Propuesta indecente 16.

Alma Gemela

Nick y Erika se despertaron al escuchar el timbre de la puerta. Erika abrió los ojos y vio que era de día, pero no tenía ganas de levantarse de la cama, así que cerró los ojos, ignoró el timbre de la puerta y continuó durmiendo.

Nick se levantó de la cama, se puso un pantalón y se dirigió a la puerta para abrir a quién tan insistentemente llamaba. Pero Nick lo que menos pensaba es que iba a aparecer su hermana.

–  Jess, ¿qué estás haciendo aquí?

–  Yo también me alegro de verte. – Le gruñó Jessica. – Tengo un problema y Daniel me dijo que tenías el día libre, así que aquí estoy. – Jessica miró a su hermano extrañada, él nunca se levanta tan tarde ni habiendo salido de fiesta la noche anterior, pero tampoco se traía chicas a su apartamento, así que solo podía ser una cosa. – ¿Estás enfermo?

–  ¿Qué? – Le preguntó Nick confundido. – ¿Tengo mala cara?

–  No, es solo que me extraña que estuvieras durmiendo a estas horas un martes a menos que Daniel tenga razón y hayas conocido a la princesa que romperá el hechizo de ese corazón de hielo que se niega a creer que existe alguien para él. – Se mofó Jessica. – ¿Estás con alguien?

–  Sí, pero no es asunto tuyo. – Zanjó Nick.

–  ¡Claro que es asunto mío! – Le espetó Jessica. – Si la has traído a tu apartamento y nunca traes a ninguna chica aquí es porque es especial, te gusta de verdad y quiero conocerla. Es la primera vez que te veo interesado en una chica, incluso tienes esa cara de tonto que se nos pone cuando oímos hablar de la persona de la que estamos enamorados.

–  Será mejor que no le menciones nada de esto. – Pensó en voz alta Nick.

–  ¿Por qué no?

Nick suspiró y le dijo a su hermana:

–  No sé si para ella es pronto iniciar una relación estable, apenas hace diez días que nos conocemos y no quiero asustarla. – Confesó Nick. – Estoy dispuesto a ir todo lo despacio que ella quiera, solo quiero que esto salga bien.

Erika abrió los ojos de nuevo cuando Nick salió de la habitación y se levantó para escuchar detrás de la puerta cuando oyó la voz de una mujer joven. Escuchó toda la conversación que Nick había tenido con su hermana, aunque se metió de nuevo en la cama cuando oyó a Jessica decirle a Nick:

–  Por favor, ve a buscarla. Quiero conocer a mi futura cuñada.

–  Lo intentaré, pero no te prometo nada. – Le respondió Nick.

Nick se levantó del sofá y se dirigió a su habitación. Entró sin hacer ruido y cerró la puerta despacio para después caminar y sentarse junto a Erika en el filo de la cama.

–  Cariño, ¿estás despierta? – Le susurró al oído mientras le acariciaba la mejilla. Erika ronroneó para hacerle saber que estaba despierta pero no abrió los ojos. – Mi hermana está aquí y quiere conocerte, ¿quieres salir a conocerla?

Erika abrió los ojos de golpe y Nick vio reflejada esa expresión de pánico que había visto en ella la noche anterior cuando Irving les acompañó hasta la mesa que había preparado. Nick no quería presionarla, le había prometido que irían despacio, así que le dijo:

–  No te preocupes, le diré que es demasiado pronto.

Erika pudo notar un atisbo de decepción en los ojos de Nick, él quería que ella conociera a su hermana y, aunque no estaba segura de cómo iba a acabar todo esto, se armó de seguridad y le respondió tras darle un beso en los labios:

–  Antes necesito darme una ducha, dame quince minutos y estaré lista.

–  ¿Estás segura? No tienes por qué…

–  Quiero hacerlo. – Le interrumpió Erika. – Pero te agradecería que me dijeras si hay algún tema en particular que no deba mencionar o si hay algo que deba saber.

–  Mi hermana es una cotilla y probablemente incluso trate de organizarnos la boda, pero es una buena chica y terminarás cogiéndole cariño. – Exageró Nick.

Erika le besó en los labios y se levantó de la cama para darse una ducha. Nick regresó al salón con su hermana Jess y veinte minutos después les acompañó Erika.

–  Hola. – Saludó Erika tímidamente.

–  Cariño, ven. – Le dijo Nick sonriendo alegremente. – Quiero presentarte a mi hermana Jessica, la pequeña de los tres. – Nick se volvió hacia su hermana y le dijo: – Ella es Erika.

–  Encantada de conocerte, Erika. – La saludó Jess dándole un beso en la mejilla.

–  Lo mismo digo. – La correspondió Erika con una tensa sonrisa.

–  Por fin mi hermano va a sentar la cabeza y tengo que reconocer que tiene muy buen gusto. – Le dijo Jess divertida. – ¿Cómo os conocisteis?

–  Jess, eso no es asunto tuyo. – Le advirtió Nick a su hermana.

–  Oh, vamos. No estoy preguntando nada malo. – Protestó Jess.

–  Nos conocimos en el Lovers, un tipo nos estaba molestando a mi amiga y a mí y Nick le dio un puñetazo. – Se mofó Erika.

–  Cariño, no hacía falta ser tan explícita. – Le reprochó Nick.

–  Sí que hacía falta. – Sentenció Jess. – ¿Desde cuándo vas pegando puñetazos por ahí?

–  Ahora mi familia cree que soy un monstruo. – Dramatizó Nick con gesto teatral.

–  Hablando de familia, ese es mi problema. – Les dijo Jess. – Papá y mamá celebran su trigésimo aniversario de bodas dentro de tres semanas y yo iba a ir con mi novio, pero mamá dice que si vosotros venís solos lo mejor es celebrarlo en casa en plan íntimo. He convencido a Daniel para que venga con su novia, a la cual también me muero por conocer pero que él no quiere enseñarle a nadie, como si se la fuéramos a quitar. – Rio Jess. – Mis dos hermanos enamorados, ¡qué bonito!

–  La novia de Daniel es la mejor amiga de Erika, Jess. – Le dijo Nick. – Las conocimos cuando estábamos en el Lovers tomando una copa.

–  ¿En serio? Si venís juntos a celebrar el aniversario yo podré ir con mi novio y todos felices. – Le dijo Jess a su hermano. – Piensa en la ilusión que les va a hacer ver a sus hijos con novia.

–  Jess, deja que Erika se lo piense y ya te diremos algo, aún faltan tres semanas. – La cortó Nick antes de que incomodara a Erika. – Vamos a almorzar a la cafetería, necesitamos reponer fuerzas.

Los tres se dirigieron a una cafetería cercana, donde siguieron charlando mientras almorzaban. Jess no quería insistir sobre el tema, su hermano le había dicho que Erika necesitaba tiempo y no quería presionarla. Después de almorzar, Jess se despidió de su hermano y de Erika, a quién le dijo que esperaba volver a verla pronto. Nick pagó la cuenta y guió a Erika de nuevo a su apartamento. Ella no dijo nada, le gustaba saber que era la única chica que había estado allí, además de su hermana y su madre.

Nada más entrar en el apartamento, Nick cerró la puerta y acorraló a Erika contra la pared de la entrada, la agarró del trasero y la alzó haciendo que le rodeara la cintura con las piernas.

–  Cariño, quiero hacerte el amor. – Le susurró Nick al oído.

–  No voy a ser yo quién te lo impida. – Logró contestar Erika.

Hicieron el amor allí mismo y continuaron en el salón, la habitación y, cómo no, también en el jacuzzi.

Erika estaba sentada entre las piernas de Nick y envuelta en sus brazos, con la espalda sobre el pecho de él mientras las burbujas del jacuzzi les relajaban.

–  Esto es mejor que un día en el spa. – Opinó Erika alzando sus brazos para acariciar la nuca de Nick con ambas manos, exponiendo sus pechos.

Nick la besó en la mejilla y colocó sus manos en el vientre de ella para ascender y llegar hasta sus pechos, a los que acarició y excitó jugando con su pezón, apretándolo y rozándolo suavemente. Erika arqueó la espalda y Nick le hizo que abriera las piernas colocándolas por encima de las suyas, dejando libre el acceso a su monte de Venus y todo lo que por allí cerca se hallaba. Nick descendió con sus manos de los pechos de Erika hasta llegar al monte de Venus, pero antes de tocar el punto de excitación femenino, ella gimió por la expectación y el miembro de Nick se puso duro y erecto y presionaba sobre el trasero de Erika. Nick se quedó quieto y Erika gimió y movió el trasero impaciente, él sonrió y le susurró al oído:

–  Tendrás que especificar qué quieres que haga si quieres que esto continúe, cariño.

–  ¿Está es tu venganza por haberle contado a tu hermana que le pegaste un puñetazo a un tipo que trataba de molestarme? – Le preguntó Erika.

–  Más que un castigo, creo que es una recompensa, cariño. – Se mofó Nick. – Dime qué quieres que haga. ¿Cómo quieres que te dé placer?

–  Tócame. – Le contestó Erika.

–  Tienes que ser más explícita. – Le recordó Nick divertido.

Erika cogió la mano de Nick y la colocó sobre su monte de Venus. En lugar de decirle lo que ella quería, decidió enseñárselo. Se acarició el clítoris con el dedo de Nick y, cuando estaba lo suficiente húmeda, introdujo su dedo corazón mientras que con el pulgar le seguía animando a estimular el clítoris. Cuando él aprendió el movimiento, Erika dejó esa mano y cogió la otra para colocarla sobre sus pechos. Hizo que Nick primero los sopesara y después los estrechara. Con el pulgar y él índice le animó a que le pellizcara los pezones y cuando lo hizo ella se arqueó y gimió. La entrepierna de Nick se movió inquieta al escuchar el gemido de Erika y ella, al notarlo, le dijo:

–  Quiero que me penetres tal y cómo estamos y que hagas que nos corramos.

–  Tus deseos son órdenes para mí, cariño. – Le contestó Nick besándola en los labios.

Nick obedeció de inmediato y la penetró de una sola estocada, seguida de otras muchas hasta que ambos estaban a punto de llegar al clímax y Nick salió de ella para eyacular fuera, pero siguió estimulando a Erika con la mano hasta que ambos quedaron satisfechos.

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