Propuesta indecente 18.

Alma Gemela

Un mes después de iniciar su relación, propiamente dicha, Erika y Nick decidieron ir con Alice y Daniel a tomar café a casa de los padres de Nick y Daniel. Tan solo faltaba una semana para la celebración del aniversario de los padres de ellos y la madre había expresado su deseo de conocerlas antes de que llegara el gran día.

Erika y Alice estaban nerviosas, querían agradar a sus suegros y se habían vestido para la ocasión. Los chicos les aconsejaron que fueran en tejanos, los Button no eran una familia rica y remilgada y no tenían en cuenta el dinero ni la ropa cara a la hora de valorar a una persona. Aun así, Erika quería ir arreglada, así que optó por unos tejanos pitillo, unos botines negros con tacón de aguja, una camisa blanca con manga de 3/4 y una ceñida y elegante americana de color negro que la hacía más sofisticada sin parecer excesivamente arreglada. Alice también se había puesto unos tejanos, unas botas altas y un fino jersey de cuello de barco. Las dos parejas se dirigieron en el coche de Nick a casa de los Button, que estaba situada a las afueras de la ciudad.

Nick aparcó el coche en una amplia calle de una urbanización y salió del coche rápidamente para ayudar a salir a Erika.

–  Ésta es la casa dónde me crie. – Le susurró al oído en cuanto Erika salió completamente del coche y la besó. – ¿Estás preparada para entrar o prefieres dar media vuelta?

Erika miró la casa que Nick le señalaba, una preciosa casa adosada con jardín y garaje. Se imaginó a Nick, Daniel y Jessica de niños corriendo por el jardín y sonrió.

–  Estoy preparada, pero también estoy muy nerviosa. – Le confesó Erika.

–  Relájate, no te dejaré sola ni un segundo. – Le susurró Nick abrazándola y besándola levemente en los labios antes de llamar al timbre de la casa.

La puerta de hierro forjado se abrió y Nick fue el primero en traspasar la puerta, seguido de Erika, que continuaba aferrada a la mano de Nick ya que él no estaba dispuesto a soltarla. Después entraron Alice y Daniel, también cogidos de la mano.

La puerta principal de la casa se abrió y de ella aparecieron dos figuras, los futuros suegros de las dos chicas que les miraban nerviosas y emocionadas.

Nick tuvo que tirar de Erika para que se moviera del sitio, estaba demasiado nerviosa, ella no era de las que dejaba que una relación avanzara tanto como para conocer oficialmente a los padres de su novio, con el que solo llevaba un mes y al que solo conocía desde hacía un mes y una semana.

–  Cariño, no estés tan tensa. – Le susurró Nick mientras cruzaban el jardín y subían los cuatro escalones que conducían al pequeño porche. Le dio un recatado beso en la mejilla y Erika sonrió ante aquel inocente pero dulce beso. – Estás preciosa cuando sonríes. – Nick fue el primero en llegar hasta a sus padres y les saludó sonriendo alegremente para después presentarles a Erika, a la que mantenía agarrada de la cintura por si decidía salir corriendo en el último momento: – Papá, mamá, ella es Erika Blackwell. – Se volvió hacia Erika y añadió: – Cariño, ellos son mis padres, Bruce y Karen Button.

Jess se había ido con sus amigas a pasar el fin de semana fuera y no regresaría a casa hasta el domingo, así que solo estaban en casa Karen y Bruce. A Erika le hubiera gustado que Jess hubiera estado allí, le caía bien y estaba segura de que le hubiese sido de ayuda.

–  Encantada de conocerles, señores Button. – Les saludó Erika educadamente.

–  Llámanos Bruce y Karen, por favor. – La saludó Karen encantada con la belleza y la educación de su futura de nuera. – Sin duda eres tan hermosa como Nick me había dicho.

Erika le agradeció el cumplido con una tímida sonrisa y Nick, viendo cómo se ruborizaba, decidió ruborizarla un poco más y dijo:

–  Es preciosa por fuera y por dentro, por eso me he enamorado de ella.

Erika se puso como un tomate y le suplicó a Nick con la mirada que parara. A otras chicas les encantaba que les hicieran cumplidos, pero ella nunca había sabido comportarse con naturalidad. Por suerte Daniel la sacó del atolladero al saludar a sus padres y presentar a Alice, quién recibió la misma cariñosa bienvenida que Erika.

–  Pasad al salón, ¿qué queréis beber? – Les ofreció Karen.

–  Yo quiero una cerveza, cielo. – Le dijo Bruce a su esposa.

Todos optaron por tomar una cerveza, incluso Karen. Daniel acompañó a su madre a la cocina para ayudarla a traer las bebidas al salón y Bruce aprovechó para mirar a las dos chicas que tenía delante. Nadie podía negar que sus hijos tenían buen gusto, ambas eran realmente preciosas, cada una en su estilo. Observó cómo su hijo mayor, al que nunca había visto en actitud cariñosa con una mujer en público aunque sabía que bien lo hacía en privado, no había soltado a Erika desde que habían entrado en casa y la miraba y le sonreía constantemente, se notaba que se preocupaba por ella al igual que se notaba lo nerviosa que ella estaba. Alice parecía más relajada, miraba a su alrededor analizando cada detalle de la ubicación y la decoración de la casa, era una chica muy observadora y le gustaba verla tan relajada, pero los ojos de Bruce no podían apartarse de Erika. Le gustaba ver cómo se comportaba su primogénito con aquella chica, parecía ser alguien distinto.

–  Chicas, ¿qué tal os tratan mis hijos? – Quiso saber Bruce.

–  Creo que de momento no nos podemos quejar. – Bromeó Alice.

Erika intercambió una mirada con Nick y ambos se sonrieron. Daniel y Karen regresaron al salón con seis botellines de cerveza y seis copas que sirvieron para todos los presentes.

–  Y tú, ¿qué dices, Erika? – Le preguntó Bruce. – ¿Soportas sus cambios de humor?

Bruce dio en el clavo y Erika se echó a reír, haciendo que Nick frunciera el ceño en señal de protesta, lo que provocó las carcajadas de todos.

–  Cariño, yo no tengo cambios de humor. – Insistió Nick fingiendo estar molesto.

–  Es cierto, yo lo describiría como doble personalidad. – Se mofó Erika y todos volvieron a reír a carcajadas. Cuando se recuperaron, Erika añadió: – Pero lo soporto encantada.

Nick miró a Erika y le sonrió. Le encantaba verla bromear con su familia, los nervios previos habían desaparecido y ahora estaba relajada y cómoda entre los miembros de su familia. Nick quería besarla y no quiso esperar a que se quedaran a solas, así que la atrajo hacia a él y la besó delante de todos los que allí estaban presentes. Karen y Bruce se miraron y se sonrieron, ambos encantados de ver a sus hijos tan enamorados y felices.

Durante un par de horas, hablaron de infinidad de cosas pero sobre todo de la pequeña celebración del aniversario de Karen y Bruce. Karen quiso asegurarse de que sus recién descubiertas nueras estuviesen allí la próxima semana y ellas así se lo confirmaron.

Karen quiso que se quedaran a cenar, pero Nick le dijo que ya tenían planes. Daniel utilizó la misma excusa que su hermano para marcharse con ellos, él también quería estar a solas con Alice.

Las dos parejas se montaron en el coche de Nick y se dirigieron al apartamento de las chicas. Erika y Alice se rieron del pacto de no llevar chicos a casa, con aquellos hermanos se lo habían saltado a la primera de cambio a pesar de que en la universidad estuvieron cinco años cumpliéndolo a raja tabla.

Pidieron comida tailandesa y cenaron en el salón mientras los cuatro bromeaban sobre el primer encuentro de las chicas con los padres de Nick y Daniel. A medianoche, Nick no pudo contenerse más y le susurró a Erika al oído:

–  ¿Vamos a mi apartamento?

Erika asintió con la cabeza y le dio un leve beso en los labios a Nick para después levantarse del sofá y despedirse de Alice y Daniel. Nick sonrió encantado, Erika le entendía y pensaba igual que él. Apenas quince minutos más tarde, ambos entraban en el apartamento y se acomodaban en el sofá del salón. Erika se percató de que Nick estaba muy cariñoso, la abrazaba y la besaba inocentemente, solo porque quería sentir su contacto, y eso le gustó. Hacía mucho que Erika no estaba tan a gusto con un hombre, el mismo tiempo que hacía que no compartía secretos con el mismo hombre con el que se acostaba. Nick observó cómo Erika fruncía el ceño y le preguntó:

–  ¿Qué estás pensando para que hayas fruncido el ceño?

–  Supongo que se me hace rara toda esta situación.

–  Define “rara”. – Le pidió Nick.

–  Si hace poco más de un mes me hubieran dicho que estaría empezando una relación con alguien me hubiera echado a reír, por no mencionar que encima sería con la mano derecha de mi padre. – Le confesó Erika. – Creía en el amor, pero no creía que fuera para mí. Y ahora, estoy sentada en el sofá de tu apartamento, después de haber pasado la tarde con tus padres y haber cenado con tu hermano y mi mejor amiga.

–  ¿Preferirías estar en otra parte?

–  No querría estar en ningún otro lugar, eso es lo raro. – Le explicó Erika. – Siempre he sentido pánico cuando una relación empezaba a ser seria y, sin embargo, contigo he hecho en un mes lo que nunca en veintitrés años se me había pasado por la cabeza, conocer a los padres de mi novio. Dijimos que iríamos despacio pero todo está yendo demasiado rápido y me da igual, me gusta estar contigo.

–  Pues múdate a mi apartamento. – Le propuso Nick feliz por lo que acababa de escuchar.

–  ¿Qué? – Fue lo único que logró decir Erika.

–  Cariño, prácticamente ya vivimos juntos. – Le dijo Nick con la voz ronca. – Los fines de semana vives en mi apartamento las veinticuatro horas, entre semana desayunamos juntos, comemos juntos, cenamos juntos y al menos dormimos juntos un par de noches más entre semana. Prácticamente, ya vivimos juntos. – Insistió Nick. – Solo supondría dormir un par de noches más aquí durante la semana y traer algunas de tus cosas, lo que necesites para sentirte cómoda.

–  Nick, dijimos que iríamos despacio y estás pisando el acelerador a fondo. – Río Erika. – Me encanta estar contigo, pero quiero seguir teniendo mi propio apartamento. Además, si te enfadas conmigo no querrás tenerme y créeme, te enfadarás conmigo.

–  De acuerdo, tómate tu tiempo para pensarlo. – Dijo Nick resignado. – Ya te dije que estaba dispuesto a esperar si es eso lo que quieres.

Erika le besó y Nick la colocó en un solo movimiento a horcajadas en su regazo y la abrazó mientras seguían besándose.

–  De momento, tendré que conformarme con que te quedes esta noche. – Le susurró Nick a Erika con la voz ronca.

Ambos se miraron a los ojos y después se devoraron la boca con pasión mientras sus manos se movían ansiosas por deshacerse de la ropa.

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