Sedúceme 17.

El miércoles por la mañana la pareja se acercó a casa de Irene y James para despedirse, aunque se verían dentro de un par de días en el pueblo, pues los padres de Derek habían sido invitados a casa de los padres de Ana por navidad, al igual que los padres de Eva y de Ruth.

Eva estaba más tranquila, sabía que su madre adoraba a Derek y lo trataría como a uno más de la familia, pero su padre le preocupaba. A Vicente nunca le había gustado ninguno de los novios de su hija Eva, no importaba lo inteligentes, buenos o adinerados que fueran. Para él no existía un hombre lo suficiente bueno para su única hija. Pero, con la ayuda de su madre y estando al lado de Derek, Eva se veía capaz de afrontar cualquier cosa.

Sin embargo, el que ahora estaba nervioso era Derek. Conocía a sus padres y estaba seguro que tratarían bien a Eva y les facilitarían las cosas evitando cualquier conversación incómoda, pero Derek no conocía muy bien a los padres de Eva y tampoco ayudaba que ella tan solo mencionase que “su madre lo adoraría”. Cuando le preguntaba por su padre, Eva se limitaba a responder que ella estaría con él en todo momento y cambiaba de tema.

—Estás muy callado, ¿va todo bien? —Le preguntó Eva cuando bajaron del avión.

—Solo estoy un poco nervioso, voy a conocer a tus padres —le respondió Derek sonriendo satisfecho.

Derek le había confesado a Eva que nunca había conocido a los padres de las chicas con las que había estado, al menos nunca de una manera formal. Con Eva todo era distinto, era él quien desde un principio quería una relación estable y formal y ella la que se resistía, pero por fin había accedido y él, aunque nervioso, se sentía feliz por ello.

Vicente y Victoria fueron a buscarlos al aeropuerto y Eva, dispuesta a hacer que Derek se sintiera tan cómodo como se lo había hecho sentir a ella estando en la costa, agarró a Derek de la mano, le dedicó una confortable sonrisa y le susurró al oído:

—Te quiero.

Derek se detuvo en seco, agarró a Eva por la cintura y, estrechándola entre sus brazos, le dijo antes de besarla apasionadamente:

—Yo también te quiero, nena. No lo olvides nunca.

Tras el beso, se fundieron en un intenso abrazo y se quedaron uno en brazos del otro durante varios segundos, hasta que escucharon a alguien fingir toser. Derek se separó bruscamente de Eva cuando se volvió y vio a sus padres, pero Eva lo abrazó de nuevo, le dio un leve beso en los labios y acto seguido saludó a sus padres:

— ¡Mamá, papá! —Exclamó abrazándoles. Regresó a su posición junto a Derek y añadió—: ¿Os acordáis de Derek, verdad?

—Por supuesto que nos acordamos —le confirmó Victoria sonriendo contenta. Le plantó dos besos a Derek y añadió—: Hacéis una bonita pareja y seguro que tendremos unos nietos guapísimos.

— ¡Mamá! —La regañó Eva.

—Antes de que lleguen los nietos supongo que habrá boda, ¿verdad? —Preguntó Vicente con tono amenazador.

—Papá —dijo Eva lanzando una mirada de advertencia a su padre.

Vicente saludó a Derek estrechándole la mano y Derek, tras mantener una corta pero educada conversación con sus futuros suegros, le dijo a Eva:

—Voy a buscar el equipaje, ahora vuelvo.

Eva aprovechó que Derek se había marchado y la había dejado a solas con sus padres para dejar las cosas claras:

—Derek y sus padres se han portado muy bien conmigo y me han hecho sentir como a una más de la familia —les desafió con la mirada y añadió—: Espero que él pueda decir lo mismo de vosotros cuando regresemos a la ciudad.

—Pero si no hemos hecho nada —se excusó Vicente.

— ¿Hablar de boda y de nietos en un primer encuentro no os parece un tanto precipitado? —Les preguntó Eva retóricamente.

—Solo queremos verte feliz, cielo —le dijo Victoria a su hija.

—Lo sé, mamá. Derek me hace feliz, lo amo y quiero pasar el resto de mi vida con él, así que no me lo asustéis.

—Si de verdad le importas, no se asustará —alegó Vicente.

Eva resopló resignada. Dijese lo que dijese, sus padres terminarían haciendo lo que les diera la gana, así que tampoco insistió. Derek regresó poco después cargando con las dos maletas y los cuatro se dirigieron al aparcamiento donde Vicente había dejado el coche para ir a casa.

Veinte minutos más tarde llegaban a la casa de los padres de Eva. Victoria se apresuró en indicarles que subieran al apartamento independiente de encima del garaje para que se instalaran y añadió:

—Voy a preparar la comida, avisadme si necesitáis algo.

Vicente siguió a su mujer, pero antes le dedicó una mirada de advertencia a Derek. No era nada personal, tan solo trataba de proteger a su pequeña.

Eva agarró a Derek de la mano y lo guió escaleras arriba hasta entrar en el apartamento tipo loft que sus padres habían construido sobre el garaje. Era un espacio amplio, con baño y una pequeña cocina, donde tendrían todo lo que pudieran necesitar. Deshicieron las maletas y se instalaron en el apartamento. Eva trató de provocar a Derek, pero él se excusó alegando:

—Nena, estoy seguro que tus padres vendrán a buscarnos de un momento a otro y, después de la advertencia implícita en los ojos de tu padre, me temo que será mejor que lo dejemos para otro momento.

—Vamos a pasar aquí diez días, espero que ese otro momento llegue antes de regresar a la ciudad —murmuró Eva un tanto decepcionada.

Derek la agarró por la cintura y la atrajo hacia a él, estrechándola contra su cuerpo. La abrazó, la besó en los labios con dulzura y le susurró al oído:

—Te quiero, nena. No lo olvides nunca.

—Según parece, no me quieres lo suficiente —le reprochó Eva bromeando.

—Te haría el amor ahora mismo, me encantaría escucharte gritar mi nombre mientras te corres, pero tengo intención de seguir viendo a tus padres y me temo que eso complicaría las cosas —bromeó Derek.

—No estás jugando limpio, nene. Pero a ese juego podemos jugar los dos.

La sonrisa traviesa que Eva le dedicó a Derek lo puso sobre alerta. Pero Eva tan solo cogió algo de ropa limpia y fue al cuarto de baño para darse una ducha rápida. Derek estuvo tentado de ir tras ella, pero recapacitó y esperó a que Eva saliera de la ducha para entrar él, de lo contrario se entretendrían más de la cuenta y no quería que sus futuros suegros pensaran que era un invitado grosero y maleducado.

Eva maldijo en silencio ante la increíble contención de Derek, pero no estaba dispuesta a quedarse sin sexo diez días, hasta que regresaran a la ciudad. Así que, mientras terminaba de arreglarse y Derek se daba una ducha rápida, comenzó a maquinar un plan para seducir a Derek durante su estancia en el pueblo.

Para que su plan tuviera un mayor efecto positivo, se cambió de ropa, incluso de ropa interior. Decidió estrenar un conjunto de sujetador y braguitas con liguero que sabía que a Derek le volvería loco, y se puso un vestido ceñido hasta la cadera que dejaba la falda caer con vuelo. Se recogió el pelo para acentuar aún más el marcado escote del vestido.

—Estás preciosa, cariño —le dijo Derek sonriendo cuando salió del baño y la vio, adivinando sus intenciones.

—He pensado que después de cenar podríamos ir a tomar una copa —comentó Eva con fingida inocencia.

—Cómo quieras, nena —contestó Derek tratando sin éxito de ocular su sonrisa.

Eva también sonrió, pero lo hizo tan disimuladamente que Derek no se percató. Decidido a complacer a Eva y a seguir con su juego pese a desconocer las normas, Derek accedió a salir a tomar un par de copas después de cenar.

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