Propuesta indecente 12.

Alma Gemela

Nick dejó claro que no era fiable dejar que Erika y Alice continuaran viviendo solas en el apartamento y Eduard, Jason y Daniel estuvieron de acuerdo. Erika y Alice no estaban de acuerdo, pero tampoco estaban dispuestas a llevarle la contraria a los cuatro hombres que las miraban con preocupación, pero tampoco estaban dispuestas a dejar su apartamento.

–  Creo que, mientras evaluamos la situación, podemos seguir viviendo aquí. – Opinó Alice decidida a no abandonar el apartamento.

–  No puedes quedarte aquí, esos narcos pueden venir a buscaros. – Le replicó Daniel a Alice decidido a proteger a su amada.

–  ¿Y qué vamos a hacer? ¿Nos mudamos a casa de nuestros padres? – Ironizó Erika. – Esos tipos nos encontrarán dónde quiera que vayamos, no tiene sentido que nos escondamos.

–  Puede que os encuentren de todos modos, pero si estamos todos juntos, será más fácil evitar que os hagan daño. – Replicó Nick.

–  ¿Qué quieres decir? – Le preguntó Alice.

–  Si no estáis dispuestas a abandonar el apartamento, podríamos contratar a una empresa de seguridad para que os escolte. – Le contestó Nick.

–  No quiero ver a tipos desconocidos merodeando en mi casa. – Les advirtió Erika.

–  Tengo entendido que Nick y Daniel dominan las artes marciales, es posible que logremos llegar a un acuerdo sin tener la necesidad de contratar a una empresa de seguridad. – Opinó Eduard. – Si Nick y Daniel estuvieran dispuestos a protegeros, ¿aceptaríais que se quedaran con vosotras en el apartamento?

–  Por supuesto. – Les contestó Alice.

–  De eso nada. – Claudicó Erika. – Piero no está en Hidden City, diga lo que diga la DEA y a pesar de lo que penséis de mí todos vosotros.

–  En eso estoy de acuerdo con Erika. – Dijo Jason. – Dudo mucho que Varoso pusiera en riesgo la vida de Erika, la hubiera llamado por teléfono antes de arriesgarse a venir a la ciudad.

–  No pienso dejar que os quedéis aquí solas, así que solo tenéis dos opciones. – Les dijo Eduard a Alice y Erika. – O venís a casa o podéis quedaros en el apartamento con Nick y Daniel, si ambos están de acuerdo.

–  Esto es ridículo, estamos poniendo la venda antes de tener la herida. – Protestó Erika.

–  Tienes una hora para localizar a Varoso, si en una hora no lo has localizado, solo te quedarán esas dos opciones. – Sentenció Eduard.

Erika miró su reloj, se encogió de hombros y entró en su habitación para coger el ordenador portátil y le envió un correo electrónico a Piero diciéndole que necesitaba hablar con él menos de una hora. Erika regresó al salón y, dos minutos después, su teléfono móvil empezó a sonar.

–  ¿Es Piero? – Le preguntó Jason.

Erika asintió con la cabeza, descolgó el teléfono y salió a la terraza para contestar:

–  ¿Piero?

–  Aquí estoy, nena. – Le respondió Piero. – ¿A qué viene tanta prisa? ¿Me echas de menos?

–  Han estado en mi apartamento dos agentes de la DEA, dicen que unos narcos te están buscando y creen que estás en Hidden City. – Le espetó Erika furiosa. – ¿Me puedes decir qué está pasando? Si alguien va intentar matarme, me gustaría saberlo.

–  Nena, yo nunca te pondría en peligro y lo sabes. – Trató de tranquilizarla Piero. – No estoy en Hidden City y tu vida no corre peligro. Esos tipos de la DEA probablemente me estén buscando y por eso han ido a verte. Están tratando de llegar a mí a través de ti pero no tienes de qué preocuparte, nadie te va a hacer daño. Si esos tipos de la DEA vuelven a buscarte les dices que no sabes nada de mí ni quieres saberlo, que piensen que no tenemos ningún tipo de contacto. No debería decirte esto pero, para que estés más tranquila, te diré que nunca he dejado de protegerte, aunque desde que llegaste a Hidden City otro hombre también se encarga de protegerte.

–  ¿Me vigilas? – Le preguntó Erika molesta.

–  Te protejo. – Aclaró Piero. – Erika, nunca dejaré que te pase nada malo y, si estuvieras ante el más mínimo peligro, te aseguro que tú serías la primera en enterarte porque yo mismo te lo diría, pero necesito que mantengas a la DEA alejada de ti. Deben creer que nosotros no seguimos en contacto y así te dejarán en paz.

–  Está bien, así lo haré. – Claudicó Erika.

–  Llámame si necesitas algo. – Le dijo Piero.

–  Espero no tener que hacerlo. – Le replicó Erika y añadió antes de colgar: – Cuídate, Piero.

–  Lo mismo digo, pequeña. – Se despidió Piero.

Erika entró de nuevo al salón y se encontró con cinco pares de ojos que la miraban con expectación y dos de ellos también la miraban molestos.

A Nick y Eduard no les hizo ninguna gracia que Erika hablara con Piero, aunque por motivos diferentes. Eduard no quería que su única hija saliera con un tipo como Piero Varoso, un hombre que se había hecho rico sobre todo por realizar carreras ilegales de coches. Eduard sabía que ambos se habían amado profundamente y que, a pesar de que hacía tres años que ya no estaban juntos, sabía que se veían de vez en cuando y eso no le gustaba nada, pero respetaba las decisiones que su hija tomaba. Nick acababa de saber lo que estaba ocurriendo y apenas sabía quién era Piero Varoso, además de saber lo que Eduard ya le había dicho, que era un tipo que se dedicaba a las carreras ilegales de coches y que había salido con Erika hacía tres años. Por eso no le hacía ninguna gracia que ella hablara con ese tipo. Y lo que más le molestaba era que Jason Milton, lejos de molestarse por la situación con ese Piero Varoso, parecía divertido.

–  No tenemos nada de qué preocuparnos, la DEA simplemente quiere tenerlo localizable. – Les dijo Erika. – Si logro convencer a la DEA de que no mantengo ningún tipo de contacto con Piero me dejarán tranquila.

–  ¿Cómo se supone que les vas a convencer? – Preguntó Jason.

–  Tú me vas a ayudar. – Le dijo Erika. – Les llamaré y nos reuniremos con ellos. Les diré que llevo tres años sin ver ni hablar con Piero y que estoy con Jason. Si tengo otra pareja, no tiene sentido que quiera seguir manteniendo el contacto con Piero, o al menos así espero que piensen ellos.

–  Lo más seguro es que la DEA haya investigado a tu círculo familiar y eso me incluye a mí. – Le advirtió Jason. – Nuestra relación ya existía antes de que Piero apareciera en tu vida, por mucho que finjamos ser pareja no lograremos convencerles de que no mantienes el contacto con Piero.

–  Puede que no funcione contigo, pero sí puede funcionar con Nick. – Opinó Eduard. – Os guste o no, pasáis mucho tiempo juntos y, si la DEA quiere asegurarse de que Erika no sigue en contacto con Piero Varoso, probablemente la estén vigilando. Simplemente tenéis que dejaros ver por algún restaurante o cualquier otro lugar además de la oficina y la DEA ya interpretará las señales.

–  Estoy segura de que el señor Button tiene demasiadas cosas qué hacer como para perder el tiempo de esta manera. – Erika trató de mantener al margen a Nick.

–  ¿Qué dices tú, Nick? – Le preguntó Eduard a su mano derecha.

–  Por mí no hay ningún problema y, si no recuerdo mal, creo que esta noche íbamos a salir a cenar, ¿verdad Erika? – Fue la respuesta de Nick.

–  Es cierto, algo de eso había oído. – Comentó Eduard. Se levantó del sillón y dijo sonriendo para despedirse: – Que os lo paséis bien esta noche y mañana os podéis tomar el día libre, habéis hecho un buen trabajo en la reunión con Wolf y os merecéis un descanso después de tantos días de trabajo.

–  Hasta el miércoles, entonces. – Le dijo Erika a su padre dándole un beso en la mejilla.

–  Voy contigo, Eduard. – Dijo Jason. Se volvió hacia Erika y le dijo: – Ya hablaremos mañana, ahora tengo que irme. – Le dio un beso en la mejilla y se dirigió a su hermana Alice y a Daniel: – Y con vosotros dos ya quedaré un día. – Besó a Alice en la mejilla y le estrechó la mano a Daniel amistosamente. Después de dirigió a Nick y, mientras le estrechaba la mano con firmeza, le susurró para que solo él pudiera escucharle: – Cuida de Erika, ella no es como las mujeres que tú sueles frecuentar.

Nick le devolvió el estrechón de manos con firmeza y le desafió con la mirada, pero no le dijo nada. Esta noche Nick iba a salir a cenar con Erika y en ese momento eso era lo único que le importaba.

Eduard y Jason se marcharon dejando a las dos parejas en el apartamento.

–  Voy a casa a ducharme y vestirme de etiqueta y vuelvo a buscarte, ¿de acuerdo? – Le propuso Nick a Erika con una seductora sonrisa.

–  De acuerdo, yo haré lo mismo. – Le respondió Erika.

–  Nosotros también íbamos a salir a cenar, podemos vernos después en el pub y juntos tomar unas copas. – Propuso Alice.

–  Por mí estupendo. – Dijo Nick alegremente. – Os veo luego, entonces. – Se volvió hacia a Erika y le susurró mientras le daba un beso en la mejilla: – ¿Has pensado ya dónde vamos a ir a cenar?

–  Por supuesto y te aseguró que te encantará. – Le respondió Erika sonriendo relajada por primera vez esa tarde.

Nick se marchó y Erika se metió en la ducha. Alice y Daniel tomaron un par de cervezas en el salón mientras charlaban de todo lo que había ocurrido y decidían dónde ir a cenar.

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