No me llames gatita 9.

No me llames gatita

Después de hacer el amor en el sofá del salón, pasamos a la habitación de John donde seguimos haciendo el amor hasta el amanecer, cuando caímos exhaustos en un sueño profundo.

Cuando abro los ojos, me doy cuenta de que estoy casi totalmente encima de él, que continúa envolviéndome entre sus brazos y me sonríe al ver que ya estoy despierta.

–  Buenos días, gatita. – Me susurra al oído.

–  Mm. – Gimo estrechándome contra su cuerpo desnudo y volviendo a cerrar los ojos. Estoy demasiado a gusto como para querer moverme.

El teléfono de John empieza a sonar, alarga el brazo, sin mover el resto del cuerpo, para alcanzar el móvil y me dice antes de descolgar:

–  Es Elliot. – Se pone el teléfono en la oreja y añade sonriendo: – ¿Qué hay Elliot?

Escucho la voz de Elliot al otro lado del teléfono, pero no logro averiguar lo que dice. Aunque, por la cara que acaba de poner John y el brinco que ha dado para levantarse de su cama, me temo que no son buenas noticias. Espero a que cuelgue y le pregunto:

–  ¿Va todo bien?

–  Depende de las ganas que tengas de ver a tu padre, está en el apartamento de Elliot. – Me responde visiblemente nervioso.

–  ¿Mi padre? – Pregunto confundida. – ¿Qué hace aquí mi padre?

–  Pues no lo sé, pero Elliot me ha dicho que sabe que estás en mi apartamento, ¿cómo se ha podido enterar? – Me pregunta.

–  Oh, no me lo puedo creer, ha rastreado mi móvil otra vez. – Comento en voz alta. – Para ser juez no se toma la ley muy en serio.

–  ¿Le has dado algún motivo para hacerlo?

–  No quieres saberlo, créeme. – Le contesto divertida. – Necesito darme una ducha, ¿te importa si utilizo el baño? No tardaré más de diez minutos.

–  Estás en tu casa. – Me contesta con seriedad. – Diez minutos, yo también tengo que ducharme.

Estoy a punto de abrir la boca para invitarle a ducharse conmigo, pero no es el mejor momento estando mi padre en el apartamento de al lado esperándome. Una lástima, ha sido una noche memorable pero tenía que acabar en algún momento.

Me doy una ducha rápida y regreso a la habitación, donde John vuelve a hablar por teléfono y me señala la cama, donde me ha dejado unos tejanos y un jersey que supongo que Elliot habrá tenido el detalle de traer.

–  Lo sé, pero me ha surgido un imprevisto, Rachel. – Le dice John a su interlocutora. – Te prometo que esta noche cenamos juntos, estaré allí a las nueve. – Le dice antes de colgar.

Mientras tanto, yo he seguido actuando con normalidad y, fingiendo no escuchar su conversación, ya me he puesto la ropa interior y los tejanos, pero solo llevo puesto el sujetador de cintura para arriba cuando John se me acerca por detrás y me susurra al oído:

–  Voy a darme una ducha rápida de agua fría, gatita. No te vayas sin mí.

Y dicho esto, entra en el baño sin tocarme, acariciarme o besarme como lo hubiera hecho anoche.

¿Pero qué estoy pensando? Mi padre está en el apartamento de al lado con Elliot esperándome y yo estoy aquí parada pensando en… Dios, creo que es mejor no pensarlo. ¿Cómo he podido acostarme con John? Además de ser el jefe de Elliot vive en el apartamento de al lado, lo voy a tener que ver quiera o no quiera y, teniendo en cuenta la humedad que empieza a surgir en mi entrepierna, voy a tener un problema. No puedo colgarme de alguien como John, mucho menos sin saber quién es esa tal Rachel a la que le ha prometido cenar juntos esta noche. ¿Estoy celosa? ¡Esto es horrible!

–  ¡Cat! – Me dice John con cara de preocupación al mismo tiempo que me agarra de los brazos, zarandeándome, y me pregunta: – ¿Estás bien?

– ¡Ay! Pero, ¿qué haces? – Le espeto furiosa. – ¿Te has vuelto loco?

–  Llevo gritando tu nombre un buen rato y tú seguías ahí pasmada y, ¿el loco soy yo? – Se mofa.

–  Genial, el capitán Gruñón ha vuelto. – Musito entre dientes pero no lo suficiente bajo para que John me oiga.

–  ¿El capitán Gruñón? ¿En serio?

–  Sí, muy gruñón. – Le replico molesta.

Recojo mis escasas pertenencias que he ido dejando por el apartamento de John mientras espero a que se vista para ir al apartamento de Elliot, que abre la puerta y sonríe maliciosamente en cuanto nos ve, al mismo tiempo que nos dice burlonamente:

–  Buenos días, parejita. – Se vuelve hacia a John y le dice bromeando: – ¿Preparado para conocer a tu suegro?

–  Elliot. – Le advierto de malhumor.

–  John, no sé qué le habrás hecho pero no parece muy contenta. – Se mofa Elliot de nuevo.

–  ¿Quieres trabajar todos los festivos, Elliot? Porque estás a punto de conseguirlo. – Le advierte John.

–  ¡Cat! – Oigo la voz de mi padre detrás de Elliot. Se abre paso para llegar hasta a mí y me abraza como lo haría un oso. – Hija, ¿no vas a presentarme a tu amigo?

–  No es mi amigo, papá. – Le aclaro a mi padre todavía molesta con John. – Es el capitán John Stuart, el jefe de Elliot.

–  No sé qué le habrás hecho muchacho, pero la has enfadado bien. – Saluda mi padre a John con un apretón de manos y una cómplice sonrisa. – Yo soy George Queen, el padre de Cat.

–  Encantado de conocerle, señor Queen.

–  Por favor, llámame George. – Le dice mi padre encantado de la vida. Pasamos al salón y mi padre continúa hablando: – Cat, tu madre está muy preocupada, deberías venir a Westcoast unos días, necesitas unas vacaciones y desconectar de todo lo que ha pasado.

–  Estoy de acuerdo contigo, creo que un par de semanas en Westcoast me sentarán bien. – Le respondo a mi padre dejando a todos con la boca abierta.

–  ¿Tan fácil? ¿No vas a poner mil excusas para no venir? – Me pregunta mi padre sorprendido.

–  Estoy cansada, he trabajado sin parar durante meses, han intentado matarme en numerosas ocasiones y justamente ayer cerré el caso que tenía entre manos, es un buen momento para tomarme un par de semanas de vacaciones. – Le digo encogiéndome de hombros.

–  Eso es fantástico. – Dice mi padre. – Elliot, tú también podrías venir unos días y tú también, John. Estoy seguro de que Westcoast te encantará y en casa tenemos habitaciones de sobra, te sentirás como en tu propia casa.

Estoy demasiado alucinada para hablar. Mi padre nunca ha soportado a ninguno de mis novios, ni cuando era adolescente ni ahora, da igual lo buenas personas que fueran, el excelente trabajo que tenían o lo importante que fueran sus familias. Para mi padre, ningún chico/hombre es lo suficiente bueno para mí excepto, según parece, John. Y, por si fuera poco, John le sigue la corriente y le dice que puede que se anime y venga con nosotros.

–  Como te descuides, esos dos te organizan la boda. – Me dice Elliot al oído.

Comemos los cuatro juntos y a última hora de la tarde Elliot y yo acompañamos a mi padre al aeropuerto cuando John se marcha, probablemente a su cita con la tal Rachel.

Cuando por fin regresamos al apartamento, nos tomamos una copa en el salón y Elliot me pregunta:

–  ¿Quieres contarme qué pasa con John?

–  Anoche nos acostamos. – Le contesto con tristeza.

–  ¿Tan malo fue el sexo? – Se mofa.

–  Ese es el problema, fue demasiado bueno.

–  Me he perdido.

–  Olvídalo, estoy cansada y ya no sé ni lo que digo.

–  No sé qué os traéis entre manos ni quiero saberlo, pero sí te diré que le gustas. – Me dice Elliot mirándome a los ojos. – Apenas habla de su vida privada, pero he visto cómo se ha preocupado de ti, cómo ha dejado toda su vida de lado para protegerte solo porque tú se lo pediste. Y, no sé cómo lo ha hecho, pero ha conseguido ganarse el respeto de tu padre. – Me pasa el brazo por encima de los hombros y añade: – He visto cómo le miras y cómo te relajas cuando estás con él, sé que te gusta aunque te empeñes en negarlo.

–  Si no me gustara no me hubiera acostado con él. – Le resto importancia al asunto.

–  Digo que te gusta de verdad, Cat. – Me dice con seriedad. – No puedes salir huyendo cada vez que tienes una relación que puede volverse seria. John es un buen tipo, deberías darle una oportunidad.

–  Necesito unas vacaciones para descansar y poner kilómetros de por medio es una buena forma de aclarar lo que siento por John. – Le contesto. – El viernes me iré a Westcoast, allí aclararé mis ideas y cuando vuelva ya veremos qué hago.

Cuando terminamos de tomarnos las copas, nos damos las buenas noches y nos vamos cada uno a nuestra habitación para descansar, hoy ha sido un día largo y duro.

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