Propuesta indecente 7.

Alma Gemela

Erika se las ingenió para irse de casa de su padre justo después de comer porque no quería quedarse a solas con Nick en ningún momento, al menos no hasta haber tenido tiempo de asimilar los últimos acontecimientos. Nick se marchó poco después de Erika y Eduard sabía que entre esos dos pasaba algo y estaba seguro de que ya se conocían de antes, aunque no dijo nada porque prefería mantenerse al margen.

El lunes por la mañana Erika entró a las ocho en la oficina y se fue directamente al despacho de su padre, donde Eduard y Nick ya llevaban más de media hora reunidos intercambiando opiniones sobre qué trabajos podría empezar realizando Erika. Eduard fue consciente del cambio de opinión de Nick, que hace tan solo tres días hubiera dejado bien clara su postura diciendo que no pensaba ser la niñera de nadie. Y aunque estuviera hablando de su hija, eso era lo que le gustaba de Nick. Era un tipo que iba de frente y no le hacía la pelota, algo que era de agradecer en un mundo donde Eduard Blackwell era un pez gordo que intimidaba y que nadie quería tener de enemigo.

–  Buenos días. – Saludó Erika mientras se sentaba en el sillón de al lado de Nick. – No sé a qué hora habréis llegado, pero os aseguro que yo no pienso llegar antes de las ocho de la mañana.

–  Hija, sabes que te quiero, pero por no aguantar tu mal humor matinal soy capaz de dejar que entres a trabajar a partir de las diez. – Bromeó Eduard. Se volvió hacia Nick y añadió: – Si quieres un consejo, no estés cerca de mi hija cuando se despierte.

–  Es bueno saberlo. – Contestó Nick sonriendo a Erika.

–  Erika, tengo una reunión con un posible cliente así que te dejo en manos de Nick, que se encargará de ponerte al día. – Le dijo Eduard levantándose de su sillón. – Por cierto, me ha llamado Jason y me ha pedido que te recordara que vendría a buscarte para salir a comer. ¿Va todo bien con Jason?

–  ¿Debería no ser así? – Le desafió Erika.

–  Eso tendrás que decidirlo tú. – Le contestó Eduard a su hija. – Ya sabes que pienso que Jason sería un buen yerno.

Erika puso los ojos en blanco y Eduard se marchó sonriendo, dejando a solas a su hija y a Nick. Nick alzó una ceja mirando a Erika y, mientras se levantaba, le dijo a Erika:

–  Vayamos a mi despacho, señorita Blackwell. Tenemos algunas cosas de las que hablar antes de empezar a trabajar.

Erika lo siguió caminado con seguridad detrás de él hasta entrar en su despacho, donde Nick cerró la puerta nada más entrar y le hizo un gesto para que se sentara.

–  Erika Blackwell, fui un imbécil por no darme cuenta de quién eras. – Le dijo Nick algo molesto.

–  Supongo que yo puedo decir lo mismo por no saber quién eras tú. – Le respondió Erika. – Esto es algo que ninguno de los dos esperábamos, pero tampoco podemos volver a atrás en el tiempo, así que te propongo que olvidemos lo que pasó la otra noche y nos concentremos en el trabajo.

Como si fuera tan fácil, pensó Nick. No había podido quitársela de la cabeza y solo de pensar que la iba a tener que ver todos los días sin poder acercarse a ella tanto como le gustaría le estaba empezando a poner de mal humor. Si pensaba en olvidar lo que ocurrió la otra noche es que no debió de hacer tan bien su trabajo, de lo contrario estaría ordenándole que la follara.

–  No tenemos otra alternativa, pero ambos somos adultos y estoy seguro de que podremos llevarlo bien. – Le respondió Nick molesto. – Solucionado ese tema, vayamos al trabajo. Tu padre insiste en que nos encarguemos justos de la negociación con Wolf. ¿Has leído los informes que te envió tu padre sobre Wolf?

–  Sí, los he leído. – Respondió Erika. – En mi opinión, Wolf es un tipo emocional. Se aferra a la empresa de su padre porque es un símbolo de lo que es su familia. Está dispuesto a levantar el imperio que su padre ha llevado a la quiebra y no le importa el dinero que le puedan ofrecer. Si está buscando inversores, no lo tendrá muy difícil. Quizás deberíais pensar en invertir en su empresa antes de que lo haga otro. Podríamos redactar un contrato donde ambas partes salieran beneficiadas y los beneficios que obtendríamos duplicarían los beneficios obtenidos si absorbiéramos ahora la empresa en quiebra, aunque sería una inversión a largo plazo.

–  Es una muy buena opción, los beneficios serían a largo plazo como bien has dicho, pero también sería una forma de tener ingresos más estables. – Convino Nick. – La empresa de Wolf estaba en lo más alto y lo seguiría estando si no fuera por las deudas de juego de Wolf padre.

–  Con una empresa pequeña no merece la pena invertir, pero con una empresa como la de Wolf absorberla y venderla sería como regalarle un boleto premiado a cualquiera cuando podríamos cobrarlo nosotros. – Concluyó Erika. – Tú eres abogado y asesor financiero, ¿qué clase de contrato sería el más adecuado para obtener un porcentaje de beneficios periódicos? Tendría que ser uno lo suficientemente bueno como para que Wolf estuviera dispuesto a ceder. Ese hombre preferirá quedarse con una empresa en banca rota antes que venderla.

–  Has hecho los deberes. – Bromeó Nick. – Puede que tu padre tenga razón y juntos formemos un buen equipo.

–  Yo no soy tan optimista como tú, pero confío en que lleguemos a entendernos. – Le replicó Erika un poco molesta.

Continuaron trabajando y diseñando una nueva estrategia para hacerse con el control de Presents, la empresa de Wolf.

A las 13:30 horas, Jason entraba en el edificio de Blackwell Company y se dirigía al ascensor donde se encontró a Eduard.

–  ¡Eduard! – Saludó Jason mientras entraban en el ascensor. – ¿Cómo va todo por aquí? – Preguntó con curiosidad.

–  No lo sé y no sé lo que nos vamos a encontrar. – Respondió Eduard preocupado. – Esos dos aún no han discutido delante de mí, pero entre ellos hay una tensión que me aterroriza hasta a mí.

–  ¿Tan grave es? – Se mofó Jason.

–  Ahora lo averiguaremos. – Fue la respuesta de Eduard antes de salir del ascensor seguido de Jason para dirigirse directamente al despacho de Nick, donde llamó a la puerta y esperó a que le dieran permiso para entrar. Eduard se sorprendió al ver a su hija y a Nick sentados uno junto al otro y trabajando juntos. – Parece que la sangre no ha llegado al río. – Fue el saludo de Eduard. – Mira a quién me he encontrado por el camino.

Jason apareció detrás de Eduard y Erika se levantó alegremente para saludarle. Ambos se abrazaron y Jason, al ver el gesto ceñudo de Nick ante la escena, decidió provocarlo un poco más:

–  He venido a invitar a mi futura esposa a comer, te he echado mucho de menos.

Erika, que conocía demasiado bien a su amigo, ya sabía lo que pretendía, así que aprovechó la ocasión para reprocharle:

–  Llegas con tres días de retraso, se suponía que esto debía haber pasado el viernes.

–  Siento el fatal fin de semana que has tenido que sufrir en mi ausencia, pero ya estoy aquí para complacerte, mi amor. – Le respondió Jason sonriendo.

Eduard no se escandalizó por los comentarios de aquellos dos, estaba acostumbrado a oírlos y en parte era culpa suya, por la insistencia en que ambos hacían la pareja perfecta. Lo que sí le sorprendió fue la reacción de Nick, el tipo frío y de pocas palabras ahora estaba que echaba humo, tenía los nudillos blancos de tanto apretar los puños y estaba muy tenso. Eduard era un hombre muy observador y no se le escapaba ni el más mínimo detalle. Como tampoco se le escapó que Jason estaba exagerando soberanamente con sus continuos mimos a Erika. Sea lo que sea lo que estén tramando, Eduard estaba seguro de que Jason estaba al corriente.

Cuando Jason se cansó de abrazar a Erika, le estrechó la mano a Nick, quien se la apretó educadamente, pero con el rostro sombrío.

–  Eduard, Erika ha tenido una excelente idea que creo que deberías estudiar. – Le dijo Nick a su jefe. – Aquí tienes el informe.

–  ¿Lo habéis hecho juntos? – Preguntó Eduard sorprendido.

–  Creía que eso era lo que querías. – Le replicó Erika. – Nick ha redactado un contrato provisional, revisa el informe y el contrato y luego lo hablamos. – Le dio un beso en la mejilla a su padre y dijo a modo de despedida: – Voy a comer con Jason, regresaré en un par de horas.

–  Siendo la hija del jefe, ¿tienes que regresar? – Se mofó Jason.

–  Cásate con ella y no tendrá que regresar nunca más si no quiere. – Le dijo Eduard con una sonrisa burlona.

–  Eso intento, pero tu hija es difícil de convencer. – Bromeó Jason antes de marcharse con Erika agarrada de su brazo bajo la atenta mirada de Nick.

Erika y Jason salieron juntos de las oficinas de Blackwell Company y se dirigieron a una hamburguesería cercana donde hacían las mejores hamburguesas de la ciudad. Comieron mientras se iban poniendo al día de lo que habían hecho los últimos meses, pese a que ya habían hablado de ello por teléfono. Jason esperaba que Erika sacara el tema de Button pero ella trataba de evitar esa conversación a toda costa, así que Jason finalmente se vio obligado a preguntar:

–  ¿Piensas contarme qué te traes entre manos con Nick Button?

–  ¿Tengo otra opción?

–  No. – Sentenció Jason. – Cuéntame qué está pasando.

Erika le contó a su mejor amigo todo lo que ocurrió la noche que fueron al Lovers, el encuentro en casa de su padre al día siguiente y el nuevo encuentro esta mañana en la oficina. Una vez hubo expuesto todo, Jason le dijo:

–  Ya te he dicho que Button es un tipo que solo busca sexo y rara vez suele repetir con la misma mujer, aléjate de él, Erika. – La miró a los ojos y añadió: – Ese tipo solo te dará problemas, sentimentalmente hablando. Hay miles de hombres dispuestos a darte placer para que tengas que buscarlo en él, no te conviene. Incluso yo mismo estoy dispuesto a darte placer si así consigo alejarte de él.

–  Gracias, acabas de hundir mi auto estima. – Le reprochó Erika.

–  Hablo en serio, Erika. – Insistió Jason. – Button no es de los que se comprometen.

–  ¿Y quién te dice que yo me quiera comprometer?

–  No sé por qué discuto esto contigo si finalmente acabarás haciendo lo que te dé la gana, que es lo que terminas haciendo siempre. – Se resignó Jason. – Pero después no me digas que no te lo he advertido.

–  Me conformaré con que me des un abrazo para consolarme y me lleves a cualquier pub para que me emborrache. – Comentó Erika divertida.

Entre risas y bromas terminaron de comer, se tomaron un café y Jason acompañó a Erika de nuevo a la oficina, concretamente hasta el despacho de su padre donde sabía que se encontraría Button. Saludó de nuevo a Eduard, se despidió cariñosamente de Erika y se marchó después de dedicarle una interesante sonrisa a Erika.

Erika sabía lo que pretendía Jason con su papel y aun así decidió seguirle el juego. Si Nick no estaba interesado en pasar con ella nada más que una noche, quería que se diera cuenta que muchos otros hombres sí que lo deseaban, aunque en el caso de Jason fuera todo un paripé.

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