Noventa minutos 18.

Jake despertó a Gina a las siete de la mañana, se ducharon, desayunaron y la llevó a la oficina. Jake tenía que ir también a su oficina, así que habló con el escolta de Arthur para que aumentara la seguridad en Global, se despidió de Gina y se marchó a las oficinas de su empresa. Regresó a buscar a Gina a la hora de la comida para llevarla a comer y se volvía a marchar para regresar a las seis de la tarde y llevar a Gina a casa y pasar el resto del día juntos como una pareja.

Mantuvieron la misma rutina durante las dos semanas siguientes, hasta que un viernes que Arthur le dio fiesta a Gina en la oficina, mientras preparaban la comida en casa entre bromas, Franco y Paulina llamaron al timbre de la puerta de la casa de su única hija.

—Papá, mamá, ¿qué hacéis aquí? —Les preguntó Gina preocupada al ver a sus padres allí—. ¿Ha pasado algo?

—No ha pasado nada malo, ¿nos invitas a entrar? —Le contestó Franco.

—Claro, pasad —les dijo Gina saludando a sus padres con un beso en la mejilla. Entraron al salón y dijo alzando un poco la voz para que Jake, que estaba en la cocina, le escuchara—: Jake, tenemos visita.

— ¿Quién es, cariño? —Preguntó Jake antes de salir de la cocina y toparse con sus futuros suegros en el comedor—. Franco, Paulina, ¿ha ocurrido algo?

—Creo que eso deberíamos preguntarlo nosotros —comentó Franco divertido posando su mirada de su hija a Jake.

—Papá —le advirtió Gina—. ¿A qué habéis venido?

—Brad me ha enviado esto y he preferido enseñártelo en persona, así aprovechábamos para haceros una visita —respondió Franco y le entregó el sobre que Brad le había enviado.

Gina cogió el sobre y lo abrió. Del sobre sacó cinco fotografías y un papel con un pequeño escrito que en seguida reconoció como la letra de Brad. Gina miró las fotografías con detenimiento y reconoció en cada una de ellas a cada uno de los cinco miembros de los Servasky, todos muertos de un tiro en la frente. Gina no necesitaba leer el pequeño escrito de Brad para hacerse una idea de lo que había pasado, pero aun así decidió leerlo: “Problema resuelto, ya no tenéis que preocuparos por los Servasky. Los cinco miembros están muertos y te adjunto cinco fotografías como prueba. Si quieres, puedes pedir el informe a la DEA para comprobar que lo que digo es cierto. Solo quiero lo mejor para Gina.”

Gina le entregó el sobre a Jake para que él mismo pudiera ver con sus propios ojos lo que ella misma también había visto y después se volvió, miró a su padre y le preguntó:

— ¿Lo has confirmado con la DEA?

—Sí, lo he confirmado —respondió Franco—. Les he pedido una copia del informe de la operación, te la haré llegar en cuanto la reciba.

—Creía que queríais a los Servasky vivos —comentó Jake.

—Y así era, pero la DEA también iba detrás de ellos y, conociendo a Brad, no iba a dejarlos escapar si tenía la más mínima oportunidad de liquidarles —contestó Franco—. Hay muchas cosas que los Servasky se han llevado a la tumba, pero tengo que reconocer que también es un alivio saber que no vamos a tener que volver a preocuparnos por ellos.

— ¿Os quedáis a comer? —Preguntó Jake a sus futuros suegros—. Estamos preparando tallarines al pesto, aunque no nos saldrán igual de buenos que a Paulina.

—Os agradecemos la invitación, pero ya hemos quedado con Henry y Grace para comer —les dijo Paulina agradecida—. Podríamos ir a cenar todos juntos, ¿qué os parece?

—Paulina, a lo mejor los chicos ya tienen planes para esta noche —le dijo Franco a su esposa.

—Creo que es una buena idea que salgamos a cenar todos juntos —opinó Jake. Gina le apretó el brazo para mostrar su desacuerdo, pero Jake le acarició la mano y le susurró—: Tarde o temprano tendremos que hacerlo, ¿por qué no esta noche?

— ¿Qué dices, Gina? —Insistió Paulina—. ¿Salimos a cenar todos juntos?

—Eh, creo que eso parece —respondió Gina nerviosa.

Franco y Paulina les dijeron que les llamarían por la tarde para quedar y salir a cenar, se despidieron de ellos y se marcharon a casa de los Hudson contentos por haber podido comprobar con sus propios ojos la relación que existe entre Gina y Jake.

En cuanto Paulina y Franco salieron de casa de Gina, Gina se volvió hacia Jake y le preguntó:

— ¿De verdad crees que es una buena idea?

—Cariño, si vamos a tener una relación de pareja, lo lógico es que nuestras familias lo sepan y cuanto antes mejor —le respondió Jake—. Además, tanto tus padres como los míos saben que hay algo entre nosotros y solo esperan que lo hagamos oficial —la estrechó entre sus brazos, la besó en los labios y le susurró al oído—: No tienes de qué preocuparte, es imposible no adorarte, cariño.

—Me encanta que me llames cariño —le confesó Gina entre risas y bromeó—: Incluso hasta cuando lo haces delante de mis padres.

–  No sabía que eran tus padres, pero me alegro de que lo hayan oído porque nos ahorrará muchas explicaciones esta noche. – Le dijo Jake sonriendo. – No te preocupes, te prometo que todo saldrá bien y que incluso te divertirás. Ahora, vamos a comer.

Jake y Gina comieron, recogieron y estaban a punto de empezar a ver una película cuando llamaron a Jake del trabajo, se retiró a la cocina para hablar y, tras casi media hora de conversación, regresó al salón y le dijo a Gina:

—Cariño, tengo que ir a la oficina —le dio un beso en los labios y añadió—: Me gustaría que vinieses conmigo, así te puedo enseñar las oficinas.

Media hora más tarde, Gina entraba en las oficinas de la empresa de Jake. Jake le colocó un brazo alrededor de la cintura con posesión, para que todo el mundo supiera lo que ella significaba para él. Jake nunca había llevado a ninguna de sus amantes a su empresa al igual que tampoco las llevaba a su casa, así que en cuanto les vieron aparecer, todo el mundo supo que aquella relación iba en serio. Subieron es ascensor a la planta superior del edificio, donde les esperaba Samuel, la mano derecha de Jake.

—Hola Sam —saludó Jake—. Te presento a Gina Verona, mi novia —se volvió hacia a Gina y le dijo sonriendo—: Cariño, él es Samuel, mi mano derecha. Sin él estaría perdido.

—Encantado de conocerla, señorita Verona —la saludó Samuel sonriendo y estrechándole la mano.

Gina le devolvió la sonrisa mientras estrechaba la mano de Samuel y los tres se dirigieron al despacho de Jake donde Samuel les puso al corriente de la situación. Tom Taker, uno de los principales inversores de la empresa, estaba furioso porque Jake llevaba desaparecido del mapa casi dos meses. Hacía dos semanas que Jake había vuelto a la oficina, pero aún tenía mucho trabajo retrasado por haber pasado dos meses en Castle. Tom Taker era su principal inversor y lo había descuidado, aquello no era propio de Jake.

—Tom Taker está de camino, de hecho, ya debería estar aquí —le informó Samuel—. ¿Has pensado en algo para calmarlo o improvisarás sobre la marcha?

— ¿Puedo estar presente en la reunión? —Preguntó Gina. Jake y Samuel la miraron sorprendidos, no entendían por qué quería estar presente en una reunión que iba a ser desagradable, así que Gina les dijo para tranquilizarles—: Conozco a Tom y estoy segura que mi presencia suavizará las cosas.

Jake aceptó la propuesta de Gina, pero solo porque así no tendría que separarse de ella. Tom Taker era de los que necesitaba llamar la atención y por eso montaba ese circo, pero en cinco minutos se le habría pasado. En cuanto llegó Tom Taker, le hicieron pasar al despacho y su rostro enfurruñado cambió nada más ver a Gina, a quién saludó con familiaridad:

— ¡Querida, qué alegría verte! —La besó en ambas mejillas y le preguntó—: ¿Qué haces por aquí?

—He venido con Jake —respondió Gina cogiendo la mano de Jake.

— ¡Oh! De haber sabido que estabas con él no se me hubiera ocurrido interrumpiros y, si tenéis algo qué hacer, podemos dejar la reunión para otro momento…

—Ya que estamos aquí, hagamos lo que hemos venido a hacer —le interrumpió Jake.

La reunión apenas duró media hora en la que Gina decidió no intervenir, pero disfrutó escuchando a Jake cómo se manejaba en sus negocios y eso le gustó.

Jake y Gina se despidieron de Tom Taker y, tras tener otra charla con Samuel, también se despidieron de él y regresaron a casa de Gina con el tiempo justo para cambiarse de ropa y dirigirse a casa de los padres de Jake para cenar con sus respectivas familias.

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