Noventa minutos 12.

Gina entró en el establo y se metió en la caballeriza de Black, su caballo, donde sabía que la esperaría Seb como años atrás cuando tramaba alguna de las suyas y Seb la ayudaba, salvo que esta vez era él quien la llamaba a ella.

— ¿Qué ocurre, Seb? —Le preguntó Gina con curiosidad.

—Brad ha insistido mucho en que te diga que te está esperando donde el río se bifurca, justo en el otro extremo de la villa —le contestó Seb—. Está preocupado, deberías hablar con él.

—Intenta cubrirme, no estaré fuera más de una hora —le dijo Gina subiéndose a su caballo.

— ¿Llevas el teléfono móvil encima? —Quiso asegurarse Seb.

—Sí, aunque no tienes de qué preocuparte porque no voy a salir de la villa —le tranquilizó Gina—. Una hora como mucho, no tardaré más.

Gina se marchó galopando a lomos de Black. Diez minutos más tarde, estaba dónde Seb le había indicado que la esperaba Brad, justo dónde se veían a escondidas de su padre años atrás.

—Siempre me ha parecido muy sexy verte a lomos de tu caballo —le dijo Brad saliendo de entre los árboles.

—Creía que el hecho de no contestar a tus millones de llamadas ya serviría para que entendieras que no quiero hablar contigo—. Fue el saludo que le dio Gina.

—Pero sin embargo, aquí estás —puntualizó Brad—. Sabía que te enfadarías por decírselo a tu padre, pero en mi defensa alegaré que lo hice por tu bien, aunque créeme que me arrepiento, el guardaespaldas que te han asignado no se despega de ti ni un segundo.

— ¿Qué es lo que quieres, Brad?

—Solo quería asegurarme que estás bien y comprobar con mis propios ojos que lo que antes sentías por mí ahora lo sientes por otro —le respondió Brad—. He visto cómo lo miras, cómo le sonríes, exactamente cómo me mirabas y me sonreías a mí y ya no lo haces.

—Brad, lo nuestro acabó hace mucho tiempo —le recordó Gina.

—Puede que nuestra relación acabara hace mucho tiempo, pero tu corazón me seguía perteneciendo a mí, al menos hasta que el hijo del General Hudson se cruzara en tu vida.

—Brad, ¿de verdad quieres que hablemos de esto?

—No, creo que aún necesito algo de tiempo para asimilarlo. De todos modos, me alegro de haberte visto y, si necesitas cualquier cosa, ya sabes dónde encontrarme. Espero que sigamos en contacto como buenos amigos que hemos sido.

—Por supuesto que sí —le dijo Gina dándole un amistoso abrazo—. Te quiero, aunque no de la misma forma que tiempo atrás. Quiero que seamos amigos, pero entre nosotros ya no podrá haber nada más que una buena amistad —Gina lo volvió a abrazar y añadió—: Cuídate, Brad.

—Lo mismo digo, preciosa —le dijo Brad antes de darle un beso en la mejilla y desaparecer entre los árboles igual que había aparecido.

Gina volvió a subir a lomos de su caballo y regresó al establo galopando, donde se encontró con su padre, su madre, Jake y Seb. Gina supo al instante que la habían descubierto, pero también supo que Seb jamás les diría que se había ido para reunirse con Brad.

—Gina, te he dicho miles de veces que no me gusta que montes a caballo de noche y mucho menos que lo hagas sola —la regañó Franco—. ¿Se puede saber a dónde has ido?

—A dar una vuelta, necesitaba que me diera el aire —respondió Gina bajándose de su caballo de un salto—. No he salido de la villa, no tenéis de qué preocuparos —se volvió hacia Seb y le dijo—: Por favor, dale de beber a Black y mételo en su caballeriza.

Seb asintió e hizo lo que Gina le había pedido. Gina y su padre se desafiaron con la mirada pero Paulina intervino antes de que empezaran a discutir:

—Gina, ves a darte una ducha que en breve vamos a cenar.

Gina obedeció a su madre porque no tenía ganas de discutir, las palabras que Brad le había dicho la habían afectado más a ella que a él. Gina entró en la mansión y subió las escaleras dispuesta a darse una ducha cuando Jake, que la había estado siguiendo, la agarró del brazo y la detuvo antes de que entrase en su habitación y le espetó:

— ¿Se puede saber a qué juegas?

— ¿Se puede saber a qué te refieres? —Le contestó Gina en el mismo tono hostil.

— ¡Joder, se suponía que querías hacer las cosas fáciles! —Protestó Jake furioso—. Sin embargo, ¡la niña se monta en su caballo y en plena noche se va! ¡Sola! ¿Es que te has vuelto loca?

Gina no dijo nada, pero lo desafió con la mirada y eso puso todavía más furioso a Jake, que apretó los puños por no darle un puñetazo a la pared y se metió en su habitación para tratar de calmarse, dejando a Gina en el pasillo furiosa y confusa.

Gina decidió darse un baño de espuma para relajarse, tenía mucho en qué pensar y ni siquiera sabía por dónde empezar. Era obvio que había sentido algo por Jake desde el primer momento en que lo vio en aquella gala benéfica cuando sus miradas se cruzaron, el problema era que ese “algo” había estado creciendo desde ese momento y ahora no sabía hasta qué punto esa atracción existente entre ambos había pasado a ser un sentimiento que Gina solo había experimentado en una ocasión, cuando se enamoró de Brad. Era cierto que desde hacía algún tiempo sus sentimientos hacia a Brad habían cambiado, ya no sentía lo mismo que tiempo atrás y, desde que hacía diez días Jake había entrado en su vida, ni siquiera había pensado en él de otra forma que no fuera la de un amigo al que estimaba y apreciaba como tal.

Gina tenía claro que Jake le atraía y mucho, igual que tenía claro que Jake era un mujeriego que no buscaba ninguna relación estable, pues él mismo se lo había advertido. Gina sabía que si seguía estando tan cerca de él acabaría enamorándose y sufriendo, pero dado a que no le quedaba alternativa puesto que su padre le había asignado a Jake que fuese su sombra, Gina iba a tener que pasar las veinticuatro horas del día con él hasta que todo el asunto con los Servasky se aclarara.

De perdidos al río, pensó Gina. Si iba a tener que convivir con Jake y él quería que le pusiese las cosas fáciles, eso pensaba hacer. No iba a sufrir tratando de contener la atracción que sentía por él y pensaba disfrutar del momento si se daba la ocasión. Iba a disfrutar del presente sin pensar en el futuro. Si tenía que lamentarse, ya se lamentaría cuando llegara el momento. Mientras tanto, pensaba seguir la filosofía de vida de Amanda y prefería arrepentirse de lo hecho a arrepentirse de lo que no había hecho.

Aunque, para ello, primero tenía que arreglar las cosas con Jake, que estaba furioso con ella y no sabía muy bien qué hacer para solucionarlo.

Decidió llamar a sus amigas y ponerlas al corriente de la situación en una llamada a cuatro que duraron casi una hora y, finalmente, todas apoyaron la decisión de Gina de dejarse llevar y disfrutar el presente y, si la cosa se complicaba en el futuro, ya buscarían una solución entonces.

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