Sedúceme 2.

Dos semanas después de su regreso a la ciudad, Ana y Nahuel organizaron una pequeña fiesta en su casa donde reunieron a todos sus amigos. Nahuel invitó a su hermano Derek pese a que sabía que estaba bastante ocupado con el traslado de su empresa a la ciudad, pero se sorprendió cuando Derek le confirmó su asistencia. En cuanto Ana se enteró de que Derek estaría en la fiesta, llamó a Ruth para decidir si informaban o no a Eva de la presencia de Derek. Finalmente, optaron por no decírselo para evitar que Eva utilizara cualquier excusa para no presentarse en la fiesta.

Eva decidió tomarse aquel sábado para ella misma. Se levantó temprano, se dio un baño de espuma, bajó a desayunar a la cafetería de la esquina y después se fue de compras. Últimamente estaba un poco deprimida y decidió ponerse guapa para la fiesta y subir su autoestima. Se compró un vestido rojo muy ceñido que le llegaba hasta por encima de las rodillas. Tenía un generoso escote que le hacía parecer que tenía más pecho y el vientre más plano. Un vestido atrevido que combinaría con unos zapatos negros con un tacón de aguja. Regresó al apartamento y salió a comer con Ruth para después ir juntas a la peluquería.

A las siete en punto de la tarde, ambas entraban en casa de Ana y Nahuel. Tras saludar a los anfitriones, Eva y Ruth pasaron al jardín trasero de la casa donde se encontraban los invitados que ya habían llegado. Eva vio a Derek en cuanto puso un pie en el jardín trasero. Se quedó paralizada, no esperaba encontrarse con él y no estaba preparada.

— ¡Maldita sea! —Musitó Eva. Agarró a Ruth del brazo y le preguntó furiosa—: ¿Se puede saber por qué no me habéis avisado de que él estaría aquí?

—Si lo hubiéramos hecho te habrías buscado cualquier excusa para no venir —le respondió Ruth encogiéndose de hombros—. No puedes huir de él eternamente, tendrás que aprender a comportarte como una persona normal y saludarle, te recuerdo que es el cuñado de Ana.

A Eva no le hacía falta que le recordasen nada de Derek, ella lo tenía grabado a fuego en su cuerpo y en su alma. Se volvió para mirarle y vio que caminaba hacia a ellas con su socarrona sonrisa en los labios, aquella sonrisa traviesa que a Eva le volvía loca.

—Estáis preciosas, chicas —las saludó Derek cuando llegó hasta a ellas.

—Lo mismo digo, Derek —lo saludó Ruth con un beso en la mejilla y añadió antes de marcharse y dejarle a solas con Eva—: Voy a saludar a Jason, no le veo desde la boda.

Eva la fulminó con la mirada por provocar aquella encerrona. Derek agradeció en silencio que Ruth les dejara a solas, no veía a Eva desde la boda de su hermano con Ana. Habían pasado más de tres meses desde aquel encuentro y entonces ella estaba acompañada por su novio.

—Hacía mucho que no nos veíamos, nena —la saludó Derek con la voz ronca al mismo tiempo que la besaba rozando la comisura de sus labios.

Eva cerró los ojos y trató de no sucumbir a lo que Derek la hacía sentir. La atracción que existía entre ambos era tan arrolladora que era casi imposible controlarse.

— ¿Y tu novio? ¿No has venido con él? —Le preguntó Derek buscando a Norbert a su alrededor.

—Ya no estoy con Norbert —Le soltó Eva sin pensar.

Derek la miró a los ojos y sonrió ampliamente. Aquella era la mejor noticia que le podía haber dado, se volvía loco solo de imaginarse a Eva en los brazos de otro hombre.

—Me alegro por ti, Norbert parecía un tipo bastante aburrido incluso para ti —comentó Derek burlonamente. Eva dio media vuelta dispuesta a marcharse, pero Derek la agarró del brazo para impedírselo, se acercó a ella y le susurró al oído—: Nena, estás muy tensa. Te vendría bien pasar unos días en la costa para relajarte.

A Eva le pareció que aquello era una invitación, pero por si acaso decidió no responder. Derek sabía que Eva lo deseaba tanto como él a ella, pero no entendía por qué se resistía si ya no estaba con aquel tipo serio y aburrido.

—Tenemos un asunto pendiente —le recordó Derek sosteniéndole la mirada.

—No tenemos nada pendiente —le replicó Eva deshaciéndose de su agarre.

— ¿Vas a seguir huyendo de mí?

—Yo no huyo de nadie —se volvió Eva para plantarle cara.

—Voy a hacer memoria porque creo que se te ha olvidado algo —comenzó a decirle Derek con la voz ronca—. Tú y yo desnudos sobre la cama la noche antes de la boda de Nahuel y Ana. Tú el día siguiente en la boda acompañada por ese tipo aburrido, tu novio. ¿Te suena de algo o continúo haciendo memoria?

Aunque las palabras de Derek no sonaron a reproche, Eva se sintió culpable. Se sentía tan mal y confusa por haberle sido infiel a Norbert, apenas podía mirarle a la cara y, por si fuera poco, Derek se sentaba en la misma mesa que ella. Sus propios problemas e inquietudes no le permitieron pararse a pensar en cómo lo debía estar pasando Derek. Tras pasar una noche apasionada con él, Eva se marchó a hurtadillas de su habitación y cuando la volvió a ver ella estaba agarrada del brazo de Norbert.

—Sabías que estaba con otro cuando decidiste seducirme, ¿qué esperabas? —Le replicó Eva deseando acabar con aquella conversación.

— ¿Decidí seducirte? Yo puedo decir lo mismo de ti —le contestó Derek.

—Derek, este no es el momento ni el lugar para discutir sobre esto —le dijo Eva con la intención de parar aquel intercambio de opiniones que no iba a llegar a ninguna parte.

— ¿Y cuál es el momento y el lugar para continuar con esta discusión? —Le preguntó Derek molesto—. Creía que habías dicho que tú no huyes de nadie.

— ¿Cuándo regresas a la costa?

—El próximo domingo, ¿podrás hacerme un hueco en tu agenda? —Le preguntó Derek.

—Trabajo toda la semana.

—Genial, entonces quedamos el viernes por la noche para ir a cenar —sentenció Derek—. Así podrás relajarte un rato después del trabajo —Derek no lo dijo con un doble sentido, pero al escucharse decidió añadir—: Me refería a que…

—Te he entendido —lo interrumpió Eva.

—De acuerdo, pasaré a recogerte por tu apartamento el viernes a las ocho —concluyó Derek—. Espero que no cambies de opinión y decidas seguir huyendo.

Justo en ese momento se acercaron hasta a ellos Nahuel y Ana. La feliz pareja sonreía con complicidad, más enamorados que nunca.

— ¿Qué tal todo por aquí? —Preguntó Ana con fingida inocencia.

—Dímelo tú, bruja —murmuró Eva.

Derek, Nahuel y Ana la escucharon, pero el único que se sorprendió fue Nahuel. Ana sonrió maliciosamente, Derek miró hacia otro lado y Nahuel preguntó al no entender nada:

— ¿Qué está pasando aquí?

—Pregúntaselo a tu mujer —le respondió Eva antes de dar media vuelta y marcharse a por una copa.

Nahuel no salía de su asombro, Eva siempre era correcta y educada, pero parecía otra persona. Se volvió hacia su hermano y su esposa y, escudriñándolos con la mirada, les preguntó:

— ¿Se puede saber qué habéis hecho?

—No hemos hecho nada, cariño —le respondió Ana con fingida inocencia. Lo besó en los labios y le susurró al oído—: Estás muy sexy, señor Smith.

Derek aprovechó la ocasión para desaparecer de allí, Nahuel quería respuestas que él no sabía y a Ana se le daba muy bien distraerlo.

—No vas a lograr distraerme con tus armas de seducción, cariño —le advirtió Nahuel—. Vas a tener que confesar qué andas tramando con mi hermano y con Eva.

Nahuel no sabía nada de lo que había ocurrido entre Derek y Eva tres meses y medio atrás, así que Ana tuvo que poner al corriente de todo a Nahuel. A Nahuel no le hizo gracia que Ana se entrometiera en aquella historia, aquello era asunto de su hermano y de Eva y temía que, si algo saliera mal, Ana saliera mal parada.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.