Propuesta indecente 13.

Alma Gemela

Una hora después de haberse marchado, Nick regresaba al apartamento de Erika. Henry, el conserje del edificio, ya le conocía y no le preguntaba a dónde iba, simplemente le saludaba amablemente y le daba los buenos días, las buenas tardes o las buenas noches. Cuando llegó al apartamento, Erika le invitó a pasar y él le dijo esbozando una gran sonrisa:

–  Estás preciosa.

–  Gracias, tú tampoco estás mal. – Le contestó Erika bromeando.

Nick la siguió al salón y la observó con ese vestido rojo con escote palabra de honor y con el pelo suelto y rizado mientras ella servía dos copas de vino.

–  He reservado mesa a las nueve y media en La Pampa. – Le dijo Erika entregándole una de las dos copas de vino que había servido. – Espero que hayas venido con hambre.

–  ¿En La Pampa? – Preguntó Nick sorprendido. – Creía que tenía una lista de espera de más de seis meses.

–  Y así es, pero conozco al dueño y me ha prometido que nos conseguiría una mesa a las nueve y media. – Le contestó Erika. – Pero esta noche invito yo, es lo menos que puedo hacer por haberte metido en todo este lío.

–  De eso nada, esta noche invito yo que tú has ganado la apuesta. – Le dijo Nick sonriendo. – Y, si quieres agradecerme lo buena persona que soy, estaré encantado de que me invites a cenar otra noche.

–  ¿Te han dicho alguna vez que eres un poco bipolar? – Preguntó Erika.

–  ¿A qué te refieres? – Preguntó Nick confundido.

–  Dijiste que no debíamos volver a vernos, de hecho hiciste bastante hincapié en esa parte, pero ahora me propones que salgamos juntos continuamente, lo cual es justo todo lo contrario a lo que dijiste en un principio y empiezas a desconcertarme. – Le explicó Erika sin reproches.

–  Cuando hicimos el primer trato, no sabía que íbamos a trabajar juntos. – Alegó Nick. – El trato tiene que actualizarse según las circunstancias.

–  Y, ¿qué propones? – Le preguntó Erika divertida.

–  La verdad es que no quiero hacer ningún trato contigo. – Le contestó Nick. – Tengo que decirte que trabajo a gusto contigo y también disfruto tomando una copa contigo. No quiero que nuestra relación sea estrictamente laboral, simplemente quiero poder hablar contigo sin pensar en si estoy rompiendo o no un trato.

–  Siempre y cuando nuestra vida personal no influya en la profesional, estoy completamente de acuerdo. – Le dijo Erika. – Podemos ser dos compañeros de trabajo que de vez en cuando salen a cenar o a tomar una copa.

–  Necesito preguntarte algo, Erika. – Le dijo Nick con rostro serio. – Entre tú y Jason… ¿Hay algo que yo deba saber?

–  Jason es mi mejor amigo. – Le respondió Erika. – ¿Qué problema tienes con él?

–  Creía que era tu prometido, creo recordar que eso fue lo que dijo cuándo se presentó en la oficina el lunes. – Apuntilló Nick.

–  Mi padre y los padres de Jason se conocen desde hace muchos años. Jason y yo siempre nos hemos llevado y tienen la esperanza de que algún día los dos formemos una estupenda pareja, por eso Jason y yo siempre bromeamos con eso. – Le dijo Erika hasta que cayó en la cuenta de algo y le preguntó con una sonrisa burlona: – ¿Creías que me había acostado contigo estando prometida con Jason?

–  ¡Yo que sé! Fuiste tú la que se empeñó en que nuestra relación fuese única y exclusivamente laboral cuando nos enteramos de que trabajaríamos juntos. – Le reprochó Nick molesto.

–  Vale, ¿qué te parece si nos olvidamos de todo y nos limitamos a hacer lo que nos apetezca? – Le propuso Erika a Nick.

–  Eso engloba muchas posibilidades, Erika. – Le dijo Nick con una sonrisa pícara en los labios.

–  Siempre que los dos estemos de acuerdo, no habrá problema. – Le contestó Erika sonriendo divertida. Bebió de su copa y añadió levantándose del sofá: – Será mejor que nos vayamos ya o llegaremos tarde al restaurante.

Nick y Erika salieron del apartamento de Erika y se subieron al BMW i8 de Nick para dirigirse a La Pampa, el restaurante argentino donde iban a cenar. Nick aparcó frente a la puerta y le entregó las llaves del coche al aparcamiento nada más bajarse para después dirigirse hacia la puerta del copiloto para ayudar a salir del coche a Erika, que estaba espectacular con ese vestido.

–  ¿Te he dicho ya que estás preciosa? – Le susurró Nick a Erika mientras entraban en el lujoso local cogidos de la mano.

–  Creo que sí, pero no me importa oírlo de nuevo. – Le contestó ella divertida.

–  En ese caso, estás preciosas. – Le volvió a susurrar Nick al oído, esta vez con la voz ronca.

Erika le dedicó una sonrisa coqueta y ambos se pararon frente al atril del maître, quien saludó alegremente a Erika nada más verla:

–  ¡Señorita Blackwell, qué grata sorpresa!

–  Buenas noches, Irving. – Le saludó Erika con una sonrisa. – He llamado a Armando para que nos reserve una mesa para dos personas a las nueve y media.

–  Ya tenemos la mesa preparada, ¿quieren acompañarme? – Les propuso Irving con su sonrisa permanente en los labios.

Erika y Nick siguieron a Irving a hasta uno de los reservados de los balcones donde habían dispuesto una romántica mesa para dos. Erika se quedó un poco parada y, al ver su gesto de confusión, Irving le dijo con timidez tratando de disculparse al ver que había metido la pata:

–  Armando me dijo que venías con un amigo así que pensé…

–  No te preocupes, Irving. La mesa es perfecta, aunque no me esperaba que tuvierais un reservado libre llamando tan solo con un par de horas antes. – Le cortó Erika antes de que la situación se tornara incómoda.

–  Siempre tenemos un reservado por si aparece un cliente VIP. – Le contestó Irving agradecido.

Nick ayudó a Erika a tomar asiento y después se sentó a su lado. Por suerte para Nick, la mesa estaba dispuesta para contemplar las vistas de la ciudad y ambas sillas estaban colocadas una al lado de la otra, permitiéndole estar todo lo cerca posible de ella.

Irving dejó la carta de vinos y fue a buscar la carta de comida, dejándoles a solas. Nick se volvió hacia a Erika y le susurró divertido:

–  Cuando has visto la mesa, he pensado que saldrías corriendo.

–  Lo siento, es solo que no me lo esperaba. – Le contestó Erika sonrojada. – Le dije a Armando que venía con un amigo y supongo que me malinterpretó. Solo vengo a comer aquí con mi padre, con Alice o con Jason.

Nick se alegró de oír eso porque significaba que no iba allí con alguien cualquiera, aunque no le había gustado la cara de pánico que había puesto al ver la romántica mesa para dos.

–  Nunca había venido aquí, aunque he oído hablar muy bien del lugar. – Comentó Nick tratando de que Erika se relajara. – ¿Qué vino te apetece beber?

–  El que elijas estará bien. – Le contestó Erika con la mirada perdida en el horizonte.

Por supuesto, Nick se percató de que Erika tenía la mente en otra parte pero después de todo lo que había pasado esa tarde, le parecía normal. De hecho, él mismo estaba distraído pensando mil cosas, todas relacionadas con la chica que estaba sentada a su lado.

Irving regresó con Armando Quiroga, el propietario del local y buen amigo de la familia Blackwell, quien saludó a Erika con un efusivo abrazo.

–  ¿Cómo es posible que cada vez que te veo estés más bella? – Le dijo Armando cuando la soltó de su efusivo abrazo. – Además, vienes muy bien acompañada. – Añadió mirando a Nick. – Soy Armando Quiroga, amigo de Erika y de su padre.

–  Encantado de conocerle, soy Nick Button. – Le dijo Nick estrechándole la mano amablemente.

–  ¿Nick Button? ¿Trabajas con Eduard? – Preguntó Armando sorprendido.

–  Sí, trabajo para Eduard Blackwell. – Corroboró Nick confundido.

Armando miró a Erika confundido y ella, a modo de respuesta, se encogió de hombros y le respondió con total naturalidad:

–  Lo sé, pero ya sabes que me gusta ponerle emoción a la vida.

–  Cielo, la gente suele hacer deportes de riesgo, como puenting, barranquismo o se van al parque de atracciones. – Le dijo Armando a Erika cariñosamente. – A ti te gusta tirarte al vacío sin cuerdas de seguridad, cielo. –  No es nada personal, me pareces un hombre encantador y creo que hacéis una buena pareja, pero no me gustaría estar en tu pellejo cuando Eduard se entere. – Le dijo Armando a Nick. – El pobre aún tiene esperanzas de que su única hija acabe contrayendo matrimonio con Jason.

–  ¡Armando! – Le regañó Erika.

–  Querida, creo que si ha conseguido que le traigas aquí, un lugar público lleno de gente, también se merece saber lo que le espera. – Bromeó Armando.

–  Armando, no quiero que lo asustes y acabar cenando sola. – Le dijo Erika divertida.

–  ¿Qué te hace pensar que saldré corriendo? – Le preguntó Nick a Erika en un susurro mientras sonreía pícaramente.

–  Ningún hombre saldría corriendo de tu lado, cielo. – Le dijo Armando a Erika. – ¿Os puedo sorprender con el vino y la comida?

–  A mí me parece estupendo. – Dijo Erika agradecida.

–  Como la señorita desee. – Confirmó Nick sonriendo.

Irving y Armando asintieron y se retiraron, dejando a ambos a solas. Nick, con curiosidad por lo que había dicho Armando sobre lo que Eduard pensaba sobre su hija y Jason Milton, le preguntó a Erika:

–  ¿Alguna vez le has dado falsas esperanzas a tu padre sobre tu relación con Jason?

–  Creo que será mejor que me preguntes qué es realmente lo que quieres saber y así evitaremos rodeos. – Le sugirió Erika.

–  De acuerdo. – Le dijo Nick con el semblante serio. – ¿Ha habido, en algún momento de vuestra vida, algo más que una inocente amistad entre tú y Jason?

–  Ya te dije que Jason y yo solo somos buenos amigos, nada más. – Le contestó Erika sonriendo al ver cómo Nick fruncía el ceño. – Nunca ha habido nada entre nosotros y nunca lo habrá porque es como un hermano para mí.

–  He notado que no le gusto en absoluto, así que deduje que… – Nick se interrumpió cuando Irving apareció para servirnos el vino en dos copas de fino cristal. Cuando Irving se fue, Nick le acercó la copa a Erika y brindó: – Por esta magnífica noche.

Erika brindó con Nick y ambos entablaron una nueva conversación, esta vez y para sorpresa de Erika, sobre la vida de Nick.

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