Sedúceme 12.

Las semanas fueron pasando, Derek y Eva seguían viéndose, aunque ocultaban su relación a sus amigos y a su familia. Con la excusa de inaugurar todas las estancias de su nueva casa a cambio de una cita, Derek había conseguido salir con Eva por toda la ciudad sin necesidad de esconderse y sus citas se habían convertido en una rutina para ambos. Su relación era la de una pareja normal, poco a poco Derek había conseguido que Eva confiara más en él, pero cada vez que mencionaba el tema Eva le distraía con cualquier otra cosa. La navidad estaba a la vuelta de la esquina y Eva tenía planeado pasar esos días en el pueblo con su familia. Derek y sus padres habían sido invitados por los padres de Ana para pasar las vacaciones en el pueblo, así que estarían juntos, pero Derek quería cenar en Nochebuena con Eva, cogerla de la mano y besarla frente a todos, quería que su relación dejase de ser un secreto de ambos y pregonar su amor a los cuatro vientos.

Una semana antes de ir al pueblo para pasar allí las vacaciones de navidad, Derek insistió en que se quedara a dormir con él en su casa y Eva no pudo negarse a pesar de que Ruth comenzaba a sospechar sobre las idas y venidas de su amiga y compañera de apartamento.

—Últimamente no hay quien te vea el pelo —le reprochó Ruth cuando pasó por el apartamento a recoger algo de ropa para el día siguiente—. ¿Se puede saber con quién te estás viendo? Y no trates de negármelo, es evidente que llevas semanas pasando la noche fuera con alguien.

—Está bien, sí. Me estoy viendo con alguien —le espetó Eva molesta tras tanta insistencia día sí y día también.

— ¿Por qué lo mantienes en secreto? ¿Estás saliendo con un fugitivo o es que has vuelto con Norbert? No habrás vuelto con él, ¿verdad? —Le preguntó Ruth horrorizada.

—No he vuelto con Norbert, ¿cómo se te ocurre?

—Entonces, ¿a qué viene tanto secreto?

—No me apetece hablar de ello ahora, Ruth —zanjó el tema Eva.

Ruth dejó de insistir, Eva no estaba muy receptiva y solo conseguiría que se enfadara. Iban a pasar la navidad en el pueblo, así que prefirió dejar las preguntas para cuando estuvieran allí y Eva llevara un par de copas de más.

Ajena a las cavilaciones de Ruth, Eva se despidió de ella y se dirigió a casa de Derek. Le encantaba aquella casa, era la casa de sus sueños y, aunque no fuera de ella, al menos la podía disfrutar junto a Derek. Aparcó frente a la puerta y bajó del coche cargando con la pequeña bolsa donde guardaba su ropa y su neceser. La puerta no estaba cerrada del todo, así que la abrió y se quedó asombrada ante lo que allí descubrió. Un camino de pétalos de rosas alumbrado con docenas de velas encendidas. Dejó su bolsa en el hall y siguió aquel camino sonriendo de oreja a oreja hasta llegar al salón, donde se encontró a Derek esperándola con una amplia sonrisa en los labios. Junto a él, una pequeña mesa para dos estaba preparada para servir la cena y alumbrada con la romántica luz de un candelabro con tres velas. Eva miró a Derek impresionada, todo era tan romántico que le pareció estar en un cuento de hadas con su príncipe azul incluido.

— ¿Qué es todo esto?

—Una cena para dos —le respondió Derek sonriendo con travesura. La besó en los labios, la ayudó a quitarle el abrigo y añadió mirándola a los ojos—: Tenemos que hablar, nena.

Eva se tensó. Aquellas palabras solo podían presagiar una cosa y ella no estaba preparada para afrontarlo, pese a que tenía claro que aquella relación era temporal y decidió llegar hasta el fin sin pensar en las consecuencias.

Derek le indicó con un gesto que se sentara a la mesa y ella le obedeció sin rechistar, respirando profundamente para mantener la compostura frente a lo que se avecinaba. Derek sirvió la cena en los platos y llenó las dos copas de vino. Esperó a terminar de comer el primer plato antes de comenzar a hablar sobre el tema:

—No podemos seguir así —Eva abrió la boca pero Derek la interrumpió antes de que pudiera pronunciar palabra—. Deja que termine de hablar, nena —hizo una pequeña pausa y prosiguió—: Hace cuatro meses que estamos juntos y, aunque trates de seguir fingiendo que esto es un juego, lo cierto es que no lo es, Eva —la miró a los ojos con intensidad y añadió—: Nena, no podemos seguir ocultándonos. No quiero pasar la navidad mirándote y sin poder abrazarte ni besarte, sin poder decirte lo preciosa que estás y sin poder decirle a todos que tú eres la mujer que me hace feliz.

Derek hizo una pausa y esperó a que Eva dijera alguna cosa. Eva se había quedado en blanco. Lo que acaba de decir Derek no era lo que esperaba oír, ella se había preparado para afrontar el fin de su peculiar relación. Pero le pareció entender que Derek quería justo todo lo contrario, así que se armó de valor y, para confirmarlo, le preguntó con un hilo de voz:

— ¿Quieres una relación estable?

—Ya tenemos una relación estable, preciosa —le contestó Derek con un tono de voz dulce que Eva jamás le había escuchado—. Lo que quiero es que dejemos de ocultárselo a nuestros amigos y nuestra familia. Quiero pasar la navidad contigo, nena.

—Solo queda una semana para navidad, ¿pretendes que nos presentemos en el pueblo y les demos la noticia? No creo que sea una buena idea soltar semejante bomba de pronto.

—Estoy totalmente de acuerdo contigo, por eso he pensado que quizás podríamos organizar una cena en casa mañana e invitar a nuestros amigos más íntimos para darles la noticia —le propuso Derek con pies de plomo—. El lunes podemos viajar a la costa y pasar allí un par de días con mis padres para darles la noticia —Derek hizo una pausa y, al ver que Eva no decía nada, añadió—: Y el miércoles podemos ir al pueblo para hablar con tus padres antes que lleguen los demás —hizo una nueva pausa, esta vez más larga, pero Eva continuaba mirándolo sin decir nada—. Nena, dime algo por favor.

—La verdad es que no sé qué decir —le confesó Eva. Lo escudriñó con la mirada y le preguntó—: ¿Estás seguro de lo que quieres?

—Estoy completamente seguro de lo que quiero —le aseguró Derek—. Te quiero a ti, cariño.

Eva le dedicó una tímida sonrisa. La proposición de Derek la había cogido tan de improviso que ni siquiera supo reaccionar. Escuchar ese “cariño” de la boca de Derek todavía la aturdió más, pero no pudo evitar pensar que aquel era el mejor regalo de navidad que le habían dado nunca. Estaba enamorada de Eva por mucho que hubiera tratado de evitarlo y de negarlo.

—Eva, por favor —le rogó Derek—. Dime algo si no quieres que me vuelva loco.

Eva no le dijo nada, se levantó de la silla y se sentó sobre el regazo de Derek para besarlo apasionadamente.

— ¿Eso es un sí? —Le preguntó Derek sonriendo divertido.

—Eso es un sí, pero tengo que confesarte que estoy un poco aterrada. ¿Crees que se tomarán bien nuestra relación?

—Por supuesto que sí, nena.

Derek la estrechó entre sus brazos y respiró aliviado, por un momento había temido que Eva huyera otra vez. Eva comenzó a ponerse nerviosa ante todo lo que se avecinaba. En pocos días tenían que planear una cena en casa de Derek con todos los amigos más íntimos, un viaje relámpago a la costa para conocer a sus padres y otro viaje al pueblo para presentar su nuevo novio a sus padres.

—Cariño, no te agobies —le pidió Derek—. Yo me encargaré de todo, ¿de acuerdo? Lo único que debes hacer es decirles a tus padres que llegarás antes de lo previsto y acompañada.

Eva lo dejó todo en manos de Derek, confiaba plenamente en él.

Terminaron de cenar, disfrutaron de una romántica velada y celebraron su amor en la habitación principal, de manera tradicional.

Durante los últimos meses, Derek había evitado llevar a Eva a la masía o cualquier lugar de similares características, no estaba dispuesto a compartirla con nadie. A Eva no le había pasado por alto aquel detalle, pero tampoco insistió en ello. Lo único que le importaba era estar con Derek y disfrutar con él el tiempo que le quedara.

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