Propuesta indecente 17.

Alma Gemela

Adolf Wolf finalmente aceptó la oferta de Blackwell Company y convocó una reunión con Erika y Nick diez días más tarde. El día antes de la reunión con Wolf, Eduard vio salir de su despacho a su hija y quiso hablar con ella ahora que Nick parecía no estar cerca. Aquellos dos se traían algo entre manos y Eduard no entendía por qué trataban de ocultárselo, él no se iba a interponer en su relación, al menos no lo haría si no interfería negativamente en su trabajo, cosa que hasta ahora no había ocurrido.

–  Erika, ¿tienes un momento? – Le preguntó Eduard.

–  Claro, papá. – Le respondió Erika acercándose a él.

Ambos entraron en el despacho de Eduard y se sentaron cómodamente, sabiendo que se avecinaba una conversación difícil.

–  Sé que no tengo ningún derecho a preguntarte y no pienso meterme en tu vida privada, aprendí la lección hace mucho tiempo. – Empezó a decir Eduard. – Pero me gustaría que confiaras en mí, Erika. Sé que hay algo entre tú y Nick y me parece bien, Nick es un gran chico, educado, trabajador e inteligente. No entiendo por qué me lo queréis ocultar.

–  Papá, no pretendemos ocultártelo. – Le aclaró Erika. – Nos estamos conociendo y queremos esperar un poco antes de hacer pública nuestra relación.

–  Entonces, ¿vais en serio? – Quiso saber Eduard.

–  Nuestras intenciones son serias, pero no sé si lo nuestro llegará a alguna parte. – Le dijo Erika a modo de respuesta. – No te preocupes, ambos somos adultos y nada de lo que suceda influirá negativamente en nuestro trabajo.

–  Entonces, si estás saliendo con Nick, no te importará venir a cenar con él a casa, ¿no? – Le preguntó Eduard. Erika puso los ojos en blanco y Eduard añadió: – Solo quiero estar seguro de lo que me estás diciendo, Erika.

–  Necesitas que te lo demuestre. – Le entendió Erika. Cogió el teléfono de su padre, marcó la extensión de Nick y le dijo cuándo descolgó: –  Nick, ¿puedes venir un segundo al despacho de mi padre?

–  Claro, ahora mismo voy. – Contestó Nick antes de colgar.

Nick se dirigió al despacho de Eduard un poco preocupado por el tono de Erika, no le había parecido muy contenta y temía que iba a tener problemas. Pero se armó de valor y entró en el despacho de Eduard decidido a defender su relación con Erika. Nick vio a Erika y Eduard sentados en sus sillones y en cuanto él entró Erika se puso en pie. Él caminó hasta quedar a su lado y les preguntó:

–  ¿Qué puedo hacer por vosotros?

–  Bésame. – Le contestó Erika.

–  ¿Cómo? – Le preguntó Nick sorprendido.

Erika volvió a poner los ojos en blanco y decidió besarle directamente. Nick no se podía creer que Erika le estuviera besando con lengua delante de su padre y, cuando por fin se separó, la oyó preguntarle a su padre:

–  ¿Ya estás contento?

–  Ahora sí. – Le contestó Eduard a su hija sonriendo divertido. Se volvió hacia a Nick y al ver su rostro lleno de confusión decidió apiadarse de él: – Solo quería asegurarme del motivo por el cual vosotros dos estáis tan raros y fingís que no os conocéis.

Aquello no le aclaró nada a Nick, en todo caso lo confundió más.

–  Será mejor que no preguntes, créeme. – Le dijo Erika a Nick.

–  Nick, le estaba diciendo a Erika que me gustaría que vinieses a cenar a casa. – Le dijo Eduard a Nick, encantado de que aquél fuera su futuro yerno.

–  Papá, ya habrá tiempo para eso más adelante. – Le replicó Erika. – Y no quiero que confabules a mis espaldas. No quiero que ninguno de los dos lo haga. – Repitió mirando a Nick.

Ambos levantaron las manos en señal de paz y Erika les escrutó con la mirada antes de marcharse a su despacho para seguir preparando la reunión con Wolf.

–  Eduard, conocí a Erika sin saber que era tu hija y…

–  No tienes que explicarme nada, Nick. – Le interrumpió Eduard sonriendo. – Mi hija es una montaña rusa, tendrás que tener paciencia con ella y yo no podré echarte una mano, hace mucho que le prometí que no me entrometería en sus relaciones y pienso mantener mi promesa.

–  Te aseguro que nada de esto influirá negativamente en nuestro trabajo, Eduard. – Le aseguró Nick.

–  Estoy seguro de ello. – Afirmó Eduard. – Ahora será mejor que vayas a ver a mi hija y trates de calmarla, creo que la he puesto un poco furiosa y si voy yo solo conseguiré que se enfade más. Puede que esta relación nos beneficie a todos. – Bromeó Eduard.

Nick salió del despacho de su jefe sonriendo y fue a buscar a Erika, que estaba trabajando en su despacho.

–  Cariño, ¿podemos hablar? – Le preguntó Nick desde la puerta.

–  Pasa. – Le contestó Erika. Esperó a que entrara y cerrara la puerta y añadió: – Lo siento por la encerrona pero era necesaria, créeme. Además, mi padre ya lo sabía y no me preguntes cómo porque no tengo ni la menor idea.

Nick se acercó a ella y la besó. Estaba tensa y cuando sus labios se posaron en los de ella esa tensión desapareció y todo su cuerpo se relajó.

–  No hay problema, cariño. – Le dijo Nick a Erika. – Tu padre nos conoce demasiado bien a los dos, ha debido deducirlo sin más. No le des importancia.

–  Ese no es el problema.

–  Entonces, ¿cuál es el problema? – Insistió Nick con paciencia.

–  Da igual, es una tontería. – Le respondió Erika quitándole importancia.

–  No será una tontería cuando te lo tomas así.

–  Mi padre me dijo que sabía que estábamos juntos y, cuando se lo confirmé sin rodeos, creyó que había sido demasiado fácil y que se lo había dicho solo para entretenerlo mientras tramaba cualquier otra cosa. Mi padre no confía en mí y solo es culpa mía. – Reconoció Erika.

–  Eduard confía en ti, no te hubiera puesto al mando de semejante negociación si no lo hiciera, cariño. – Le dijo Nick acariciándole la mejilla con el dorso de la mano. – Pero quizás su reacción tenga algo que ver con tener prohibido meter las narices en los asuntos sentimentales de su única hija, ¿no crees? Entiendo que haya ciertos temas de los que no quieras hablar con tu padre, pero quizás debáis encontrar un término medio. – Nick le dio un beso en los labios y añadió: – Yo no le hablo a mis padres de las aventuras sexuales que tengo, pero sí que comparto con ellos lo que es digno de mención.

–  ¿Le has hablado de mí a tus padres? – Le preguntó Erika sorprendida.

–  Sí, les dije que había conocido a una chica especial que me gustaba y que esa chica era la hija de mi jefe. – Le respondió Nick. – Mi madre quiso que te invitara a su fiesta de aniversario, pero le expliqué que me lo estabas poniendo difícil y que no creía que aceptaras la invitación, por eso mis padres preferían que Jess no fuera con su novio. Después lo arreglamos, pero acordamos ir despacio y no quise presionarte, de eso ya se encargó mi hermana Jess y también de poner al corriente a mis padres de las últimas novedades sobre nuestra relación. – Erika estalló en carcajadas y Nick, divertido con la situación, añadió: – No te rías tanto, mis padres quieren conocerte y quieren hacerlo antes de la fiesta de su aniversario.

–  ¿Qué? – Preguntó Erika poniéndose pálida al instante.

–  Suponía que ibas a reaccionar así. – Le dijo Nick burlonamente. – He pensado que quizás sería mejor hacer una presentación conjunta, ya sabes, tú y Alice, así te encontrarás más tranquila.

–  Se lo comentaré a Alice. – Balbuceó Erika tratando de asimilar la noticia.

–  Te van a adorar en cuanto te vean, no tienes de qué preocuparte. – Le respondió Nick.

Nick fue a darle otro beso, pero alguien llamó a la puerta del despacho de Erika y se apartó discretamente para mantener las formas y las distancias.

–  ¿Interrumpo? – Preguntó Jason asomando la cabeza en el despacho.

–  Pasa, anda. – Le dijo Erika a Jason. – ¿Qué te trae por aquí?

–  Habíamos quedado para comer, ¿no lo recuerdas? – Le dijo Jason un poco molesto.

–  Es cierto, se me había olvidado. – Respondió Erika mirando su reloj.

–  Venga, coge tu bolso. – La apresuró Jason. – Nick, ¿vienes con nosotros?

Nick miró a Erika buscando una respuesta en sus ojos, pero ella le sonrió, le dio un beso en los labios y le contestó a Jason:

–  Nick se viene con nosotros, quiero que vosotros dos os conozcáis un poco.

Los tres salieron del despacho y fueron a comer a un restaurante cercano a la oficina. Eduard les observó salir y supo que aquellos tres se llevarían bien. Eduard no podía ocultar su alegría, por una vez su hija había elegido un hombre que el respetaba y admiraba.

Erika se esforzó para que los dos hombres que estaban con ella mantuvieran alguna conversación interesante que les descubriera algo en común, pero lo único que estaba consiguiendo es que ambos se miraran con cierta desconfianza. Por suerte para todos, Nick y Jason terminaron abriéndose e incluso bromearon juntos.

Al día siguiente, Erika y Nick se reunieron con Adolf Wolf y firmaron el contrato. Tal y cómo Erika había dicho, Wolf era un hombre que quería salvar la empresa familiar por encima de todo, así que escuchó gustoso todos y cada uno de los consejos que Erika le dio.

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