Propuesta indecente 5.

Alma Gemela

Nick entró en el Seasons colocando una mano sobre la espalda desnuda de Erika y excitándose más de lo que ya estaba. Se dirigió al mostrador de la recepción y tras saludar con un educado buenas noches al recepcionista, le entregó su tarjeta de crédito y a cambio recibió la tarjeta que abría la puerta de la habitación 105, que estaba situada en la décima planta. El recepcionista debió entender que tenían prisa, porque les dio las buenas noches y les acompañó al ascensor sin explicar las comodidades, entretenimientos y demás ofertas que el Seasons podía ofrecerles.

Se quedaron a solas en cuanto subieron al ascensor, pero ambos eran conscientes de que había cámaras de seguridad y querían ser discretos. Nick no quería que sus idas y venidas con las mujeres le causaran algún problema en su trabajo, por eso se aseguraba de mantener todas sus relaciones sexuales al margen de su vida. Erika había sufrido a los paparazzi desde pequeña, apreciaba demasiado su privacidad y había luchado mucho para conseguir mantenerse al margen de la prensa siendo la hija de dos celebridades como para que una noche de sexo con un completo desconocido lo estropeara todo.

En cuanto entraron en su lujosa habitación, Erika echó un rápido vistazo para situarse, pero Nick no estaba para prestar atención a la decoración del lugar, tenía cosas más importantes en las que centrarse. Se colocó detrás de Erika y empezó a acariciar sus brazos al mismo tiempo que formaba un reguero de besos por su cuello. Erika se relajó y se dejó hacer. Por extraño que pareciera, se encontraba segura y a gusto en brazos de aquel desconocido.

Nick la comenzó a desnudar al mismo tiempo que le iba susurrando:

–  Voy a desnudarte completamente para poder acariciar y besar cada recoveco de tu piel, tal y como te he prometido. Voy a llevarte al paraíso, de donde no querrás irte. – Cuando la tuvo completamente desnuda, excepto por el diminuto tanga rosa de encaje que llevaba, le susurró al oído: – Date la vuelta despacio, quiero ver tu precioso y delicado cuerpo desnudo.

Erika le obedeció sin rechistar y se dio la vuelta despacio, quedando frente a él casi completamente desnuda mientras él sigue completamente vestido. Erika no era de las que obedecía órdenes ni una amante pasiva, pero como vio que a Nick parecía gustarle tener la sartén por el mango no dijo nada y se mostró dispuesta a seguir con ese juego.

Nick la observó pausadamente, semejante monumento había que contemplarlo y asimilarlo para poder creerlo. La miró a los ojos y empezó a descender su mirada por su delicado cuello, sus redondos y perfectos pechos con esos pezones duros por la excitación, su vientre plano, sus perfectas y sexis caderas, ese diminuto tanga que se controlaba por no arrancárselo de un mordisco, y esas largas y firmes piernas. Toda ella era un icono de belleza sexual que pocas veces se tenía la oportunidad de tener entre sus brazos. La seguridad de ella a pesar de su desnudez a él le volvía loco y sabía que esta noche iba a tener que esforzarse por contenerse para no dejarse llevar y terminar corriéndose antes que ella. Tenía que cumplir con lo que le había prometido, una propuesta indecente que pensaba encauzar en darle placer a ella mientras él se contenía para no metérsela a las primeras de cambio. Erika no era como sus amantes y, aunque se saltara algunas de sus propias reglas, estaba dispuesto a tratarla de manera diferente, aunque eso no quería decir que fingiría no conocerla si se la volvía a encontrar.

–  Ahora que ya me tienes casi totalmente desnuda, ¿crees que podrías desnudarte? – Le preguntó Erika con una sonrisa traviesa.

–  Tranquila, te aseguro que acabaré totalmente desnudo. – Le contestó Nick dándole expectativas de lo que estaba por ocurrir. – Pero antes te daré tanto placer hasta que no puedas más y me supliques que te folle.

La entrepierna de Nick no podía estar más abultada y Erika era consciente de ello, por lo que no entendía por qué se controlaba tanto. Él mismo se había encargado de repetirle que solo se trataba de sexo, así que eso era lo que esperaba, sexo puro. En su lugar, Nick se había empeñado en tratar de seducirla con pequeños preliminares que, aunque eran muy placenteros, distaban en cierto modo con la necesidad de ambos.

Nick la guió hasta la cama donde Erika se tumbó para recibir los besos y las caricias por todo su cuerpo que Nick le había prometido. Estaba muy excitada y que Nick le mordiera y lamiera los pezones mientras jugaba con la tira de su tanga la estaba volviendo loca, así que, sin importarle lo que Nick pretendía, se incorporó y comenzó a desabrocharle la camisa sin prisa pero sin pausa mientras él se quedaba quieto, ligeramente sorprendido y descolocado, pero la dejó hacer.

Nick no estaba acostumbrado a dejar que sus amantes llevaran las riendas de la situación, pero estaba demasiado embelesado con la mujer que tenía entre sus brazos como para tratar de impedirlo, decidió dejarla hacer y ver hasta a dónde llegaba.

Erika aprovechó que Nick no se quejaba ni la detenía para continuar deshaciéndose de sus pantalones pero, cuando fue a por sus ajustados bóxer, él la detuvo y la tumbó de nuevo en la cama, atrapando sus manos para colocárselas por encima de la cabeza e impedir que pudiera moverlas mientras le susurraba al oído:

–  Si no te estás quieta, tendré que atarte.

Erika le sonrió y un destello en su mirada le dijo a Nick que lo que acaba de decirle la había excitado más. Se lamentó por no llevar puesto el traje, podría utilizar su corbata para atarla. Como no tenía corbata, utilizó una de sus manos para sujetar las dos manos de ella y la otra mano libre la deslizó por su vientre hasta que la adentró entre su diminuto tanga y su depilado pubis.

–  Mmm. Me encanta que lo lleves depilado completamente. – Le susurró Nick con la voz ronca por la excitación. Necesitó ambas manos para deleitarse quitándole el tanga y se quedó alucinado cuando vio el tatuaje en su pubis. – “Enjoy it”, por supuesto que lo voy a disfrutar.

Nick poso su dedo índice en la hendidura del sexo de ella y comprobó lo húmeda que estaba. Sin pensárselo dos veces, se lanzó a devorar su sexo, disfrutando de la excitación de ella gustosamente mientras ella gemía acercándose al orgasmo. Erika le agarró con las dos manos por el cuello e hizo que sus ojos quedaran a la misma altura que los suyos para ordenarle más que pedirle:

–  Fóllame.

Nick se sorprendió por sus palabras, no le había pedido que le hiciera el amor, le había pedido que le follase. Él estaba demasiado excitado como para alargar más su satisfacción, pero aun así se acercó a ella y le susurró antes de penetrarla de una sola estocada:

–  Supongo que esa es la forma de suplicar de las niñas ricas.

Dicho eso, Nick entró en su estrecho cuerpo y, estocada tras estocada, ambos se corrieron. Nick apenas le dejó un par de minutos a Erika para que se recompusiera del orgasmo y volvió al ataque. Pasaron la noche disfrutando del placer del sexo en todas las posturas posibles, incluso ambos probaron posturas nuevas que nunca antes habían practicado. A pesar de que la intimidad entre ellos era extrema, Nick no besó en los labios a Erika y ella se había percatado de ese detalle, así que evitó besarle en la boca.

Cuando Erika se despertó a la mañana siguiente, estaba entre los brazos de Nick, que seguía dormido, y se levantó despacio y con cuidado de no hacer ruido para no despertarle. Miró el reloj de la mesita de noche, eran casi las diez de la mañana y le había prometido a su padre que estaría en su casa a mediodía para conocer al empleado del año, el tipo al que su padre no hacía más que mencionar como su mano derecha en Blackwell Company, algo que le estaba empezando a irritar.

Se vistió, se peinó y se marchó sin que Nick se despertara. Le hubiera gustado despedirse de él, pero sabía que huir de la escena cuando él aún estaba durmiendo era lo mejor para todos.

Nick se despertó en cuanto oyó cerrarse la puerta de la habitación. Abrió los ojos y descubrió que estaba solo en la habitación, ella se había marchado. Cerró los ojos y rememoró la noche que había pasado con Erika, pero se le puso dura y decidió que lo mejor era levantarse y darse una ducha de agua fría, pues tenía que presentarse a comer en casa de su jefe en menos de dos horas.

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