia frente a él y le susurró con voz ronca—: Se me ocurren muchas cosas que podríamos hacer —Mike contenía la respiración y la observaba en silencio, tratando de no caer en la tentación. Luna pegó su cuerpo al de Mike para comprobar su excitación y, tratando de llevarlo al límite, acarició su duro y erecto miembro bajo el agua antes añadir burlonamente—: Me parece que meterte en el río para bañarte en el agua fría no es la solución para tu problema.

—Será mejor que dejes de provocarme si no quieres que te haga el amor delante de tu ahijada —le advirtió Mike. Cogió la mano de Luna que ocultaba bajo el agua, la sacó a la superficie y, antes de besarle la mano, añadió—: Te voy a hacer pagar lo que me estás haciendo.

—Yo no hecho nada malo —se excusó Luna poniendo cara de no haber roto un plato en su vida—. Además, no puedes negarme que te gusta.

Mike la salpicó con agua y ambos se enzarzaron en una pequeña batalla de salpicaduras que acabó cuando Mike la cogió de la cintura, la estrechó entre sus brazos y dejó sus labios a escasos centímetros de los labios de Luna, pero no la besó, en lugar de eso le susurró:

—Esta noche duermes en mi casa, no acepto una negativa por respuesta.

—Mm… Un plan tentador.

Mike obligó a Luna a salir del río y él se quedó un rato más nadando en las frías aguas para tratar de bajar su tremenda erección.

Poco rato después, decidieron regresar al club de campo para dejar los caballos y Mike se ofreció a llevar a Luna a casa de su abuela. Se despidió de ella con un leve beso en los labios o acabaría llevándosela a su casa para no dejarla salir de allí nunca más.

Luna se volvió hacia a Mike para sonreírle antes de entrar en casa de su abuela, quien la esperaba sentada en el sofá del salón tomando una taza de té.

—Hola abuela, ya estoy en casa —saludó Luna a Clare besándola en la mejilla.

—Hola cielo, ¿todo bien? —Le preguntó su abuela, quién había visto desde la ventana de la cocina el beso de despedida que Mike y su nieta se habían dado en el coche.

—Todo genial, abuela —le respondió Luna sonriendo—. Helen vendrá a las ocho para traer a Amy y recogerme, cenaremos en casa de Helen y Ryan.

— ¿Vendrás a dormir a casa? —Quiso saber Clare.

—Abuela, ¿hay algún problema si no lo hago?

—Eres mayorcita para tomar tus propias decisiones, pero si avisas a esta anciana de que no vas a venir a dormir, no me pasaré la noche en vela esperándote —le dijo Clare a su nieta. Le acarició la mejilla con el dorso de la mano y añadió divertida—: Si me dices que vas a estar con Mike, la verdad es que me quedo más tranquila. Parece que últimamente os lleváis muy bien, ¿no?

—Es complicado, abuela. Pero ambos estamos poniendo de nuestra parte.

—Luna, he visto la chispa y el brillo que se os pone en los ojos cuándo os miráis, os acabo de ver besaros en su coche y tendrías que ver la cara de enamorada que tienes, no me trates como a una vieja chiflada que no se entera de nada —le reprochó su abuela—. Entiendo que no quieras hablar del tema, tú nunca quieres hablar de nada que implique mostrar tus sentimientos.

— ¿Quieres saber lo que siento? —Le espetó Luna—. Siento miedo, abuela. Es la primera vez en mi vida que se me pasa por la cabeza compartir el resto de mi vida con un hombre y estoy asustada. Mike se ha empeñado en ir despacio porque teme que me sienta presionada y salga huyendo y la verdad es que, aunque le he prometido que no lo haría, no estoy muy segura de poder cumplirlo.

—Me alegro de que por fin os hayáis decidido a dar el paso, los dos hacéis muy buena pareja y Mike es un gran chico —concluyó Clare satisfecha.

Tras hablar con su abuela durante un buen rato sobre Mike, Luna subió a su habitación para ducharse y cambiarse de ropa. Estuvo más de media hora frente al armario tratando de decidir qué ropa se ponía. Mike le había dicho la noche anterior que le gustaba verla vestida como a una chica sencilla, así que optó por descartar toda la ropa de marca que utilizaba en la ciudad para ir a la oficina, a reuniones o salir de fiesta. Justo en ese momento Luna encontró un vestido azul de tirantes cogido al cuello, ajustado hasta la cadera y con vuelo. Se puso las sandalias blancas con tacón de cuña, se maquilló y se peinó rápidamente cuando oyó llegar a su prima Helen y a su ahijada. Las nietas se despidieron de la abuela una vez que Helen le recordó innecesariamente a Clare todo lo que debía de hacer antes de acostar a Amy.

Cuando Helen y Amy se quedaron a solas en el coche, mientras se dirigían a casa de Helen y Ryan, Luna le contó a su prima todo lo que había pasado con Mike desde el principio hasta ahora y le confesó lo que sentía por él.

—Luna, Mike se muere por ti desde siempre, no hace falta más que ver cómo te mira para saberlo —le dijo Helen—. Pero esta vez tendrás que ser tú la que dé el primer paso, él ya te ha enseñado sus cartas y eres tú la que tiene que tomar la decisión.

—Y, ¿si me equivoco?

—Si no te arriesgas, nunca sabrás si te equivocaste —le recordó Helen.

Helen aparcó frente a la puerta de su casa y ambas se sonrieron antes de bajar del coche y entrar en la casa.

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