Siempre sale el sol 13.

Durante el mes siguiente, Luna y Mike hablaron por teléfono todos los días, se enviaban mensajes y se veían en secreto los fines de semana en la ciudad. Solo Ryan sabía que se veían por lo poco que le contaba su amigo, pero Mike le había pedido que no dijera nada y Ryan no se lo había dicho ni a Helen, pues Mike le había asegurado que no había pasado nada y quería ir despacio con ella, no quería que saliera huyendo otra vez y, a pesar de que ella le había prometido que no huiría, Mike prefería no correr el riesgo.

Mike estaba nervioso, esperaba que Luna llegara a Armony de un momento a otro y venía para quedarse todo un mes, del quince de julio al quince de agosto. Mike estaba dispuesto a ir despacio, pero eso también significaba dar un paso para avanzar. Habían avanzado mucho desde que Luna estuvo en Armony la última vez, Luna había conseguido abrirse y hablar de sus sentimientos sobre la muerte de sus padres y Mike estaba haciendo esfuerzos sobre humanos por no besarla cada vez que sentía el suave roce de su piel.

Luna aparcó frente la casa de su abuela y acto seguido salieron al jardín Helen y Amy, seguidas de Clare y Ryan. A Luna le hubiera gustado ver a Mike allí, pero él no estaba. Bajó del coche y la pequeña Amy se le arrojó a los brazos y ella la abrazó. Después saludó a su abuela, a Helen y finalmente a Ryan, quién le sonrió maliciosamente. Nada más ver la sonrisa de Ryan, Luna supo que sabía algo, aunque no había mucho que saber, pues de momento tan solo habían tenido una relación de amistad, ni siquiera se habían besado en los labios.

—¿Cómo ha ido el viaje? —Le preguntó su abuela y, como siempre, añadió sin dejar que contestara—: Pasa y tómate algo de beber para refrescarte, está haciendo mucho calor y hay que beber —Clare le puso un vaso en las manos a Luna y sacó una Coca-Cola de la nevera que también le entregó—. Estaba diciéndole a Ryan que podría llamar a Mike para que viniera a comer con nosotros.

Oportunamente, Luna se llevó el vaso de Coca-Cola a los labios y bebió para tener una excusa para no tener que hablar. Ryan sacó su móvil del bolsillo y llamó a Mike para decirle que fuera a casa de Clare para comer todos juntos.

Mike llegó a casa de Clare cuando Luna estaba en su habitación deshaciendo la maleta con la ayuda de Helen. Luna aprovechó ese momento para hablar con su prima y decirle lo que estaba sintiendo por Mike, aunque no sabía muy bien cómo explicarle su relación, todavía era pronto incluso para llamarlo así. Pero fue Helen quién sacó el tema:

—¿Vas a contarme que pasa con Mike?

—Sí, aunque no sé muy bien por dónde empezar.

—Por el principio, Luna. Empieza por el principio.

—Bueno, cómo ya sabes, Mike y yo hablamos la última vez que estuve aquí y aclaramos lo que pasó hace cinco años —empezó a decir Luna—. El caso es que dos semanas después de regresar a mi apartamento, Mike vino a la ciudad por una reunión de negocios y quedamos para salir a cenar. No ha pasado nada entre nosotros, antes que te adelantes —le advirtió a su prima que sonría de oreja a oreja—. De hecho, ni siquiera me ha besado —se lamentó Luna—. Nuestra relación es la de una pareja perfecta pero sin sexo, sin caricias ni besos. No sé a qué está jugando, dice que no quiere que salga huyendo pero tampoco hace nada para retenerme.

—¿Qué sientes por él, Luna? —Le preguntó Helen—. Mike es parte de la familia y me parecería estupendo que tú y él estuvieseis juntos, hacéis una bonita pareja y siempre he pensado que entre vosotros saltaban chispas de pasión. Pero quiero que antes de tomar una decisión, sea cual sea, estés completamente segura de lo que sientes y de lo que deseas.

—No sé lo que siento, Helen. Nunca he sentido esto por nadie —le confesó Luna—. Cuando estoy con Mike me siento cómoda y a gusto, puedo hablar con él de cualquier cosa y nos entendemos con tan solo una mirada. Nos hemos estado viendo los fines de semana de este último mes, se ha quedado en mi apartamento y cuando me despertaba el lunes y él no estaba le echaba de menos. Necesito tiempo para procesar y asimilar todo esto y necesito que no digas nada de esto, ni siquiera sé qué siente él.

—Yo te lo diré —le contestó Helen sonriendo—. Todo el pueblo se pregunta dónde y con quién pasa los fines de semana Mike y por qué no se le ha visto con ninguna mujer desde que estuviste aquí la última vez. Supongo que eso explica muchas cosas.

—Prométeme que serás una tumba —insistió Luna, emocionada por lo que le acaba de decir su prima Helen.

—Te prometo que seré una tumba.

Entre bromas y risas, Helen y Luna terminaron de deshacer las maletas y bajaron al salón, dónde Luna se encontró con Mike y sonrió al verlo.

—¡Tita Luna, mamá! —Gritó Amy al ver a Luna y Helen—. El tito Mike me ha prometido que mañana me llevará al río con los caballos, ¿puedo ir?

—Claro, hija —le respondió Helen abrazando a la pequeña—. De hecho, creo que podríamos ir todos.

—Si la tita no va, yo tampoco —dijo Amy provocando las risas de los presentes—. Yo quiero ir con la tita y el tito.

—Pues mañana vamos al río, princesa —le contestó Luna a su ahijada.

—¿Y me enseñarás a ponerme de pie sobre un caballo como haces tú? —le preguntó Amy, poniendo en un compromiso a Luna y a Helen.

—¿A ponerse de pie sobre un caballo? —Preguntaron Ryan y Mike al unísono, ambos con gesto incrédulo.

—¡Hola Mike! —Aprovechó Luna para saludar a Mike y fingir que no había oído lo que acababa de decir su ahijada. ´

Luna besó a Mike en la mejilla y él le susurró al oído:

—Luego tendrás que explicarme eso de ponerte de pie sobre un caballo.

—No sé a qué te refieres —le respondió Luna sonriendo maliciosamente, tratando de negar lo que era evidente.

—Amy, ¿qué hace la tita exactamente para ponerse de pie en el caballo? —Le preguntó Mike a la pequeña, ya que Luna no pensaba contárselo.

—La tita se sube al caballo de mamá y se pone de pie, después el caballo anda y ella se mantiene de pie, como los artistas del circo —le contestó Amy como si fuera lo más normal del mundo—. Y la tita también hace carreras con Joe, ¿verdad mamá?

—Cariño, ve con la abuela antes de que tu padre y tu tío se enfaden —le dijo Helen a su hija y después se volvió hacia su prima y le susurró—: Esta niña nos acaba de meter en un buen lío.

—Luna, creí haberte dicho que no quería que te mataras y creí que eso implicaba el hecho de que no aprobaría que lo intentaras delante de mi hija —le reprochó Ryan—. Ese caballo no es de fiar y lo que tú haces con él es demasiado peligroso aun haciéndolo con el más dócil de los caballos.

—Oh, vamos Ryan —protestó Luna—. Eres propietario de un puñetero club de campo, una hípica y un criadero de caballos, ¿acaso no quieres que tu hija monte o vea cómo montan los demás?

—No quiero que vea como su tía se descalabra a lomos de un caballo —le contestó Ryan, quien se preocupaba demasiado por todo.

—De acuerdo, me portaré bien delante de Amy y seré una niña buena —se mofó Luna.

—Tita, ¿Joe también vendrá con nosotros al río? —Preguntó Amy a Luna, volviéndola a poner en una situación incómoda.

—Amy, te he dicho que fueras con la abuela —la regañó Helen, dándose cuenta de lo que su hija acababa de decir delante de Mike.

—Amy, sé buena o papá te castigará como a mí —se mofó Luna mirando divertida a Ryan, que adoraba a la prima de su mujer pero que siempre le tenía con el alma en vilo debido a lo inconsciente que era.

—Para ti siempre ha sido más fácil pedir perdón que pedir permiso —bromeó Ryan—. Aunque tengo que reconocer que has hecho un buen trabajo con el caballo de Helen.

Clare apareció en ese momento por el salón y les dijo:

—Todos a comer, la comida ya está en la mesa.

Todos obedecieron a Clare y pasaron al comedor donde se sentaron a la mesa y disfrutaron de una agradable comida familiar.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.