Propuesta indecente 4.

Alma Gemela

Mientras Alice y Daniel bailaban juntos, Nick seguía tratando de hacer hablar a la mujer que tenía en frente. Consiguió que bromeara en un par de ocasiones y la tercera copa que se estaba bebiendo la ayudaba a bajar sus defensas. La estaba observando cuando vio que ella miró el reloj y frunció el ceño para después mirar hacia la pista de baile buscando a su amiga. Solo eran las dos de la madrugada, era temprano para la noche de un sábado, a pesar de que él tenía que comer con su jefe al día siguiente, así que le preguntó a Erika:

–  ¿Tienes prisa?

–  No necesariamente. – Le respondió encogiéndose de hombros.

–  No soy de los que bailan. – Comentó él.

Erika sonrió para sus adentros. Se estaba empezando a poner nervioso al ver que no caía en sus redes como probablemente estaba acostumbrado a que cayeran todas las chicas. Justo en ese momento empezó a sonar una bachata y Erika le sonrió y le dijo:

–  Puede que tú no bailes, pero yo no soy capaz de quedarme sentada cuando suena una bachata.

Erika se levantó y, antes de que se volviera hacia a la pista, varios hombres se acercaron a ella con intención de invitarla a bailar. Nick se percató de ello y, con un impulso incontrolable, se puso en pie y agarró a Erika por la cintura con posesión para guiarla a la pista de baile con determinación.

–  Creía que habías dicho que no bailabas. – Comentó Erika burlonamente.

–  Te estoy haciendo un favor evitando que esos imbéciles te maten de aburrimiento. – Le contestó Nick estrechándola contra su cuerpo y empezando a seguir el ritmo de la canción. – Interesante letra, ¿qué canción es ésta?

–  Propuesta indecente, de Romeo Santos. – Le susurró Erika al oído.

Nick se estaba empezando a volver loco. Si contemplarla a distancia ya le dejaba hipnotizado, lo que sentía teniéndola entre sus brazos no podía describirlo. Y cuando Erika empezó a cantar la canción susurrando en su oído no pudo evitar que se le pusiera dura. Por suerte, Erika no lo notó y si lo notó tuvo el detalle de no decir nada. Nick prestó atención a lo que Erika susurraba:

–  “¿Qué dirías si esta noche te seduzco en mi coche? Que se empañen los vidrios y la regla es que goces. Si te falto el respeto y luego culpo al alcohol, si levanto tu falda, ¿me darías el derecho a medir tu sensatez, poner en juego tu cuerpo? ¿Si te parece prudente esta propuesta indecente?”

Nick estrechaba con tanta fuerza a Erika que la tenía pegada a su cuerpo y sabía que ella se había dado cuenta de su erección, pero ahora mismo no estaba para pensar en ello. Solo tenía una cosa en mente, acercó sus labios a la oreja de ella y susurró:

–  Se me están ocurriendo miles de propuestas indecentes que hacerte.

–  ¿Alguna que pueda interesarme? – Le preguntó Erika con una sonrisa pícara en los labios.

–  Tú y yo desnudos en mi cama, mis manos acariciando cada centímetro de tu cuerpo, mis labios recorriendo cada recoveco de tu piel. – Empezó a susurrarle Nick a Erika con la voz ronca. – Te volverás loca con todas y cada una de mis caricias, te pellizcaré los pezones y te haré gemir como nunca antes hayas gemido. Sentirás tanto placer que me suplicarás que entre dentro de ti y te follaré como nunca nadie te ha follado.

–  Suena tentador, espero que cumplas todas las expectativas que me has creado. – Le contestó Erika con determinación. Alice tenía razón, necesitaba un polvo. Y lo cierto es que Nick le gustaba y tan temperamental como parecía, probablemente fuera un excelente amante con quien pasar un buen rato.

–  Es una propuesta indecente y tengo reglas. – Le advirtió Nick para aclarar la situación antes de los acontecimientos que se avecinaban. – Esto solo pasará una vez y solo se trata de sexo. No busco ninguna relación estable ni tengo otro interés que sea no sea el sexual. Y todo esto te lo digo ahora porque no quiero confusiones después. No quiero conocer ningún detalle de tu vida ni pienso contarte nada sobre la mía, no somos amigos.

–  ¿Me vas a hacer firmar un contrato para echar un polvo? ¿De verdad consigues ligar soltando todo ese rollo antes? – Le preguntó Erika un poco molesta. – Lo he pillado, un rollo de una noche y mañana si te he visto no me acuerdo. Estoy totalmente de acuerdo, si le añades que es imprescindible el uso de preservativo.

–  Entonces, será mejor que nos despidamos de mi hermano y tu amiga. – Le contestó Nick cogiéndola de la mano y guiándola hasta donde se encontraba la otra pareja.

Erika no se creía lo que acababa de hacer. Había aceptado una propuesta indecente de un completo desconocido y aun sabiendo que no era para nada prudente pensaba irse con Nick a donde quiera que la fuera a llevar.

–  Te veo luego. – Fue la despedida de Erika a Alice.

Nick volvió a agarrar de la cintura a Erika y ambos caminaron en dirección a la salida del pub, dejando a Alice y Daniel en mitad de la pista de baile, bastante sorprendidos. Ninguno de los dos se esperaba que Erika y Nick acabaran entendiéndose. De hecho, pocos minutos antes bromeaban sobre cuánto rato tardarían antes de que alguno de los dos quisiera marcharse, pero no tuvieron en cuenta la posibilidad de que ambos se marcharan juntos.

Erika caminaba en silencio, cogida de la mano de Nick, mientras él se esforzaba en controlar sus impulsos, si por él fuera hubiese sido capaz de montárselo con ella en la calle, algo nunca antes se le había pasado por la cabeza, al menos no desde que trabajaba en Blackwell Company. Ni no había crecido nadando en la abundancia, pero tampoco había sido pobre. Su familia era de clase media, había ido a la universidad con la ayuda de una beca y nadie le había regalado nada. Nick tenía muy claro que no quería ser un don nadie y se encargó de asegurarse un buen futuro. Le gustaba su trabajo y se llevaba muy bien con su jefe, que de hecho se había convertido en un amigo, y su trabajo estaba muy bien remunerado, sin contar las primas que Eduard le daba cuando cerraban algún negocio que les había salido bien, lo cual ocurría bastante a menudo.

–  ¿A dónde me llevas? – Le preguntó Erika.

Nick se paró y lo pensó durante un segundo. No quería llevarla al estudio que aún conservaba de cuando estudiaba en la universidad y donde llevaba a todas sus amantes, pero tampoco podía romper su más sagrada regla de oro y llevarla a su apartamento, así que solo tenía una opción:

–  ¿Qué te parece el Seasons?

Erika lo pensó durante un instante. El hotel Seasons era el hotel más lujoso de la ciudad, estaba a una manzana de distancia y le pareció la mejor opción.

–  Me parece perfecto. – Le respondió Erika.

Nick sabía que Erika no era la clase de mujer con las que solía divertirse. Aparentemente podía pasar por una chica normal y corriente, pero había algo en ella, al igual que en Alice, que delataban su alta posición social, a pesar de que fueran vestidas como cualquier otra chica de su edad y se comportaran como lo que eran, dos chicas jóvenes. Él estaba acostumbrado a tratar con chicas que sabían a lo que se atenían, chicas que ya conocían su fama y sabían que tras una noche de sexo nunca las volvería a mirar porque no era de los que repetía con la misma mujer, al menos no si tenía la posibilidad de montárselo con una mujer con la que no se lo había montado. Cuando llegaron a la puerta del hotel, Nick quiso volver a dejarle las cosas claras a Erika para evitar tener un escándalo la mañana siguiente así que se paró frente a ella y le dijo:

–  Si entramos ahí, nada de lo que pase ahí dentro volverá a repetirse. Ambos somos adultos y sabemos que solo se trata de sexo, así que nada de reproches y nada de amistad. Si volvemos a coincidir, fingiremos no conocernos, ¿de acuerdo?

–  Te repites, cielo. – Le contestó Erika. – No pretendo casarme contigo, ni siquiera había pensado en la posibilidad de volver a encontrarnos y tranquilo, no he acosado a un hombre en mi vida y te aseguro que no voy a empezar a hacerlo contigo.

Tiene carácter, pensó Nick. Pero se limitó a dedicarle una media sonrisa, cogerla de nuevo de la mano y entrar en el majestuoso hotel. Se iba a gastar mucho dinero en una habitación del mejor hotel de la ciudad teniendo un estudio y un apartamento a un par de calles de distancia, pero el dinero no era problema para él y estaba seguro de que la noche iba a merecer la pena.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.