Sedúceme 16.

A la mañana siguiente Eva se despertó antes que Derek y se dirigió a la cocina para prepararse una tila. Estaba nerviosa, aunque ya conocía a Irene y James, no era lo mismo ir a visitarles como la novia de su hijo pequeño que como la amiga de la esposa de su hijo mayor. Adoraba a Irene y a James, pero no podía evitar sentirse nerviosa. Derek se despertó y al no encontrar a Eva en la cama se levantó y fue en su busca. La encontró sentada en uno de los taburetes de la cocina tomándose una tila y mirando por la ventana.

— ¿Qué haces levantada, nena? Son las siete de la mañana —le susurró Derek abrazándola desde atrás.

—No podía dormir —le respondió Eva con una sonrisa forzada.

—Nena, no tienes nada de lo que preocuparte —le aseguró Derek adivinando el motivo por el que Eva no podía dormir. Esperó a que se tomara la tila y la cogió en brazos para llevarla de nuevo a la cama—. Vamos a dormir un rato más, nena.

Se acostaron de nuevo y ambos se quedaron dormidos abrazados el uno al otro. Se despertaron tres horas más tarde y, tras darse una ducha y desayunar, se dirigieron a la casa de los padres de Derek.

Derek había conseguido que Eva se relajara pero, nada más bajar del coche, la agarró por la cintura y le recordó:

—Todo va a salir bien, nena.

Eva le sonrió y lo besó en los labios. Justo en ese momento, Irene salió al porche y los vio besándose. Sonrió satisfecha, ella había sido testigo durante los últimos dos años de la infelicidad de su hijo menor, tan solo se le veía realmente feliz cuando estaba con Eva.

—Chicos, ¡qué guapos estáis! —Los saludó Irene acercándose a ellos para abrazarlos—. Os sienta muy bien eso de estar enamorados, se os ve radiantes.

Eva se ruborizó al instante y Derek la abrazó divertido. Irene les hizo pasar al salón, donde James se encontraba sentado en el sofá leyendo el periódico.

— ¿Qué tal, pareja? —Los saludó James.

—Sentaos mientras yo os traigo algo de beber —les dijo Irene.

—Te echo una mano, Irene —le respondió Eva siguiéndola a la cocina. Eva se sentía en la obligación de explicarle muchas cosas a Irene sobre la repentina relación con Derek. Una vez a solas en la cocina, Eva se armó de valor y empezó a decir—: Irene, sé que todo esto os puede parecer muy repentino, pero lo cierto es que entre Derek y yo había algo desde que nos conocimos hace más de dos años.

—Cielo, no tienes que decirme nada si no quieres —le dijo Irene con dulzura—. Yo no soy nadie para juzgaros, solo quiero veros felices y parece que lo estáis.

—He hecho cosas de las que no estoy orgullosa, pero quiero que sepas que amo a Derek más que a mi propia vida, Irene. Ese verano mis hijos estuvieron rebosantes de felicidad, hasta que regresasteis a la ciudad. Nahuel lo tuvo más fácil, él vivía en la ciudad y regresó con Ana un par de semanas después, pero Derek no. Desde que te marchaste cambió muchísimo. Él siempre había sido un casanovas, pero de repente dejó de salir con chicas y se centró en la creación de su empresa junto con Víctor. No lo volví a ver tan feliz hasta que os volvisteis a ver unas semanas antes de la boda de Nahuel y Ana. Entonces me di cuenta de lo que realmente le ocurría: se había enamorado de ti —hizo una breve pausa y añadió—: Derek me contó que pasasteis juntos la noche antes de la boda. No fue fácil para él verte con Norbert, pero supongo que para ti tampoco fue nada fácil.

—Nada de lo que ocurrió estaba planeado, Irene. Simplemente pasó.

—Lo sé, cielo —Irene acarició la mano de Eva con ternura y añadió—: Derek me lo contó todo después de la boda y yo le dije que luchara por ti, pero él prefirió no interferir en tu vida. Prefería que fueras feliz con otro hombre antes que infeliz a su lado —Irene la miró a los ojos y le dijo—: Si te estoy diciendo todo esto es porque sé que, aunque ya lleváis juntos cuatro meses, seguís yendo con pies de plomo. Sé que Derek siempre ha sido un mujeriego, pero debes saber que jamás había traído a una chica a casa, jamás nos había hablado de ninguna de las chicas con las que ha estado y, por supuesto, jamás ha amado a nadie como te ama a ti.

—Te lo ha contado —murmuró Eva muerta de vergüenza.

—Es normal que temas perderle, Eva. Igual que él teme perderte a ti. Solo se teme perder a quiénes realmente amamos.

Derek, alarmado por el rato que llevaban las dos mujeres en la cocina, decidió ir a buscarlas. En cuanto puso un pie en la cocina, ambas se quedaron calladas. Derek las observó durante un instante y acto seguido, les preguntó:

— ¿Va todo bien por aquí?

—Fenomenal —le confirmó Eva dedicándole su mejor sonrisa.

—Mamá, espero que no estés asustando a Eva —le advirtió Derek a Irene.

—No la estoy asustando, me preocupa más que seas tú quien la asuste a ella —bromeó Irene—. Venga, vamos al salón que ya tengo las bebidas preparadas.

Pasaron al salón como Irene les había indicado y allí se acomodaron en los sofás. Derek se sentó junto a Eva y la abrazó, le resultaba imposible no hacerlo viéndola tan nerviosa, pese a que no tenía motivos para estarlo.

Irene y James la trataron como si ya fuera una más de la familia. Eva se sintió acogida y cómoda en todo momento, todos se lo habían puesto muy fácil y ella lo agradeció.

Después de comer y pasar la tarde con Irene y James, Eva y Derek se despidieron y regresaron al apartamento de Derek.

— ¿Estás más tranquila? —Le preguntó Derek cuando entraron en el apartamento—. Te dije que todo iba a salir bien, nena.

Derek la besó en los labios y la estrechó entre sus brazos. Sabía que para Eva no había sido nada fácil dar ese paso y todavía tenían que decírselo a sus padres. Para Derek, sin embargo, todo le resultaba mucho más fácil de lo que hubiera esperado, ese era el efecto que Eva causaba en él: a su lado todo le parecía más fácil.

—Tus padres son fantásticos —le confirmó Eva—. Tenías razón, no debería haberme preocupado tanto, aunque deberías haberme dicho que le habías contado toda nuestra historia a tu madre.

—Mi madre jamás nos juzgará, Eva. Ella tan solo quiere vernos juntos y felices.

—Siento haber desconfiado de ti —se disculpó Eva—. Te juzgué sin apenas conocerte, no he sido justa contigo.

—Si te pregunto algo, ¿serás sincera conmigo?

—Adelante, pregunta.

—Si no confiabas en mí, ¿por qué seguiste adelante con lo nuestro?

—Al principio lo hice porque me resultaba imposible resistirme a ti. Jamás te lo he dicho, pero nunca he dejado de pensar en ti. Incluso estando con Norbert te echaba de menos. Ana y Ruth no dejaban de repetirme que mi relación con Norbert no era real, que eras tú el hombre del que realmente estaba enamorada, pero yo no quise escucharlas, lo nuestro no podía ser estando tú en la costa y yo en la ciudad, así que me centré en Norbert. Cuando ya estaba casi convencida de que estar con Norbert era lo mejor para mí, te volví a ver y acabamos pasando la noche juntos. Cuando salí de tu habitación me encontré con Ana. No hizo falta que le dijera nada, ella me comprendió tan solo con mirarme a los ojos y me dijo que, hiciera lo que hiciera, siempre podría contar con su apoyo incondicional —le confesó Eva—. No fue fácil, pero decidí seguir adelante con la relación con Norbert y olvidarme de ti, él era el prototipo de hombre que siempre me había gustado, pese a que nunca había estado enamorada de él. Una vez en la ciudad, mi vida se convirtió en un verdadero caos, me ascendieron en el trabajo y me olvidé de Norbert. Apenas nos veíamos y cuando nos veíamos yo siempre estaba distraída pensando en el trabajo o en ti. Finalmente, Norbert descubrió que algo me pasaba y que el causante eras tú. Hablamos del tema y, a pesar de que propuso que continuáramos adelante, decidimos que lo mejor era que cada uno siguiera su camino. Me centré única y exclusivamente en mi trabajo y entonces apareciste tú de nuevo. Casi me muero cuando te vi en casa de Ana, me ocultaron que tú estarías allí porque temían que buscara una excusa para no ir.

—Casi tuve que amenazarte para que accedieras a cenar conmigo —recordó Derek sonriendo divertido—. Pero al final lo conseguí.

—Sabía que si me quedaba a solas contigo volvería a caer en la tentación, tan solo trataba de alejarte para que no me hicieras daño. Pero fuiste tan insistente y yo tenía tan poca fuerza de voluntad que caí en tus redes. Creía que lo nuestro apenas duraría, que tú te cansarías de mí y decidí dejarme llevar y que fuese lo que tuviese que ser.

Derek la abrazó y la besó. Tenerla entre sus brazos era lo que más deseaba y su deseo se había hecho realidad. La cogió en brazos y la llevó a la cama donde, siguiendo el ritual de todas las noches, le hizo el amor con verdadera adoración. Cuando sus respiraciones se normalizaron, Derek la abrazó y le susurró al oído antes de que Eva se quedara dormida:

—Te quiero, nena. No lo olvides nunca.

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