Propuesta indecente 8.

Alma Gemela

Erika pasó la primera semana de trabajo encerrada con Nick en su despacho. Después de que Eduard estudiara el informe que ambos le habían entregado, decidió que siguieran puliendo el contrato y hacerle la propuesta a Wolf. Para sorpresa de Erika, Nick pareció encantado con la idea de trabajar con ella y pasar juntos más de diez horas diarias, encerrados en un despacho.

Nick se esforzaba por no lanzarse a por ella y devorarla. Pasaban demasiadas horas juntos y solo oler su delicioso perfume de jazmín hacía que se le pusiera dura. Por si fuera poco, tenía que soportar que todos los días se presentara el hijo de Tomás Milton para llevarse a Erika a comer con él y cada vez se esforzaba más en dejar claro que no iba a ponérselo fácil con Erika.

Erika le había pedido a Jason que dejara su papel de prometido celoso y posesivo, pero Jason insistía en que se divertía viendo como Nick le fulminaba con la mirada.

Alice y Daniel habían quedado un par de veces más después de pasar juntos la noche del sábado. Daniel la llevó a casa al día siguiente y la llamó esa misma noche. Alice estaba encantada con él y estaba más alegre y sonriente que nunca.

El viernes antes de que Erika se marchara, Nick se las apañó para quedarse a solas con ella en su despacho y, sin saber muy bien hasta dónde estaba dispuesto a llegar, le dijo:

–  Daniel me ha dicho que iba a cenar con Alice y nos ha invitado a acompañarles, ¿te apetecería salir a cenar con ellos?

–  No creo que sea una buena idea. – Fue la respuesta de Erika, la misma que le había dado a su amiga Alice. – Además, ya tengo planes.

Erika mintió, no le iba a dar el gusto de confesarle que iba a pasarse la noche del viernes viendo algún tipo de película de comedia romántica. Eduard irrumpió en el despacho de Nick y, mirando a ambos con gesto serio, les dijo:

–  Si teníais planes para este fin de semana, será mejor que los canceléis. He conseguido una reunión con Wolf el lunes a primera hora y necesito que lo tengáis todo zanjado. Necesito que os encarguéis de esto juntos, yo salgo mañana de viaje y no regresaré hasta el martes. ¿Puedo irme tranquilo?

–  Por supuesto, nosotros nos encargamos de todo. – Fue la respuesta de Nick.

–  Genial, mantenedme informado. – Les dijo Eduard. Se volvió hacia su hija y añadió mientras la besaba a modo de despedida: – Cielo, no se lo pongas muy difícil a Nick.

Erika puso los ojos en blanco a modo de respuesta y, cuando su padre salió del despacho, se volvió hacia a Nick y le preguntó:

–  ¿Pedimos pizza para cenar?

Nick sonrió feliz de poder pasar con ella el fin de semana, aunque fuera para seguir trabajando en el contrato de inversión de la empresa de Wolf. Erika le resultó de lo más interesante desde el primer momento en que la vio y, a pesar de que creía odiar a la hija de Eduard por creer que era una niña de papá a quién se lo iban a dar todo hecho, se sorprendió al descubrir que eso la hacía más interesante. Nick no sabía cómo terminaría todo aquello, pero por primera vez en su vida estaba dispuesto a intentarlo. Nick se aclaró la garganta y, sin dejar de sonreír, le dijo a Erika:

–  Sinceramente, estoy realmente sorprendido de ver cómo te manejas en la oficina, parece que hayas trabajado toda la vida en esto.

–  Creías que por ser rubia y la hija del jefe iba a ser tonta, ¿no? – Se mofó Erika. – No deberías subestimarme, he crecido en estas oficinas y trabajé en ellas desde los catorce años hasta los dieciocho, cuando me fui a la universidad. Donde por cierto, me he graduado con honores. No sé qué idea te habrás hecho de mí, pero te aseguro que mi padre nunca me ha puesto las cosas fáciles por ser su hija, precisamente por ello me lo ha puesto más difícil que a nadie.

–  Yo no he dicho nada de eso. – Se apresuró a decir Nick levantando las manos en señal de paz y con su magnífica sonrisa en los labios. – De hecho, mi comentario era un cumplido.

Erika lo miró desconfiada. Ese hombre pretendía volverla loca. Primero le repetía hasta la saciedad que su relación era únicamente sexual y, cuándo se enteró de quién era y ponerse pálido como la pared y le propuso una relación estrictamente laboral, él aceptó encantado, como si realmente fuera eso lo que quisiera. Pero ahora le sonreía todo el tiempo, le proponía salir juntos a cenar y tomar unas copas con Alice y Daniel e incluso le hacía cumplidos.

–  Será mejor que dejes de pensar en cumplidos y continúes trabajando en ese contrato, no me apetece quedarme aquí todo el fin de semana. – Le contestó Erika. Y, acordándose que había quedado con Jason para cenar, exclamó mientras buscaba su móvil entre los papeles: – ¡Mierda, Jason me va a matar! – Rápidamente, marcó el número de Jason y esperó a que descolgara para decirle con voz dulce solo para molestar a Nick: – Jason, estoy en la oficina y llegaré tarde a casa, no voy a poder ir a cenar pero, si te apetece, pásate por casa después.

–  Mm… Mi amor, estoy por ir a tu oficina ahora mismo si vuelves a hablarme con esa voz, ¿estás sola? – Le preguntó Jason burlonamente. – Oh, no me digas que estás con Button. ¿Vas a darme plantón para quedarte en la oficina con ese tipo?

–  Te llamaré cuando llegue a casa. – Le contestó Erika divertida.

–  Iré a verte en cuanto llegues, ¿estará mi hermana en casa?

–  Esta noche Alice tiene planes y dudo mucho que regrese. – Le informó Erika.

–  Genial, así podremos hablar sin tapujos. – Respondió Jason y añadió antes de colgar: – Te veo luego, mi amor.

–  Luego nos vemos, Jason. – Se despidió Erika.

Nick escuchó todo lo que dijo Erika en esa conversación y se moría de ganas por descubrir qué clase de relación tenía con ese Jason que contaba con el beneplácito de Eduard e incluso les animaba a casarse, pero se cuidó mucho de preguntárselo, ya trataría de averiguarlo de algún modo.

Erika se sentó de nuevo junto a Nick y comenzó a revisar papeles sin prestar mucha atención al hombre que la escrutaba con la mirada.

Una hora y media más tarde, Erika dejó sus papeles sobre la mesa, se recostó en el sillón y cerró los ojos, estaba agotada y hambrienta, más hambrienta que agotada.

–  Será mejor que lo dejemos por hoy, pareces cansada. – Le sugirió Nick al ver el cansancio reflejado en el rostro de ella. – Aunque antes deberías comer algo, ¿qué te apetece cenar?

–  Estoy hambrienta. – Respondió ella con naturalidad. – Podemos pedir pizza, ¿qué te parece?

–  ¿Pizza? Creo que no como pizza desde que estaba en la universidad, hace ya algunos años. – Le contestó divertido. – Conozco un restaurante francés exquisito, ¿querrías acompañarme?

–  Te recuerdo que nuestra relación es estrictamente laboral. – Apuntó ella.

–  De acuerdo, pediré que nos traigan pizza. – Dijo Nick sonriendo y sin darse por vencido.

Erika puso los ojos en blanco y siguió revisando papeles mientras Nick llamaba por teléfono para encargar una pizza. Media hora más tarde, la pizza llegó y Nick recogió la mesa en un abrir y cerrar de ojos para dejar sitio a las pizzas.

–  Oh, Dios, ¡qué hambre! – Exclamó Erika cuando Nick abrió la caja de la pizza.

Nick disfrutó viendo comer a Erika, nunca había conocido a una chica que tuviera tanto apetito y eso le gustó, odiaba a las mujeres que salían a cenar y se pedían una ensalada.

–  ¿Se puede saber por qué estás tan contento? – Le preguntó Erika con curiosidad. – Es viernes por la noche y, en lugar de estar tomando una copa como la gran mayoría de seres humanos, estás encerrado en la oficina y trabajando. ¿Qué tiene de divertido?

–  Disfruto con mi trabajo. – Le contestó Nick sonriendo burlonamente.

–  Eso está bien, pero estar feliz por pasar la noche de un viernes trabajando en la oficina roza lo enfermizo. – Le contestó Erika divertida.

–  Creo que ya sabes que disfruto haciendo otras muchas cosas. – Le dijo Nick con una sonrisa pícara.

–  Además de trabajando y practicando sexo con desconocidas, ¿qué más disfrutas haciendo?

–  Cenar pizza un viernes por la noche en la oficina con la hija del jefe. – Le contestó Nick divertido. – Creo que eres la única de todas las hijas de todos los jefes de la ciudad que se queda un viernes por la noche trabajando en la oficina.

–  Ya te dije que mi padre no me lo pone fácil. – Le contestó ella. – El pobre siempre quiso tener un hijo y tuvo que conformarse conmigo. – Añadió encogiéndose de hombros. – Uf, he comido demasiado y ahora no me puedo ni mover.

Nick le dedicó una sonrisa, aquella chica tan bella y tan normal y corriente le tenía fascinado. Su humildad y su sencillez le habían demostrado que Erika no era exactamente como la había imaginado ni por fuera ni por dentro, más bien todo lo contrario.

Erika se sorprendió al sentirse tan cómoda con Nick. Habían pasado toda la semana trabajando juntos y en ningún momento la había hecho sentir incómoda, ni siquiera habiendo mencionado de forma casual su encuentro hace una semana.

Después de cenar continuaron trabajando hasta que dieron las doce de la noche y Erika empezó a bostezar. Nick dejó los informes sobre la mesa y le dijo:

–  Es tarde, será mejor que lo dejemos para mañana.

–  Estoy de acuerdo, me cuesta mantener los ojos abiertos. – Le dijo Erika bostezando de nuevo.

Nick sonrió y le dijo:

–  Recoge tus cosas, te llevo a casa.

–  No es necesario, vivo a un par de calles de aquí y me gusta ir dando un paseo, pero gracias de todos modos. – Le agradeció Erika.

–  En ese caso, te acompañaré dando un paseo, yo también vivo cerca de aquí. – Sentenció Nick.

–  Ya te he dicho que no es necesario y…

–  ¿Es que siempre tienes que tener la última palabra? – La interrumpió Nick molesto. Él solo trataba de ser amable y ella se empeñaba en alejarle.

–  ¿Y tú tienes que ser siempre tan mandón? – Le replicó Erika. Nick la miró furioso y ella decidió recapacitar: – Cómo quieras, es inútil discutir contigo.

–  Empezamos a entendernos. – Murmuró Nick satisfecho. Quería saber dónde vivía y pasar unos minutos más con ella. – Vives con Alice, ¿verdad?

–  Así es. – Se limitó a contestar ella.

–  ¿Hace mucho que os conocéis? – Continuó preguntando Nick mientras bajaban en el ascensor.

–  La conozco desde que tengo uso de razón, siempre ha sido mi mejor amiga y nuestros padres viven al lado, así que también éramos vecinas. – Le respondió Erika. – Hemos vivido juntas los últimos cinco años, así que cuando regresamos a la ciudad decidimos alquilar un apartamento entre las dos.

Nick decidió continuar preguntado sobre ese tema aprovechando que Erika no parecía incómoda ni molesta con sus preguntas sobre Alice:

–  Entonces, debéis de ser como hermanas, ¿no?

–  Más o menos. – Respondió Erika encogiéndose de hombros. – Como yo nunca he tenido hermanos, para mí es lo más parecido a una hermana que he tenido. Nuestras familias están muy unidas y sus padres son tío Tomás y tía Elisa para mí.

Nick y Erika continuaron charlando mientras caminaban por la calle como si fueran dos viejos amigos. Diez minutos después de salir de la oficina llegaron al edificio de Erika y Nick se maldijo por haber llegado tan pronto a pesar de que se había esforzado en caminar despacio.

–  Ya hemos llegado. – Informó Erika señalando el lujoso portal con una media sonrisa.

Nick esperó a que Erika le invitara a subir a su apartamento, pero ella no le invitó y él no quería presionarla, a lo mejor solo necesitaba tiempo.

–  ¿Quedamos mañana por la mañana para desayunar antes de ir a la oficina? – Le propuso Nick con tono amigable. – Mi apartamento está en la siguiente calle, podemos quedar aquí e ir juntos a una cafetería que hay cerca de la oficina.

–  De acuerdo, ¿quedamos a las nueve? – Aceptó Erika con la guardia baja y se arrepintió nada más abrir la boca, pero ya era demasiado tarde.

–  A las nueve estaré aquí, sé puntual. – Le dijo Nick sonriendo satisfecho al mismo tiempo que se despedía de ella con un beso en la mejilla. – Buenas noches, Erika.

–  Buenas noches, Nick. – Se despidió Erika antes de entrar en el edificio.

A Erika le hubiera gustado que Alice estuviera en casa para poder hablar con ella y contarle lo que había pasado, pero cogió el teléfono y llamó a Jason para ponerle al día de los últimos acontecimientos, necesitaba hablar con alguien.

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