Propuesta indecente 6.

Alma Gemela

Después de salir del hotel, Nick se dirigió a su apartamento, desayunó y se cambió de ropa antes de dirigirse a casa de su jefe, donde llegó a los doce en punto, tal y cómo le había dicho Eduard. Estar en casa de su jefe para conocer a su hija no le apetecía nada, sobre todo teniendo en cuenta la noche que había pasado. Puede que se precipitara en decirle que no quería volver a verla, que se trataba solo de una única noche de placer. Ahora no podía quitársela de la cabeza y no era el mejor momento para hablar de trabajo, su mente solo era capaz de reproducir una y otra vez los momentos vividos la noche anterior.

–  Pasa Nick, vayamos a la terraza a bebernos una cerveza. – Le saludó Eduard en cuanto entró en la casa. Eduard vio como Nick miraba a su alrededor tratando de localizar a su hija y le dijo: – Mi hija aún no ha llegado, pero no tardará en llegar. Supongo que no ha sido tan buena idea celebrar esta reunión un domingo, veo que tú también saliste de copas, ¿no?

–  Fui a cenar a casa de mis padres y me hermano me convenció para salir a tomar un par de copas, pero ya sabes cómo acaban estas cosas. – Fue la respuesta de Nick no del todo sincera.

Eduard Blackwell era un hombre al que le gustaba saberlo todo sobre las personas que le rodeaban y sabía que a su mano derecha le gustaban mucho las mujeres, le gustaban tanto que no se comprometía con ninguna. Eduard estaba seguro de que algún día eso cambiaría y Nick encontraría a la mujer perfecta para él, pero mientras tanto hacía bien en divertirse.

–  Sé que no te hace ninguna gracia esta situación, pero estoy convencido de que eso cambiará porque ella no es como la mayoría de las chicas, aunque no suene creíble en boca de su padre. – Le dijo Eduard a Nick. – Tiene mi carácter, así que tendrás que tener paciencia con ella. Aunque también tiene la belleza de su madre.

–  Me muero de curiosidad por conocerla, Eduard. – Le contestó Nick mirando su reloj. – ¿Se va a retrasar mucho?

–  Me llamó justo antes de que tú llegaras para decirme que venía de camino. – Le informó Eduard a Nick. – Ya debería estar aquí.

Erika se estaba bajando del taxi en ese mismo momento y se encontraba frente a la puerta principal de la casa de su padre. Nada más huir del hotel, se dirigió a su apartamento donde se duchó y se preparó para ir a casa de su padre, aunque se entretuvo un poco bajo el agua de la ducha y había tenido que llamar a su padre para decirle que se retrasaría un poco. Necesitaba comprar un coche para evitar tener que encontrar un maldito taxi cada vez que necesitara moverse por la ciudad.

–  Buenos días, señorita Blackwell. – La saludó Peter, el guardaespaldas de su padre desde hacía ya quince años.

–  Buenos días, Peter. – Le contestó con una sonrisa. Hacía mucho que dejó de insistir a Peter para que la llamara por su nombre de pila. – ¿Dónde está mi padre?

–  El señor Blackwell está en la terraza con el señor Button, la están esperando.

Genial, se dijo Erika. Era la única que llegaba tarde, aunque solo fueran veinte minutos. Se suponía que anoche iba a tomar un par de copas y regresaría pronto a casa, pero en lugar de eso decidió pasar la noche en el hotel más lujoso de la ciudad con un auténtico desconocido que la llevó al cielo una y otra vez hasta caer rendidos. Y a pesar de que ahora mismo desearía haber dormido un poco más, no se arrepentía de la decisión que había tomado. Solo había sido un desliz que no volvería a repetirse y la ciudad era demasiado grande como para coincidir con él casualmente.

Erika se dirigió a la terraza y se sorprendió al ver a su padre sentado junto a Nick, el hombre con quien había pasado la noche. ¿Qué coño estaba haciendo allí?

–  Erika, por fin has llegado. – La saludó su padre dándole un beso en la mejilla mientras Nick miraba la escena tensándose cada vez más. – Quiero presentarte a Nick Button, mi mano derecha en la empresa y con quien trabajarás a partir de mañana.

Erika no se lo podía creer, pero se puso su máscara de actriz y le tendió la mano a Nick al mismo tiempo que le decía:

–  Encantada de conocerle, señor Button.

Nick le estrechó la mano y asintió, estaba demasiado desconcertado como para decir algo coherente y que Eduard no empezara a sospechar, pero Eduard ya se había percatado de la reacción de ellos dos, aunque prefirió no decir nada.

–  Cielo, ¿quieres una cerveza? – Le preguntó Eduard a su hija entregándole un botellín que había cogido del cubo lleno de hielo.

–  Gracias, papá. – Respondió ella tras dar un trago de la fría cerveza.

–  Ambos conocéis a Adolf Wolf, es el actual propietario de Presents, la empresa que queremos absorber. El padre de Adolf Wolf la llevó a la quiebra por sus deudas y después se suicidó, dejándole a su hijo la empresa en quiebra. – Empezó a decir Eduard. – No quiere venderla porque está convencido de que puede levantarla y está buscando inversores para conseguirlo. Tenemos que lograr que Wolf nos venda la empresa y vosotros dos juntos os vais a encargar de ello.

Esta no era una noticia que cogía por sorpresa a Erika, pero sí a Nick, que estaba convencido que Eduard recapacitaría y mantendría al margen a su hija en esta negociación, pero por lo visto había decidido que lo mejor era que él y Erika trabajaran juntos.

Nick estaba bloqueado. No esperaba volver a ver a Erika, al menos tan pronto, pero mucho menos pensó que se la podía encontrar en casa de su jefe. Iba a tener que verla en la oficina todos los días y eso complicaba enormemente las cosas. Había pasado la noche con la hija del jefe y estaba seguro de que eso a Eduard no le haría ninguna gracia.

–  Nick, ¿estás bien? – Le preguntó Eduard al ver que su siempre atento empleado estaba de mente ausente.

–  Sí, disculpa solo estaba un poco distraído. – Se disculpó evitando mirar a Erika.

Eduard cada vez entendía menos lo que estaba pasando y dijo:

–  ¿Qué está pasando aquí?

–  Esta reunión es inútil, papá. – Le contestó Erika resoplando. – Y tampoco creo que sea buena idea que el señor Button y yo trabajemos juntos, probablemente le estorbaré más de lo que le pueda ayudar y eso no es lo que queremos. Ciertamente, me gustaría estar presente en esa negociación, creo que va a ser muy interesante.

–  Sigues empeñada en empezar desde abajo. – Afirmó Eduard nada contento. – ¿Por qué me lo pones todo tan difícil? Me enorgullezco de que aprecies la sencillez y seas tan humilde, pero deberías aprovechar las oportunidades que tu posición social te otorga. Quiero jubilarme y tú convertirás en la directora de la empresa, has pasado en la oficina más tiempo que muchos de mis más antiguos empleados y sabes de sobra cómo funciona todo esto.

–  He pasado cinco años fuera de la ciudad, papá. – Le interrumpió Erika. – Necesito algo de tiempo para adaptarme a mi nueva vida y para ponerme al día en la oficina.

–  De acuerdo, Nick te ayudará a ponerte al día en la oficina. – Sentenció Eduard.

–  No creo que sea buena idea…

–  Estaré encantado de ayudarte. – La interrumpió Nick sonriendo.

¿A qué estaba jugando? Se suponía que no debían volver a verse y, pese a que iba a resultar imposible no verse, sí podían evitar verse lo mínimo posible. Él le había insistido en que si volvía a verla fingiría no conocerla, ¿por qué ahora se mostraba encantado de pasar tiempo con ella? Erika no supo qué responder. Por suerte su teléfono móvil empezó a sonar y, al ver que era Jason, se levantó y les dijo a los dos hombres que la observaban:

–  Disculpad, tengo que contestar. – Se alejó unos pasos y contestó al teléfono: – ¡Jason!

–  ¿Qué estuviste haciendo anoche y con quién? – Le preguntó su amigo fingiendo parecer estar molesto. – Me he enterado de que mi prometida se fue del Lovers muy bien acompañada.

Jason y Erika bromeaban diciendo que estaban prometidos porque sus padres siempre decían que con lo buenos amigos que eran y lo que se apreciaban eran perfectos el uno para el otro y deberían casarse y formar una familia.

–  No te lo vas a creer. – Le dijo Erika a Jason. – He pasado la noche con la mano derecha de mi padre y me acabo de enterar hace cinco minutos, por lo que agradezco enormemente tu llamada.

–  ¿Te has acostado con Nick Button? Joder Erika, él no es alguien adecuado para ti. – Le reprochó Jason. – Llego mañana por la mañana a la ciudad, iré a verte a la oficina en cuanto me baje del avión y comeremos juntos, tenemos mucho de lo que hablar tú y yo.

–  No tienes de qué preocuparte, solo fue una noche de sexo, nada más.

–  No hagas planes para mañana al mediodía, iré a buscarte a la oficina. – Sentenció Jason. – Ahora tengo que colgar, voy a entrar en una reunión. Te quiero, querida.

–  Yo cada vez menos, querido. – Se despidió Erika antes de colgar. Cuando se dio media vuelta se encontró a Tomás, el padre de Jason y Alice, sentado junto a su padre y Nick. – Hola Tío Tomás, ¿qué tal estás? – Lo saludó con un beso en la mejilla.

–  Preocupado, creo que mi hijo está muy enfadado contigo aunque no ha querido reconocerlo, ya sabes cómo es. – Le respondió Tomás. – Ha llamado esta mañana a primera hora porque no podía localizarte y tampoco a Alice.

–  Acabo de hablar con él, mañana regresa a la ciudad. – Respondió Erika.

Tomás y Eduard continuaron charlando informalmente y mientras tanto Nick y Erika evitaban que sus miradas se cruzaran. Eduard se percató de ese detalle, pero como siempre decidió callar. Hacía mucho tiempo que había aprendido a no meterse en la vida de su hija a menos que ella se lo pidiera.

Poco rato después, Eduard hizo pasar a su hija y a su mano derecha al comedor, donde los tres comieron mientras comentaban alguna de las opciones que tenían para convencer a Adolf Wolf de que les vendiera su empresa.

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