Propuesta indecente 3.

Alma Gemela

El sábado por la noche Alice arrastró a Erika a la calle para tomar unas copas a pesar de que su amiga le había dicho una y otra vez que al día siguiente tenía que reunirse con su padre. Por supuesto, Alice nunca aceptaba una negativa y llegaba a ser muy persuasiva, así que Erika se ahorró discutir con su amiga y se dirigió a su habitación para cambiarse de ropa. Unos shorts tejanos y una blusa rosa atada al cuello que dejaba su espalda completamente desnuda.

–  No me dejes beber mucho o acabaré intentando ligar contigo, estás muy buena. – Le dijo Alice a Erika tratando de animar a su amiga. – Tendremos que quitarnos a los hombres de encima como si fueran moscas.

–  Un par de copas y vuelvo a casa que te conozco. – Le advirtió Erika por enésima vez a Alice antes de salir del apartamento.

–  Que sí, pesada. – Le respondió Alice rodando los ojos.

Lo bueno de vivir en el centro de la ciudad es que lo tienes todo cerca. El edificio de oficinas donde estaba censada la empresa de su padre estaba a escasas tres manzanas de su apartamento, que estaba situado en la avenida Mayor, que estaba llena de boutiques por el día y pubs por la noche.

Ni siquiera tuvieron que llamar a un taxi, decidieron caminar calle abajo hasta dar con el pub que les había recomendado Jason. Ambas se miraron cuando vieron el enorme rótulo lumínico de color rosa chicle que daba nombre al local “LOVERS” y trataron de contener la risa sin demasiado éxito. Se encaminaron hacia la puerta y el portero del local las saludó amablemente y las invitó a pasar tras darle un par de consumiciones gratis y guiñarles un ojo.

–  Creo que hemos ligado con el portero. – Comentó Alice divertida nada más traspasar la puerta.

–  Físicamente no estaba mal, pero no es mi tipo. – Contestó Erika divertida. – Vamos a la barra a pedir un par de copas, estoy segura de que encontrarás a alguien más interesante.

Tras pedir un par de copas al guapo camarero que no les dejó de sonreír, se acomodaron en los taburetes de unas mesas altas cerca de la pista de baile. Nada más sentarse, Alice se levantó y fue al baño, dejando a Erika sola bebiendo mientras observaba a la gente del local. Grupos de chicos y chicas entre los veinte y los cuarenta años charlaban, bebían y bailaban a su alrededor.

Su mirada se cruzó con la de un hombre de unos treinta años como mucho que la observaba sin mostrar ningún tipo de expresión. Erika le sostuvo la mirada hasta que Alice regresó y le prestó toda su atención a ella.

–  No está nada mal el sitio. – Empezó a decir Alice. – Y hay mucho chico guapo y solo.

–  Alice, creo que eres tú la que necesita un polvo. – Se mofó Erika.

A escasos metros de distancia, Nick y Daniel las observaban.

–  Hermanito, se te está cayendo la baba mirando a esa rubia, ¿la conoces? – Le preguntó Daniel a su hermano Nick.

–  Podría decirte lo mismo a ti, Daniel. – Le respondió Nick sin dejar de mirar cómo las chicas charlaban tranquilamente. – No la conozco, nunca las he visto por aquí.

Un par de tipos que siempre rondaban por el local se acercaron a ellas y las saludaron con bastante familiaridad, charlaron unos minutos con ellas y después se despidieron.

En cuanto los dos tipos las dejaron de nuevo a solas, ambos se entendieron con una mirada y se fueron acercando poco a poco a las chicas, pero entonces un tipo se les adelantó y se quedaron a dos metros de las chicas, escuchando lo que el tipo les decía:

–  ¿Qué hacen dos zorritas tan preciosas como vosotras y tan solas?

–  Evitar acabar soportando compañías como la tuya. – Le respondió la rubia. El tipo levantó la mano, pero ella, con un gesto ágil y grácil, se la atrapó y se la retorció al mismo tiempo que le siseó aparentemente tranquila: – Lárgate.

Nick no quiso aguantar más y agarró al tipo por el cuello y le dio un puñetazo en toda la cara. Erika puso los ojos en blanco ante tal escena y Daniel se limitó a sonreírle a Alice. El portero, al percatarse de la situación se acercó a ellos hecho una furia pero los dos tipos que antes habían estado saludando a Erika y Alice mediaron para que aquello no acabara como el Rosario de la Aurora.

Erika no se lo podía creer, si ese tipo no hubiera metido sus narices donde no debía nada de esto hubiera pasado, ella lo podía haber controlado y sin montar una escena.

–  ¿Qué ha pasado aquí? – Preguntó el portero escoltado por dos de los tipos de seguridad.

–  Ese tipo nos ha insultado y estos dos caballeros nos han ayudado. – Le respondió Alice al portero poniéndole ojitos.

Erika la miró y rodó los ojos, gesto que no pasó desapercibido para Nick, y Daniel colocó su brazo sobre los hombros de Alice sin dejar de sonreír.

–  ¿Es cierto? – Le preguntó el portero a Erika con cara de pocos amigos.

–  Mi amiga nunca miente, puedes confiar en ella ciegamente. – Le respondió Erika con cierto tono de guasa que todo el mundo detectó excepto el portero, que se había perdido en el azul intenso de los ojos de ella. Al ver que el portero no se movía ni decía nada, añadió: – Creo que deberían llevarse de aquí a ese tipo, dudo que al propietario del local le gustara saber que un maleducado va incomodando e importunando a sus clientas.

–  Sí claro, le pido disculpas por lo ocurrido señorita. – Se disculpó el portero.

Todos la miraron sin poder creerse como se había llevado al portero a su terreno e incluso había conseguido que le pidiera disculpas.

–  ¿Por qué me miráis así? – Les preguntó Erika molesta.

–  Ese portero se la tiene jurada a mi hermano, le habría encantado echarlo pero tú, con cuatro palabras y ni una sola sonrisa, lo has arreglado todo. – Le contestó Daniel divertido. – Chicas, tenéis barra libre y yo me encargo de la cuenta. Por cierto, me llamo Daniel y éste es mi hermano Nick.

–  Encantada de conoceros. – Les dijo Alice alegremente. – Yo soy Alice y mi malhumorada amiga es Erika.

Alice y Daniel se saludaron con complicidad mientras que Nick y Erika se desafiaron con la mirada hasta que Alice les invitó a sentarse con ellas. Erika podría haber protestado, pero pensó que podía aguantar tomarse un par de copas con su mejor amiga y dos desconocidos a los que no volverían a ver, así que decidió callarse y no protestar.

–  Nunca os he visto por aquí, pero a juzgar por cómo os ha creído el portero, deduzco que ya conocíais el local. – Empezó a decir Daniel por hablar de algo ya que su hermano, que era al que se le daban bien estas cosas, estaba prestando toda su atención a la rubia que se sentaba en frente. – ¿Sois de Hidden City o estáis de paso?

–  Somos de Hidden City, nacimos y vivimos aquí, aunque es la primera vez que venimos a este local. – Le respondió Alice a Daniel mientras jugaba coquetamente con su pelo. – Y vosotros, ¿sois de Hidden City o forasteros?

–  Nosotros también nacimos y vivimos aquí, así que ya tenemos eso en común. – Le respondió Daniel con una sonrisa arrebatadora. – ¿Te gustaría bailar, preciosa Alice?

–  Por supuesto, siempre y cuando tú me acompañes. – Le respondió Alice devolviéndole la sonrisa al mismo tiempo que se agarraba de su brazo para dirigirse a la pista de baile.

Erika y Nick se quedaron a solas y volvieron a estudiarse con la mirada hasta que finalmente Nick, con una maliciosa sonrisa, le dijo:

–  Adelante, di lo que piensas.

–  Dudo mucho que quieras oírlo. – Le respondió Erika con indiferencia.

–  Prueba y saldremos de dudas. – La animó Nick divertido por el enfado permanente de ella.

–  Para empezar, no necesito que me defiendas de nadie porque yo sola puedo hacerlo y sin formar un escándalo cómo has hecho tú. – Le espetó Erika furiosa sin poder creerse que ese sin vergüenza se atreviera a molestarla más de lo que ya estaba.

–  Aunque no me creas, te diré que es la primera vez que me comporto así, al menos desde que dejé de ser un adolescente. – Le confesó Nick sin saber por qué le contaba aquello. Él no era de los que hablaban de sus pensamientos, había aprendido a centrarse en su vida laboral y la poca vida social que tenía la dividía entre su familia y alguna de sus amantes. – Pero tampoco te voy a negar que he disfrutado como un niño dándole un puñetazo a ese idiota.

–  En ese caso, te confesaré que una parte de mí también ha disfrutado viendo cómo recibía ese puñetazo, pero negaré haberlo dicho. – Le respondió Erika bromeando.

Nick sonrió para sus adentros, había conseguido que ella se relajara e incluso bromeara, aunque aún distaba mucho de llevarla a su terreno.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.