Noventa minutos 14.

A la mañana siguiente Gina se despertó sola en la cama. Se volvió para mirar por la ventana y los rayos de luz que filtraban por la persiana le dejaron claro que era de día y bastante tarde, al parecer. Estiró el brazo para coger su teléfono móvil de la mesita de noche y vio que eran las once y media de la mañana y que tenía un mensaje de Jake que le había enviado a las ocho de la mañana: “Buenos días, pequeña. Espero que hayas dormido igual de bien que yo, pero cuando te despiertes baja a desayunar. Por cierto, tu padre se ha empeñado en que me enseñes la villa a caballo, ponte ropa cómoda si te apetece montar conmigo, yo lo estoy deseando.”

Gina sonrió tras leer el mensaje y decidió contestarle: “Mm… Hubiera preferido quedarme en la cama, pero salir a pasear a caballo contigo suena bastante bien. Me ducho y bajo a desayunar, a menos que prefieras subir a frotarme la espalda…” Gina le dio al botón de enviar mientras sonreía y se levantó de la cama dispuesta a darse una ducha.

Mientras tanto, Jake recibía el mensaje de Gina estando en el salón con Franco y Paulina y tuvo que contener las ganas de reír y la incipiente erección que el mensaje le había provocado. Pensó en poner una excusa para subir a la habitación de Gina, pero decidió descartar esa idea puesto que estaba con sus padres sentado en el salón de su casa.

— ¿Ocurre algo, Jake? —Le preguntó Franco al ver que se había quedado con la vista fija en su teléfono móvil—. ¿Va todo bien?

— ¿Eh? Sí, todo va bien —respondió Jake medio despistado.

Apenas media hora más tarde, Gina entró en el salón con una sonrisa en los labios y saludó:

—Buenos días a todos. ¿Hay algo para desayunar? Estoy hambrienta.

— ¿Desde cuándo te despiertas de buen humor? —Le preguntó Franco a su hija sorprendido, puesto que estaba acostumbrado a lidiar con el malhumor matutino de su hija—. En veinticinco años nunca te había visto tan contenta nada más despertarte.

—He dormido muy bien respondió Gina con naturalidad.

Gina fue a la cocina a desayunar y su madre la acompañó.

—Parece que Jake y tú habéis hecho las paces —comentó Paulina.

—Mamá, tengo problemas —le confesó Gina a su madre tras dar un sorbo a su taza de café—. Es demasiado perfecto y, a pesar que a veces me comporto como una adolescente, él tiene paciencia conmigo y me soporta.

— ¿Qué es lo que temes, cielo? —Quiso saber su madre—. ¿Enamorarte de él?

—Sí, mamá —le confirmó Gina—. Si no hubiera pasado nada de esto probablemente yo no lo habría vuelto a ver y no tendría ningún riesgo, pero teniéndole veinticuatro horas al día pegado a mí es más de lo que puedo soportar.

—No siempre se sufre en el amor, a veces encuentras a tu alma gemela y eres feliz el resto de tu vida junto a ella, pero para descubrirlo tienes que arriesgarte y dejarte llevar —Paulina le dio un beso en la frente a su hija y añadió bromeando—: Y sinceramente, cariño, no sé cómo Jake consigue soportarte cuando te dan esos arrebatos de adolescente.

Ambas se echaron a reír justo en el momento en que Jake y Franco entraban en la cocina. Franco miró con ternura a su hija y a su esposa y dijo bromeando:

—La verdad es que yo tampoco comprendo cómo te soporta Jake.

—En realidad, nos soportamos mutuamente —dijo Jake para echarle una mano a Gina.

—Hemos pensado que podías enseñarle la villa a Jake, así no os aburriréis aquí encerrados —dijo Paulina antes que Gina le replicara a su padre—. Os he preparado una cesta de picnic con varios tuppers de comida y algo de bebida. Podéis hacer una parada en la cabaña del río para comer, hace frío para que comáis a la intemperie.

—Supongo que no hace falta que te diga que está totalmente prohibido hacer carreras a caballo, la última vez casi matas a uno de mis agentes —le recordó Franco a su hija.

—Casi se mata él solito —le corrigió Gina. Se volvió hacia a Jake y le dijo—: Dame un minuto y nos vamos.

Jake asintió con la cabeza y le dedicó una sonrisa pícara sin que Franco ni Paulina se dieran cuenta y Gina tuvo que hacer un esfuerzo para mantener la compostura frente a sus padres.

Gina y Jake se montaron cada uno en un caballo y Gina le enseñó la villa a Jake. Después pararon en la pequeña cabaña que había junto al río para comer y descansar un poco. Ambos tenían intención de mantener las distancias sexualmente hablando, pero ninguno de los dos fue capaz de mantenerse firme en su decisión y terminaron haciendo el amor y quedándose dormidos. Cuando se despertaron, ya casi era de noche y ambos se apresuraron en recoger sus cosas para regresar a la mansión.

—No sé cómo he podido quedarme dormido —murmuró Jake en el camino.

—Pues a mí no me extraña nada, no duermes nunca —le dijo a Jake—. Además, te recuerdo que yo también me he quedado dormida.

—No te ofendas preciosa, pero tú te quedas dormida con mucha rapidez —le dijo Jake bromeando con una sonrisa pícara en los labios.

Llegaron a la mansión entre risas y Paulina y Franco, que les vieron llegar, se miraron y se sonrieron con complicidad, contentos de que su hija y Jake se llevaran tan bien.

Esa noche después de cenar, Gina se retiró a su habitación alegando estar cansada, pero antes le susurró a Jake, sin que sus padres se percataran, que le esperaría despierta y Jake aceptó ansioso aquella invitación. El miércoles y el jueves también salieron a montar a caballo, haciendo alguna parada en la cabaña del río para dar rienda suelta a su pasión. Por la noche, Jake entraba en la habitación de Gina y la acompañaba hasta que ella se quedaba dormida y él regresaba a su habitación, pero le enviaba un mensaje al móvil para poder darle los buenos días nada más se despertara.

El viernes por la tarde llegaron las chicas y con ellas Arthur y Derek. Cenaron todos juntos en la mansión de la familia Verona y Franco aprovechó para anunciar que al día siguiente vendrían los padres y la hermana de Jake, algo que puso nerviosos a Jake y Arthur. Después bajaron al sótano, donde se les unió Seb, tomaron una copa, jugaron al billar y a los dardos mientras escuchaban música y bailaban.

Jake aprovechó que Gina se distanció un poco del resto para servirse una copa. Se acercó a ella con discreción y le dijo sonriendo con picardía:

—Si sigues bebiendo así, tendré que llevarte en brazos a la cama.

—Creo que podré llegar sola a la habitación, pero quizás necesite ayuda para meterme en la cama —le contestó Gina sonriendo.

Jake le quitó la copa que Gina sostenía entre las manos y la dejó sobre la barra para después coger a Gina de la cintura y bailar con ella una balada romántica que ninguno de los dos había escuchado antes. Seb hizo lo mismo con Paula y Derek con Ainhoa mientras Amanda y Arthur se quedaron charlando. Amanda le aconsejaba que fuera claro y directo con Emily y se dejaran de tanta tontería.

Esa noche, como todas las demás, Jake volvió a visitar a Gina en su habitación, hizo el amor con ella y se quedó allí hasta que Gina se quedó dormida entre sus brazos sobre las cuatro de la mañana, que regresó a su habitación y durmió un par de horas antes de levantarse, darse una ducha y sentarse frente a su ordenador portátil para trabajar.

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