Noventa minutos 3.

Gina estaba nerviosa por la subasta, no podía dejar de pensar que acabaría bailando con algún viejo verde ricachón pegado a ella. Emily, que no había dejado de observarla desde que se habían visto por primera vez, le dijo para tranquilizarla:

—Puedes estar segura de que esta noche no ganará la puja por ti ningún viejo.

— ¿Cómo puedes estar tan segura? —Pregunto Gina y añadió—: Si estás pensando en Arthur, te estás equivocando. Arthur y yo solo somos amigos y compañeros de trabajo, nunca ha habido ni habrá nada más que amistad entre nosotros.

Emily asintió y le sonrió, sabiendo que todo lo que Gina le decía era cierto. Uno de los organizadores del evento les explicó brevemente el orden de las candidatas y Emily y Gina salían una detrás de la otra. Todas las chicas que participaban en la subasta esperaban detrás del escenario a que el presentador de la gala las fuera llamando una a una para presentarlas y subastarlas.

Al otro lado del escenario, Arthur y Jake esperaban a que las chicas salieran con un objetivo en mente, Arthur quería conseguir un baile con la descarada de Emily que tanto le gustaba y que tan loco lo volvía. Jake, por su parte, también tenía claro que tenía que conseguir ese baile con la misteriosa Gina que tanto la había atraído desde que la había visto entrar en el salón y a quién pretendía conocer un poco más.

La primera de las dos chicas en salir fue Emily y, tras una dura puja entre Arthur y un tipo siniestro con bigote, finalmente fue Arthur quién ganó la puja por 25,000€ y ese baile con Emily, que estaba encantada con Arthur por mucho que ella se empeñara en negarlo y disimularlo.

La siguiente fue Gina, que caminó con firmeza y seguridad sobre el escenario aunque en realidad temblaba como un flan, pero nadie se percató. El presentador comenzó la puja en 1,000€ y diversos invitados empezaron a pujar, entre ellos Jake. La puja subió hasta los 30,000€ y ya tan solo pujaban tres hombres por ella: Jake, Robert Gates y el mismo hombre siniestro con bigote que había pujado por Emily. Gina se estremeció, le daba igual bailar con el señor Gates pero no quería bailar con el tipo del bigote que la miraba como si estuviera desnuda y quisiera…

—Cien mil euros —dijo Jake alzando la voz y sacando a Gina de sus pensamientos.

El presentador de la gala miró a los otros dos hombres y éstos le hicieron un gesto en señal de que se retiraban de la puja, y sentenció:

—El primer baile de la noche de la señorita Gina Verona queda adjudicado al señor Jake Hudson por la generosa cifra de 100,000€.

Todo el mundo estalló en aplausos y Jake ayudó a Gina a bajar las escaleras tendiéndole la mano mientras sonreía satisfecho.

—Creo que estás loco, pero me alegro por ello —bromeó Gina.

—No estoy loco, lo he hecho por tres buenas razones —le respondió Jake susurrándole al oído.

— ¿Tres buenas razones?

—La primera es que todo lo recaudado en la subasta de bailes será donado íntegramente a la reconstrucción del orfanato, la segunda es que quería bailar contigo y pujar por ti era una buena forma de conseguirlo. Y la tercera, bueno, te he visto mirar a ese tipo del bigote y tu expresión me lo ha dicho todo.

—Supongo que hemos salido ganando todos —bromeó Gina—. Los huérfanos que tendrán dinero suficiente para reconstruir el orfanato, tú que querías bailar conmigo a pesar que he de confesarte que soy una pésima bailarina y yo me ahorro tener que acercarme a ese tipo que me da grima.

Gina y Jake se reunieron con Emily y Arthur en la mesa que compartían para terminar de ver las subastas de los primeros bailes de las chicas que aún quedaban por salir al escenario.

Cuando la subasta finalizó, el presentador les pidió a las chicas que habían participado en la subasta que se dirigieran a la pista de baile con sus pujadores para que el primer baile se pudiera llevar a cabo.

Jake agarró de la mano a Gina y la guió hasta el centro de la pista, donde puso las manos alrededor de la cintura de ella y le susurró al oído:

—Gina Verona, ¿Verona cómo la ciudad italiana donde se desarrolla Romeo y Julieta?

—Se escribe igual y su procedencia también es italiana, mis abuelos por parte de padre son italianos, aunque no de Verona, sino de Milán —le respondió Gina divertida por la ocurrencia de Jake—. Pero he estado en Verona muchas veces y es una de las ciudades más hermosas que he visto nunca, con mucha cultura y paisajes preciosos.

—Creo que eres la primera chica que oigo hablar de Verona y no menciona el balcón de Romeo y Julieta ni su romance —bromeó Jake.

—Verona es mucho más que la ciudad donde ocurre el fatídico romance de Romeo y Julieta de Shakespeare —opinó Gina.

—No he estado en Verona, pero me encantaría conocerlo solo por la pasión con la que describes esa ciudad —le susurró Jake al oído mientras bailaban una balada de que Gina desconocía pero que le encantaba—. ¿Vas mucho a Italia?

—Menos de lo que me gustaría, pero intento ir al menos una semana todos los veranos para ver a mis abuelos y ellos vienen a vernos en Navidad —le contestó Gina dando más detalles de los que le habría gustado—. Pero no quiero aburrirte…

—No me aburres —la interrumpió Jake—. Es agradable poder tener una conversación interesante que no tenga que ver con negocios.

— ¿Conoces la canción que suena? —Preguntó Gina fascinada por la melodía y la dulce voz que formaban la balada que ambos bailaban—. No la había oído antes, pero es preciosa.

—La canción se titula “Nothing else matters” y es de Lucie Silvas —le contestó Jake con una sonrisa en los labios hipnotizado por la naturalidad de Gina.

La canción terminó y ambos se resistieron a separarse, pero tuvieron que hacerlo cuando Emily y Arthur se les acercaron. Jake se tensó, quería saber más cosas de Gina y buscar una excusa para volver a verla sin que Arthur se le echara encima, pues ya le había dejado claro que Gina era como una hermana pequeña para él y Arthur solo decía las cosas una vez.

—Estábamos pensando en ir a tomar una copa, ¿qué os parece? —Propuso Emily agarrada del brazo de Arthur.

Gina y Jake se miraron y después miraron a Emily y Arthur sin comprender muy bien lo que pasaba entre aquellos dos, que por momentos se odiaban y por momentos bailaban y se mostraban encantados de salir a tomar una copa.

—Gina, si no te apetece ir puedo llevarte a casa —le susurró Arthur al ver a su amiga tan dubitativa.

—Me apunto siempre y cuando no decidáis ir al Red —dijo Gina sonriendo.

—Dudo mucho que te dejen entrar —comentó Arthur burlonamente.

— ¿Por qué no la iban a dejar entrar? —Preguntó Emily.

—Digamos que no admiten la entrada a personas… conflictivas —se mofó Arthur.

—Eso es totalmente injusto, si ellos hubieran hecho su trabajo yo no hubiera tenido que intervenir —le contestó Gina molesta—. Y no quiero oír hablar más de ese tema.

—Menudo carácter —murmuró Jake sonriendo para sus adentros.

Decidieron ir a tomar una copa al Aloha, un bar de copas tranquilo al que solo te dejaban entrar si eras socio o ibas acompañado por un socio. Es decir, un lugar exclusivo para los ricos y sus amigos.

Los porteros del pub, nada más ver a Jake y Arthur, habituales del lugar, les dejó pasar sin pedir acreditación y sin tener que hacer la larga e inmensa cola que había formada para entrar en el local. Entraron y se dirigieron a un reservado para cuatro personas donde una camera anotó la comanda y regresó minutos después con las bebidas.

Jake apenas hablaba, pero observaba y escuchaba cada cosa que Gina hacía o decía sin disimulo alguno y eso a Gina empezaba a incomodarla, así que le dio conversación a Emily, que parecía encantada de poder hablar con alguien tras el silencio que se había formado. Era una situación curiosa, los cuatro querían estar dónde y con quiénes estaban, pero los cuatro se sentían un tanto incómodos y nerviosos.

Tras beberse la primera copa, todos se relajaron y comenzaron a charlar y bromear como un grupo de amigos que salían de copas y se divertían.

Pasadas las tres de la mañana, los chicos decidieron llevar a las chicas a casa y Emily y Gina descubrieron que eran vecinas y que vivían la una en frente de la otra, a pesar de que nunca se habían visto por el barrio. Las chicas se despidieron prometiendo quedar un día para tomar un café o unas copas. Arthur se despidió de Gina hasta el lunes que volverían a verse en la oficina mientras Jake se despedía de su hermana para después despedirse de Gina mientras Arthur se despedía de Emily.

—Buenas noches, señorita Verona —le dijo Jake a Gina besándola en la mejilla—. Espero volver a verla pronto.

—Buenas noches, señor Hudson —le respondió Gina siguiendo la broma aunque en realidad tuviera ganas de invitarle a entrar en su casa y lo que surgiera, pero eso no lo podía hacer, se suponía que ella era una señorita y no pensaba ser el plato fácil de nadie, por muy guapo y seductor que fuera—. Y gracias por librarme de las garras de “Don Bigotes”, creo que no lo habría podido resistir.

Ambos se sonrieron y volvieron a darse las buenas noches antes de que Gina entrara en casa.

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