Noventa minutos 4.

El lunes siguiente por la mañana, Gina se encerró con su jefe en su despacho y no salió de allí hasta que obtuvo toda la información que quería saber sobre su relación con Emily, aunque se cuidó mucho de nombrar a su hermano Jake.

—He visto cómo os miráis, la rabia y la pasión con la que os tratáis, no me puedes decir que no hay ni ha habido nada entre vosotros porque sé que miente —le dijo Gina a Arthur.

Arthur suspiró, se acomodó en su sillón de director general y dijo con sinceridad:

—Conocí a Emily la primera vez que fui a casa de los padres de Jake. Jake y yo nos conocimos en la universidad y nos hicimos buenos amigos. Un fin de semana me invitó a su casa, por aquel entonces aún vivía con sus padres, y fui a su casa, donde conocí a su hermana —cerró los ojos, suspiró y continuó hablando—: Fue como un flechazo, pero era la hermana pequeña de mi amigo Jake, así que descarté cualquier acercamiento, pero ella no paraba de revolotear por mi alrededor. Fuera a donde fuera, allí me la encontraba. Los Hudson celebran una fiesta anual cada primavera en su casa y el año pasado nos besamos mientras todos estaban distraídos mirando los fuegos artificiales. No la he vuelto a ver desde entonces y el sábado la encontré más atractiva que nunca.

—Y yo que creía que solo te interesaban las pijas sin cerebro y resulta que estás enamorado de Emily y sales huyendo cuando la besas —se mofó Gina.

—Emily ha sido la única que me ha hecho pensar en una tener una relación estable, pero no estoy seguro de que vaya a salir bien y es la hermana de uno de mis mejores amigos, es demasiado arriesgado cuando ni siquiera sé lo que quiero —confesó Arthur.

—Si no te arriesgas, no lo sabrás —le advirtió Gina—. Por cierto, espero que no te importe que haya invitado a Emily el próximo sábado a salir con las chicas. Tenemos pensado salir a cenar y tomar unas copas en el Stars, un pub que hay en el barrio, por si quieres presentarte por allí y saludar a Emily.

—Iré, aunque solo sea para asegurarme de que no me despertáis a las cinco de la mañana para que vaya a sacaros del calabozo —se mofó Arthur.

—Habíamos quedado en que esa noche no volvería a mencionarse —le recordó Gina.

—Lo sé, lo siento —se disculpó Arthur tratando de ocultar la risa sin éxito—. Por cierto, me pareció que te lo pasabas muy bien con Jake la otra noche.

—No sé a qué te refieres, solo bailamos y salimos a tomar una copa —se defendió Gina—. Tú estabas con nosotros y pudiste comprobar que no pasó nada.

—Conozco a Jake y nunca le he visto tan interesado en una chica como lo estuvo contigo anoche y, además, ayer me llamó para pedirme tu teléfono.

— ¿Se lo diste? —Quiso saber Gina.

— ¿Querías que se lo diera?

—Arthur, no juegues con fuego que te quemas.

—De acuerdo, mujer. No hace falta que te pongas así —bromeó Arthur—. Me llamó y tras dar unos cuantos rodeos, me pidió tu número de teléfono. Me dijo que habíais estado sobre música y quería darte un CD, así que le dije que se pasara a la hora de comer por la oficina y te diera el CD en persona y te pidiera él mismo tu teléfono.

— ¿Y va a venir?

—Te noto sumamente interesada, ¿me equivoco? —Se mofó Arthur.

—Me pareció un tipo interesante, nada más —le dijo Gina divertida—. Tengo que irme, tengo una reunión con el equipo de márquetin que a este paso va a volverme loca. Nos vemos luego.

—Luego nos vemos —se despidió Arthur.

Gina se dirigió a su despacho y después a la sala de juntas, donde estuvo reunida con el equipo de márquetin durante toda la mañana tratando de solucionar un problema de última hora que se habría podido solucionar antes si el director de márquetin hiciera su trabajo como es debido.

—No podemos presentar esa campaña, no cumple ninguno de los requisitos que el cliente nos ha pedido y no nos sirve para nada —repitió Gina cuando Fermín Cano, el director de márquetin de Global, volvía a insistir en que podría modificar un poco la campaña para adaptarla a las necesidades del cliente—. Lo único que el cliente ha exigido que hiciéramos una campaña sin polémica, nada de política, sexo, alcohol ni nada por el estilo y tú has hecho exactamente todo lo contrario.

—Llevamos un mes trabajando en esta campaña, no podemos empezar de cero ahora y presentar la nueva campaña en una semana —volvió a excusarse Fermín.

Gina se enfureció, no podía creer que el puñetero director de márquetin la hubiera cagado de esa manera y estuviera tan tranquilo sentado en su silla como si la cosa no fuera con él y, en vez de aportar ideas o soluciones, tan solo trataba de complicarlo todo más. Gina explotó y, utilizando un tono amenazador y de ordeno y mando que nunca había utilizado para ningún empleado de Global, le dijo más alto de lo que pretendía:

—No quiero escuchar ni una puñetera excusa más, ¿me habéis entendido? —Miró al resto del equipo, se volvió hacia Fermín y añadió—: Me da igual cómo lo hagas, pero el lunes quiero ver la presentación de una campaña digna de Global y a la altura de las exigencias de nuestro cliente —Fermín abrió la boca para continuar con su retahíla de excusas pero Gina le ordenó callar con un gesto e hizo salir al resto del equipo de márquetin excepto al director. Esperó a que todos salieran y, cuando se quedó a solas con Fermín, se volvió hacia a él, le sostuvo la mirada y le advirtió—: Demuestra que estás capacitado para ser el director de márquetin de Global o me veré obligada a prescindir de ti.

Fermín abrió la boca pero la volvió a cerrar de inmediato y agachó la cabeza antes de salir de la sala de reuniones. Gina recogió su portátil y, cuando estaba a punto de salir de la sala de reuniones, Arthur entró y ambos se quedaron mirando frente a frente hasta que Arthur le preguntó:

— ¿Qué ha pasado aquí? Han salido todos como si salieran de un campo de concentración.

—Tenemos que hablar, Arthur —le dijo Gina sin opción a réplica—. – Vamos a mi despacho.

— ¿Tiene que ser ahora? —La interrumpió Arthur sonriendo.

—Sí, tiene que ser ahora —le contestó Gina malhumorada—. Mira la mierda de presentación que tenemos para la campaña de Hoffman. ¿Crees que podemos presentarle esto el lunes?

Gina le tendió los informes a su jefe y entonces se percató de que había alguien más en la puerta, Jake Hudson había estado observándola mientras ella hablaba con su jefe.

—Me temo que no es un buen momento —saludó Jake con naturalidad y esa media sonrisa que le hacía tan interesante y atractivo.

—Llegas en el mejor momento para ver a Gina en plena etapa de ira, aunque te recomiendo que te mantengas como espectador, participar en el espectáculo te puede traer consecuencias desagradables —se mofó Arthur—. Vamos a mi despacho —los tres se dirigieron al despacho de Arthur, cerraron la puerta y se sentaron en los sillones. Arthur puso sobre la mesa los informes que Gina le había entregado sobre la presentación de la campaña de Hoffman, uno de los mejores clientes de Global, y dijo:

— ¿Qué ocurre con la presentación de la campaña del equipo de márquetin? ¿No te ha gustado?

—No se trata de lo que a mí me guste, y ya que lo mencionas me parece un horror —le contestó Gina todavía furiosa—. Se trata de lo que quiere y exige nuestro cliente y Fermín ha vuelto a hacer lo que le da gana. Tenemos que presentar la campaña el próximo lunes y no tenemos nada a excepción de lo que tienes ahí. Fermín no tiene excusa, trabaja en Global desde que fundaste la empresa y Hoffman es nuestro principal cliente, no entiendo qué busca con todo esto.

— ¿Lo has echado? —Quiso saber Arthur—. Cómo tú has dicho, Fermín lleva trabajando para Global desde que se fundó.

—No lo he echado de momento, pero pienso hacerlo cómo esto nos perjudique —le recalcó Gina mientras Arthur la miraba duramente—. No me mires así, me pagas para que haga un trabajo y es exactamente lo que estoy haciendo. Llevo dos semanas poniendo excusas ante Hoffman y dando la cara por Fermín y, a una semana del plazo de presentación, no tenemos nada. ¿Tienes idea de qué pasaría si Hoffman decide dejarnos? Y te aseguró que si le enseñamos eso se lo replanteará.

Arthur echó un vistazo al informe y su rostro empezó a cambiar de color de un rosa sano a un pálido que daba miedo. Se aclaró la voz carraspeando la garganta y le preguntó a Gina:

— ¿Qué mierda es esta?

—Eso es lo mismo que he preguntado yo —le respondió Gina encogiéndose de hombros con resignación—. Entiendo que Fermín lleva mucho tiempo en Global y que le hayas cogido cariño, pero esto no nos lo podemos permitir, sobre todo cuando no es la primera vez que ocurre. No confío en él y, si por mi fuera, te aseguro que ya no trabajaría aquí.

— ¿Hay algo personal en todo esto? —Preguntó Arthur al notar el tono furioso muy poco habitual en Gina y que contenía por la presencia de Jake.

— ¿Qué me estás preguntando exactamente, Arthur?

—Tú siempre dices que todos tenemos derecho a equivocarnos, sin embargo tienes claro desde el primer momento que quieres a Fermín fuera de Global.

—Tengo mis motivos para desconfiar de él y por supuesto que no es nada personal, me conoces demasiado bien como para tener que preguntarme algo así.

—Sé que probablemente Fermín será el último hombre del mundo con quien te lo montarías, pero sé que sabes algo que no quieres decir y sé que es algo gordo —le dijo Arthur—. Cómo tú has dicho, te conozco demasiado bien.

—Todavía no tengo pruebas, pero estoy en ello —le contestó Gina—. Mientras tanto, voy a ocuparme de tener una presentación de repuesto, como he dicho, no me fío de él —se volvió hacia a Jake y le dijo forzando una sonrisa—: Lamento la intrusión, señor Hudson. Les dejo para que puedan seguir con sus cosas.

Gina le guiñó un ojo a su jefe sin que Jake la viera y se marchó a su despacho, donde se reunió con Hannah para decidir con quién contar para formar el equipo de repuesto del departamento de márquetin aunque no pudo dejar de pensar en la persona que había en el despacho continuo sentado con su jefe.

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