Siempre cuidaré de ti 21.

Siempre cuidaré de ti

En el taxi, Axel se sienta a mi lado y me abraza durante todo el tiempo que dura en camino de regreso a casa. Sé que está nervioso, tanto como yo, pero lo disimula muy bien, los dos lo disimulamos muy bien.

Cuando llegamos a casa, Axel le tiende un billete de cincuenta euros al taxista y le dice:

–  Quédese con el cambio.

–  Gracias señor, que pasen una buena noche. – Le responde el taxista con acento inglés.

Axel me ayuda a salir del taxi y caminamos cogidos de la mano hasta llegar a las escaleras del porche que dan acceso a la casa de mi padre. Ambos nos miramos al ver que la luz del salón está encendida, nuestros padres están despiertos.

–  Tarde o temprano se enterarán, pero antes necesitamos hablar. – Me dice Axel besándome en la frente con ternura: – Tendremos que hablar de lo que ambos queremos antes de pregonarlo a los cuatro vientos, princesita.

–  Y, ¿qué es lo que quieres tú? – Le pregunto.

–  Te quiero a ti, princesita. – Me responde mirándome a los ojos. – Mi vida era muy aburrida hasta que te conocí y, desde entonces, no he podido sacarte de mi cabeza por mucho que lo he intentado.

–  ¿Por qué querías sacarme de tu cabeza?

–  Ari, eres la hija de Adolfo. – Me responde molesto. – Y la verdad es que eso me preocupa bastante, puede que a tu padre no le haga ninguna gracia lo nuestro.

–  Estamos yendo demasiado rápido, puede que nos estemos precipitando.

–  Ariadna, yo tengo muy claro lo que quiero. – Me contesta estrechándome contra su cuerpo. – Nunca he sentido nada igual por nadie y, si no lo tienes claro, tampoco te quiero presionar.

–  Lo tengo claro, es solo que… – Suspiro profundamente y añado: – Todo esto es nuevo para mí, nunca he tenido una relación estable, nunca he tenido que darle explicaciones a nadie y nunca he sentido celos por nadie. – Le digo con gesto acusador. – Soy virgen en esto del amor y no sé si estaré a la altura de lo que me pidas…

–  Sht, princesita. – Me susurra callándome con un beso. – Ambos somos vírgenes en esto del amor, pero estoy seguro que entre los dos lograremos convertirnos en unos expertos.

Axel me besa de nuevo, esta vez con más intensidad, pero nuestro beso se ve interrumpido cuando la puerta de casa se abre y escuchamos la voz de mi padre:

–  Supongo que esto explica por qué las maletas de tu hijo siguen en la habitación de mi hija.

–  ¿Vamos a ser consuegros? – Pregunta Manuel burlonamente.

–  Pasad al salón y aclarad nuestras dudas. – Nos ordena mi padre.

–  Lo que acabáis de ver, todavía no lo hemos asimilado y, si estamos aquí, es porque queremos un poco de privacidad e intimidad para poder hablar de ello. – Les contesto. – Lo siento, pero tendréis que esperar igual que nosotros estamos esperando a que llegue el lunes para que nos habléis de ese nuevo puesto que nos habéis ofrecido.

–  Tu hija es tan hermosa como lo era tu mujer, pero ha sacado tu carácter. – Le dice Arturo a mi padre mofándose.

–  Mientras que no acabéis matándoos, podéis hacer lo que os dé la gana. – Nos dice mi padre. – Pero el lunes queremos oír lo que tengáis que decirnos al respecto.

–  ¿Quieres un informe? – Le pregunto con sarcasmo.

–  Ariadna. – Me advierte Axel mirándome a los ojos mientras yo le sostengo la mirada. – Deja de desafiarme con la mirada.

–  Deja tú de decirme lo que tengo qué hacer. – Le respondo.

–  Ariadna, no quiero discutir otra vez. – Me contesta con voz más suave.

–  Ni yo tampoco, pero me lo pones difícil. – Protesto y todos se echan a reír. – Yo no le veo la gracia, no sé por qué os reís.

–  Princesita, todos creemos que eres adorable, sobretodo yo. – Me susurra al oído Axel haciéndome sonreír. Se vuelve hacia nuestros padres y les dice: – Estaremos en el jardín tomando una copa, el lunes tendréis las explicaciones que queréis.

–  No sé cómo lo has hecho, pero creo que eres el único capaz de domar a la fiera de mi hija. – Le dice mi padre a Axel dándole una palmada en el hombro con cariño.

–  ¡Papá! – Le reprocho.

–  ¿Qué pasa? No he dicho nada que no sea verdad. – Se defiende mi padre divertido.

–  Sácame de aquí, por favor. – Le suplico a Axel.

Axel me sonríe y me coge de la mano, arrastrándome dentro de casa en dirección a la cocina, donde coge un par de copas y una botella de vino para después salir al jardín, donde nos sentamos sobre el césped, uno al lado del otro.

–  Princesita, quiero que lo nuestro dure. Quiero despertarme a tu lado todas las mañanas, quiero ser el único que bese y acaricie cada centímetro de tu piel. – Me dice acariciando mis hombros y besando mi cuello.

–  Te estás comprometiendo conmigo y ni siquiera hemos f… practicado sexo. – Me corrijo en el último momento provocando una carcajada de Ángel. – No te rías, no tiene gracia.

–  Princesita, has sido tú la que me ha dicho que íbamos muy rápido. – Me recuerda Axel. – ¿Has cambiado de opinión?

–  Me refería a que íbamos demasiado rápido respecto a lo que tú quieres, si me descuido organizas la boda y les pones nombre a nuestros futuros hijos. – Le contesto molesta. – No te estoy diciendo que no quiera eso contigo, simplemente te pido que me des tiempo para asimilarlo, todo esto es nuevo para mí. Y no quiero esperar respecto al sexo, para mí es importante que nos compenetremos en la cama. Además, tengo mis necesidades y hace mucho que no las satisfago.

–  Me encanta oír eso, princesita. – Me susurra estrechándome contra su cuerpo, colocando mi trasero sobre el duro bulto de su entrepierna. – Me tienes así desde que te vi en el pub de Gabriel.

–  Pues lo has disimulado muy bien. – Le reprocho un poco molesta.

–  Pues te diré que no es fácil de disimular cuando me abrazas mientras duermes, cuando bailas con otros tipos ni cuando vas vestida tan sexy como ahora. – Me susurra al oído con la voz ronca.

–  Si lo que te molesta es el vestido, estaré encantada de que me acompañes a la habitación y me ayudes a quitármelo. – Le propongo.

No me da tiempo a decir nada más, Axel se levanta conmigo en brazos y camina decidido hacia el interior de la casa para subir las escaleras y entrar en mi habitación, donde me deposita con sumo cuidado sobre la cama y me dice sonriendo:

–  La primera vez que te traje aquí en brazos te quedaste dormida en el jardín.

–  Tuve un día malo. – Le contesto encogiéndome de hombros. Me levanto y camino hasta quedarme frente a él y le pregunto con picardía: – ¿Me ayudas a quitarme el vestido?

Axel no me contesta, busca la cremallera de mi vestido y la baja despacio hasta el final, dejando que el vestido resbale por mi cuerpo hasta caer a mis pies, quedándome tan solo con el conjunto de ropa interior sexy que me he comprado esta misma mañana.

–  Joder, princesita. – Murmura sin dejar de mirarme de arriba abajo.

Me acerco más a él y le desabrocho la camisa al mismo tiempo que acaricio su musculoso pecho y abdomen y bajo mis manos hasta llegar a su pantalón y desabrochar el botón que mantiene apretado su abultado y duro miembro. Le sonrío con picardía mientras él me observa en silencio y continúo desnudándolo. Termino de quitarle la camisa dejando que resbale por sus brazos hasta caer al suelo y hago lo mismo con sus pantalones, dejándole vestido tan solo con unos bóxer ceñidos que marcan toda la erección de su miembro, excitándome aún más de lo que ya estoy. Coloco mi mano sobre su vientre y lo rodeo arrastrando mi mano conmigo para acariciar todo el contorno de su cintura hasta llegar al punto de partida, donde desciendo y acaricio suavemente la silueta de su miembro. Le quito el bóxer y me quedo contemplando su gran miembro libre, duro y erecto.

–  ¿Te gusta lo que ves, princesita? – Me susurra.

–  Me gusta mucho. – Le respondo antes de besarle en los labios.

–  Princesita, no estamos en igualdad de condiciones. – Me susurra acariciando el contorno de la tela de mi sujetador. – Quiero verte completamente desnuda. Desnúdate, princesita. Quiero ver cómo lo haces.

Deslizo los tirantes de mi sujetador por los brazos y desabrocho el cierre de mi espalda, dejando caer lentamente la prenda, liberando mis pechos. Axel los mira con admiración y extiende sus manos para acariciarlos mientras yo le doy pleno acceso. Tras jugar con mis pechos, me estrecha contra su cuerpo y, bajándome el culote hasta que caen al suelo con el resto de nuestra ropa, me coge en brazos y vuelve a dejarme sobre la cama al mismo tiempo que me dice:

–  Voy a hacerte el amor, princesita.

–  Lo estoy deseando. – Le confieso excitada.

Me abre las piernas, dejándome totalmente expuesta ante él, y sonríe pícaramente, ambos estamos muy excitados. Acaricia mi sexo con sus dedos, preparándome para lo que va a suceder, y yo gimo de placer. Busco su miembro y lo acaricio con ambas manos hasta que Axel me detiene y, colocándome a horcajadas sobre él, me susurra al oído:

–  Princesita, me estás volviendo loco.

Le sonrío provocadoramente y, sin previo aviso, coloco su pene en la hendidura de mi sexo y empiezo a descender lentamente, dejando que me penetre por completo mientras nos besamos y acariciamos. Muevo mi cuerpo ascendiendo y descendiendo para que su miembro entre y salga de mí una y otra vez. Nuestras respiraciones se vuelven cada vez más rápidas e intensas, nuestros gemidos aumentan de volumen hasta que ambos llegamos juntos al clímax, estallando por el placer que sentimos.

Durante unos minutos, nos quedamos tumbados y abrazados sobre la cama para recuperarnos y, cuando lo hacemos, volvemos a la carga. Empezamos con sexo vainilla pero, conforme van pasando las horas, el sexo es cada vez más duro y cada vez mejor. Ambos empezamos a descubrir los gustos del otro y nos pasamos toda la noche practicando para volvernos unos expertos. Cuando por fin caemos rendidos, los rayos de sol penetran a través de las cortinas de la ventana de mi habitación, pero a ninguno de los dos nos importa.

4 pensamientos en “Siempre cuidaré de ti 21.

  1. Fue una espera larga para que algo mas que ‘vainilla’ pasara entre los dos. Casi pense que nunca habria algo entre ellos. Muy entretinida la historia. Quizas vuelvan mas adelante. no se. Wolf esta aun vivo no?

    • Tienes razón, hasta casi el final no ocurre “nada” entre ellos. Wolf sigue vivo (capturado, pero vivo). No descarto escribir una segunda parte de la historia, por eso he dejado algunas puertas abiertas por si me animo a continuar, jeje. Muchas gracias por comentar, saludos! 😉

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