Noventa minutos 13.

Gina bajó al salón después de darse un baño y mantener una conversación telefónica a cuatro bandas con sus amigas y allí se encontró con sus padres y con Jake, que apenas le dedicó una fugaz mirada cuando la vio aparecer. Gina cruzó una mirada con su padre y Franco decidió decirle a su hija lo que sabían, ya que a Jake no le había hecho ninguna gracia descubrir que Brad había estado en la villa y que Gina había salido de la mansión a hurtadillas para reunirse con él:

—Hemos visto a varios hombres de Brad, sabemos que te has reunido con él.

—Ya os he dicho que no he salido de la villa y sí, he estado con Brad —respondió Gina.

Franco fue consciente de cómo Jake se tensaba y apretaba los puños, pero Gina no parecía darse cuenta de nada porque estaba molesta, así que decidió cambiar de tema:

—Vamos a cenar, tu madre ha preparado tallarines al pesto, tu plato favorito.

—Mm… ¡Qué buenos! —Exclamó Gina abrazando a su madre. Aprovechó esa cercanía para preguntarle a Paulina sin que su padre ni Jake la escucharan—: ¿Jake está tan enfadado cómo parece?

—Creo que mucho más de lo que nos parece —le confirmó Paulina susurrando—. Será mejor que te disculpes con él, es un buen chico y parece que te ha cogido cariño.

—Lo haré, pero ahora vamos a cenar —le dijo Gina a su madre tras darle un beso en la mejilla.

Los cuatro pasaron al comedor donde Paulina se encargó de servir los tallarines al pesto que había preparado porque sabía que era el plato preferido de su hija.

Gina se sentó junto a Jake en la mesa, pero él se mostró frío y distante con ella durante toda la cena, haciendo que Gina se sintiera cada vez peor.

Después de cenar, Franco insistió en que se tomaran con él una copa en el salón y ambos aceptaron la invitación de Franco, aunque ninguno de los dos estaba prestando demasiada atención a la conversación, estaban concentrados en sus propios pensamientos. Paulina llamó a su marido para que la ayudara en la cocina, aunque tan solo era una excusa para que Gina y Jake se quedaran a solas.

— ¿Sigues estando enfadado conmigo? —Le preguntó Gina con voz de niña buena en cuanto su padre salió por la puerta del salón.

Jake la miró con cara de pocos amigos y le contestó con frialdad:

—Sigo estando muy enfadado, furioso, diría yo —se levantó del sillón y añadió—: Me voy a dormir, así que tienes una buena oportunidad para volver a salir a hurtadillas, pero no cuentes con que siga aquí cuando regreses.

—Jake, espera —le pidió Gina con voz dulce—. No tengo pensado salir a hurtadillas a ninguna parte, al menos no de momento —Jake la miró con reproche y Gina le dedicó una de esas sonrisas traviesas que a él tanto le gustaban antes de añadir—: Había pensado que quizás podíamos tomarnos una copa en el sótano mientras trato de convencerte de que me voy a portar bien y no voy a hacer nada sin decírtelo antes si eso es lo que quieres.

—Solo me quedaré si tú quieres que me quede, Gina —le dijo Jake suavizando el tono de voz—. Y siempre que me prometas que seguirás las normas y cumplas tu promesa.

—Te prometo que no volveré a salir a hurtadillas y, si es absolutamente necesario, te avisaré para que salgas a hurtadillas conmigo —le prometió Gina con una sonrisa en los labios—. Vamos abajo a tomar una copa y seguimos hablando.

Bajaron al sótano donde Gina sirvió un par de copas y le propuso a Jake jugar una partida al billar.

—Luego echamos una partida, ahora quiero hablar contigo —le dijo Jake cogiéndola de la mano para guiarla al sofá donde ambos se sentaron—. Quiero que me cuentes qué te pasa para que pueda entenderte, Gina. Tu padre acababa de decirte que Brad quería hablar contigo y tenías su consentimiento para hacerlo, no tenías necesidad de verle a escondidas y mucho menos de ponerte en riesgo.

—No lo había planeado, simplemente ocurrió —le contestó Gina—. Tenía que hablar con Brad y cuando esta tarde se me ha presentado la oportunidad la he aprovechado. No he salido de la villa y Seb sabía dónde y con quién estaba, no había ningún peligro, Jake.

— ¿Qué relación tienes con Brad?

— ¿Qué importa la relación que tenga con él?

—Si cada vez que aparezca vas a escaparte como una quinceañera, a mí me importa y mucho —le contestó Jake con el ceño fruncido y volvió a preguntar—: ¿Qué relación tienes con Brad Harper?

—Somos amigos.

— ¿Qué clase de amigos?

— ¿A qué viene todo esto? —Protestó Gina—. ¿Acaso yo te pregunto sobre tu vida sentimental?

—Tu vida sentimental es el motivo por el que ahora estamos aquí, por si lo has olvidado.

—De acuerdo, Brad y yo solo somos amigos y punto.

—Te lo preguntaré de otra manera, ¿mantienes relaciones sexuales con él? —Insistió Jake.

—No voy a mantener más relaciones sexuales con él, si es eso lo que me estás preguntando —le respondió Gina molesta—. ¿Quieres saber algo más?

—Sí, tus planes para mañana. ¿Qué tienes pensado hacer?

— ¿Me vais a dejar salir de la villa? —Preguntó Gina con sarcasmo.

—Solo si yo voy contigo, a menos que prefieras que otro ocupe mi lugar.

—Para eso primero tendrás que decirme cuál es tu lugar exactamente —inquirió Gina.

Ambos se desafiaron con la mirada pero Gina, que pretendía hacer desaparecer el enfado de Jake, le dedicó otra de sus sonrisas traviesas que derritió a Jake.

—Si sigues sonriendo así, no me hago responsable de mis actos —le advirtió Jake sonriendo.

— ¿Qué clase de actos? —Le preguntó Gina con picardía.

Jake la agarró de la cintura, la estrechó entre sus brazos y la besó en los labios con urgencia. Se besaron apasionadamente y, cuando Gina comenzó a desabrocharle los botones de la camisa, la detuvo cogiéndole las manos y le susurró al oído con la voz ronca por la excitación:

—Te aseguro tengo más ganas que tú de acabar con lo que hemos empezado, pero no podemos hacerlo aquí.

—Tienes razón, vamos a mi habitación —sentenció Gina.

—Espera un momento, fiera —le dijo Jake sujetándola por el brazo—. Estamos en casa de tus padres, ¿lo recuerdas?

—Lo recuerdo perfectamente, igual que recuerdo que vamos a permanecer aquí hasta que todo este asunto se solucione —le dijo Gina sonriendo burlonamente—. Lo mismo solo son un par de días como un par de semanas, ¿estás dispuesto a esperar tanto?

—Vamos a tu habitación —sentenció Jake besando a Gina con urgencia y dándole una palmadita en el trasero antes de hacerle un gesto para que subiera las escaleras delante de él.

Ambos se dirigieron a la segunda planta de la mansión disimulando la urgencia que sentían por llegar a la habitación de Gina y desatar allí su pasión y la necesidad que tenían el uno del otro.

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