Sedúceme 4.

Eva y Derek se sentaron a la mesa uno en frente del otro. Eva seguía nerviosa, pero trataba de disimularlo comportándose con naturalidad. Por el contrario, Derek se sintió más relajado al ver que Eva había guardado el hacha de guerra y que, por el momento, no parecía tener intención de salir huyendo.

Leyeron la carta en silencio hasta que Derek le sugirió algunas especialidades de la casa y le preguntó por el vino, a lo que Eva le respondió que se encargara él de pedir, a ella le iba a resultar imposible ser capaz de decidirse. Derek sonrió ante aquel gesto de confianza por parte de Eva, estaba reaccionando mejor de lo que había esperado y su buen humor mejoraba por segundos.

Pocos minutos después, el camarero apareció para tomarles nota y también para darles las indicaciones necesarias al mismo tiempo que le entregaba a Derek un pequeño mando a distancia:

—El botón de la luz roja es para que no les molesten, si lo pulsan ese botón le traeremos lo que nos pidan por esta ventana —les indicó señalando la pequeña ventana oculta de doble puerta que daba al otro lado del pasillo—. El botón azul es para cambiar la visibilidad del cristal, para convertirlo en espejo o en ventana si prefieren disfrutar de las vistas —esto último lo añadió con una sonrisa pícara que a Eva no le pasó desapercibida—. Por último, si desean alguna cosa, nos pueden llamar pulsando el botón naranja haciendo el pedido a través de la tablet que hay junto a la ventana.

Derek asintió tras prestar atención a las indicaciones del camarero y dejó el mando sobre la mesa. Acto seguido, le hizo el pedido y esperó a que el camarero se hubiera marchado para decirle a Eva:

—Estás muy callada, ¿va todo bien?

—Sí, tan solo estoy un poco confusa —se sinceró Eva—. No sé a qué viene todo esto, Derek.

—Nena, relájate. Te dije que te iba a invitar a cenar y aquí estamos —le respondió Derek mostrándose más relajado de lo que en realidad estaba—. Así que vamos a disfrutar de una agradable cena.

—Creía que teníamos una conversación pendiente —le replicó Eva sin poder morderse la lengua, los nervios empezaban a delatarla.

—Creo que es mejor que dejemos esa conversación para el final de la velada si queremos que la cena resulte agradable —le dijo Derek sabiendo que aquella conversación traería más de una discusión—. Prefiero que ahora me hables de ti. He oído que te ascendieron en el trabajo justo después de la boda de Nahuel y Ana.

Eva estaba demasiado nerviosa como para tener que soportar silencios incómodos, así que optó por hablar. Le explicó a Derek que, cuando regresó a la ciudad después de aquellas vacaciones en la costa en las que se conocieron, encontró trabajo como asistente del director ejecutivo de una empresa de publicidad. Poco más de un año y medio más tarde, justo después de la boda de Nahuel y Ana, el director ejecutivo se jubiló y propuso a Eva para ocupar su puesto.

— ¿Cómo han sido estos cuatro últimos meses como directora ejecutiva? —Se interesó Derek.

—Los últimos cuatro meses han sido una locura en todos los sentidos —le confesó Eva—. Al principio incluso llegué a pensar que no estaba preparada y que no debía haber aceptado el cargo de directora ejecutiva. Le he dedicado todo mi tiempo al trabajo, de lunes a domingo y sin horarios. Ha sido difícil, pero por fin puedo decir que lo tengo todo bajo control.

—Sigues siendo igual de organizada que cuando te conocí —comentó Derek burlonamente.

—A algunas personas nos gusta mantener un orden en nuestras vidas para no vivir en medio del caos —le reprochó Eva.

Justo en ese momento, el camarero llegó con el vino y la cena. Derek, que deseaba con urgencia volver a quedarse a solas con Eva, le dijo al camarero:

—Gracias, ya me encargo yo de servir las copas y la cena.

El camarero entendió lo que Derek quería decir y desapareció de allí de inmediato. Eva tenía el ceño fruncido, su cabeza no paraba de dar vueltas y en su mente se iban acumulando las preguntas sin respuesta. Derek también tenía demasiadas preguntas sin respuesta acumuladas, pero prefirió esperar a que Eva se bebiera un par de copas de vino antes de preguntarle.

Tras servir el vino y la cena, Derek y Eva continuaron charlando sobre el trabajo de ella. Cuando el camarero retiró los platos vacíos, Derek pulsó el botón de la luz roja en el mando a distancia para que no les molestasen. Eva estaba bastante más relajada y desinhibida, así que aprovechó para preguntarle lo que tanto ansiaba saber:

— ¿Qué pasó con el estirado de tu novio?

Eva resopló. No quería hablar de Norbert y mucho menos con Derek, pero sabía que él no desistiría hasta obtener lo que buscaba, así que decidió responder y acabar con aquel tema cuanto antes:

—Lo dejamos un mes después de que me ascendieran. Apenas nos veíamos y lo cierto era que no estábamos hechos el uno para el otro, así que decidimos dejarlo.

—Te mentiría si te dijera que lo lamento, ese tipo no te pegaba para nada —opinó Derek divertido y añadió burlonamente—: Apuesto a que te aburrías con él.

— ¿A dónde quieres ir a parar, Derek?

—Trato de entenderte, Eva —le respondió Derek mirándola a los ojos—. Trato de entender por qué te entregaste a mí totalmente y al día siguiente regresaste con tu novio como si no hubiera pasado nada.

— ¿Y qué esperabas que hiciera? ¿Qué montara un numerito en la boda? No me siento orgullosa de haber engañado a Norbert, pero tampoco podía hacer nada para remediarlo.

— ¿No pensaste en mí? —Le repitió la pregunta Derek.

—Derek, tú solo buscabas a alguien para divertirte y yo estaba allí. Para ti el que yo tuviese novio era un aliciente y, si no me hubiera marchado yo, probablemente hubieras sido tú quien me hubiera invitado a irme. Además, Norbert estaba subido a un avión para acompañarme a la boda, ¿qué querías que hiciera? ¿Llamarle y decirle que no hacía falta que viniera, que ya había encontrado otro acompañante con el que divertirme?

—Empecemos de cero —le propuso Derek—. No puedo pedirte que olvides todo lo que hemos hecho porque a mí me resultaría imposible, pero podemos empezar de cero y sin rencores.

—De acuerdo, supongo que ahora que eres el cuñado de una de mis dos mejores amigas nos veremos de vez en cuando —le dijo Eva dedicándole una sonrisa en son de paz—. Aunque no vengas demasiado a la ciudad.

—En realidad, voy a estar bastante en la ciudad —le confesó Derek—. Mi amigo Víctor y yo fundamos una empresa de desarrollo de sistemas informáticos hace casi dos años y nos ha ido bastante bien. La mayoría de nuestros clientes están en la ciudad, así que hace unos meses decidimos trasladarnos a la ciudad.

—Entonces, ¿no has venido a la ciudad por la fiesta de Ana y Nahuel? —Preguntó Eva confusa.

—Vine un par de días antes para poder asistir a la fiesta, pero lo cierto es que he viajado a la ciudad por motivos laborales, estoy coordinando el traslado a las nuevas oficinas —le respondió Derek—. El domingo viajo a la costa para ultimar algunos detalles del traslado, pero en dos semanas regresaré a la ciudad para quedarme.

Eva no supo qué decir. Descubrir que Derek se iba a mudar a la ciudad la había pillado totalmente por sorpresa. Tampoco entendía por qué Ana no se lo había dicho, ella debía estar al tanto de los planes de su cuñado. Volvió a sentirse contrariada: por un lado, se sentía feliz de saber que vería a Derek con mucha más frecuencia; por otro lado, luchar contra la atracción que sentía por él iba a ser agotador y caería en sus redes.

Para disimular su sorpresa y su contrariedad, Eva decidió preguntarle por su trabajo, igual que Derek había hecho con ella. Se interesó por la empresa que había creado junto a su amigo Víctor, uno de sus amigos que Eva conoció aquel día en la playa cuando estaban tomando el sol haciendo topless y Thor, el perro de Derek, le robó la parte superior del bikini. Prestó atención a todo lo que Derek le decía sobre su trabajo, mostrando interés y descubriendo algunas facetas de Derek que, además de sorprenderla, hicieron que Eva todavía lo deseara más.

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