No me llames gatita 3.

No me llames gatita

No duermo más de un par de horas cuando mis ojos se abren como faros y decido levantarme. Me doy una ducha rápida y me asusto cuando me veo en el espejo: mi cuello está morado y horrible igual que la parte inferior derecha de mi cara. ¡Estoy horrible!

Me pongo unos tejanos, unas botas altas sin tacón y un jersey rosa de cuello alto para ocultar las marcas y los hematomas de mi piel.

Salgo de la habitación dispuesta a encontrarme con todos y ver al doctor, que debe estar a punto de llegar, cuando escucho voces procedentes del salón y me quedo quieta en el pasillo para escuchar lo que dicen. Reconozco la voz de John:

–  ¿Cat sigue durmiendo?

–  Sí, o al menos no ha salido de la habitación. – Le responde Elliot.

–  Ves a despertar a la fiera, el doctor ya está aquí y quiero que le mire esas marcas del cuello. – Le dice John preocupado.

–  ¿No te atreves a despertarla tú? – Se mofa Elliot.

–  No me soporta, no creo que sea buena idea. – Le contesta John.

–  Cat tiene dos maneras de relacionarse: desafiarte o ignorarte. – Le dice Elliot. – Que te desafíe es una buena señal, le caes bien.

–  Pues no quiero pensar en lo que pasaría si le cayese mal. – Musitó John.

Abro la puerta del salón como si acabara de llegar y les saludo aún medio dormida:

–  Buenos días.

–  Buenos días, Cat. – Me dice Elliot dándome un beso en la frente. – Me ha llamado Oliver, ha visto tu casa en las noticias y cómo no podía localizarte…

–  ¿Qué le has dicho? – Le pregunto interrumpiéndole.

–  Que estabas bien, pero que no podías ponerte en contacto con él por el momento. – Me responde encogiéndose de hombros. – También he hablado con tus padres y me han pedido que te diga que les llames en cuanto te despertases, todos están preocupados.

–  Aún sigo dormida, les llamaré luego. – Me excuso.

–  Señorita Queen, el doctor ya está aquí. ¿Le puedo decir que pase para que le reciba? – Me pregunta John con tono de burla.

–  Sí, aunque insisto en que estoy bien. – Le respondo encogiéndome de hombros con indiferencia.

–  Me alegro de que así sea, pero aun así, me quedaré más tranquilo si el doctor lo confirma. – Me replica. – Solo trato de hacer mi trabajo.

Elliot entra en la cocina y regresa instantes después con un vaso de zumo de piña en la mano y seguido de un tipo de mediana edad que lleva un maletín en la mano.

–  Cat, te presento al doctor Emerson. – Me dice Elliot.

El doctor me dedica una sonrisa y me estrecha la mano con profesionalidad al mismo tiempo que me dice a modo de saludo:

–  Encantado de conocerla, señorita Queen. – Su mirada se dirige a mi cuello oculto por el jersey y añade en su papel de doctor: – Tengo entendido que tiene unas marcas en el cuello, ¿le importaría mostrármelas?

Me quito el jersey a regañadientes y me quedo vestida de cintura para arriba con una camiseta de tirantes ceñida y escotada. El doctor se acerca a mí y examina las marcas de mi cuello volteando mi cabeza de un lado a otro mientras John tampoco le quita ojo a mi cuello.

Es curioso, llevo una camiseta de tirantes, ceñida y muy escotada, estoy rodeada por tres hombres pero ninguno de ellos me mira como a una mujer, más bien como a una hermana pequeña o incluso una hija.

–  Las marcas donde los dedos hicieron presión son claramente visibles, ésos tipos no pretendían asustarla, querían matarla. – Dice el doctor sin dejar de examinar mi cuello y mi cara. – No puedo entender cómo alguien de tu tamaño y fuerza puede haber resistido semejante agresión.

–  No la subestime, doctor Emerson. – Le dice John sin pinta de estar bromeando. – Le asombraría descubrir lo que es capaz de hacer.

–  No la subestimo, pero le recomiendo que realice reposo para recuperar fuerzas y le he traído una pomada para los hematomas del cuello y la cara. – Me dice el doctor. – En tres o cuatro días no debería quedar rastro alguno de esas marcas, señorita Queen. De todas formas, le ruego que me llame si necesita cualquier cosa o tiene cualquier duda.

El doctor Emerson me entrega la pomada y una tarjeta con su número de teléfono. Lo dejo todo sobre la mesa auxiliar del salón y acompaño al doctor a la puerta al mismo tiempo que le digo:

–  Gracias por venir y disculpe las molestias.

–  No es ninguna molestia, señorita Queen. – Me contesta el doctor sonriendo. – Elliot y John son buenos amigos y estaban preocupados por usted, para mí ha sido un placer venir hasta aquí para atenderla.

Me despido del doctor con un apretón de manos y John aparece detrás de mí y decide acompañar al doctor hasta su coche mientras yo regreso al salón junto a Elliot.

–  Ya has oído al doctor Emerson, necesitas hacer reposo. – Me advierte Elliot.

–  ¿Tú también? – Le reprocho. – Ya he tenido suficiente con tu jefe.

–  No seas tan borde con John, si fueras otra persona no hubiera movido ni un solo dedo por hacerse con el caso. – Me contesta tratando de hacerme entender todo lo que John ha hecho por mí. – Cat, no sé qué rollo te traes con él, pero te aseguro que es una excelente persona y un buen amigo.

–  Y no lo pongo en duda, es solo que estoy cansada, de mal humor y John solo trata de molestarme continuamente. – Protesto.

–  Tan solo trato de protegerte. – Oigo la voz de John detrás de mí. – No te preocupes, gatita. Si quieres que me vaya, solo tienes que pedírmelo.

Me desafía con la mirada y al ver que no digo nada me sonríe con sorna. Elliot trata de ocultar su sonrisa pero sin éxito y yo decido ignorarles a los dos y sentarme en el sofá.

–  Elliot, tengo que encargarme de un asunto personal y estaré fuera un par de horas. – Le dice John como si yo no estuviera presente. – Encárgate de todo y llámame si surge cualquier cosa.

Elliot asiente con la cabeza y ambos me miran preocupados mientras yo disimulo mirando la televisión, como si no hubiese escuchado nada, hasta que oigo la puerta de entrada abrirse y cerrarse y deduzco que John se ha ido. Me doy la vuelta y me encuentro con Elliot, que me mira como si fuera una criminal y dice:

–  John estará fuera un par de horas, así que ya puedes contarme qué está pasando.

–  ¿A qué te refieres?

–  A la tensión sexual que hay entre tú y mi jefe, a vuestros coqueteos y posteriores discusiones y, ya que estamos, también al hecho de que has sido tú la que le has pedido que se quede en la casa franco y a mí no me engañas con eso de que es un escudo más. – Me contesta Elliot. – Por cierto, ¿dónde queda Oliver en medio de esta situación?

–  Entre Oliver y yo solo hay sexo esporádico y sin compromiso. – Le aclaro. – Ni siquiera somos amigos de los que se cuentan confidencias. Solo quedamos con un único fin y ambos tenemos muy claro que nunca habrá nada serio entre nosotros.

–  Y, ¿qué me dices de John?

–  No lo sé. – Le contesto con sinceridad encogiéndome de hombros. – Pero tampoco pienso perder el tiempo pensando en ello.

–  ¿Qué significa eso exactamente?

–  Elliot, no conozco de nada a John. Puede que haya mucha tensión sexual entre nosotros, pero no tengo ninguna intención de resolverla. – Le aclaro. – Con todo lo que ha pasado, estoy segura de que decidirán adelantar el juicio para los próximos días. Con un poco de suerte, Parker estará entre rejas en pocos días y yo podré volver a mi casa y a mi vida.

–  He visto cómo tú y John os miráis, nunca os he visto a ninguno de los dos mirar así a otra persona, creo que deberíais salir a tomar algo alguna vez. – Me dice sin tono de mofa. – Puede que os vaya mejor de lo que crees.

–  Hace menos de veinticuatro horas varios tipos han intentado matarnos, ¿de verdad crees que es buen momento para pensar en esto ahora? – Le replico molesta.

–  Vuestro mal humor y vuestras discusiones nos afectan a todos, si os desahogáis mutuamente todos viviríamos mejor, incluidos vosotros. – Me contesta con sorna.

–  Buen intento, pero no cuela. – Le respondo. – Necesito mi ordenador, ¿crees que podríamos ir a mi casa a buscarlo?

–  John ha ordenado que nadie salga ni entre de aquí, así que me temo que no podemos ir a buscar tu portátil, pero estoy seguro de que si llamas a John y le pides amablemente que vaya a buscarlo, él te lo traerá encantado. – Me dice con una sonrisa maliciosa en los labios.

Elliot me tiende su móvil y se marcha, dejándome sola en el salón para que llame a John. No demasiado convencida, decido llamarlo. Si voy a estar aquí encerrada, necesitaré algo en lo que entretenerme y el trabajo ahora mismo es la mejor opción.

–  Dime Elliot. – Responde John tras un par de tonos.

–  Soy Cat. – Le contesto. – Necesito pedirte un favor, John.

–  ¿Qué necesitas, gatita?

–  Mi portátil, sin él no puedo trabajar.

–  ¿Dónde lo tienes?

–  En casa, creo que lo dejé en el hall pero no estoy segura. – Le contesto. – Si nos dejas, podemos ir a buscarlo nosotros y así no te molesto.

–  De eso nada, gatita. – Me contesta con rotundidad. – No quiero que nadie, y mucho menos tú, salga de la cabaña, ¿me has entendido?

–  Alto y claro, capitán Stuart. – Le contesto con burla. – Necesito el portátil, John. El juicio contra Parker se va a adelantar y necesito trabajar en el caso.

–  Te traeré el portátil en un par de horas. – Me contesta. Oigo de fondo la voz de una mujer que le dice algo y a un bebé llorar. ¿Dónde estará? – Tengo que colgar, nos vemos luego.

John cuelga el teléfono y la curiosidad se apodera de mí. John le había dicho a Elliot que debía ocuparse de un asunto personal y está con una mujer y un bebé. John no puede tener pareja porque de lo contrario Elliot no me hubiera animado a salir con él. ¿Quiénes serán esa mujer y el bebé? Ni siquiera sé si John tiene hermanos o sobrinos. Puede incluso que el bebé sea su hijo y que ya no esté con la madre.

Decido no pensar más en el tema y me dirijo a la cocina para comer algo, donde me encuentro a Samuel haciendo tortitas con chocolate.

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