Sedúceme 6.

Eva apenas pudo dormir en toda la noche. Estaba excitada, eufórica y, aunque jamás lo reconocería en voz alta, también estaba ilusionada. Finalmente, consiguió dormirse casi al amanecer. Se despertó cuatro horas más tarde y sonrió tímidamente al recordar la noche anterior. Derek rechazó su invitación a subir al apartamento, pero le dejó muy claro que la deseaba tanto o más que ella a él. Eva no era de las que creía que las personas podían cambiar, al menos no de una forma tan radical, pero el hecho de que Derek se trasladara a la ciudad cambiaba sus planes por completo, le sería imposible no caer en la tentación teniéndole tan cerca. Por segunda vez en su vida, Eva decidió dejarse llevar sin pensar en las posibles consecuencias. Ya lo hizo una vez hacía dos años también con Derek, pero esta vez quería un final distinto, quería un final de cuento de hadas.

El sonido de una llamada entrante en su teléfono móvil la sacó de sus pensamientos. Eva alargó el brazo con desgana para alcanzar su teléfono móvil que estaba sobre la mesita de noche, lo agarró y se lo llevó a la oreja sin pararse a mirar quién la llamaba:

— ¿Si?

—Buenos días, nena. ¿Has dormido bien? —La saludó Derek desde el otro lado del teléfono.

—La verdad es que apenas he podido pegar ojo en toda la noche —le contestó Eva con un ligero tono de reproche en la voz.

—Ya somos dos y, si no recuerdo mal, eso es culpa tuya —le contestó Derek burlonamente, se sentía juguetón—. Nena, tengo un par de horas libres y me gustaría pasarlas contigo. ¿Aceptas una invitación inocente para comer con un amigo?

—Si el amigo eres tú esa invitación no será inocente —opinó Eva—. A menos que tu propuesta forme parte de un plan maquiavélico para torturarme.

—Confía en mí, nena —le pidió Derek.

—Está bien, acepto tu inocente invitación.

—Genial, pasaré a buscarte en una hora —concluyó Derek y añadió antes de colgar—: Una cosa más, nena: no me hagas esperar.

Eva sonrió, el día anterior le hizo esperar más de veinte minutos frente al portal del edificio de apartamentos. Decidida a que aquello no volviera a repetirse, pues ella odiaba la impuntualidad, se levantó de la cama, se dio una ducha rápida y se detuvo frente al armario para decidir qué ponerse. Tras una rápida hojeada a toda su ropa. Eva escogió un vestido ibicenco y unas sandalias con tacón de cuña, un atuendo perfecto para un caluroso mes de agosto en la ciudad.

Justo una hora más tarde, Eva cruzaba el portal del edificio y salía a la calle. Derek sonrió al verla, estaba preciosa como siempre.

—Tienes muy buen aspecto para no haber dormido —la saludó Derek bromeando.

—La culpa es solo tuya —le replicó Eva dedicándole una sonrisa traviesa.

Derek la agarró de la cintura, la atrajo hacia sí y la besó en los labios impulsivamente.

—Sube al coche antes de que cambie de opinión y perdamos la poca inocencia que nos queda —le susurró Derek al mismo tiempo que le daba una palmada en el trasero para que se apresurase.

Entre risas y cómplices miradas, subieron al coche de alquiler de Derek y se dirigieron al restaurante del hotel donde se alojaba Derek. Eva no hizo ningún comentario reprobador como Derek esperaba, algo que le sorprendió. Pero ella era consciente de dónde se estaba metiendo, estaba allí por voluntad propia.

Se sentaron en una de las mesas más retiradas del restaurante y, mientras esperaban que le sirvieran la comida, hablaron de temas banales. Con la comida ya servida sobre la mesa, Eva le preguntó:

— ¿Qué te mantiene tan ocupado un sábado que solo te deja dos horas libres?

—Estoy viendo casas, pero aún no he encontrado ninguna que me guste. En dos semanas mi traslado será efectivo y, hasta que encuentre una casa donde vivir, el hotel será mi hogar —le explicó Derek—. Llevo todo el día visitando casas, creo que el agente inmobiliario ha empezado a odiarme.

—Comprar una casa no es una decisión que se deba tomar a la ligera —opinó Eva.

—Quizás puedas ayudarme. Si tuvieras que comprar una casa, ¿cómo escogerías cuál comprar?

—Me gusta el barrio en el que vivo, es un barrio familiar y tranquilo, así que probablemente buscaría casa en esa zona —le respondió Eva—. Espero formar una familia en el futuro, así que compraría una casa con al menos tres habitaciones y con un amplio jardín. Si para entonces puedo permitírmelo, un jardín con piscina sería perfecto.

Eva continuó explayándose en su descripción de la casa perfecta y Derek tomó nota mental de todo lo que ella decía. Le fascinaba oírla hablar con tanta soltura y con tanta naturalidad, le recordaba al verano que pasaron en la costa.

—Deja de mirarme así —le rogó Eva cuando Derek no dejaba de comérsela con los ojos.

—Créeme si te digo que me resulta imposible, nena —Derek se levantó y se sentó justo al lado de Eva. Colocó una de sus manos sobre la rodilla de Eva para después ascender lentamente por sus muslos al mismo tiempo que le susurraba al oído—: Me encanta que te hayas puesto un vestido —Eva dio un respingo cuando Derek rozó su entrepierna. Él sonrió con malicia y añadió—: Será mejor que te controles si no quieres que nos descubran.

Eva trató de detenerle, por muy excitante que fuera, era demasiado arriesgado, pero Derek no se dio por vencido y continuó acariciando su entrepierna. Retiró sus braguitas hacia un lado y la masturbó ocultándose bajo el mantel de la mesa. Eva también deslizó su mano bajo la mesa buscando la entrepierna de Derek, agarrándolo su miembro erecto del que tan solo le separaba la tela del pantalón.

– Derek…

—Lo sé, nena —le susurró al oído—. Córrete, córrete para mí.

Eva sintió los espasmos del orgasmo que se avecinaba y supo que no podría frenarlo por mucho que quisiera. Derek la llevaba al límite en todos los sentidos y ella quería dejarse arrastrar por él. Eva clavó sus uñas en la pierna de Derek y se tensó arqueando la espalda. Estaba a punto de alcanzar el clímax cuando Derek la besó y ahogó sus gemidos al estallar en mil pedazos.

—Espero que esta noche puedas dormir bien —bromeó Derek.

—Subamos a la habitación y tú también podrás dormir bien esta noche —le sugirió Eva.

—No puedo, Nena. He quedado con el agente inmobiliario en media hora —Eva disimuló su desilusión, pero no lo suficiente para que Derek se percatara—. Si no tienes planes, me encantaría cenar contigo esta noche. Puedo pasar a recogerte, pedir que nos traigan la comida a la habitación y continuar donde lo hemos dejado. Mi vuelo sale a las seis de la mañana, pero tú podrás quedarte en la habitación durmiendo o, si lo prefieres, puedo dejarte en casa de camino al aeropuerto.

Eva aceptó aquella nueva invitación a sabiendas que tarde o temprano tendría que afrontar las consecuencias.

Derek pidió que le cargaran la cuenta a la habitación y se ofreció para llevar a Eva a donde tuviera que ir antes de dirigirse a su cita con el agente inmobiliario. Eva le pidió que la acercara al centro comercial y allí se despidieron hasta la noche.

—Pasaré a recogerte a las ocho, nena —le recordó Derek tras darle un beso de despedida.

Mientras Derek visitaba una casa tras otra acompañado por el agente inmobiliario, Eva decidió ir de compras por el centro de la ciudad. Quería comprar un nuevo vestido y un conjunto sexy de ropa interior para sorprender a Derek esa misma noche.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.