Sedúceme 15.

Después de tres horas de vuelo, aterrizaron en el pequeño aeropuerto de la costa y un taxi les estaba esperando para llevarles al apartamento de Derek. Eva sentía curiosidad, nunca antes había estado en su apartamento de la costa, nunca la invitó allí durante el verano que estuvieron juntos.

Nada más poner un pie en el apartamento, Eva se sorprendió al encontrarlo todo tan distinto a lo que se esperaba. El apartamento era grande, tenía tres habitaciones, una de ellas con baño propio. La cocina era tipo americana, separada del comedor con una amplia barra que hacía a la vez de ventana interior. Todas las estancias tenían enormes ventanales que aportaban una agradable luz natural al apartamento. La decoración era sobria y elegante, todo estaba limpio y ordenado, nadie hubiera dicho que ahí vivía un joven soltero como Derek.

— ¿Qué te parece el apartamento? —Le preguntó Derek al ver que Eva no decía nada.

—Es fantástico, sobre todo porque venía mentalizada para encontrarme el picadero de un soltero mujeriego —bromeó Eva.

—Eres la primera mujer que pisa este apartamento. Bueno, en realidad eres la tercera si contamos a mi madre y a la asistencia —le respondió Derek estrechándola entre sus brazos—. Este apartamento ha sido mi santuario, aquí las mujeres estaban prohibidas, hasta que has llegado tú.

— ¿Eso significa que a partir de ahora desfilarán mujeres por aquí? —Continuó bromeando Eva.

—Eso significa que solo tú desfilarás por aquí, nena —le aclaró Derek. La besó en los labios y añadió con la voz ronca—: Estoy deseando verte desfilar desnuda por el apartamento.

—En ese caso, quizás deba empezar a desnudarme.

— ¿Qué te parece si deshacemos el equipaje, nos instalamos y nos echamos una siesta? —Le propuso Derek al mismo tiempo que la agarraba por la cintura y la acercaba a él para estrecharla entre sus brazos—. Quiero invitarte a cenar fuera y presumir de novia.

— ¿La siesta incluye algo más que dormir?

—Por supuesto, nena —le confirmó Derek mostrando su sonrisa más traviesa.

A Eva le pareció una idea estupenda y, tras instalarse en el apartamento, ambos se metieron en la cama con la intención de hacer algo más que dormir.

Cuando se despertaron eran más de las siete de la tarde. Derek se levantó y llamó al restaurante para reservar una mesa para dos. Quería llevar a Eva a un restaurante elegante y pasar con ella una noche romántica y tranquila ya que apenas habían salido a cenar por ahí desde que le entregaron las llaves de la casa de la ciudad a Derek.

Se ducharon juntos, razón por la cual se demoraron más de lo que pretendían y llegaron tarde al restaurante. Eva se había puesto un elegante vestido negro con un escote profundo en forma de v que pronunciaba aún más sus generosos pechos y dejaba al descubierto su espalda. Derek tuvo que hacer un esfuerzo por no abalanzarse sobre Eva cuando entraron en el restaurante y la ayudó a quitarse el abrigo. A Eva no le pasó inadvertida la mirada cargada de lujuria con la que Derek la repasó de arriba abajo. Se sentaron a cenar y ambos disfrutaron de una agradable y romántica velada en el restaurante. Después de cenar, Derek propuso ir a tomar una copa y Eva le sugirió ir a un pub exclusivo del que Derek le había hablado el verano que pasaron juntos en la costa y al que no llegaron a ir. Derek torció el gesto, la sugerencia de Eva no le hacía ninguna gracia. Cada vez que Eva mencionaba que quería regresar a la masía Derek buscaba alguna excusa, pero ya no le quedaban excusas y la propuesta de Eva le había cogido por sorpresa.

—Está bien, pero solo una copa —cedió Derek finalmente—. Mañana vamos a comer a casa de mis padres y supongo que no querrás ir con resaca.

Eva sonrió complacida, hacía tiempo que no se adentraban en una de sus peculiares aventuras sexuales. Eva no estaba dispuesta en participar en ninguna orgía, ni siquiera un trío. A ella tan solo le daba morbo mirar cómo otras parejas se dejan llevar por la pasión y el deseo; como también le gustaba sentirse observada cuando se entregaba a Derek. Era algo que solo había hecho con él y no se imaginaba haciéndolo con ningún otro hombre, él le daba la seguridad que necesitaba, la enloquecía hasta el punto de desinhibirla por completo. Sin embargo, las excusas de Derek le preocupaban, Eva pensaba que Derek podría haber dejado de divertirse con ella y buscar a otra con la que divertirse. Esa era una de las razones por la que Eva insistía en ir a la masía, aunque jamás lo confesaría ante nadie.

Derek traspasó las puertas de una villa situada a las afueras y aparcó frente a la puerta de una casa de estilo victoriano. Eva echó un vistazo alrededor, todo estaba muy tranquilo y silencioso. Derek la agarró por la cintura y caminó a su lado para entrar en la casa. Un tipo trajeado les recibió en el hall y les hizo pasar a una de las estancias de la casa. Eva se aferró a la mano de Derek, pero se relajó cuando vio que allí solo había un pub escasamente iluminado donde la gente bailaba o se tomaba una copa mientras charlaba en la zona chill-out. Se dirigieron a la barra y Derek le pidió un par de copas al camarero mientras Eva observaba el lugar con más detenimiento ahora que sus ojos se habían acostumbrado a la escasa luz. Las personas que estaban en la pista de baile no solo bailaban, también se acariciaban con sensualidad y se rozaban con descaro. Se fijó en una de las parejas que bailaban abrazados mientras otras personas a su alrededor les observaban de cerca  y se animaban a participar acariciándolos, magreándoles todo el cuerpo. Echó un vistazo hacia la zona chill-out y vio a una chica cabalgando a horcajadas sobre un hombre sentado en un sillón que la agarraba con fuerza del trasero. Justo al lado de esa pareja, un hombre les observaba al mismo tiempo que se masturbaba. Mirase a donde mirase, Eva veía lujuria por todas partes. Continuó observando y su mirada se detuvo en una pareja que se besaba apasionadamente. El chico se sentó en uno de los sofás y sentó a la chica sobre su regazo, dejando la espalda de ella pegada a su pecho. Le abrió las piernas e hizo que las apoyara sobre el sofá, exponiendo la entrepierna de la chica que no llevaba braguitas. Introdujo su dedo corazón en la boca de ella para que lo chupara y, cuando creyó que estaba lo suficiente humedecido, lo deslizó hacia su entrepierna y lo introdujo en su vagina. Ella se arqueó para facilitar el acceso y él continuó dándole placer, metiendo y sacando su dedo corazón en ella mientras acariciaba el clítoris con su dedo pulgar. Otra pareja se acercó a ellos, se sentaron justo al lado, en el mismo sofá, y les imitaron. Intercambiaron miradas y acto seguido intercambiaron parejas. Aquello excitó muchísimo a Eva, pero le dieron náuseas al imaginar intercambiando a Derek por otro hombre mientras él la cambiaba por otra mujer, ella jamás sería capaz de hacer algo así, aunque tenía que reconocer que la excitaba muchísimo verlo.

—Olvídalo, nena. Eso no pasará —le susurró Derek al oído—. Jamás te compartiré con nadie, te quiero solo para mí —la besó en los labios y añadió—: No tengo ningún problema en venir contigo y tomarnos una copa, pero el amor lo hacemos en privado.

—No quiero que otro hombre que no seas tú me toque, Derek —le confesó Eva—. Y tampoco estoy dispuesta a compartirte con nadie.

—Me alegra saber que estamos de acuerdo —concluyó Derek. Eva hizo un pequeño mohín y Derek añadió—: Nena, nos divertimos mucho el verano que pasamos juntos, pero entonces tan solo éramos dos jóvenes que buscan nuevas aventuras y no tenían responsabilidades. Puede que solo hayan pasado poco más de dos años, pero todo ha cambiado mucho desde entonces. Ahora somos una pareja que se quiere y que planea pasar el resto de su vida juntos. Te quiero, nena. Me gusta lo que tenemos y lo cierto es que no quiero cambiarlo. Además, tengo que confesarte que no soporto la idea de poseerte mientras otros hombres te miran excitados. Quiero ser el único que te acaricie, que te bese y el único que te lleve al cielo, nena.

—Al final resultará que eres un hombre celoso —bromeó Eva con coquetería.

—Lo soy y mucho más de lo que nunca hubiera imaginado —reconoció Derek.

—Yo también tengo que confesarte algo: He insistido tanto en que viniéramos porque pensaba que comenzabas a aburrirte conmigo y temía que te fijaras en otra.

—Cariño, ¿te das cuenta de que eso es absurdo? —Le preguntó escudriñándola con la mirada. Eva se encogió de hombros y Derek añadió—: Eva, llevo cuatro meses intentando convencerte de que te quiero y eres lo único que me importa. Estamos en la costa para presentarte a mis padres oficialmente como a mi novia, aunque ya te conozcan. ¿Qué tengo que hacer para que confíes en mí?

—Confío en ti, Derek —le aseguró Eva—. Es solo que todo está saliendo demasiado bien y me cuesta creer que todo vaya a seguir así.

—Vamos a dejar esta conversación para cuando regresemos a la ciudad —sentenció Derek—. Si después de navidad sigues teniendo dudas sobre mis intenciones, entonces deberé replantearme qué estoy haciendo mal.

Derek no lo dijo como un reproche, pero Eva no pudo evitar sentirse mal. Derek se esforzaba día tras día para complacerla, era bueno con ella y no le había dado ningún motivo para que desconfiara, pero el pasado de Derek la aterraba. Una pequeña voz en su mente le repetía una y otra vez que nadie podía cambiar tanto y mucho menos en tan poco tiempo.

—Olvidémoslo, nena —le rogó Derek—. Vamos a tomarnos la copa y nos vamos al apartamento a disfrutar de la intimidad de nuestro hogar —la besó en los labios y le susurró al oído—: Será mejor que disfrutes de las vistas, no creo que regresemos por aquí, nena.

Inmersos en su propio mundo, Derek y Eva se tomaron la copa mientras se besaban y comentaban las distintas formas de darse placer que veían, incluso prestando atención a las técnicas para ponerlas en práctica cuando regresaran al apartamento.

Regresaron al apartamento y, nada más cerrar la puerta, Derek cogió a Eva en brazos y la llevó a la habitación, donde la desnudó y le hizo el amor.

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