Noventa minutos 6.

Jake salió del local agarrando a Gina por la cintura para sentirla más cerca con la excusa de que hacía frío. La guió hasta a donde tenía aparcado el coche mientras ella caminaba a su lado fingiendo estar distraída. Él abrió la puerta del copiloto de su BMW M6 de color negro y ayudó a Gina a sentarse antes de rodear el coche y sentarse en el asiento del conductor.

—Ponte el cinturón de seguridad —le ordenó Jake.

— ¿Tan mal conduces? —Bromeó Gina con una sonrisa traviesa.

—Será mejor que no me sonrías así —le advirtió Jake divertido.

— ¿Así, cómo? —Exigió saber Gina, provocándolo.

—Con esa sonrisa traviesa, tan provocadora que puede resultar incluso perversa —musitó Jake con la voz ronca—. Debería ser ilegal sonreír así.

— ¿Qué tiene de malo mi sonrisa? —Protestó Gina.

Jake apartó la vista de la carretera por un instante para mirar con picardía a Gina, volvió de nuevo la vista a la carretera y le contestó divertido:

—Yo no he dicho que tu sonrisa tuviera algo malo —Gina le miró con el ceño fruncido y ese gesto hizo que Jake riera divertido pero, ante la cara de pocos amigos de Gina, añadió—: Me gusta demasiado que me sonrías así, por eso es mejor que no lo hagas.

— ¿De qué se supone que tratas de advertirme? —Le preguntó Gina entendiendo perfectamente lo que Jake pretendía decir.

—No te voy a engañar, no soy de los que buscan una buena chica con la que formar una familia.

— ¿Las prefieres malas? —Se mofó Gina. Jake fue a replicar cuando el teléfono móvil de Gina empezó a sonar y ella, al ver que era Frank Grey quien la llamaba, el investigador privado que había contratado para investigar a Fermín, le dijo a Jake—: Disculpa, pero tengo que contestar al teléfono —descolgó la llamada y contestó—: ¿Qué ocurre, Frank?

—Gina, tenemos problemas —le advirtió Frank—. Fermín Cano es una simple marioneta y hay gente peligrosa detrás de él. No sé qué es lo que ha pasado, pero estás en el punto de mira de gente muy peligrosa. ¿Dónde estás? Estoy en la puerta de tu casa y no hay nadie.

—No estoy en casa, he salido a tomar unas copas —le explicó Gina.

—Pues ven hacia aquí inmediatamente, tenemos que hablar y no puede ser por teléfono —le ordenó Frank sin opción a réplica.

—De acuerdo, estaré allí en quince minutos —le confirmó Gina antes de colgar. Se volvió hacia a Jake, que la miraba con preocupación, y le dijo—: Tengo que ir a casa, ha surgido un imprevisto y…

— ¿Va todo bien? —La interrumpió Jake preocupado.

—Más o menos —contestó Gina tratando de restarle importancia al asunto—. Sé que no es lo que teníamos previsto pero, ¿te importaría llevarme a casa?

—Claro y si hay algo más que pueda hacer…

— ¿Crees que Emily pasará la noche con Arthur? —Le preguntó de pronto Gina.

—Pues no lo sé y la verdad es que prefiero no saberlo —respondió Jake con un tono de voz que delataba su incomodidad—. Gina, ¿quieres contarme qué te pasa?

—No pasa nada, no quiero aburrirte.

—Gina, estás temblando —señaló Jake—. Te voy a llevar a casa, pero me vas a contar qué está pasando, ¿de acuerdo?

—De acuerdo, pero solo porque estoy nerviosa y no quiero interrumpir lo que quiera que estén haciendo Arthur y Emily —apuntó Gina.

—Joder Gina, que estás hablando de mi hermana pequeña.

—Tu hermana pequeña tiene veintisiete años, hace muchos años que dejó de ser virgen, asúmelo —le contestó Gina rodando los ojos.

—Cuéntame qué está pasando, Gina —insistió Jake.

—Fermín Cano es mi problema. Tenía sospechas de que podía estar filtrando información a la competencia y contraté a un detective privado de confianza para que lo investigara —empezó a explicarle Gina—. Hemos confirmado que sí que está filtrando información confidencial, pero no teníamos una prueba firme que se sostuviera en un juicio. Acaba de llamarme Frank y me ha dicho que Fermín es tan solo una marioneta en manos de gente peligrosa y que era urgente que nos viéramos, tiene que decirme algo y no quiere hacerlo por teléfono.

— ¿Arthur sabe algo de esto? —Preguntó Jake.

—No, no quería decirle nada hasta tener pruebas —dijo Gina encogiéndose de hombros.

—A ver si te he entendido, ¿te has metido en todo este follón tú solita y sin contar con nadie más que un investigador privado de confianza? Por cierto, tienes que aclararme que significa exactamente eso de “confianza”.

—Me has entendido bien —le confirmó Gina y después le aclaró—: Y de confianza significa que puedo confiar en él porque le conozco lo suficiente como para saber si puedo o no fiarme de él.

Jake aparcó frente a la casa de Gina y vio un todoterreno negro aparcado pocos metros más adelante. Gina se percató de cómo Jake miraba el coche de Frank y le dijo:

—Es Frank.

Jake y Gina salieron del coche y Frank hizo lo mismo para reunirse con ellos. Saludó a Gina con un beso en la mejilla y a Jake con un apretón de manos mientras Gina hacía las presentaciones oportunas:

—Frank Grey, Jake Hudson. Entremos en casa.

Ambos hicieron un gesto a Gina para que pasara delante pero fue Jake quien la acompañó rodeando su cintura con su brazo, un gesto que a Gina le gustó. Pasaron directamente al salón y se sentaron en el sofá, donde Gina le dijo a Frank:

—Adelante, di lo que tengas que decir.

— ¿Confías en él? —Quiso asegurarse Frank.

—Es un amigo de Arthur y está al corriente de mis sospechas —le confirmó Gina.

—Fermín Cano trabaja para los Servasky —dijo Frank y añadió sin andarse por las ramas—: Y tú eres uno de los objetivos.

—Hijo de puta, tendría que haberle echado —se lamentó Gina—. ¿Le has dicho algo de esto a mi padre o a Derek?

—Acabo de decírselo a Derek, viene de camino —confirmó Frank.

— ¡Joder, Frank!

—Ya me ha dicho que la idea de llevar un escolta las veinticuatro horas no te iba a gustar.

Justo en ese momento sonó el timbre de la puerta y alguien abrió con la llave. Frank sacó su pistola pero Gina le detuvo y dijo:

—Es Derek.

En ese momento apareció Derek en el salón y la miró con gesto reprobador. Después miró a Jake sorprendido y finalmente le dijo a Gina:

—Creía que hoy era noche de chicas.

—Y yo también —respondió Gina de mala gana. Se volvió hacia a Jake y le dijo: – Jake, sírvete una copa o lo que te apetezca beber, vuelvo en un minuto —se volvió hacia a Derek y le ordenó—: Acompáñame un momento.

Jake optó por servirse una copa, estaba empezando a ponerse nervioso y necesitaba relajarse. Le ofreció otra copa a Frank y éste acepto encantado.

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