Noventa minutos 5.

Una hora más tarde de la reunión en el despacho de su jefe en presencia de Jake, Gina seguía encerrada en su despacho hablando con Hannah mientras ambas trataban de decidir quiénes eran los candidatos más idóneos para formar el equipo de márquetin de repuesto. Querían escoger a los más creativos y a los más versátiles para que pudieran dar a sus clientes la mejor publicidad. Ambas estaban tan enfrascadas en la conversación, que no oyeron llamar a la puerta y no se dieron cuenta hasta que la puerta se abrió y vieron aparecer a Jake con su media sonrisa que derretía a todo el que le miraba.

—Lamento interrumpir de nuevo —se disculpó Jake—. Gina, ¿podríamos hablar un minuto?

Gina miró a Hannah y Hannah entendió lo que su amiga le quería decir, así que se levantó discretamente y desapareció cerrando la puerta tras salir. Gina le hizo un gesto a Jake para que se sentara y le dijo:

—Usted dirá, señor Hudson.

—Por favor, llámame Jake —le rogó Jake—. Ya que pasaba por aquí, he pensado en pasar a saludarte y traerte esto —le tendió un CD y añadió—: Es de Lucie Silvas, en él sale la canción que bailamos en la gala benéfica, pensé que te gustaría tenerlo.

Gina se lo quedó mirando arrugando el ceño y Jake supo que no había sido el mejor momento para tratar de seducirla, estaba enfadada y, cómo su buen amigo Arthur le había dicho, Gina no era como las demás chicas y mucho menos como las que ellos acostumbraban a tratar.

—Te agradezco el detalle, pero no era necesario…

—No espero nada a cambio, simplemente quería que lo tuvieras —le contestó Jake interrumpiéndola con una amplia sonrisa.

Gina se dio cuenta del tono que había utilizado con el pobre Jake, que se había tomado la molestia de comprarle el CD de Lucie Silvas y se sintió fatal.

—Perdona, estoy un poco… En fin, hoy me parezco más a un ogro que a una persona.

—Estás perdonada —le dijo Jake con su sonrisa permanente. Se levantó del sillón  y le dijo antes de despedirse—: Escucha el CD y, si te apetece, cuéntame qué te ha parecido.

—Jake, espera —le dijo Gina respirando con profundidad como si fuera a saltar de un acantilado, le miró a los ojos y añadió—: Si no me dices cómo localizarte, no podré contarte qué me ha parecido.

—Dame tu número, yo te llamaré —le dijo Jake divertido.

A Gina le hizo gracia que le pidiera su número de teléfono porque solo podía hacerlo por dos razones: para asegurarse de que no le atosigara o para asegurarse de que volvieran a hablar. De cualquier modo, ella aceptó su petición y anotó su número de móvil personal en una tarjeta de la empresa que le entregó a Jake. Él cogió la tarjeta y se la guardó en el bolsillo delantero de la chaqueta de traje que llevaba, le dedicó una sonrisa a Gina y le dijo con picardía:

—La verdad es que las conversaciones por teléfono no me van mucho, pero puedo llamarte y quedar para cenar mientras me cuentas qué te ha parecido Lucie Silvas —la miró a los ojos y le propuso—: ¿Qué tal si te invito a cenar el sábado?

—El sábado no puedo, tengo planes —le respondió Gina—. Y el próximo fin de semana estaré fuera de la ciudad. Quizás para el siguiente… —añadió Gina disimulando con éxito su interés por salir con Jake.

— ¿Hay alguna posibilidad de que canceles tus planes del sábado? —Preguntó Jake tanteando el terreno, sabiendo qué planes tenía Gina porque su amigo Arthur le acababa de poner al corriente.

—Imposible, el sábado es una noche de chicas —le respondió Gina divertida—. Por cierto, Emily también se ha apuntado con nosotras.

—Y, ¿qué hacéis exactamente en una noche de chicas? —Quiso saber Jake.

—Nada especial, salimos a cenar y a tomar unas copas.

La sonrisa traviesa de Gina le dejó claro a Jake que había algo más que eso, pero no dijo nada. Arthur sabía a dónde irían las chicas y tenían pensado ir al mismo pub donde ellas estarían y fingir un encuentro casual.

—De acuerdo, tendremos que dejarlo para otro día —le dijo Jake a Gina mientras se despedía con un beso en la mejilla—. Te llamaré, tendré que conformarme con eso.

Gina le sonrió divertida y Jake le devolvió la sonrisa antes de marcharse.

El sábado por la noche, Gina, Emily, Amanda, Paula y Ainhoa cenaban en un restaurante mexicano mientras charlaban y bromeaban. Emily había encajado estupendamente con las chicas y se sentía cómoda estando con ellas a pesar de que acababa de conocerlas.

— ¿Tú también conoces al bombón del jefe de Gina? —Le preguntó Amanda a Emily—. Oh, no me digas que tú tampoco piensas tirártelo —Emily se quedó callada y, por su gesto, Amanda dedujo lo evidente y se lo hizo saber a todas—: Una mujer con criterio.

—No te asustes, Amanda siempre es así —le dijo Gina a Emily para que quitara la cara de susto—. Y lo que Amanda quiere decir es que no entiende por qué no tengo ningún interés en acostarme con mi jefe, a pesar de que le he repetido una y mil veces que Arthur y yo solo somos amigos y que además es mi jefe.

—Pues yo sí que me lo tiraba —confesó Emily y todas estallaron en carcajadas—. En serio, lo conozco desde hace diez años y siempre ha sido como un amor platónico, pero cuando el sábado lo volví a ver…

— ¡Pues lánzate! —Exclamaron Amanda y Ainhoa al unísono, provocando otra oleada de carcajadas.

—No es tan fácil —dijo Emily cuando logró dejar de reír—. Para él soy la hermana pequeña de su amigo, creo que ni siquiera me ve como a una mujer. El año pasado nos besamos en la fiesta de primavera que organizan mis padres todos los años, pues no lo había vuelto a ver desde entonces, me rehuía. Pero el sábado estaba tan guapo y tan dulce que… —Emily suspiró y comentó—: Creo que he bebido demasiado.

—Todas estamos bebiendo demasiado —confirmó Paula, la más responsable.

Después de cenar, las chicas fueron al Aloha, tal y cómo habían planeado. Pidieron las copas en la barra pero después decidieron dirigirse a una de las mesas altas con taburetes, donde se acomodaron y de vez en cuando se levantaban para ir a bailar a un par de metros de distancia del resto de las chicas.

Gina ya iba por la tercera copa cuando le llegó un mensaje al móvil de un número de teléfono que no tenía guardado en la agenda: “Esta noche estás preciosa, aunque tengo que confesar que no puedo dejar de mirar tus largas piernas. Lástima que sea una noche de chicas. “Gina tuvo que leerlo dos veces para terminar de creerse lo que sus ojos veían, pero supo de inmediato de quién era ese mensaje y, tras echar un vistazo a la muchedumbre del local y no verle, le contestó: “Si te acercas y me saludas, podrás ver más de cerca mis largas piernas. Pero os advierto que si os acercáis la noche de chicas queda anulada y tendremos que repetirla. Y hablo en plural porque sé que todo esto ha sido idea de Arthur.”

Apenas unos segundos después de enviar el mensaje, una mano se posó al final de la espalda de Gina y ella, nada más oler ese aroma, supo que era Jake. Se volvió despacio y con tranquilidad y, cuando lo tuvo de frente, Jake le dijo con una sonrisa en los labios:

—Tus piernas parecen aún más largas de cerca, reconozco que ha merecido la pena dar por anulada la noche de chicas —Jake la saludó con un beso en la comisura de los labios—. A riesgo de parecer repetitivo, estás preciosa esta noche.

—Gracias, tú tampoco estás nada mal —le contestó Gina divertida. Arthur la saludó en ese mismo momento y Gina aprovechó para decirle—: Ya hablaremos tú y yo.

Arthur le guiñó un ojo y, tras saludar a Amanda, Paula y Ainhoa, toda su atención fue a parar a Emily. Amanda, que ya había puesto sus ojos en Jake, se acercó a Gina y le preguntó:

— ¿No vas a presentarnos a este bombón?

Gina sonrió ante el gesto de Amanda y la reacción de Jake, que la había cogido por la cintura con más fuerza.

—Chicas, os presento a Jake Hudson, el hermano de Emily y también amigo de Arthur —dijo Gina. Se volvió hacia Jake y le dijo—: Ellas son mis amigas, Amanda, Ainhoa y Paula.

—Encantado de conoceros —las saludó Jake educadamente mientras las besaba en la mejilla.

—Gina, ¿por qué no nos has hablado de este bombón? —Preguntó Amanda lo suficientemente alto como para que Jake la escuchara.

—Amanda —le advirtió Gina.

Jake se acercó a Gina y le susurró al oído:

—Es una pregunta interesante, a mí también me gustaría saber la respuesta —se volvió hacia al resto de las chicas y les dijo con una sonrisa arrebatadora—: ¿Qué os parece si dejáis que Gina venga conmigo esta noche y ella mañana os cuenta todo lo que queráis saber?

—Trato hecho —dijeron las tres amigas divertidas.

—Pero si ni siquiera le conocéis —protestó Gina—. ¿Qué pasa si es un psicópata?

—Creo que merece la pena que corras el riesgo —bromeó Amanda.

Jake sonrió satisfecho y Gina resopló resignada. Se despidió de las chicas y de Arthur, que se fue con Emily pocos minutos después de que ella se fuera con Jake.

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