Siempre cuidaré de ti 22.

Siempre cuidaré de ti

El día siguiente lo pasamos casi entero en mi habitación. Tratamos de salir de allí en varias ocasiones, pero el solo roce de nuestros cuerpos nos excita de una manera sobrenatural y terminamos haciendo el amor en la cama, en el suelo, en la ducha, en la bañera, sobre la encimera del baño, contra la pared de la habitación y sobre la cómoda.

A las siete de la tarde ambos estamos exhaustos y decidimos bajar a la cocina y comer algo para reponer fuerzas. Pero no hay nadie dentro de casa, tan solo está el personal de seguridad y el personal de servicio. Deben de estar en la base y no han querido molestarnos.

Tras comer un poco y reponer la energía que nos hacía falta, Axel y yo regresamos a la habitación, donde continuamos haciendo el amor hasta el día siguiente.

El lunes nos levantamos casi a la hora de comer y, después de ducharnos juntos, bajamos al salón, donde Pablo, Angie y Debby están tomando una cerveza y un aperitivo.

–  Buenos días, parejita. – Nos saluda Angie.

–  Buenos días. – Respondo ruborizándome.

–  Entonces, ¿estáis juntos? – Pregunta Pablo.

–  ¿Qué crees que han estado haciendo dos días encerrados en la habitación? – Se mofa Debby. – Por cierto Axel, tú padre está escandalizado y horrorizado con tu comportamiento, pero Adolfo le dio una larga charla y le dijo que ya erais mayorcitos, así que supongo que, aunque algo te dirá, no creo que sea muy grave.

–  La culpa es de Ari, me secuestró. – Bromea Axel abrazándome y besándome en los labios.

–  Oye, yo no te he secuestrado. – Le reprocho. – Además, yo puedo alegar lo mismo y estoy segura de que me creerían a mí antes que a ti.

–  Princesita, ¿salimos de la habitación y ya me estás desafiando? – Me pregunta burlonamente. – Voy a tener que volver a entrar contigo a esa habitación para que aprendas a respetarme.

–  Nada me apetecería más, pero debemos comer algo e ir a la base, creo que nos espera una larga tarde de preguntas a las que tendremos que responder. – Le contesto.

Después de comer con los chicos, Axel y yo nos dirigimos en su coche a la base, donde nuestros padres nos esperan para empezar con su gran reunión.

–  Antes de hablar del nuevo puesto y de las condiciones que conlleva, nos vemos obligados a preguntar sobre vuestra relación. – Nos dice mi padre en cuanto nos sentamos frente a él y Manuel. – No queremos meternos en vuestra vida privada, pero sí debemos asegurarnos de que no influirá en vuestra relación laboral.

–  Nuestra relación acaba de empezar, pero ambos estamos seguros de lo que hacemos y de lo que queremos. – Le responde Axel. – Y queremos estar juntos. Quién sabe, quizás hasta os demos nietos.

–  ¡Axel! – Le regaño totalmente ruborizada.

–  ¡No será porque no lo intentéis! – Bromea mi padre.

–  Papá, por favor. – Le pido. – Ambos somos adultos y queremos asumir el riesgo y las consecuencias de seguir adelante con nuestra relación, pero no dejaremos que influya en nuestro trabajo, si es que finalmente decidimos aceptarlo.

–  Perfecto, entonces vayamos directamente al tema que nos trae aquí. – Dice mi padre. – Queremos crear un equipo especial de operaciones secretas, totalmente independiente del Servicio Secreto. Es decir, totalmente independiente a la hora de organizar las operaciones, pero las misiones os las daremos nosotros.

–  Seremos el brazo ejecutor, pero tendremos total libertad para llevar a cabo la misión a nuestra manera, como mejor lo consideremos. – Matiza Axel. – Y, ¿quién formará el equipo?

–  Eso lo dejaríamos en vuestras manos. – Responde mi padre. – Podréis elegir a veinte agentes del Servicio Secreto, que automáticamente pasarán a formar parte de vuestro equipo y a los que tendréis que informar del cambio y a los que deberéis controlar porque esos agentes serán responsabilidad vuestra.

–  ¿Qué decís? – Nos pregunta Manuel.

–  Yo acepto. – Contesta Axel y, mirándome a los ojos, me susurra: – Princesita, se nos daba bien trabajar en equipo cuando queríamos matarnos, ahora somos invencibles.

–  No sé, yo no tenía pensado trabajar como agente, siempre he querido una vida normal. – Les contesto dudando mi respuesta. – Aunque tampoco voy a conseguir una vida normal y quizás esta sea la manera de vivir una vida lo más normal posible, al menos no tendré que mentir a todos los que quiero.

–  Nada de secretos entre nosotros. – Me asegura Axel. – No tienes que contestar ahora si no estás segura de lo que quieres.

–  Sé lo que quiero, quiero hacerlo pero no sé si seré capaz de estar al nivel que me vais a exigir, yo nunca he trabajado como agente. – Les respondo. – Cuando he trabajado lo he hecho bajo mis propias órdenes y sola, yo no trabajo en equipo y creo que no se me da nada bien hacerlo.

–  Eso es mentira, lo vi cuando Wolf y sus hombres os atacaron cuando salías del laboratorio con mi padre y cuando Wolf nos sorprendió en la casa del bosque. – Me dice Axel. – Vales para trabajar en equipo y tienes más agallas que la mayoría de los agentes del Servicio Secreto. Eres fuerte, Ari.

–  Como Axel ha dicho, no queremos una respuesta inmediata. – Nos dice mi padre. – De hecho, hemos pensado que ambos os merecéis unas vacaciones para descansar y poder pensar en nuestra propuesta con tranquilidad. Un mes de vacaciones es tiempo suficiente para que ambos os recuperéis y decidáis si queréis embarcaros juntos en este proyecto.

Ambos estamos seguros de querer aceptar la propuesta, pero la tentación de unas vacaciones juntos me hacen perder la razón y me oigo decir:

–  Creo que unas vacaciones juntos en el Caribe nos abrirán la mente, nos relajará y nos hará verlo todo con mayor positividad.

Todos se echan a reír y Axel, sin poder evitarlo, me besa en los labios y me susurra al oído:

–  Princesita, ¿acaso pretendes torturarme todas las vacaciones yendo con un bikini todo el tiempo?

Le sonrío con ternura y le susurro al oído para que solo él pueda escucharme:

–  En realidad, tenía pensado alquilar una villa con playa privada en la que no hiciera falta llevar bañador, pero si te supone un problema…

–  Ariadna, no puedo escuchar lo que le estás diciendo pero puedo imaginármelo. – Me reprende mi padre. – Largaos de aquí, recoged vuestras cosas e iros a vuestra particular luna de miel. Cuando volváis, volveremos a hablar.

 

Tres días más tarde…

Me despierto abrazada a Axel sobre la cama, ambos estamos totalmente desnudos. Axel, que como siempre ya está despierto, me sonríe y me dice alegremente:

–  Buenos días, princesita. – Me da un beso en la frente y pregunta: – ¿Has dormido bien?

–  Contigo siempre duermo bien. – Le respondo estrechándome contra él. – ¿Dejarás de llamarme “princesita” algún día?

–  No, princesita. – Me contesta divertido. – Eres mi princesa y siempre cuidaré de ti.

Nos besamos levente en los labios, pero nuestros cuerpos, insaciables de sexo, empiezan a excitarse de nuevo y Axel baja su mano para acariciar la húmeda hendidura de mi sexo, al mismo tiempo que dice:

–  Princesita, no sabes lo que me excita comprobar que siempre estás preparada para recibirme. – Me da un beso en los labios y desciende hasta mi pezón, el cual lame, muerde y estira. – Me excitas demasiado, princesita. Quiero hacerte el amor en cada metro cuadrado de esta villa, en la arena de la playa, a la orilla del mar y en el mismo mar.

–  Tienes un mes para cumplir tus fantasías, yo te lo voy a poner fácil. – Le susurro al oído colocándome a horcajadas sobre él. – De momento, empezaremos por donde lo dejamos ayer, en la cama.

Axel me sonríe y me besa en los labios al mismo tiempo que me agarra del trasero para levantarme lo justo para introducir la punta de su pene en la boca de mi sexo y hacerme descender con lentitud provocando su deseo y el mío propio.

La primera noche que hicimos el amor en casa de mi padre, perdí la cuenta de las veces que lo habíamos hecho. Creo que lo he hecho más veces con él en cinco días que con Juan durante cinco años. Pero lo más importante de todo es que, por primera vez en mi vida, me despierto en la cama con un hombre y no siento esa necesidad de querer salir huyendo, quiero comprometerme con él.

–  ¿En qué piensas, princesita? – Me pregunta Axel.

–  Pienso en lo bien que estoy cuando estoy contigo, sobre todo cuando estamos en la cama.

–  Al final pensaré que solo me quieres por el sexo. – Me dice Axel fingiendo molestarse.

–  No te voy a negar que el sexo es una de tus virtudes que me vuelven loca, pero me enamoré de ti sin saber cómo eras sexualmente hablando. – Le respondo divertida. – Y, corrígeme si me equivoco, pero no te he oído quejarte por tener que practicar sexo conmigo.

–  Ni me oirás quejarme, princesita. – Me susurra al oído. – Te quiero, Ari.

–  Yo también te quiero.

 

FIN

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