Sedúceme 14.

A la mañana siguiente, Derek se levantó temprano. Dejó a Eva durmiendo, se despidió de ella con un tierno beso en la frente y se marchó a la oficina, tenía que dejarlo todo arreglado para poder tomarse tantos días de vacaciones como pretendía. Eva se levantó poco después de que Derek se marchara. Se dio una ducha y desayunó para obtener fuerzas y enfrentarse a esa conversación pendiente que tenía con su madre. Su familia no entendía por qué lo había dejado con Norbert, a sus ojos formaban la pareja perfecta. Su madre no había dejado de hacerle preguntas, sospechaba que algo no iba bien, pero Eva empleaba la excusa del trabajo para todo.

—Parece que te has acordado que tienes una familia —le reprochó Victoria nada más descolgar.

—Hola mamá —la saludó Eva ignorando el reproche de su madre—. ¿Qué tal va todo por ahí?

—Por aquí todo bien, como siempre. Tu padre y yo estábamos hablando ahora mismo de ti, ¿vendrás al pueblo por navidad, no?

—Por eso te llamaba…

—Aix hija, no me digas que no vienes —se lamentó Victoria—. Estás empezando a asustarme, no te vemos desde primavera, siempre andas ocupada trabajando y no quieres hablar de tu ruptura con Norbert. Tu padre y yo estamos preocupados, Eva.

Eva se sintió culpable. No visitaba a sus padres desde unos días antes de la boda de Ana y Nahuel. A partir de entonces su vida fue un caos: le fue infiel a Norbert con Derek, la ascendieron en el trabajo, rompió con Norbert y empezó su aventura con Derek a espaldas de todo el mundo.

—Siento no haber ido a veros antes, mamá. Os echo mucho de menos aunque no os lo diga —le confesó Eva.

—Cielo, ¿estás bien? Lo único que nos preocupa es que tú estés bien. Si no puedes venir no te preocupes, ya iremos nosotros a la ciudad un par de días.

—En realidad llamaba para decirte que adelanto un par de días mi viaje al pueblo, estaré allí el miércoles.

— ¿Ocurre algo?

—Quiero presentaros a alguien, mamá —dejó caer Eva—. Sé que últimamente he estado muy distante con todos, pero él me ha abierto los ojos y quiero que le conozcáis.

—Oh.

— ¿Oh? ¿Qué pasa, mamá?

—No pasa nada, cielo. Es que los padres de Ana me han dicho que los padres y el hermano de Nahuel pasarán la navidad con ellos y nos habían invitado, querían que estuviéramos todos juntos pero no importa. Cenaremos en casa y más tarde nos reuniremos con ellos, ¿qué quieres que prepare para la cena? ¿Le gusta comer de todo? Por cierto, ¿os quedaréis en casa, no? Ya sabes que aquí tenemos sitio de sobra. Si queréis más intimidad podéis quedaros en el loft independiente de encima del garaje. Solo queremos que seas feliz, cielo.

Eva dejó hablar a su madre. No prestaba la menor atención a los argumentos que Victoria le daba para que ella y su pareja se quedaran a dormir en la casa familiar. Eva estaba pensando cómo decirle a su madre quién era su pareja, como ella había empezado a llamarle. Finalmente, decidió decírselo sin rodeos:

—Mamá, no hace falta que cambies de planes. Es Derek.

— ¡Oh, qué bien! —Aplaudió Victoria—. Ese chico es muy simpático y siempre que lo he visto estaba pendiente de ti. Será una navidad perfecta y en familia. Pero, ¿os quedaréis en casa, verdad?

—Por supuesto que sí, mamá —le confirmó Eva para complacerla, más tarde ya pensaría cómo se lo explicaba a Derek.

Continuó hablando con su madre un poco más y le explicó que el motivo de viajar unos días antes de lo previsto, además de pasar más tiempo con ellos, era que quería que conocieran a Derek antes de navidad. A pesar de lo que Eva temía, Victoria se había tomado muy bien la noticia. Ella conocía muy bien a su hija y sabía que con Norbert no sería feliz, así que se alegró cuando Eva le dijo que ya no estaban juntos. Durante la celebración de la boda entre Ana y Nahuel, Victoria se percató de cómo se miraban Derek y Eva pese a que Norbert estaba junto a ellos. Sin duda alguna, estaban hechos el uno para el otro y Victoria estaba segura que Derek la haría feliz.

— ¿Qué tal la mañana, cariño? —Le preguntó Derek tras saludarla con un beso en los labios cuando unas horas más tarde regresó a casa.

Eva sabía muy bien a qué se refería. No quería saber qué había hecho durante la mañana, lo que en realidad quería saber era si había llamado a sus padres para avisar de nuestra visita.

—Aburrida sin ti —le respondió encogiéndose de hombros, fingiendo inocencia.

Pero Derek no estaba para bromas. Se volvió para encararse con ella y, mirándola a los ojos, le preguntó con cara de pocos amigos:

—Eva, ¿has llamado a tus padres?

—Sí.

— ¿Y?

—Y nada. Les he dicho que llegaremos el miércoles —Derek la escudriñó con la mirada y Eva añadió casi en un susurro—: Mi madre ha insistido en que nos instalemos en el loft que hay encima del garaje y no he podido decirle que no. Pero no te preocupes, es un apartamento independiente a la casa y tendremos más intimidad.

Derek la miró incrédulo. Temía que Eva se echara atrás en el último momento y no les dijera nada a sus padres, pero había cumplido con su palabra.

—Nena, acabas de hacerme feliz —sin decir nada más, Derek la abrazó y la besó en los labios.

—Entonces, ¿quieres quedarte en casa de mis padres?

—Así es, cariño. Siempre que tú y yo durmamos en la misma cama —le contestó Derek juguetón, atrayendo a Eva hacia su cuerpo.

—Mm… ¿Estás juguetón, nene?

La respuesta de Derek llegó en forma de gruñido gutural. La cogió en brazos y la llevó a la habitación, donde hicieron de nuevo el amor. A Eva no le pasó por alto que Derek últimamente solo le hacía el amor en la cama. Tampoco habían regresado a la masía, pese a que Eva lo había comentado en más de una ocasión.

—Nena, tenemos que salir ya hacia el aeropuerto o llegaremos tarde. ¿Lo tienes todo listo? —Le preguntó Derek mientras se vestían de nuevo.

—Sí, tengo las maletas preparadas.

Tras terminar de vestirse, Derek y Eva cogieron sus maletas y cargaron el equipaje en el coche. Derek condujo hasta el aeropuerto, donde subieron a uno de los aviones privados de la agencia de Nahuel que les llevaría a la costa.

—Estoy muy nerviosa —le confesó Eva una vez subidos al avión.

—Cariño, mis padres están deseando volver a verte, ya te he dicho que te adoran.

— ¿Se lo has contado ya?

– Sí, ya lo saben —le confirmó Derek sin mirarla a los ojos.

—Derek, me estás rehuyendo la mirada —le recriminó Eva—. ¿Qué ocurre?

—Nena, mi madre conoce nuestra historia.

Eva lo miró durante unos segundos sin decir nada. Ambos se sostuvieron la mirada hasta que Eva finalmente le preguntó:

— ¿Qué es lo que sabe exactamente?

— ¿Se puede saber por qué te preocupas tanto? Todo está bien, vamos a pasar unos días en la costa y nos instalaremos en mi apartamento. Relájate, hace mucho tiempo que no te tomas unas vacaciones y quiero que disfrutes, no que te agobies más.

A Eva esa respuesta no le acabó de convencer. Irene era una mujer muy agradable y habían congeniado mucho ayudando a Ana a organizar la boda, hacía ya ocho meses. El problema era que por aquel entonces ella estaba saliendo con Norbert, quien la acompañó a la boda, y ahora le resultaba de lo más incómodo presentarse como la novia de Derek frente a sus padres. Pese a que Derek le había pedido que no se preocupara, lo cierto era que Eva no estaba para nada tranquila, aunque trató de disimular su preocupación e intentó relajarse solo por complacer a Derek.

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