Siempre cuidaré de ti 5.

Siempre cuidaré de ti

A la mañana siguiente mi padre me despierta y me dice que Manuel quiere que le eche una mano con un caso y, cómo no puedo negarme, me levanto, me doy una ducha y bajo a la cocina a desayunar, donde Manuel ya me está esperando.

–  Buenos días, Ariadna. – Me saluda Manuel.

–  Buenos días, Manuel. – Murmuro medio dormida.

Manuel, consciente de mi humor recién levantada, probablemente alertado por mi padre, deja que desayune tranquilamente mientras lee su periódico en silencio.

Media hora más tarde, cuando el desayuno ya ha calmado mi mal humor, le pregunto:

–  Mi padre dice que quieres que te ayude en un caso, ¿de qué se trata?

Manuel baja su periódico para mirarme a los ojos, lo dobla y lo deja sobre la mesa antes de responder:

–  Se trata de un caso antiguo y, como criminalista, me gustaría que me dieras tu opinión. He oído que te has licenciado con honores y no te faltan ofertas de trabajo, sin embargo has decidido tomarte un año sabático, ¿puedo preguntar por qué?

–  He estudiado la carrera de criminología porque me gusta, pero aún no he decidido si quiero entrar en el Servicio Secreto o trabajar en un laboratorio forense privado. – Le respondo con sinceridad. – He recibido una muy buena oferta en la que me harían jefa del departamento y no tendría que rendirle cuentas a nadie.

–  Suena bien, pero eso también lo podrías conseguir en el Servicio Secreto e incluso podrías desarrollarte mejor como profesional. – Me dice Manuel.

–  ¿Te ha pedido mi padre que me des la charla? – Le pregunto molesta.

Manuel suelta una carcajada y me dice:

–  No, pero ya me advirtió que tuviera cuidado al mencionar ciertos temas. – Se levanta de su silla y, mirándome con seriedad, me dice: – Hace diez años tratábamos de rescatar a la hija de alguien muy importante, pero algo salió mal y nunca más se supo de esa niña. Dos años más tarde encontraron un cuerpo de una niña y todo parecía indicar que era ella, pero hace unas semanas el ADN de esa niña apareció en la escena de un crimen. Nuestro criminólogo ha determinado que el ADN y el resto de pruebas señalan a esa niña, pero queremos una segunda opinión y el mejor criminólogo del país, tu profesor Tom Wilson, nos ha mencionado tu nombre. Cree que eres su digna sucesora y nos ha dicho que eres incluso mejor que él, así que me gustaría que le echaras un vistazo al caso y me dieras tu opinión.

–  De acuerdo, así tendré algo que hacer mientras mi padre está en la oficina. – Le respondo con una sonrisa.

Manuel y yo salimos de la casa y un Hummer custodiado por dos enormes agentes nos espera para llevarnos al laboratorio que hay oculto entre las montañas donde Manuel guarda todas las pruebas del caso. Mientras me enseña todas las pruebas, me explica que sospecha de que esa niña pequeña que secuestraron la hayan podido convertir en un arma para matar, puede que ahora nadie la controle y busque vengarse de los que no la devolvieron a los brazos de su padre. O puede que no esté sola y la estén manipulando. Son demasiadas hipótesis que no se pueden resolver solo con estas pruebas.

–  Con lo que tienes aquí lo único que pudo hacer es confirmar de quién es el ADN y cómo murieron las víctimas, según puedo interpretar de las fotos de la escena del crimen. – Le respondo. – Me gustaría ver el informe de la autopsia del cadáver que encontraron. También puede darse el caso de que alguien haya puesto ese ADN ahí para despistar o para vengar la muerte de esa niña.

–  ¿Crees que ha podido ser un montaje?

–  Eso te lo responderé cuando haya revisado todas las pruebas. – Le contesto. – Pero yo investigaría a la familia de la víctima, si sigue viva ella acudirá a ellos y si está muerta y alguien quiere vengar su muerte lo más fácil es empezar por la familia.

–  Veo que el profesor Tom Wilson no se equivocaba contigo. – Me dice Manuel con admiración. – En esta sala encontrarás todo lo que necesites para revisar las pruebas. Soy consciente de lo poco que os gusta que os observen mientras revisáis las pruebas, pero debo estar presente durante todo el proceso para certificar tu comprobación.

–  Tranquilo, estoy acostumbrada a trabajar con cientos de ojos pendientes de lo que hago. – Le contesto poniéndome la bata blanca.

Durante el resto del día, reviso una por una las pruebas del caso bajo la atenta mirada de Manuel, que me observa en el más absoluto silencio. Solo hacemos un parón de una hora a las dos de la tarde para comer, porque Manuel me obliga a descansar un rato y reponer fuerzas para seguir trabajando. Cuando me centro en mi trabajo me olvido de comer y de dormir, no puedo dejarlo a medias porque no me concentro en otra cosa que no sea acabarlo.

A las siete de la tarde termino de revisar todas las pruebas y Manuel me pregunta:

–  Y bien, ¿qué te parece?

–  Según la autopsia, el cadáver corresponde al de esa niña. He revisado las muestras de ADN que el forense guardó y no me cabe ninguna duda de que la niña está muerta. – Le respondo. – El ADN que apareció en la escena del crimen, tal y como figura en el informe y según las fotos de la escena del crimen, hacen sospechar que se trata del ADN del asesino, así que, si la niña está muerta, alguien está matando escondiéndose bajo su identidad. Ahora te toca a ti descubrir quién es y te aconsejo que empieces por el por qué lo hace.

–  ¿Por qué crees tú que alguien puede hacer algo así?

–  Solo son conjeturas, pero supongo que alguien que quiera vengar su muerte o alguien que quiere que creamos que sigue viva y matando gente. – Le respondo encogiéndome de hombros. – Investiga a la familia, averigua si tienen enemigos.

–  El padre de esa niña desapareció tres días después de que le confirmaran que el cadáver encontrado era el de su hija. – Me dice Manuel. – La madre murió cuando la niña era un bebé, no tenían más familia.

–  Entonces, alguien quiere que vosotros creáis que esa niña está viva y matando gente y, aunque suene extraño, el parece ser el candidato perfecto. – Me reafirmo en mi postura inicial. – ¿Quién ha podido tener acceso al ADN de esa niña? Desapareció hace diez años y encontraron su cadáver hace ocho años. Los únicos restos de ADN de esa niña son los que tú tienes, así que solo puede ser alguien que haya podido tener acceso a la sangre de la niña mientras estuviera viva.

–  Como los tipos que la secuestraron.

–  O como el doctor que le hacía análisis de sangre antes de que la secuestraran. – Le digo ofreciéndole otra alternativa.

–  Nuestro criminólogo ha revisado todas las pruebas y nos ha confirmado que el cadáver encontrado ocho años atrás corresponde a la niña, igual que ha confirmado que el ADN encontrado en la escena del crimen de hace unas semanas es de la misma niña, pero no ha llegado a sacar unas conclusiones tan buenas como las tuyas. – Me felicita Manuel. – Eres realmente buena.

–  Te agradezco tus halagos, pero no son conclusiones, son conjeturas. – Matizo. – Ninguna de las teorías que hemos mencionado tendrían validez ante un tribunal, no hay pruebas suficientes.

–  Así que además de ser preciosa, inteligente y excepcional en tu trabajo también eres humilde. – Me dice Manuel con una sonrisa divertida. – No me importaría que te convirtieras en mi nuera.

–  Y a mí no me importaría que fueras mi suegro, si no fuera porque no tengo la más mínima intención de casarme. – Le respondo bromeando.

–  ¿Aún no has encontrado a tu príncipe azul?

–  Hace mucho que dejé de creer en los príncipes azules. – Le contesto con sinceridad.

–  ¿No crees en el amor? – Me pregunta sorprendido.

–  No. – Le respondo con rotundidad. – Creo en la atracción que se puede sentir por alguien en concreto pero que con el tiempo desaparece. Una amiga siempre dice que el amor no es más que la insensatez de practicar sexo con un buen amigo y que, tarde o temprano, acabas quedándote sin sexo y sin amigo.

Ambos nos echamos a reír a carcajadas, esa frase es de Debby y estoy segura de que Manuel sabe perfectamente quién es la amiga que ha pronunciado esas palabras.

Entre bromas y preguntas un tanto indiscretas, Manuel y yo recogemos y ordenamos todas las pruebas del caso antes de salir del laboratorio.

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