Propuesta indecente 15.

Alma Gemela

Nick entró en el Lovers agarrando de la cintura a Erika. Una cosa era que quisieran ir despacio y otra muy distinta que los buitres que había alrededor creyeran que estaba libre.

A Erika le gustó que Nick la rodeara por la cintura, aunque ignoraba el verdadero motivo por el que lo hacía.

Alice y Daniel les vieron en cuanto entraron por la puerta y les hicieron una señal para que se sentaran en su mesa. Mientras caminaban hacia donde estaban Alice y Daniel, Nick le susurró a Erika en el oído:

–  No creo que pueda contener las ganas que tengo de besarte.

–  Tendrás que hacer un esfuerzo. – Le contestó Erika burlonamente.

–  Y, ¿si con eso no es suficiente? – Insistió Nick.

–  Supongo que tampoco se acabaría el mundo. – Le contestó Erika encogiéndose de hombros y después le besó en los labios sin importarle quién les pudiera ver.

–  Que conste que no es una queja, pero creo que lo de ser discretos no ha funcionado. – Bromeó Nick abrazando a Erika.

Llegaron a la mesa donde estaban Alice y Daniel y se sentaron con ellos. Se saludaron los cuatro con una cómplice sonrisa, pero ninguno mencionó el beso que acababan de ver.

Pidieron una ronda de copas y los cuatro brindaron por el destino que cruzó sus caminos una noche hacía diez días.

–  Siento haber metido la pata esta tarde con tu padre. – Se disculpó Daniel con Erika.

–  No tienes que disculparte, no es culpa tuya. – Le respondió Erika con una dulce sonrisa. – La culpa es solo mía.

–  ¿A qué te refieres? – Quiso saber Nick.

–  Eduard me preguntó desde cuándo nos conocíamos y yo le dije que desde el sábado pasado así que Eduard hizo cálculos y dedujo que ya os conocíais cuando el domingo fuisteis a comer a su casa y fingisteis que no os conocíais. – Le explicó Daniel sintiéndose culpable.

–  No pasa nada, Eduard no se lo ha tomado mal. – Le quitó importancia Nick.

Erika sabía que su padre no interferiría en su relación con Nick, fuera cual fuera la relación que ellos tuvieran. Después de dejar a Piero y ver cómo su hija se encerró en sí misma le dolió tanto a Eduard que se prometió que nunca más interferiría en su vida privada porque solo quería verla feliz. Erika no lo pasó nada bien tras la ruptura con Piero, pero sabía que era lo mejor para los dos porque ambos querían vidas totalmente diferentes, aunque se amaban.

Erika no había vuelto a sentir eso por nadie, pero ahora lo estaba sintiendo por Nick. Puede que se estuviera precipitando, que el hecho de trabajar juntos debería hacerles dar marcha atrás, pero estaba dispuesta a luchar para conseguir la felicidad y en ese momento su felicidad era estar junto a Nick.

–  Erika, ¿estás bien? – Le preguntó Nick a Erika al verla distraída.

–  Sí. – Le contestó ella sonriendo felizmente. Se acercó más a él y le susurró: – Tengo un problema, necesito besarte con urgencia.

Nick no se lo pensó dos veces y la besó con tanta urgencia como la que fue capaz. Alice y Daniel les miraron y después ambos sonrieron y se besaron.

Se tomaron un par de copas, charlaron con Alice y Daniel, bailaron un par de canciones y, un par de horas después de haber llegado, Erika le susurró a Nick al oído mientras bailaban una romántica balada de Pablo Alborán:

–  Creo que ya nos podemos ir, ¿no crees?

–  Estoy totalmente de acuerdo. – Convino Nick.

Ambos se despidieron de la otra pareja y Alice le advirtió a Erika que no pasaría la noche en el apartamento porque se quedaría con Daniel.

Erika pensó que podían ir a su apartamento y estarían a solas, pero Nick tenía otros planes en mente, quería llevar a Erika a su apartamento y que fuera la única mujer, además de su madre y su hermana, que entraba en su guarida.

Nick ayudó a Erika a subir al coche y después subió él. Antes de que pudiera arrancar el coche, Erika le preguntó:

–  ¿Vamos a mi apartamento?

–  No, quiero que vayamos al mío. – Le contestó Nick.

Erika lo miró confundida, Jason le había dicho que Nick nunca llevaba a sus amantes a su apartamento y a todas las llevaba a su estudio, pero a ella acababa de invitarla y no pensaba rechazar esa invitación.

–  En ese caso, espero que vivas solo. – Bromeó Erika. – Pero me gustaría pasar primero por mi apartamento para coger algo de ropa. Mañana por la mañana no querré salir a la calle con este vestido puesto.

Pasaron por el apartamento de Erika y pocos minutos después, Nick aparcaba el coche en el parking de su edificio y se dirigía con Erika hacia el ascensor para subir al ático. En el ascensor, Erika comenzó a jugar a quitarle la corbata a Nick y desabrocharle los botones de la camisa mientras que él deslizaba las manos de la cintura a los muslos de ella, excitándose más de lo que ya estaba. Sin poder contenerse más, la agarró con una mano por la nuca y la atrajo hacia a él para besarla con absoluta necesidad. Erika le correspondió con la misma necesidad, pero las puertas del ascensor se abrieron interrumpiendo el momento. Nick agarró a Erika de la mano y la arrastró hasta la puerta, se sacó las llaves del bolsillo y la abrió. Entonces, cogió a Erika en brazos entró con ella traspasando el umbral para después cerrar la puerta con un suave golpe con el pie. Erika se agarró al cuello de Nick y, sin prestar la menor atención al apartamento, comenzó a lamerle el lóbulo de la oreja.

–  Estás muy cariñosa. – Comentó Nick burlonamente.

–  ¿Es una queja? – Se mofó Erika.

–  Para nada, tan solo es una apreciación. – Le contestó Nick besándola en los labios antes de dejarla en el suelo. – ¿Te apetece una copa?

–  Mm… Lo cierto es que tenía otra cosa en mente, pero supongo que una copa tampoco estaría nada mal. – Le confesó Erika sonriendo pícaramente.

–  Mientras sirvo las copas, puedes contarme qué tenías en mente. – La animó Nick con una sonrisa traviesa.

Y Erika se sonrojó confirmando lo que ya sospechaba Nick. Sirvió dos copas de algún tipo de licor con alcohol y le entregó una de las copas a Erika mientras le preguntaba:

–  ¿Quieres que te enseñe el apartamento?

–  No hacía falta que me trajeras aquí, Nick. – Le dijo Erika. – Podríamos haber ido a mi apartamento, al Seasons o a cualquier otro sitio, excepto a tu estudio, claro.

–  Lo sé, pero quería traerte aquí. – Le dijo Nick abrazándola con ternura. La cogió de la mano y le enseñó el apartamento: – Este es el salón-comedor-cocina y en el pasillo está un aseo, una habitación de invitados, un baño, mi despacho y mi habitación con baño incluido. No es muy grande, pero para mí solo es suficiente. He comprado un terreno a las afueras de la ciudad donde quiero construir una casa, pero aún no me he decidido por ninguno de los planos que ha diseñado el arquitecto.

–  No sé mucho sobre arquitectura, pero todo el mundo dice que tengo buen gusto para diseñar y decorar, por si quieres contar con otra opinión. – Le dijo Erika.

–  Me encantaría contar con tu opinión, puede que dentro de poco vivamos juntos en esa casa. – Le susurró Nick al oído.

–  Eso es ir demasiado deprisa, señor Button. – Bromeó Erika. – Pero me encantaría ayudarte, aunque probablemente después no escuches ni sigas mis consejos.

–  Mientras que no quieras convertir mi casa en una mansión de la Barbie Malibú, todos estaremos contentos. – Bromeó Nick.

Erika estaba excitada, la conversación le resultaba muy interesante pero ya tendrían otra ocasión para hablar de ello. Ahora quería dedicarse a otra cosa. Entró en la habitación de Nick y la observó detenidamente, incluyendo el baño con un enorme jacuzzi que tanto le gustaban a ella.

Nick observaba todos y cada uno de sus gestos mientras recorría la habitación y disfrutaba con lo que ella iba descubriendo. Supo nada más ver su cara que el jacuzzi la volvería loca y rápidamente pensó de cuantas maneras la podría hacer disfrutar allí.

–  Un apartamento típico de hombre soltero, pero muy bonito. – Se acercó a él para darle un beso en los labios y añadió: – Hemos tomado una copa, me has enseñado tu apartamento, ¿qué quieres hacer ahora?

–  Quiero llevarte al paraíso, cariño. – Le susurró Nick con la voz ronca.

Con demasiada lentitud para el gusto de Erika, Nick se terminó de desnudar de cintura para arriba y se quitó los zapatos antes de volver a besar a Erika. Después bajó la cremallera de su vestido y dejó que la tela roja cayera al suelo resbalando por la suave piel de ella. Se deleitó mirándola tan solo vestida con un sujetador rojo sin tirantes y un tanga con liga sujetando sus medias hasta los muslos, todo del mismo color rojo que el vestido.

–  Eres preciosa, Erika.

–  Si me lo dices tantas veces, puede que acabe creyéndomelo. – Bromeó Erika. Le besó en los labios y, con una mirada felina que volvió loco a Nick, le dijo: – Creo que deberías continuar desnudándome, aún no has terminado.

Nick sonrió y le desabrochó el sujetador, dejándolo caer al suelo junto con el resto de la ropa que se habían quitado. Sus ojos brillaron cuando vio aquellos dos pechos firmes y redondos con los que había estado soñando todas las noches desde que la conocía y no pudo evitar lamer ambos pezones con la punta de su lengua y acariciarlos con ambas manos. Nick se entretuvo un rato en los pechos de Erika y prosiguió con su misión: terminar de desnudarla. Desabrochó el liguero de las medias y se las quito acariciando cada centímetro de sus largas piernas y después hizo el mismo ritual con el liguero y el tanga. Nick la estrechó entre sus brazos cuando la tuvo completamente desnuda y la besó con pasión mientras sus manos acariciaban la espalda y los muslos de ella.

Erika se apartó con suavidad de él y le sonrió. Acarició el pecho y el abdomen de Nick, tan musculoso y definido que le hizo preguntarse de dónde sacaría tiempo aquél hombre para ir al gimnasio. Desabrochó sus pantalones y se los bajó junto a los bóxer negros que llevaba. Se arrodilló frente a él para ayudarle a deshacerse de las prendas de ropa que se habían atascado a sus pies y cuando alzó la vista y vio su miembro erecto no se lo pensó dos veces y se lo metió en la boca.

Nick se sorprendió ante semejante contacto que no esperaba y tuvo que hacer un esfuerzo por no dejarse llevar y correrse en su boca. Le encantaba lo que ella le estaba haciendo pero si la dejaba continuar el juego acabaría pronto. La cogió por los hombros y la obligó a ponerse en pie. Erika le miró con el ceño fruncido y le preguntó:

–  ¿No te gusta?

–  Cariño, me encanta. – Le contestó Nick y al ver que su ceño seguía estando arrugado decidió aclararle: – Si me la chupas una vez más, me corro. Supongo que no querrás que me corra tan pronto, ¿verdad?

Nick la besó en los labios y la tumbó sobre la cama cuando la vio sonreír. Colocó el trasero de ella en el filo del colchón y sus pies sobre los hombros de él, dándole una panorámica completa de lo que tanto ansiaba. Nick besó, lamió, mordió y acarició todo lo que estaba a su alcance, sobre todo el sexo de ella y sus pechos que tan loco le volvían. Cuando la tuvo preparada y a punto de correrse, la puso boca abajo y le alzó el trasero colocando una mano sobre su bajo vientre. En esa postura, Nick podía penetrarla y seguir estimulando su clítoris con la mano para que el orgasmo que ella sintiera fuera mayor de lo que ella se esperaba. Se puso un preservativo y eso fue lo que sucedió. Erika no se lo podía creer, Nick se las había apañado bastante bien para llevarla al paraíso y estaba a punto de conseguirlo. Nick supo que ella estaba a punto de correrse y la animó a hacerlo susurrándole al oído con voz ronca:

–  Quiero oír cómo gimes, cariño. – Le dio un suave azote en el trasero y añadió: – Córrete cariño, córrete para mí.

Erika no pudo más y estalló. Gimió como nunca antes había gemido mientras sentía como Nick aceleraba sus embestidas dándole cada vez más placer hasta que ambos sucumbieron. Nick se tumbó sobre ella y al notar que a ella le costaba respirar se echó hacia a un lado e invirtió las posiciones, colocándola a ella sobre él, y así se quedaron dormidos.

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