Siempre cuidaré de ti 18.

Siempre cuidaré de ti

Cuando bajo al salón, ya están allí esperándome mi padre, Axel, Manuel y Arturo. Todos se me quedan mirando y tengo un deja vu, esto ya lo he vivido antes. Axel me hace un gesto para que me siente junto a él en el sofá y yo le obedezco sin rechistar, últimamente me estoy volviendo muy obediente y eso tiene bastante confundido a mi padre, que me mira extrañado.

Manuel me da un vaso de zumo de melocotón bien fresquito y yo se lo agradezco con una sonrisa, Manuel es un buen tipo, y el padre de Axel.

–  Antes de decir nada, me gustaría daros las gracias por capturar a Wolf y sus hombres. – Nos dice mi padre. – Especialmente a ti, Axel. Sé que no estás hecho para hacer de niñera, pero espero que entiendas que quería dejar a mi hija en las mejores manos.

–  Solo he hecho mi trabajo. – Contesta Axel.

Eso es lo que ha hecho, su trabajo. Es un agente y mi padre es su jefe, ¿qué esperaba que pasara? ¿Que se enamorara de mí? Eso solo pasa en las películas románticas y desgraciadamente no es mi caso.

–  Ari, ¿estás bien? – Me pregunta Manuel preocupado.

–  ¿Qué? – Pregunto Distraída. – Sí, estoy bien.

Axel me escruta con la mirada, pero no dice nada.

–  Ari, anoche llamé al doctor Petersen y se pasará a mediodía por aquí. – Me dice mi padre. – Axel me ha comentado que tu herida no ha dejado de sangrar estos días y es mejor que el doctor le eche un vistazo para asegurarnos de que todo está bien. – Asiento dócilmente y añade: – Creo que os debemos una explicación y ha llegado el momento de dárosla. Todo empezó hace diez años, cuando la mafia rusa secuestró a la única hija y heredera de Wolf. Le chantajearon para obtener la información que querían, pero Wolf se negó a dársela sin que antes le devolvieran a su hija y recurrió a nosotros para que la rescatáramos, pero la cosa se complicó, muchos agentes murieron y la hija de Wolf desapareció. Dos años más tarde, encontraron su cadáver y Wolf no nos lo perdonó nunca, aunque no le culpo por ello.

–  ¿Qué hay del ADN que encontraron en los agentes asesinados? – Le pregunto. – ¿Cómo es posible que aparezca el ADN de esa niña en la escena de un crimen diez años después de haber sido asesinada?

–  No teníamos ni idea hasta que ayer accedimos al ordenador de Wolf. – Me responde mi padre poniéndose tenso. – Durante estos años, Wolf ha estado investigando sobre la clonación, pretendía clonar a su hija con células madre del cordón umbilical que tenía guardado en un banco de células madre. Por lo que sabemos, ninguno de sus clones sobrevivió más de dos o tres días, pero obtuvo ADN suficiente como para hacernos creer que su hija podía estar viva.

–  Tus conclusiones no iban desencaminadas en la investigación, pese a no tener ni idea de lo que estabas investigando. – Me dice Manuel orgulloso. – Si algún día quieres trabajar en mi laboratorio, estaré encantado de poner a todos los científicos bajo tus órdenes.

–  Te agradezco la oferta, pero no estoy hecha para pasarme el día encerrada en un laboratorio. – Le respondo con sinceridad. – Aunque estaré encantada de darte mi opinión siempre que la requieras.

–  No puedo creer que haya intentado clonar a su hija. – Comenta Axel indignado. – ¿Cuántos experimentos habrá llegado a hacer hasta conseguir que los embriones llegaran a salir de los tubos de ensayo vivos?

–  Prefiero no pensar en ello. – Reconozco en voz alta.

–  Wolf rendirá cuentas frente a la justicia internacional y os aseguro que no serán misericordiosos con él dada la gravedad de sus delitos. No solo lo acusarán por jugar a ser Dios, sino que también le acusarán de los asesinatos de dos agentes y de los intentos de asesinato de vosotros tres. – Nos dice mi padre señalándonos a Manuel, Axel y a mí. – Y eso os lo debemos a vosotros dos. – Nos dice a Axel y a mí. – Y por eso queríamos proponeros algo. Queremos crear un nuevo equipo especial de operaciones dentro del Servicio Secreto y queremos que lo dirijáis juntos. Por separado sois los dos mejores agentes que tenemos, pero juntos sois dos agentes imparables, capaces de pensar con la cabeza fría en los momentos más intensos, imprevistos y difíciles. No queremos que nos deis una respuesta en este mismo momento, queremos que lo penséis bien.

–  De todas formas, a mí me gustaría recalcar que, pese a vuestra extraña forma de socializar, por llamarlo de alguna manera, es cierto que no habéis tenido problemas a la hora de convivir y trabajar juntos sin apenas conoceros. – Puntualiza Manuel. – A vuestra manera, habéis sabido sobrellevar la situación y salir de ella de la mejor forma posible.

–  El lunes por la tarde tendremos una reunión más formal y os daremos los detalles de la oferta para que podáis pensarlo tranquilamente con todas las condiciones sobre la mesa. – Nos dice mi padre. – Hasta entonces, creo que deberías descansar y salir por ahí a distraeros. Pablo nos ha dicho que tenéis pensado salir a tomar algo esta noche.

–  Sí, eso parece. – Le respondo resignada.

–  ¿Desde cuándo rechazas una invitación a salir de copas? – Me pregunta Arturo mofándose.

–  Desde que es una imposición, pero supongo que me vendrá bien salir un rato. – Le respondo encogiéndome de hombros.

–  Princesita, nos merecemos una copa como mínimo. – Me dice Axel divertido. – Solo una copa y, si después quieres volver a casa, yo mismo te traigo.

–  ¿El agente Romero sigue estando de servicio, papá? – Le pregunto a mi padre bromeando.

Todos se echan a reír y Axel me dice sonriendo divertido:

–  Princesita, soy un agente del Servicio Secreto, yo siempre estoy de servicio.

–  Pues que conste que eres tú quién ha insistido y eso te quita el derecho de quejarte constantemente que trabajas de niñera. – Le advierto, provocando las carcajadas de todos sin haber tenido la intención de hacerlo, de hecho estaba hablando en serio.

–  Ari, eres adorable. – Me dice Manuel llorando de la risa.

–  Lo sería si estuviera bromeando, pero no bromea. – Se mofa mi padre. Cuando logra dejar de reír, añade: – Por cierto, no os quiero ver aparecer por la base hasta el lunes por la tarde, utilizad estos dos días libres para divertiros.

Manuel, Arturo y mi padre se marchan a la base, ellos sí tienen mucho qué hacer con todo lo de Wolf, pero nosotros por fin podemos descansar y yo estoy feliz de que Axel haya aceptado salir con nosotros esta noche, aunque todavía no sé cuándo le han invitado, probablemente mientras yo me duchaba.

–  Bueno, no hay mal que por bien no venga. – Me dice Axel sonriendo, pero yo me siento mal, me siento hundida. – Princesita, acaban de ofrecernos dirigir un equipo nuevo de operaciones del Servicio Secreto, deberías estar dando saltos de alegría.

–  Yo no soy una agente, Axel. – Le contesto cansada y dolida. – Ni siquiera me había tomado en serio serlo hasta ahora y la verdad es que no quiero…

–  Princesita, vamos a ver al doctor, esta noche saldremos de copas, mañana nos pasaremos el día durmiendo y el lunes escucharemos lo que nos tengan que decir. – Me interrumpe Axel. – Después, podrás tomar la decisión que creas conveniente, pero te ruego que lo pienses antes, al fin y al cabo, no se nos ha dado tan mal trabajar juntos, ¿no crees?

–  Si yo rechazo la oferta, dirigirás tú solo al equipo y no tendrás a una princesita merodeando a tu alrededor y metiendo las narices en todas partes.

–  Ariadna, tenemos que hablar de eso. – Me dice Axel molesto. – Eres una princesita y eso…

–  Ari, el doctor está aquí. – Dice Pablo interrumpiéndonos.

¿Es que nadie nos va a dejar hablar sin interrumpirnos? Y siempre nos interrumpen cuando la conversación se pone más seria, cuando Axel me llama por mi nombre completo.

–  Doctor Petersen, creía que vendría a mediodía. – Le digo sorprendida de verlo tan temprano.

–  Y yo también, pero tus amigas han insistido en que viniera cuanto antes para que os pudierais ir de compras, ¿celebráis algo esta noche? – Me responde el doctor divertido.

–  El funeral de mis amigas como sigan así. – Le respondo furiosa mientras Pablo y Axel se ríen a carcajadas. – Y puede que el de éstos dos también. – Me vuelvo hacia Pablo y le pregunto con tono nada amistoso: – Tú también estás metido en esto, ¿verdad?

–  ¡Dios me libre! – Se mofa Pablo. – Tus queridas amigas solo quieren que estés guapa esta noche, quieren que te diviertas y, si es posible, también que te relajes. – Añade guiñándome un ojo.

Entre risas y bromas, el doctor Petersen me revisa la herida del brazo y me dice que todo está bien y que al menos la herida no está infectada, por lo que no tengo que tomar antibióticos y me da vía libre para beber todo el alcohol que quiera esta noche, aunque me recomienda que es mejor que no abuse.

En cuanto el doctor se marcha, Angie y Debby vienen a buscarme muy sonrientes, dispuestas a llevarme de compras por toda la ciudad.

–  Hemos revisado la ropa que tienes y no hay nada de lo que buscamos, así que nos vamos a comprarte un vestido sexy. – Dice Angie sonriendo dulcemente mientras los chicos nos miran divertidos.

–  No quiero ir, puedo ponerme cualquier cosa. – Protesto.

–  Si lo prefieres, puedo prestarte el pijama de franela sexy. – Se mofa Axel.

–  Soy capaz de ir con ese pijama si con eso me libro de ir de compras. – Confieso.

–  Siempre vas con tejanos, por un día que te pongas un vestido no te va a pasar nada. – Me dice Debby poniendo los ojos en blanco.

–  ¿Qué tienen de malo mis tejanos? – Les pregunto molesta.

–  Preciosa, tus tejanos no tienen nada de malo. – Oigo una voz masculina procedente de la puerta del salón.

Todos nos volvemos al instante y entonces veo a Hugo, uno de los agentes de mi padre con los que mejor me llevo, después de Pablo, claro.

–  ¡Hugo! – Exclamo arrojándome a sus brazos. – ¿Qué estás haciendo aquí? Creía que estabas en China infiltrado, ¿cuándo has vuelto?

–  Acabo de llegar ahora mismo, tu padre me llamó y me contó lo que había pasado así que decidí coger un par de días libres para venir a verte y ver que estás bien con mis propios ojos. – Me contesta Hugo y añade susurrando en mi oído para que nadie más que yo lo escuche: – Uy pequeña, cuánta tensión noto en este salón.

Le miro confusa, sin saber a qué se refiere y entones veo como Axel y Hugo intercambian una mirada nada amistosa y Axel le dice a modo de saludo sin apenas mover los músculos de la cara:

–  Hugo.

–  Axel. – Le saluda de igual modo Hugo.

¿Qué pasa aquí? No me da tiempo a preguntarlo porque Angie y Debby, tras saludar a Hugo fugazmente, me arrastran hacia el jardín y me suben al coche de Pablo, dispuestas a llevarme de compras.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.