Sedúceme 5.

Eva continuó haciéndole preguntas a Derek. Comenzó preguntando por su trabajo, siguió preguntando por Thor, el perro de Derek, y terminó preguntando sobre lo que más le interesaba a ella: sus relaciones sentimentales. Derek fue totalmente sincero con Eva, quería basar su relación con ella sobre la confianza y no pensaba engañarla:

—No he tenido relaciones estables, si es a eso a lo que te refieres.

—Por supuesto, tú no eres de los que se comprometen.

—Lo dices como si fuera algo malo, quizás no me he comprometido porque todavía no he encontrado a la mujer perfecta para mí —se defendió Derek.

—Será eso… —Musitó Eva.

Derek la miró arqueando una de sus cejas. Se suponía que habían acordado empezar de cero sin rencores pero Eva no dejaba de lanzar pullas, dejando claro que no confiaba en él. Eva fue consciente de que no estaba actuando según la tregua pactada y recapacitó:

—Lo siento, es la costumbre —su mirada se detuvo en el mando a distancia que Derek sostenía entre sus manos y sintió curiosidad por el botón de color azul—. Pulsa el botón azul, quiero ver qué vistas hay detrás del espejo.

—No es una buena idea, nena —le respondió Derek con su eterna sonrisa traviesa en los labios, esa sonrisa que a Eva la volvía loca—. Quizás podamos disfrutar de las vistas la próxima vez que vengamos a cenar.

—Eres muy optimista al pensar que habrá una próxima vez.

—Bueno, ahora somos amigos, ¿no? —Le contestó Derek con la voz ronca—. Los amigos suelen quedar para salir a cenar.

El hecho de que Derek no quisiera mostrarle qué había al otro lado del espejo tan solo acrecentó la curiosidad de Eva, pero conocía lo suficiente a Derek como para saber que se lo pondría más difícil solo para fastidiarla, así que fingió perder el interés en aquel tema y esperar a que llegara el momento oportuno.

Continuaron charlando animadamente hasta pasada la medianoche. Derek comprobó su reloj de pulsera y le dijo a Eva:

—Nena, deberíamos ir pensando en regresar a la ciudad. Podemos tomarnos allí la última copa.

—De acuerdo —le contestó Eva un poco decepcionada.

Derek fue al baño antes de marcharse de allí y Eva aprovechó la ocasión para pulsar el botón azul del mando a distancia y que el espejo se volviera transparente.

Eva tuvo que recordar cómo se respiraba cuando vio las “vistas” de las que hablaba el camarero y que Derek no quería mostrarle. Al otro lado del cristal había otra sala enorme totalmente acristalada donde una joven y atractiva pareja ofrecía un espectáculo porno que también podía verse desde los otros tres reservados de la primera planta. Cada pared acristalada de la enorme estancia donde ofrecían el espectáculo porno correspondía a las paredes de espejo de cada uno de los cuatro reservados. Las parejas que ocupaban los reservados, excitados por el espectáculo, se animaban a participar en él desde sus respectivos reservados. Eva los observó excitada. La pareja de la sala acristalada se deleitaba con apasionados preliminares que hicieron que la entrepierna de Eva se humedeciera. Tan concentrada estaba en lo que estaba mirando que no se dio cuenta que Derek estaba detrás de ella hasta que notó sus manos rodeándole la cintura y su voz ronca susurrándole al oído:

—Nena, no me lo pongas más difícil.

Pero Eva no se movió de donde estaba. No podía dejar de mirar aquel espectáculo y, al sentir los brazos de Derek alrededor de su cintura y su pecho pegado a la espalda, se excitó todavía más. Derek notó a Eva relajada entre sus brazos y excitada viendo semejante espectáculo. Sabía que dejarse llevar y practicar sexo con ella complicaría su estrategia, pero le resultaba imposible controlar su deseo por Eva. Sin dejar de abrazarla, acercó sus labios al cuello de ella y comenzó a deleitarla con tiernos besos. Eva respondió a sus besos con un leve gemido y Derek sonrió en silencio al descubrir que ella lo deseaba tanto como él.

—Nena, tengo tantas o más ganas que tú de seguir con lo que estamos haciendo, pero no es buena idea.

Eva se volvió para afrontarlo cara a cara. Las palabras de Derek la dejaron confusa, el sexo para él siempre era una buena idea pero con ella parecía que ya no lo era.

— ¿Por qué no es una buena idea? —Quiso saber Eva.

—En primer lugar, porque has bebido más de la cuenta y no quiero que mañana te arrepientas y me lo reproches o, peor aún, que no lo recuerdes —argumentó Derek—. En segundo lugar, porque no te he traído aquí para esto, aunque reconozco que la idea es muy tentadora.

—Antes no te importaba que hubiera bebido de más, que te lo reprochara o que no lo recordara, tu objetivo tan solo era llevarme a la cama —comentó Eva sin reproche en su voz.

—Esa es la tercera razón, quiero demostrarte que no soy ese depredador sexual que tú crees que soy —le susurró Derek. Tras besarla levemente en los labios, Derek pulsó el botón azul para que el cristal volviera a convertirse en espejo y añadió con la voz ronca—: Será mejor que regresemos a la ciudad, este lugar es demasiado tentador.

En el camino de vuelta en cocha a la ciudad, Derek le propuso a Eva parar en algún pub para tomar una última copa. Eva aceptó encantada, quería pasar un rato más con Derek.

Entraron en un pub cercano al apartamento de Eva y se sentaron en la zona chill-out del local para poder hablar con mayor tranquilidad.

— ¿Puedo preguntarte algo? —Tanteó Eva.

—Por supuesto, nena. ¿Qué quieres saber?

— ¿Cómo conociste la masía? ¿Habías estado allí antes?

Derek sonrió, entendía a la perfección lo que Eva quería saber. Le hubiera gustado jugar un poco con ella, pero habían pactado una tregua y no quería echarla a perder, así que fue sincero con ella:

—La Agencia de mi hermano Nahuel se encarga de la seguridad de la masía. Vi algunas fotos de la masía realizadas de día y es una masía normal, así que le pedí a Nahuel que me diera el teléfono del lugar para hacer una reserva. Él fue quién me explicó que por la noche la masía era “especial”.

— ¿Le has dicho que me ibas a llevar allí? —Preguntó Eva preocupada.

—La verdad es que esperaba que pusieras alguna excusa en el último momento para cancelar la cita y tampoco sabía si preferías que quedara entre nosotros, así que opté por no decir nada —le respondió Derek—. Y tú, ¿le has contado a alguien que salías a cenar conmigo?

—Ruth me ha visto llegar a casa antes del trabajo y, como no sabía que decirle, le dije que tenía una cena de trabajo —le confesó Eva un poco avergonzada.

— ¿Hubieras preferido decirle la verdad a Ruth? —Le preguntó Derek tratando de entender a Eva.

—No me gusta mentir, pero prefiero que esto quede entre nosotros —reconoció Eva.

—Quedará entre nosotros si es eso lo que quieres.

Eva no supo descifrar si las últimas palabras de Derek habían sido sinceras o si se trataba de una mofa irónica de las suyas, pues su gesto era totalmente inexpresivo. Pero decidió confiar en que sus palabras eran sinceras, al fin y al cabo a él tampoco le interesaba que se supiera que se veía con ella a escondidas.

A Derek no le gustó saber que Eva prefería que siguieran viéndose a escondidas, pero tampoco podía culparla por ello. Él le había reprochado que, tras pasar una última noche juntos, ella regresara a la mañana siguiente con su novio como si nada hubiera pasado, pero ella también podría haberle reprochado que él tampoco hizo nada por evitarlo ni se molestó en hablar con ella, aunque Eva no se lo había reprochado. Derek quería seducirla, enamorarla poco a poco. Tenía en contra su pasado de mujeriego, pero él ya no era la misma persona que era dos años atrás. Había estado con muchas mujeres a lo largo de su joven vida, pero ninguna le había hecho sentir lo que Eva le hacía sentir. En dos años no había podido quitársela de la cabeza, su vida sin Eva le resultaba aburrida.

Eva bostezó y Derek pensó que ya era hora de regresar a casa. Acompañó a Eva hasta el portal del edificio del apartamento en el que vivía y allí se despidió de ella:

—Ha sido una gran noche, espero que quieras repetir pronto.

—Llámame cuando regreses a la ciudad.

—Puedes estar segura de que lo haré, nena —le susurró Derek con la voz ronca. Se acercó a ella despacio y la besó en los labios con dulzura antes de añadir con una sonrisa pícara—: Será mejor que mantengamos las distancias, esto se está convirtiendo en una tortura.

— ¿Quieres subir? Ruth pasará la noche fuera —le propuso Eva.

—Me encantaría —le aseguró Derek mirándola a los ojos—, pero no es una buena idea, es mejor que regrese al hotel y me dé una ducha de agua fría —Eva le miró decepcionada y avergonzada y Derek se apresuró en añadir—: Eres preciosa, nena. Me pasaría la noche entera haciéndote el amor, escuchando tus gemidos cuando el orgasmo invade tu cuerpo. Pero no es buena idea, ya te he dado tres razones antes —Eva suspiró resignada y Derek sonrió. La besó de nuevo en los labios y se despidió de ella—: Buenas noches, nena. Mañana te llamaré para ver qué tal llevas la resaca.

Eva sonrió divertida y le dijo antes de cruzar el portal del edificio y dirigirse al ascensor:

—Buenas noches, nene.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.