Sedúceme 13.

A la mañana siguiente, Derek se encargó de organizar una cena en casa para todos sus amigos. La lista de invitados era reducida: Ana y Nahuel, Ruth, Víctor y Jason. Les llamó por teléfono para invitarles a cenar y tan solo les dijo que quería darles una noticia, pero no desveló la misma. Eva sugirió llegar con el resto de invitados, pero Derek no estaba dispuesto a separarse de ella ni siquiera unas horas, así que cuando los invitados llegaron, Eva ya estaba allí.

El primero en llegar fue Víctor, el amigo y socio de Derek que ya conocía la relación que su amigo tenía con Eva.

— ¿Preparada para soltar la gran bomba? —Le preguntó Víctor tras saludar a Eva.

—No la pongas más nerviosa —le regañó Derek. Se acercó a Eva y, tras besarla en los labios con ternura, le susurró al oído—: Todo va a salir bien, nena.

Estar entre los brazos de Derek era lo único que conseguía relajarla. Víctor sonrió al ver a la pareja en una actitud tan cariñosa, todavía no daba crédito a ver a su mejor amigo tan enamorado, él que siempre había sido el más mujeriego del grupo.

Los siguientes en llegar fueron Nahuel y Ana. Ana estaba embarazada de seis meses y ya sabían que su bebé iba a ser un niño, aunque el matrimonio aún no había sido capaz de ponerse de acuerdo para escoger el nombre de su primogénito.

—Menos mal que has venido, estaba a punto de llamar a la policía para denunciar tu secuestro si no aparecías —saludó Ana a Eva con un cariñoso abrazo—. ¿Se puede saber dónde andas metida últimamente? Ni siquiera Ruth te ve y eso que vive contigo. Por cierto, me ha dicho que sales con alguien, ¿es cierto?

Derek, que estaba escuchando con disimulo lo que Ana decía, decidió intervenir para que Eva no se pusiera más nerviosa de lo que estaba.

—Ana, ¿te importa ayudarme a escoger el vino?

—Cuñado, lo que acabas de pedirme es una tortura teniendo en cuenta que estoy embaraza y no puedo beber —le reprochó Ana bromando.

—Yo me encargo del vino —sentenció Nahuel.

Eva miró a Derek rogándole ayuda, no quería que Ana la sometiera a un interrogatorio, ya estaba suficiente nerviosa.

—Dime, ¿ya le habéis buscado nombre a mi sobrino o seguís sin poneros de acuerdo? —Continuó preguntando Derek para distraer la atención de Ana.

Consiguió atraer la atención de Ana y Eva aprovechó para escapar a la cocina, donde se encontró con Nahuel. Sin decir nada, Eva se sirvió una copa de vino y se la bebió de un trago mientras Nahuel la observaba asombrado.

—Eva, ¿va todo bien? —Se aventuró a preguntar.

Nahuel sospechaba desde hacía tiempo que entre su hermano pequeño y Eva había algo, pero no supo adivinar si se debía a la intensa aventura que vivieron en la costa o si había algo más. La repentina invitación de Derek y la presencia de Eva allí le bastaron a Nahuel para hacerse una idea de lo que ocurría.

—Sí, solo estoy un poco estresada con el trabajo —mintió Eva descaradamente.

Nahuel sonrió al mismo tiempo que ladeaba la cabeza, ante la peculiar reacción que tenían aquellos dos. Nahuel conocía a su hermano pequeño y sabía que desde que se trasladó a la ciudad solo tenía ojos para Eva, cualquiera que dedicara unos minutos a observarlos lo sabría. Nahuel no insistió, esos dos ya hablarían cuando estuvieran preparados.

Poco más tarde, llegaron los invitados que faltaban: Ruth y Jason. Derek hizo pasar a todos al comedor y se sentaron en la gran mesa redonda que presidía la estancia. El azar quiso que se sentaran tal y cómo Derek deseaba que lo hicieran, en el siguiente orden: Eva, Ruth, Ana, Nahuel, Jason, Víctor y él, que cerraba el círculo con Eva a su otro lado. Tras servir la cena, fue Víctor quien, consciente de que su amigo se lo agradecería por sacar el tema poniéndoselo más fácil, le preguntó delante de todos:

—Bueno, ¿cuándo piensas decirnos cuál es el motivo de esta cena? ¿Hay algo que debamos celebrar?

Automáticamente, todos dejaron de comer y posaron su mirada en Derek. Todos excepto Eva, que fulminó con la mirada a Víctor.

—Lo cierto es que sí, tenemos algo que celebrar —confirmó Derek. Hizo una pausa para respirar profundamente, carraspeó para aclararse la voz y, agarrando la mano de Eva bajo la mesa, añadió con una amplia sonrisa en los labios—: He encontrado a la mujer de mi vida, he luchado por ella y, aunque no me lo ha puesto fácil, me he ganado su confianza y también su amor —se puso en pie y le tendió la mano a Eva para que también se levantara de la silla. Una vez estuvieron ambos de pie, uno al lado del otro, Derek añadió—: Aquí tenéis a esa hermosa mujer que me ha hechizado.

Todos miraron a la pajera durante unos instantes sin decir nada, sorprendidos ante aquel descubrimiento que a todos les había cogido por sorpresa.

—Entonces, la persona con la que sales, ¿es Derek? —Le preguntó Ruth a Eva.

Eva asintió, estaba demasiado nerviosa para que las palabras salieran de su boca.

— ¿Desde cuándo estáis juntos? —Quiso saber Ana.

— ¿Por qué nos lo habéis ocultado? —Preguntó Nahuel.

Eva apretó la mano de Derek pidiéndole ayuda para responder el interrogatorio al que todos pretendían someterla. Derek, consciente del estado de Eva, se encargó de responder:

—Estamos juntos desde que volvimos a vernos a mediados de agosto, cuando vine a la ciudad para supervisar el traslado de la sede de la empresa —se volvió hacia a Eva y, con una dulce sonrisa en los labios, añadió antes de besarla—: Pasaremos la navidad juntos en el pueblo.

— ¿Cuándo vais a decírselo a la familia? —Preguntó Ruth divertida.

—Estamos en ello —respondió de nuevo Derek, Eva seguía demasiado nerviosa—. Mañana viajaremos a la costa para hablar con mis padres y el miércoles viajaremos al pueblo para hablar con los padres de Eva.

—Parece que vais en serio —comentó Ana lanzándole una mirada de advertencia a Derek.

—Así es, cuñada —le confirmó Derek seguro de sus sentimientos por Eva—. Eva es mi prioridad.

Eva le dedicó una tímida sonrisa y Derek la besó en los labios, le resultaba imposible contenerse.

—Dejad algo para cuando os quedéis a solas, pareja —se mofó Víctor.

Todos rieron divertidos y Nahuel aprovechó la feliz ocasión para brindar por la nueva pareja. El resto de la noche transcurrió con normalidad. Derek abrazó, besó y sonrió a Eva constantemente, feliz de poder hacerlo sin tener que contenerse. Pasada la medianoche los invitados se marcharon, despidiéndose hasta unos días más tarde, cuando se reencontraran en el pueblo por navidad.

—Parece que todo ha ido bien, ¿no? —Comentó Derek cuando se quedaron a solas.

—La reunión de esta noche era fácil, lo difícil será en casa de tus padres y de los míos —le respondió Eva visiblemente nerviosa.

—Nena, mis padres ya te conocen y te adoran —trató de calmarla Derek.

—Me conocen como a la amiga de Ana, pero a lo mejor no les gusto para ti.

—No digas tonterías, a mis padres les gustas más que yo. Mi madre no ha dejado de repetirme que me busque una novia como tú desde que te conoció —Derek la estrechó entre sus brazos, la besó con dulzura y añadió—: Vamos a descansar, mañana nos espera un largo día.

Eva no rechistó, estaba cansada. Además, al día siguiente tendría que llamar a sus padres para darles la noticia y viajar a la costa para hacer lo propio con los padres de Derek.

Derek la cogió en brazos y cargó con ella por las escaleras hasta llegar a la habitación principal, una habitación que compartían la mayoría de las noches. Con cuidado, Derek depositó a Eva sobre la cama y la observó con una sonrisa traviesa en los labios.

— ¿En qué estás pensando? —Le preguntó Eva intuyendo que algo tramaba.

—Nena, estoy pensando muchas cosas ahora mismo —se tumbó junto a ella y, mirándola a los ojos, añadió—: Eres preciosa. Todavía recuerdo la primera vez que te vi, tumbada sobre una toalla, tomando el sol junto a la orilla. Me pareciste una diosa. Después Thor te robó la parte superior del bikini y, a pesar de lo borde que fuiste conmigo, todavía me hechizaste más.

—No recuerdo haber pasado tanta vergüenza en mi vida —comentó Eva divertida—. Puede que me pasara un poco pero, si te sirve de consuelo, Ana y Ruth después me dijeron que había sido una bruja contigo.

—Mi pequeña bruja —le susurró Derek con cariño.

Ambos se fundieron en un beso apasionado que les encendió. Formaron una maraña de abrazos, besos y caricias sobre la cama. Se desnudaron el uno al otro sin prisa, disfrutando del sensual momento. Derek adoró cada recoveco de la piel de Eva y, con una dulzura y ternura cada vez más usual en él, le hizo el amor.

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