Noventa minutos 8.

Gina regresó a la cocina con la mente más clara después de darse una ducha, pero no lo suficientemente clara como para tomar una decisión respecto a Jake. Se sentó en uno de los taburetes y Arthur le sirvió un café al mismo tiempo que le preguntó:

— ¿Estás bien? No tienes buena cara.

—Podría estar mejor —fue la respuesta de Gina.

Jake no dejó de observarla en ningún momento y advirtió que Gina estaba nerviosa, preocupada e incómoda, aunque no supo descifrar por qué motivo y decidió preguntar:

— ¿Qué es lo que más te preocupa?

—Ahora mismo, mi principal preocupación es que Fermín continúe trabajando en Global, posee demasiada información útil para la competencia y puede generar un sentimiento de desconfianza en nuestros clientes —contestó Gina—. Por otra parte están los Servasky, ellos son los que están haciendo todo esto solo para hundirme antes de matarme. No me gustaría que nadie resultara herido por mi culpa.

— ¿Puedes contarme la historia desde el principio para que pueda enterarme de qué va todo esto? —Le preguntó Jake un tanto molesto.

—Jake, no te ofendas, pero esto no tiene nada que ver contigo, es peligroso y prefiero que estés al margen —le dijo Gina—. Te agradezco todo lo que hiciste anoche cuando esto parecía más un psiquiátrico que una casa, pero no quiero meterte a ti también en esto.

—Creo que vas a tener que aclararme qué me agradeces exactamente —le contestó Jake molesto porque ni siquiera había tenido en cuenta la noche de pasión que habían disfrutado juntos—. Y no me ofendo, pero creo que soy mayorcito para decidir por mí mismo.

—No sé qué habrás entendido cuando he hablado, pero solo trataba de protegerte —le dijo Gina percatándose del tono molesto con el que hablaba Jake.

—Me había parecido entender que eras tú la que necesitaba protección —le replicó Jake.

—Gina, Jake ha sido agente de la milicia —le dijo Arthur a Gina antes de que esos dos siguieran discutiendo—. De hecho, colabora con ellos siempre que requieren de su habilidad para algunas misiones.

—En ese caso supongo que entonces puedo decirle que Derek trabaja para el Servicio Secreto y que mi padre es el director del Servicio Secreto —dijo Gina de mala gana. Le dio un sorbo a su taza de café y añadió mirando a Jake—: Los Servasky son una mafia de origen ruso que me odian porque les fastidié una importante operación de tráfico de drogas en la que perdieron mucho dinero, la mercancía y la confianza de muchos de sus clientes. ¿Hay algo más que quieras saber?

—Sí, dos cosas más —le contestó Jake con una sonrisa burlona en los labios—. ¿Quién es ese tal Brad?

—Brad Harper es un agente de la DEA con quién estaba cuando le fastidiamos la operación a los Servasky —respondió Gina—. ¿Qué es lo otro que quieres saber?

—Espera Nikita, no corras tanto —dijo Jake divertido—. Cuándo dices que estabas con Brad, ¿a qué te refieres exactamente?

—A que mi vida privada no debería importante en absoluto —le recordó Gina.

—Derek cree que Brad vendrá a buscarte cuando se entere de lo que ocurre con los Servasky, ¿crees que así será?

—Brad y yo somos buenos amigos, hemos seguido viéndonos y hemos mantenido el contacto durante todo este tiempo —dijo Gina encogiéndose de hombros—. Siempre ha estado pendiente de todo lo que me ocurría y en cuanto ha pasado algo él siempre ha sido el primero en llegar, pero también sabe que puedo cuidarme sola.

—La otra cosa que quería saber, aunque puede que suene un poco absurdo preguntarlo, ¿eres la hija de Franco Verona? —Preguntó Jake.

— ¿Conoces a mi padre? —Quiso saber Gina.

—Sí, pero no tenía ni idea de que tuviera hijos, aunque sí sabía que estaba casado —respondió Jake encogiéndose de hombros—. He trabajado con tu padre en alguna operación conjunta que ha realizado la milicia con el Servicio Secreto.

—Genial, ahora va a resultar que son amiguitos —murmuró Gina con sarcasmo.

Alguien llamó a la puerta y Gina fue a abrir, seguida de Jake, cómo no. Gina abrió la puerta y se encontró con Derek.

— ¿No se suponía que debías estar cruzando medio planeta para reunirte con mi padre? —Le preguntó Gina extrañada de verle allí.

—Cambio de planes, tu padre me ha llamado cuando el avión estaba a punto de despegar y me ha ordenado que pegue mi culo al tuyo tanto como pueda —le dijo Derek entrando en el salón para dejar allí su maleta. Se volvió hacia a Jake y le dijo—: No sé de qué te conozco, pero te conozco de algo.

— ¿Cómo se ha enterado? —Quiso saber Gina, ignorando el comentario de Derek sobre de qué podía conocer a Jake.

—Eso es lo más gracioso, cariño —le respondió Derek a Gina y le dio una palmada en el trasero para después dirigirse a la cocina y servirse una taza de café antes de añadir—: Resulta que Brad ha descubierto lo que ocurre pero está infiltrado en una misión perdido en mitad de no sé qué selva y no puede venir, así que ha llamado a tu padre para que sea él quien se ocupe de todo.

— ¡Será cabrón! —Bramó Gina.

—Será todo lo cabrón que quiera, pero se preocupa por ti.

—Derek, ¿dónde está mi padre?

—Viene de camino.

Gina se sentó en el taburete que quedaba libre y suspiró tratando de asimilar lo que eso suponía. Su padre era un maniático del control y la seguridad y, aunque lo adoraba, no podía soportarle cuando trataba de controlar su vida.

Media hora después, Franco Verona llegó a casa de su única hija. Fue la propia Gina quien le abrió la puerta y se alegró de encontrarse allí con Derek y Arthur. Al que no esperaba encontrarse allí era a Jake Hudson, aunque tampoco era de extrañar teniendo en cuenta que Jake y Arthur eran buenos amigos.

—Jake Hudson, me alegro de verte —lo saludó Franco con un apretón de manos y un breve pero cariñoso abrazo que dejó a Gina un poco desconcertada—. No sabía que conocías a mi hija.

—Hasta hace un rato, ni siquiera sabía que tenías una hija —le respondió Jake.

—Gina es mi única hija, pero me da más problemas que todos mis agentes —murmuró Franco entre dientes. Se volvió hacia su hija y le dijo con mofa—: No puedes seguir poniéndote en riesgo de esta manera, no puedes cambiar el mundo tú sola —la abrazó con ternura, la besó en la frente con familiaridad y añadió—: Cielo, tendrás que decirme cómo has conseguido que Jake acceda a participar en todo esto.

—En realidad, casi he tenido que suplicarle a tu hija que me deje quedarme —le respondió Jake—. ¿Es siempre tan testaruda?

—Será mejor que vayas acostumbrándote, Gina ha sacado la belleza de su madre pero también ha sacado mi carácter —bromeó Franco.

—Si lo que pretendéis es criticarme, ya podéis iros por dónde habéis venido —les replicó Gina visiblemente molesta.

—Cariño, nadie osaría criticarte y mucho menos delante de ti —se mofó Derek.

—Cielo, me quedaría más tranquilo si te quedaras en casa durante unos días —le dijo Franco a su única hija—. Estoy seguro que Arthur podrá apañárselas sin tu presencia física y el resto lo podéis solucionar por vídeo conferencia.

—De eso nada, mañana tendré que reorganizar todo el equipo de márquetin y tendré que hablar con todos para darles explicaciones, no puedo hacerlo por vídeo conferencia —se negó Gina.

Padre e hija se desafiaron con la mirada. Durante unos segundos, nadie se atrevió a decir nada, pero finalmente Jake trató de hacerles entrar en razón:

—Gina tiene razón, tiene que hablar con el equipo de márquetin en persona, no puede hacerlo por vídeo conferencia. Pero en ningún otro sitio estará más segura en casa del director del Servicio Secreto. El lunes Gina puede dedicarse a todo lo que tenga que hacer en persona en la oficina y el martes puede viajar a Castle y quedarse allí unos días hasta que todo se aclare.

—Me parece bien, ¿te encargarás tú de llevarla a Castle el martes? —Le preguntó Franco a Jake.

—Papá, estoy segura que Jake tiene otras muchas cosas y más interesantes que hacer y, por si lo has olvidado, sé conducir.

—Hasta que todo esto se solucione quiero que te acompañe alguien de mi más absoluta confianza, no quiero que vayas sola y necesito a Derek en otra parte —le dijo Franco a su hija sin posibilidad de réplica. Se volvió hacia a Jake y le preguntó—: ¿Puedes encargarte o estás muy ocupado?

—Tengo muchas cosas que hacer, pero puedo hacerlas siempre y cuando tenga mi portátil y, para serte sincero, nada de lo que tengo pendiente es tan interesante como lo que me propones —respondió Jake sonriendo divertido a Gina—. Estaré encantado de acompañar a Gina a donde quiera que vaya.

—De eso nada, no necesito ninguna niñera —protestó Gina.

—Jake, Gina es mi única hija así que trata de que no le pase nada o su madre nos matará a los dos —le advirtió Franco ignorando la protesta de su hija.

—Cuidaré de ella, Franco.

Gina alucinaba y si en ese momento la pinchaban no le sacarían sangre. Jake acababa de aceptar hacerle de niñera y su padre parecía estar encantado con la idea.

Tras una larga e intensa charla, Franco y Derek decidieron ponerle un escolta a Arthur y dejar a dos de los agentes vigilando los alrededores de la casa de Gina. Jake se comprometió a ser la sombra de Gina y a llevarla a Castle el martes donde se instalarían en casa de los Verona y él continuaría haciendo de “niñera” hasta que todo se hubiese solucionado.

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