Sedúceme 9.

Eva y Derek pasaron el fin de semana encerrados en la suite del hotel. Como ya le había dicho Derek, a Eva no le hizo falta pasar por su apartamento para coger algo de ropa, pues pasaron todo el fin de semana desnudos, dejándose llevar por la lujuria y la pasión que sentían.

El domingo por la tarde Eva regresó a su apartamento a pesar de la insistencia de Derek para que pasara la noche con él en la suite. Nada más entrar en el apartamento, se encontró con la mirada inquisidora de Ruth.

—¿Se puede saber dónde has estado todo el fin de semana? Tu teléfono móvil está apagado y me tenías preocupada.

—Lo siento, últimamente tengo mucho trabajo y ni siquiera me he dado cuenta que tenía el móvil apagado, debe haberse quedado sin batería —mintió Eva.

Las palabras de Eva no acabaron de convencer a Ruth.

—¿Seguro que va todo bien?

—Sí, solo estoy un poco cansada —le aseguró Eva forzando una sonrisa.

Se sentía fatal por mentir a su amiga, pero en ese momento era lo mejor, no podía responder preguntas de las que desconocía la respuesta.

El lunes Eva se levantó y fue a trabajar. Recibió la llamada de Derek a mediodía y quedó en reunirse con él en la suite del hotel donde se alojaba cuando saliera de la oficina. A pesar de que Eva creía que su relación con Derek solo se basaba en el sexo, lo cierto era que Derek se esforzaba mucho en averiguar cosas de Eva sin que ella apenas se diera cuenta. Quería saberlo todo sobre ella, quería seducirla para que se quedara a su lado para siempre.

El martes, miércoles y jueves siguieron la misma rutina, pero el viernes Derek decidió planear algo distinto. Reservó una de las salas privadas de la masía con la intención de llevar allí a Eva, pero Ana y Nahuel organizaron una cena familiar a última hora y ambos estaban invitados.

—Nena, tendremos que aplazar nuestra cita para mañana por la noche —le dijo Derek cuando la llamó por teléfono tras recibir la invitación de Ana y Nahuel.

—Ni siquiera me habías dicho a dónde me ibas a llevar —le respondió Eva tratando de sonsacarle información.

—Es una sorpresa, nena. Te veo esta noche en casa de mi hermano, va a ser una tortura estar a tu lado y no poder besarte ni… —Derek se interrumpió, su entrepierna estaba creciendo bajo la tela del pantalón y en pocos minutos tenía una reunión—. Nena, tengo que colgar.

—Nos vemos esta noche —se despidió Eva antes de colgar, sonriendo al adivinar lo excitado que se sentía Derek.

Esa noche, Eva y Ruth acudieron juntas a la cena en casa de Ana y Nahuel. A Derek le hubiera gustado poder asistir con Eva, pero ni siquiera se atrevió a preguntárselo, sabía que ella no aceptaría, al menos no tan pronto. Primero debía ganarse su confianza para que Eva entendiera que estaba interesado en ella de verdad, que no era solo un capricho.

Cuando Eva y Ruth llegaron a casa de Ana y Nahuel, Derek ya estaba allí. Eva se lo encontró en el jardín trasero de la casa charlando con Jason, el socio de Nahuel, y con su amigo y socio Víctor, el único que estaba al tanto de la relación que mantenían Derek y Eva.

—Chicas, ¿os acordáis de Víctor? —Les preguntó Ana a sus amigas cuando llegaron al jardín trasero—. Víctor es uno de los amigos de Derek al que conocimos en la playa, él también se ha trasladado a la ciudad, es el socio de Derek.

Eva ya estaba al tanto de todo, incluso de que Víctor se había trasladado al apartamento de sus abuelos ya fallecidos, pero disimuló muy bien. Derek, además de colmarla de grandes placeres sexuales, también la mantenía informada de todo lo que hacía en su día a día, al igual que ella lo mantenía informado a él.

Ruth y Eva saludaron a Víctor con simpatía, lo recordaban perfectamente. Víctor aprovechó el encuentro para fastidiar un poco a su mejor amigo:

—Sigues tan preciosa como te recordaba, Eva. Deberíamos salir a cenar una noche, estoy seguro que lo pasaríamos muy bien juntos.

A Eva no se le escapaba una. Derek no le había mencionado que Víctor estuviera al tanto de su peculiar relación, pero el intercambio de miradas de aquellos dos los delató. Eva no sabía qué pretendían, pero ella también sabía jugar sus cartas. Le sostuvo la mirada a Derek durante un instante, se volvió hacia a Víctor y le dijo con coquetería al mismo tiempo que le guiñaba un ojo con complicidad:

—Cuando quieras, suena muy prometedor.

La cara de Derek era un poema y no pasó desapercibido para nadie, ni siquiera para Jason que, aunque no conocía la historia que Derek y Eva tuvieron dos años atrás, entendía qué estaba pasando allí, pero no comentó nada al respecto.

Nahuel, apiadándose de su hermano menor, salió en su ayuda:

—Bueno, ahora que estamos todos, creo que ha llegado el momento de deciros cuál es el motivo de esta celebración—. Abrazó desde atrás a Ana y acarició su vientre con ambas manos—. Cariño, díselo tú.

Todos miraron a la pareja con expectación, las manos de Nahuel acariciando el todavía inexistente vientre de Ana no pasaron desapercibidas para nadie, pero esperaron a oírlo de la voz de los protagonistas.

—¡Estamos embarazados! —Exclamó Ana eufórica.

Todos les felicitaron emocionados por la buena nueva. Ana y Nahuel contestaron todas las preguntas que sus amigos les hicieron: estaba embarazada de tres meses, todavía no podían saber si era niño o niña y sí, había sido concebido durante la luna de miel.

Durante la cena todos se divirtieron bromeando sobre cómo será la vida de los futuros padres e incluso se aventuraron a opinar quiénes serían los siguientes en ser padres:

—Puede que después de esa cena, Eva y Víctor nos sorprendan —bromeó Ana solo para picar a su cuñado.

Derek ya no podía más. Lo que había empezado como una mera broma de Víctor se estaba convirtiendo en una tortura para él, que no dejaba de escuchar comentarios sobre la supuesta cita que ella y Víctor iban a tener. Sin dar ninguna explicación, se puso en pie y se dirigió al interior de la casa. Eva fulminó con la mirada a Ana, reprendiéndola por su comentario, y Ana confirmó sus sospechas: entre aquellos dos había algo.

—Eva, acompáñame un momento a la cocina, quiero enseñarte algo —le dijo Ana poniéndose en pie.

Sin mediar palabra, Eva se levantó y siguió a Ana hasta llegar a la cocina. Ambas se sostuvieron la mirada durante un instante hasta que finalmente Ana le dijo con tono burlón:

—Me temo que a Derek no le ha sentado nada bien las bromas que hemos hecho sobre ti y su amigo Víctor.

—Ese no es mi problema —le respondió Eva encogiéndose de hombros.

Ana se armó de paciencia, con Eva tenía que tener mucho tacto, pese a que siempre la habían tachado de fría e insensible, lo cierto era que tan solo era una coraza que escondía un corazón enorme.

—Eva, tan solo quiero que sepas que, hagas lo que hagas, contarás siempre con mi apoyo —en ese justo momento, vio a Derek salir del baño y le dijo mientras salía disparada por el pasillo—: Derek, ayuda a Eva a servir el postre, yo tengo que ir al baño.

Ana vio la oportunidad de dejarlos a solas y la aprovechó. Una cosa era que bromearan para fastidiarles un poco; y otra, que se enfadaran por ello.

Derek esperó a que Ana se encerrara en el baño y se aseguró que no había nadie alrededor de la cocina. La miró a los ojos con intensidad. Eva percibió parte de reproche y lujuria en los ojos de él, pero no se amilanó y le sostuvo la mirada.

—Nena…

El tono de advertencia de Derek era más que evidente, pero a Eva le pareció de lo más seductor y sonrió con malicia, acercándose a él como una gatita con ganas de jugar.

—Deja de torturarme, Eva —no fue una orden, fue casi una súplica.

Pero Eva tenía ganas de jugar. Alzó sus manos alrededor del cuello de Derek, se estrechó contra su cuerpo y le susurró al oído:

—Quiero jugar, nene.

Derek ya no pudo controlarse por más tiempo, Eva era demasiado tentadora cuando se ponía juguetona. La agarró con fuerza por los muslos y la alzó en brazos haciendo que rodeara su cintura con las piernas. Presionó su erección contra la entrepierna de ella para hacerle saber lo excitado que estaba y la besó con urgencia, casi con verdadera desesperación. Hasta que escucharon unos pasos por el pasillo y se separaron bruscamente el uno del otro para adecentar sus ropas.

—¿Va todo bien por aquí? —Preguntó Nahuel asomando la cabeza por la puerta de la cocina. Ambos asintieron y Nahuel preguntó—: ¿Dónde está Ana?

– En el baño, nos ha dejado al mando para servir los postres —informó Eva ruborizada.

Nahuel posó su mirada de Eva a Derek y viceversa, ladeó la cabeza sonriendo y se marchó sin decir nada más.

—Quiero verte esta noche —le dijo Derek sin opción a réplica en cuanto Nahuel les dejó a solas de nuevo.

—No sé si podré.

—Ruth ha dicho que tenía planes después de la cena, no dormirá en casa —le recordó Derek—. Deja que yo me encargue del resto, nena.

Eva accedió, a Derek le resultaba imposible decirle que no, daba igual lo que le propusiera, él tenía ese efecto en ella. Sirvieron el postre que Ana había preparado y regresaron al jardín trasero junto a los demás para disfrutar del resto de la velada.

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