Propuesta indecente 10.

Alma Gemela

Nick se levantó el lunes a las seis de la mañana, como acostumbraba a hacer entre semana, se duchó y revisó el contrato por última vez antes de ir a buscar a Erika.

Erika fue puntual cómo casi siempre y a las ocho en punto de la mañana salió del portal y se encontró con Nick apoyado en un BMW i8 de color negro esperándola. Llevaba puesto un traje gris marengo con una camisa blanca y una corbata del mismo tono de gris que el traje. Erika había pasado dos horas la noche anterior para escoger qué se pondría para la reunión con Wolf y finalmente se decidió por una falda de tubo del mismo gris marengo que el traje de Nick, una camisa blanca sin mangas y unos zapatos de tacón de aguja. Sin haberlo planeado, se habían vestido a conjunto y eso hizo sonreír a Erika mientras caminaba hacia dónde estaba Nick.

–  Buenos días. – La saludó Nick sonriente mientras le abría la puerta del copiloto y la ayudaba a entrar en el coche.

–  Buenos días, Nick. – Le respondió ella de buen humor. Nick rodeó el coche y se sentó en el asiento del conductor. Nada más arrancar el coche, Erika añadió: – Menudo coche, es increíble.

–  ¿Quieres conducirlo? – Le propuso Nick.

–  Me temo que no sería una buena idea, pero gracias de todos modos. – Le contestó Erika.

Nick le dedicó una maliciosa sonrisa que a ella no le gustó nada. A Erika le hubiera gustado conducir ese cochazo, pero su padre ya le había advertido que no quería verla conducir ningún vehículo, al menos hasta que recuperara el carné de conducir que le habían quitado por participar en carreras ilegales en Barnacles y que no recuperaría hasta principios del próximo año.

Nick tomó la salida de la autopista a un área de servicio y Erika le miró extrañada sin decir nada mientras él aparcaba en el parking del restaurante.

–  Son las ocho y media, la reunión es a las diez y estamos a diez minutos de la empresa de Wolf, así que creo que podemos parar a tomar un café y relajarnos un poco. – Le dijo Nick tras apagar el motor del coche. Entraron en la cafetería, pidieron un par de cafés y se sentaron en una de las mesas que quedaba apartada del resto. – Wolf es bastante hostil, si a eso le sumas tu juventud, tendrás que estar muy segura de ti misma para que no dude de lo que dices y pueda confiar en ti. Yo no le caigo demasiado bien, así que no esperes que pueda echarte una mano para que la negociación resulte favorable, pero estoy seguro de que lo sabrás manejar.

–  He investigado lo suficiente a Wolf cómo para crear un perfil bastante acertado de su persona y te aseguro que será una negociación más fácil de lo que crees. – Le advirtió Erika.

–  ¿Apostarías una cena si lo consigues?

–  Si lo consigo me invitas a cenar donde yo elija. – Apuntilló Erika. – Y si no lo consigo…

–  Si no lo consigues, entonces tú me invitarás a cenar a mí donde yo elija. – La interrumpió Nick divertido por la apuesta. Ganara o perdiera la apuesta, se había asegurado una cena con ella.

–  Trato hecho. – Le dijo Erika estrechándole la mano para formalizar el trato. – Espero que no tengas planes para esta noche, me gustaría salir a cenar para celebrarlo.

–  Vamos a esa reunión, demuéstrame que puedes conseguirlo y te invitaré a comer y cenar. – Le contestó Nick llevándosela a su terreno.

Después de tomar café se dirigieron a la empresa de Wolf, que estaba situada en una gran nave industrial moderna. Presents, la empresa de Wolf, llevaba dos meses en suspensión de pagos y se hallaba en una situación crítica. Erika se había informado bien y lo tenía todo controlado para conseguir que Adolf Wolf firmara el contrato. Nada podía salir mal.

Entraron en el hall de la empresa y rápidamente la secretaria de Wolf les hizo pasar a su despacho. Adolf Wolf se puso en pie para recibirlos, pero su gesto distaba mucho de dar una bienvenida, algo que Erika y Nick ya se esperaban.

–  Buenos días, señor Wolf. – Saludó Erika estrechándole la mano con firmeza. – Soy Erika Blackwell.

–  Debería decir que estoy encantado de conocerla, pero dudo que realmente piense eso cuando finalice esta reunión. – Le respondió Adolf Wolf con desgana, cansado de que otros trataran de beneficiarse de su empresa en precaria situación.

–  Estoy segura de que cambiará de parecer en cuanto me escuche. – Le contestó Erika dedicándole una coqueta sonrisa que a Nick no le gustó nada. – Creo que ya conoce al señor Button, ¿verdad?

–  Sí, aunque hubiera preferido no conocerlo. – Se sinceró Wolf con cara de pocos amigos. – Debo decirle, señorita Blackwell, que si ha venido con la misma intención con la que vinieron su padre y el señor Button, está perdiendo su tiempo.

–  No he venido hasta aquí para repetir lo que ya le han dicho, señor Wolf. – Le respondió tajante Erika. – Y le aseguro que no me gusta perder el tiempo, así que me gustaría ir al grano.

Adolf Wolf la estudió con la mirada y les hizo un gesto a ambos para que se sentaran. Nick y Erika intercambiaron una mirada y Nick le hizo saber que iba por buen camino al dedicarle una breve y pequeña sonrisa que apenas pudo percibir.

–  El motivo de esta reunión no es otro que hacerle una propuesta, pero una propuesta muy distinta a la que mi padre le ha hecho. – Comenzó a decir Erika. – Para ser sincera, estoy aquí porque entiendo su postura y que quiera mantener la empresa familiar. Si yo estuviera en su situación, le aseguro que tampoco la vendería.

–  Si no quiere comprar la empresa, ¿para qué ha venido? – Preguntó Wolf con curiosidad.

–  Si no quiere vender, necesitará inversores para poder hacer resurgir la empresa y, dado a que lleva en esta situación más de seis meses, deduzco que no le está resultando fácil encontrar a quien invierta tanto dinero en su empresa, mucho menos desde que está en suspensión de pagos a los trabajadores. – Apuntó Erika. – Estamos dispuestos a invertir en su empresa y hacer que vuelva a estar en lo más alto, si logramos llegar a un acuerdo.

–  Supongo que ahora viene una retahíla de condiciones. – Dijo Wolf con sarcasmo.

–  El señor Button ha redactado un contrato que puede satisfacernos a ambos. – Continuó Erika con la voz cortante mientras cogía los documentos que Nick le entregaba. – Usted podrá seguir siendo el presidente, director y jefe de la empresa, pero nosotros dispondremos del 40% de las acciones y, en consecuencia, del 40% de los beneficios obtenidos. Dada la situación económica actual de la empresa no obtendremos beneficios durante el primer año, creemos que lo prioritario es pagar a los empleados y mantener los pocos clientes que aún les quedan. Una vez haya firmado el contrato, usted será el único que tome decisiones y no tendrá que dar explicaciones a nadie, ni siquiera a nosotros. Le daremos seis meses para que empiece a obtener beneficios, de lo contrario nos veremos obligados a intervenir y nos encargaremos de la parte financiera, pero solo hasta haber recuperado lo invertido, después usted seguirá dirigiendo la empresa. Si logra obtener beneficios antes de que pasen los seis meses, nosotros continuaremos manteniéndonos al margen y solo precisará de nuestra presencia como accionistas a la hora de tomar decisiones importantes en las cuales se requiere que el 80% de las acciones. En cualquier caso, usted siempre tendrá el 60% de las acciones, así que continuará siendo el accionista mayoritario.

–  No puedo darle una respuesta ahora. Necesito estudiar su propuesta, señorita Blackwell. – Le respondió Wolf visiblemente interesado en la negociación. – No obstante, le confesaré que estoy realmente interesado, esta empresa tiene un valor emocional para mí que no se puede comprar con dinero.

–  Como le he dicho, no me gusta perder el tiempo. – Le recordó Erika. – Tiene una semana para pensarlo, si el próximo lunes no tenemos noticias suyas retiraremos la oferta.

–  Tendrá una respuesta antes de que finalice la semana, señorita Blackwell.

–  En ese caso, esperaremos sus noticias. – Le dijo Nick con tono nada amable. – Aquí tiene mi tarjeta, llámame cuando haya tomado una decisión.

Tras estrecharse la mano educadamente, Nick y Erika se despidieron de Wolf y salieron de la nave industrial de Wolf. En cuanto estuvieron sentados en el coche, Erika le dijo a Nick:

–  Creo que ha ido bastante bien, ¿no crees?

–  ¿Bien? ¡Lo tienes comiendo de tu mano! – Rio Nick, fascinado por las habilidades carismáticas de Erika. – ¿Ya sabes dónde vas a querer ir a cenar para celebrarlo?

–  Por supuesto, pero ya te adelanto que se tiene que ir de etiqueta. – Le contestó Erika divertida.

–  Y yo que creía que me llevarías a un establecimiento de comida rápida. – Bromeó Nick. – ¿Un cinco tenedores?

–  Es una sorpresa, pero te gustará. – Fue la única pista que ella le dio. – Volviendo al trabajo, deberíamos estudiar la situación de mercado. La imagen de Presents ha sido dañada al igual que su reputación. Necesitamos hacerle un lavado de cara a la empresa.

–  El contrato no te permite tomar ningún tipo de decisión. – Le recordó Nick.

–  No puedo tomar decisiones, pero sí puedo dar buenos consejos. – Alegó Erika. – Wolf quiere y necesita más que nosotros que la empresa obtenga beneficios, estoy segura de que oirá nuestros consejos aunque la decisión final sea suya.

Nick sonrió, le gustaba poder hablar con Erika de trabajo y que fuera capaz de entenderle, pero le gustaba aún más escucharla hablar con tanta soltura y precisión como lo hacía. Se había sorprendido al descubrir cómo se las había apañado para llevarse a Wolf a su terreno.

Llegaron a la oficina y, tras reunirse con el jefe del departamento marketing, sacaron algunas ideas para dar una nueva imagen a Presents.

A la hora de comer, Nick cumplió su propósito y la invitó a un restaurante cercano a la oficina, donde comieron mientras charlaban sobre trabajo. Después de comer, Nick se empeñó en acompañar a Erika hasta el portal de su edificio para que descansara y recobrara fuerzas para la noche.

–  Pasaré a recogerte a las ocho, vestido de etiqueta. – Se despidió Nick con una de sus mejores sonrisas.

En cuanto Érika entró en su apartamento, llamó a su padre y le puso al corriente sobre la negociación con Wolf. Tras hablar un rato con él, le dijo que iba a salir a cenar con Nick y que probablemente al día siguiente no llegarían temprano a la oficina. Eduard sabía que su hija y su mano derecha se traían algo entre manos, pero no sabía decir si era algo bueno o malo así que, como siempre, prefirió callar y no meterse en la vida privada de su hija.

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