Siempre sale el sol 14.

Después de comer, a Amy le entró sueño y Helen y Ryan se marcharon a su casa para que la pequeña se echara la siesta. Clare aprovechó para retirarse a su habitación y dejar a Mike y a su nieta a solas, pues ambos se miraban con ganas de hablar pero sin abrir la boca. Clare cada vez entendía menos la extraña relación que ambos habían tenido desde que se conocieron antes de la boda de Helen y Ryan, pero podía sentir la atracción que existía entre ambos y Mike le parecía un buen marido para su nieta.

—Así que andas como una loca montando a caballo y haciendo carreras con Joe, ¿el capitán de la policía? —Le dijo Mike a Luna en cuanto se quedaron a solas.

—Esa niña tiene la boca muy grande —bromeó Luna—. Joe me animó a montar el caballo de Helen y me ayudó a domarlo, aunque eso no me evitó salir volando unas cuantas veces. Cuando se dejó montar, me entró la nostalgia y me di una vuelta por la hípica para dar unos cuantos saltos, Amy me vio y para hacerla reír me puse de pie sobre el lomo del caballo.

—Y, ¿qué hay entre Joe y tú? —Preguntó Mike sin poder evitarlo.

— ¿Recuerdas que te dije que Brenda me odiaba por, según ella, robarle al amor de su vida? Pues es Joe, el capitán de la policía —le contestó Luna—. -Somos amigos, nunca acabamos mal ni nada por el estilo.

— ¿Puedo preguntar qué clase de amigos? —Insistió Mike.

—Acabas de hacerlo —le respondió Luna frunciendo el ceño—. Mike, ¿qué quieres saber?

—Creo que es bastante obvio, Luna —le respondió Mike mirándola a los ojos.

—Solo somos amigos, ni siquiera recuerdo la última vez que… —Luna se interrumpió al darse cuenta de lo que estaba a punto de decir, pero se recompuso y añadió—: Creo que ya me has entendido, ¿no?

—Te he entendido perfectamente y créeme que me alegro —le contestó Mike sonriendo. Se puso serio durante un instante y le dijo—: Luna, esta noche tengo que ir a cenar a casa de mis padres, mi madre se ha empeñado en reunirnos a todos y no he podido decirle que no.

—Nos veremos mañana para pasar el día en el río —concluyó Luna con una sonrisa a pesar de que se sentía un poco decepcionada por no poder estar con él esta noche.

—No me he explicado bien —dijo Mike y lo volvió a intentar—: Mi hermano y Linda le han hablado de ti a mis padres y quieren que vengas a cenar con nosotros esta noche —Luna se lo quedó mirando sin expresión alguna en su rostro y sin pronunciar palabra y Mike añadió—: No te preocupes, les diré que estás cansada del viaje, ni siquiera debí decírtelo.

—Espera, no me has dejado hablar —le contestó Luna colocando su mano sobre la de Mike para que se tranquilizara—. Quiero ir contigo a cenar con tu familia. Solo es una cena entre familia, tú comes muchas veces con mi familia, yo puedo hacer lo mismo.

— ¿De verdad quieres venir? —Preguntó Mike sorprendido.

—Sí, pero ten por seguro que te pediré algo a cambio —le aseguró Luna. Mike se tensó, esa mujer era capaz de hacerle ponerse de pie sobre un caballo o cualquiera de sus otras locuras, pero ella le sonrió al notar su tensión y añadió—: Tranquilo, no pretendo arrojarte a los leones ni nada parecido, creo que tienes un muy mal concepto de mí, aunque supongo que tampoco puedo culparte…

—Podrás pedirme lo que quieras, pero después de la cena —le dijo Mike—. Será mejor que descanses un rato, pasaré a buscarte a las siete y media de la tarde —le dio un beso en la mejilla y añadió susurrándole al oído antes de marcharse—: Te he echado de menos, princesita de la ciudad.

—Y yo a ti, pequeño vaquero —le contestó Luna divertida.

Ambos se despidieron y Luna se quedó sola, por lo que decidió echarse una pequeña siesta antes de ducharse para ir a cenar con los padres de Mike. Aún no entendía por qué había aceptado esa invitación, pero lo cierto era que se sentía feliz por ir a cenar a con Mike a casa de sus padres.

A las siete y media de la tarde, Mike se presentó en la puerta de casa de Clare como un reloj suizo y Clare le invitó a pasar mientras su nieta salía de su habitación. Dos minutos más tarde, Luna se reunía con ellos y Mike sonrió al ver lo guapa que estaba con tan solo unos tejanos y una blusa blanca de tirantes finos. Luna tampoco se había puesto tacón, prefirió ponerse sus manoletinas, sabía que la familia de Mike era gente humilde y sencilla, por lo que no quiso arreglarse demasiado. A Mike le encantaba verla con tanta sencillez y no tan fría y superficial como le había hecho creer que era.

— ¿Así voy bien vestida? —Le preguntó Luna a Mike al ver que no dejaba de mirarla de arriba abajo—. Puedo subir a cambiarme si no…

—Así estás perfecta —la interrumpió Mike. Se puso a su lado y comparó sus ropas, él también iba vestido con unos tejanos y una camisa blanca—. Parece que nos hayamos puesto de acuerdo para ir a conjunto —añadió bromeando.

Clare sonrió al ver la confianza y la cercanía con la que se trataban aquellos dos que hasta hacía un par de meses se habían dedicado a rehuirse el uno al otro, aunque tenía claro que el motivo de aquel distanciamiento era su nieta. Los dos jóvenes se despidieron de Clare y se montaron en el Audi A5 de Mike para dirigirse a Clarson, un pueblo situado a 50km de Armony donde vivían los padres de Mike. Luna estaba nerviosa, quería causar una buena impresión a sus posibles futuros suegros, pero pensar en el futuro con Mike todavía la ponía más nerviosa y Mike se dio cuenta.

— ¿Estás bien? —Le preguntó Mike colocando su mano sobre la rodilla de Luna—. Te prometo que les he aclarado que solo somos amigos y les he advertido que no quiero oír ningún comentario que pueda incomodarte, solo es una cena con mi familia, tú misma dijiste que yo ceno constantemente con la tuya y no pasa nada, ¿verdad? —Luna sonrió y Mike cogió su mano y se la llevó a los labios para besarla—. ¿Has pensado ya cuál será tu compensación?

—Por supuesto, pero no sé si podré esperar a después de la cena.

—Estás empezando a asustarme, no pienso subirme de pie a ningún caballo, te lo advierto —le dijo Mike sonriendo divertido. Mike cogió una salida de la autopista y entraron en un pequeño pueblo situado en un valle rodeado de montañas. Aparcó frente a una casa de dos plantas con jardín y garaje y le dijo a Luna—: Ya hemos llegado.

Mike bajó del coche y se apresuró para abrirle la puerta a Luna antes de que ella lo hiciera, le tendió la mano para ayudarla a salir del coche y ambos quedaron frente a frente, momento en el que Luna no se lo pensó dos veces y besó a Mike en los labios. Él ni siquiera lo vio venir y, apenas pudo empezar a disfrutarlo, Luna se apartó lentamente de él, le miró a los ojos y le dijo sonriendo:

—Te dije que no podría esperar a después de la cena.

—Si llego a saber que me ibas a pedir, bueno a robar, un beso a cambio de venir a cenar con mis padres, te hubiera traído antes —bromeó Mike cogiéndola de la cintura para atraerla hacia a él, estrechándola entre sus brazos, y le dijo antes de volver a besarla—: Pero creo que hay que repetirlo, apenas me ha dado tiempo a darme cuenta, pequeña vaquera.

Mike la besó con pasión y Luna se dejó llevar por ese torbellino de emociones que ambos disfrutaron olvidándose de todo lo demás hasta que escucharon la voz de Alan detrás de ellos:

—Interesante escena, ¿pensáis entrar o preferís marcharos a casa? —Se mofó Alan. Luna se sobresaltó pero Mike la mantuvo entre sus brazos mientras Alan les miraba divertido—. No pasa nada, tranquilos. Me apiadaré de Luna y no le diré a mamá lo que acabo de ver —añadió con tono burlón—. Si se lo cuento, os organiza la boda.

—Alan —le advirtió Mike con severidad.

—De acuerdo, seré una tumba —le aseguró Alan a su hermano pequeño al ver lo irritado que se había puesto. Se volvió hacia Luna y la saludó—: Me alegro de volver a verte, Luna.

—Lo mismo digo, Alan —le respondió Luna tímidamente.

Los tres cruzaron el jardín hasta llegar a la puerta principal de la casa y Mike no soltó a Luna en ningún momento, la agarraba por la cintura y Luna se volvió hacia a él y le susurró:

— ¿Acaso crees que voy a salir huyendo?

—No huirás, ya me encargo yo de eso —le respondió Mike sonriendo, la estrechó contra su cuerpo y la besó en la mejilla—. Te va a resultar difícil escapar si te tengo prisionera entre mis brazos.

—Creo que vamos a tener que posponer esta conversación para después de la cena —le susurró Luna a Mike cuando la puerta se abrió y aparecieron los padres de Mike y Linda.

—Hola a todos —saludó Mike a su familia—. Os presento a Luna —se volvió hacia Luna y le dijo acariciando levemente su espalda—: Luna, ya conoces a Linda. Ellos son mis padres, Paulina y Taylor.

—Encantada de conocerles —les saludó Luna con una tímida sonrisa.

Paulina le sonrió, la abrazó y le dijo:

—Lo mismo digo, Luna. Y por favor, trátanos de tú.

Taylor se hizo un hueco al lado de su mujer y también saludó a Luna:

—Sin duda alguna, mis dos hijos tienen un buen ojo para las mujeres —le dio un beso en la mejilla a Luna y añadió—: Encantado de conocerte, Luna.

—Lo mismo digo, Taylor —le respondió Luna con una amplia sonrisa que encandiló a todos los presentes.

—Luna, me alegro de verte —la saludó Linda.

—Hola Linda, te debo una visita.

—Lo sé, no creas que me he olvidado. Me lo prometisteis.

— ¿Os han dado los permisos para convertir la masía en hostal? —Quiso saber Mike.

—En un par de semanas todo estará listo. – Le contestó Alan. – Pasaros a cenar en un par de semanas y os enseñaremos como ha quedado la reforma.

Mike asintió con la cabeza pero no dijo nada, no quería confirmar nada que hiciera que Luna se sintiera presionada. Pero Paulina y Linda tenían otros planes para Luna y, en cuanto Taylor, Mike y Alan se enfrascaron en una conversación, Paulina y Linda se llevaron a Luna a la cocina.

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