Siempre cuidaré de ti 20.

Siempre cuidaré de ti

Cenamos bebiendo vino y brindamos por repetir otra noche como esta, rara vez salimos con Pablo y con Ben, y con Axel nunca habíamos salido a cenar y a tomar unas copas como estamos haciendo hoy.

Axel continua callado y bastante serio, creo que no le apetece nada estar aquí. Ni siquiera el vino le está haciendo sonreír.

Cuando terminamos de cenar, los seis pasamos a los sofás para bebernos juntos la primera copa, todo el mundo sabe que a partir de la segunda cada uno empieza a ir a su aire. Me siento junto a Axel en uno de los sofás, ya que se han puesto por parejitas, y bebo un trago detrás de otro de mi copa observándole en silencio mientras él se dedica a mirar por la cristalera hacia la pista de baile, que se está empezando a llenar de gente. Cuando toda mi paciencia me abandona, le suelto:

–  Nadie te ha obligado a venir, si no quieres estar aquí no tienes por qué quedarte. – Se vuelve hacia a mí y añado mirándole a los ojos: – Ya no está de servicio, agente Romero.

–  No te basta con torturarme que también quieres provocarme, ¿verdad princesita? – Me contesta más como un reproche que como una broma.

–  ¿Qué te pasa? – Le pregunto sorprendida. – Se supone que debemos de beber un par de copas, bailar y pasárnoslo bien y no entiendo a qué viene esa cara.

–  Princesita, hay cosas que es mejor no preguntar si sabes que no te va a gustar la respuesta.

–  Oh claro, se me olvidaba que yo solo soy una princesita consentida, mimada y superficial. – Le espeto molesta sintiéndome como una imbécil.

Me levanto del sofá y accedo al pub por la puerta lateral, dispuesta a ir a la barra para pedir otra copa y alejarme de Axel. Soy idiota, para una vez que me enamoro voy y me enamoro de un imbécil.

Me siento en uno de los taburetes de la barra del pub y le pido una copa doble al camarero, la voy a necesitar, de hecho voy a necesitar más de una.

–  ¿Qué hace una chica tan guapa cómo tú sola en un lugar como este? – Me pregunta un tipo sentándose a mi lado. Extiende su mano y me dice: – Soy Adam.

–  Encantada, soy Ari. – Le respondo forzando una sonrisa al mismo tiempo que le estrecho la mano y le observo. Es un tipo bastante atractivo, me recuerda un poco a Nacho, aunque más rubio y con los ojos azules, pero a mí me van más los morenos.

–  Igualmente, Ari. – Me dice sonriendo. Echa un vistazo a nuestro alrededor y pregunta: – ¿De verdad has venido sola?

–  No, he venido con unos amigos. – Le respondo devolviéndole la sonrisa. – Pero me han hecho venir en plan parejita y mi supuesta pareja me odia, así que he decidido escaquearme un rato viniendo a pedir una copa a la barra.

–  Y, ¿te gustaría escaquearte otro rato bailando conmigo? – Me propone. – Te aseguro que soy un buen bailarín y prometo no pisarte.

–  Supongo que entonces no puedo negarme. – Le respondo divertida.

Nos adentramos en la pista de baile y bailamos la canción de “Devuélveme la vida” de Antonio Orozco con Malú. A pesar de ser una canción lenta, Adam se comporta como un caballero y mantiene las distancias conmigo, cosa que agradezco. La canción termina y regreso hacia a la barra con Adam para sentarme de nuevo en el taburete junto a él.

Justo en ese mismo momento, unas manos me rodean la cintura y sin verle sé que es Axel, puedo oler su aroma. Me abraza desde atrás y me susurra al oído:

–  Princesita, ¿quieres bailar conmigo?

Una tremenda corriente eléctrica sacude todo mi cuerpo y el corazón se me dispara. La música que está sonando desde que he entrado son baladas románticas. ¿Quiere bailar conmigo una canción lenta? Recuerdo sus palabras en el coche, si no me arriesgo nunca lo sabré, y salto del taburete al mismo tiempo que le dedico una sonrisa a Adam a modo de disculpa y me doy media vuelta para quedarme frente a Axel, que me coge de la mano y me lleva hacia el centro de la pista, donde vuelve a rodearme por la cintura y me estrecha contra su cuerpo al mismo tiempo que yo poso mis brazos sobre sus hombros y apoyo mi cabeza sobre su pecho. Durante los cuatro o cinco minutos que dura la canción, una balada en inglés que nunca antes había oído pero que me ha encantado, ninguno de los dos habla. Cuando la canción termina, Axel me separa un poco de él y me pregunta susurrando:

–  ¿Hasta cuándo vas a seguir torturándome?

–  ¿Qué? – Pregunto confundida. – Pero, si has sido tú quién quería bailar…

–  Bailar contigo no ha sido una tortura, la tortura ha sido verte bailar con otro. – Me responde susurrándome al oído.

Axel vuelve a abrazarme para continuar bailando conmigo, ahora al ritmo de la canción “Por besarte” de Lu, mientras yo le voy susurrando al oído la canción:

“Y no me has dado tiempo de disimularte

que te quiero hablar,

que por un beso puedo conquistar el cielo

y dejar mi vida atrás.

Quiero pertenecerte ser algo en tu vida,

que me puedas amar,

con un abrazo fuerte hacerte una poesía

renunciar a lo demás.

Y en cada frase oculta de lo que tú digas

en un beso hablara,

ya no me queda duda solo ven y escucha

decidamos comenzar.

Por besarte

mi vida cambiaría en un segundo

tú, serías mi equilibrio, mi destino,

bésame y solo así podré tenerte

eternamente en mi mente.

Un solo intento basta en este momento

para poder saber

si aún nos queda tiempo para estar en medio

de lo que va a suceder.

Conmigo no hay peligro, ven te necesito

la distancia no es

motivo del olvido aquí estoy yo contigo

y para siempre yo estaré.

Por besarte

mi vida cambiaría en un segundo

tú, serías mi equilibrio, mi destino

bésame y solo así podré tenerte

eternamente en mi mente.”

El estribillo vuelve a sonar y Axel me susurra con la voz ronca:

–  Si vuelves a decir “bésame”, no respondo de mis actos, princesita.

–  Bésame. – Le pido mirándole a los ojos.

–  Princesita… – Pero no termina de hablar, me besa en los labios delicadamente. No sé durante cuánto tiempo nos besamos, pero es bastante. Cuando nuestros labios se separan, me pregunta: – ¿Estás bien, princesita?

–  ¿Hay algún motivo por el que no deba estarlo? – Le pregunto a la defensiva.

–  Solo quería estar seguro antes de volver a besarte. – Me contesta antes de besarme de nuevo, esta vez más apasionadamente. Se separa de mí y añade: – Ari, si sigo besándote así…

–  Llévame a casa. – Le digo, sonando más como una orden que como una petición.

–  Princesita, has sido tú la que me has pedido que te bese y yo ya te había advertido… – Le interrumpo besándole en los labios para que se calle.

–  Quiero irme a casa contigo, ¿lo entiendes? – Le susurro al oído.

–  Creo que sí, pero antes tenemos que hablar, quiero decirte algo desde que llegamos y…

–  Hablaremos de lo que quieras en casa. – Le digo haciendo un mohín. – Le envío un mensaje a las chicas para avisarlas y nos vamos.

–  Ari, ¿de verdad quieres ir a casa de tu padre?

–  No podemos pasar la noche en otro sitio, le prometí a mi padre que me quedaría en su casa hasta la reunión del lunes. – Le contesto. – Relájate, nadie se va a enterar de lo nuestro. Bueno, sin contar los que están al otro lado de aquella pared de espejo.

–  Princesita, de eso quería hablarte. – Me contesta. – Pero me gustaría hacerlo en otro lugar que no fuera en casa de tu padre, me refiero a lo de hablar.

Suelto una carcajada a causa del matiz de Axel, es como si hubiera perdido toda esa arrogancia que usa de caparazón. Me mira molesto y le doy otro beso en los labios que le hace sonreír de nuevo.

–  ¿A dónde quieres ir? – Le pregunto.

–  A cualquier parte donde podamos hablar sin que nadie termine interrumpiéndonos, quiero hablar contigo desde que regresamos y cuando me armo de valor alguien nos interrumpe. – Me responde sin dejar de abrazarme, como si temiera que me fuera a escapar. – Si no te fías de mis intenciones, elige cualquier lugar público donde podamos hablar sin que nos interrumpan.

–  Vamos a buscar un taxi, en la entrada de la masía hay una parada. – Le digo cogiéndole de la mano dispuesta a salir de allí. – Iremos a casa de mi padre, pero te prometo que nadie nos interrumpirá, ¿de acuerdo?

Axel asiente con la cabeza y camina pegado a mí, como si fuera mi guardaespaldas. Cogemos un taxi y Axel le da la dirección de casa de mi padre al taxista, mientras yo les rezo a todos los dioses en silencio para que mi padre, Manuel y Arturo estén dormidos cuando lleguemos.

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