No me llames gatita 18.

No me llames gatita

Dos semanas después, llega el cumpleaños del pequeño Jake. Continúo viviendo en el apartamento de John y Berta en el apartamento de Elliot. Aún no han logrado detener a Héctor González y John no ha retirado aún a los cuatro agentes que dejó en casa de mis padres. Ni qué decir tiene que John no me permite ir sola a ninguna parte, entre él y Elliot se las han apañado para llevarnos a Berta y a mí al trabajo y traernos de vuelta a casa. Mientras nosotras estamos trabajando en los juzgados, ellos se van a la base de las fuerzas de seguridad para continuar con la investigación del paradero del sicario de Parker. Eso sí, han ordenado a dos agentes que sean nuestra sombra, lo cual nos tiene a ambas algo crispadas y Elliot y John están pagando nuestra frustración. Por suerte, Rachel también invitó a Berta y a Elliot al cumpleaños de Jake para que me sintiera más cómoda.

El viernes, después de salir de trabajar, regresamos al apartamento de John para ducharnos y vestirnos para ir al cumpleaños del pequeño Jake.

–  Gatita, ¿vas a seguir enfurruñada conmigo en casa de mis padres? – Me pregunta John entrando en el baño y abrazándome por la cintura mientras me aplico un poco de brillo de labios frente al espejo. – No soporto verte enfadada conmigo, gatita.

–  John, no soporto a tus malditos agentes. – Le espeto furiosa. – Me siguen a todas partes, ¡incluso hasta cuando tengo que ir al servicio me esperan en la puerta!

–  Cat, solo están haciendo su trabajo.

–  John, me ahogo. – Protesto. – Mi vida se basa en ir del trabajo a casa y siempre escoltada. Si sigo estando encerrada acabaré subiéndome por las paredes.

–  Si después de esta noche quieres seguir conmigo, mañana nos iremos tú y yo, solos los dos, a dónde tú quieras y pasaremos la noche fuera. – Trata de compensarme John. – ¿Qué te parece, gatita?

–  No me llames gatita. – Le reprendo.

–  Eso significa que estás enfadada, solo me dices que no te llame gatita cuando estás enfadada. – Me replica divertido. – En mi defensa, alego que me gustas demasiado como para poner tu vida en riesgo, gatita.

John empieza a darme besos por el cuello y mis defensas se vienen abajo. Él tiene ese efecto en mí, me acaricia, me besa y me hace perder la razón.

–  Llegaremos tarde. – Susurro.

–  Esta noche no vas a dormir, gatita. – Me susurra al oído al mismo tiempo que me da un pequeño azote en el trasero antes de envolverme entre sus brazos. – ¿Estás preparada para conocer a mi familia o estás pensando en salir corriendo?

–  No estoy segura ni de una cosa ni de la otra. – Le respondo nerviosa. – ¿Qué pasa si no les gusto?

–  Eso no va a ocurrir, pero te advierto que mi familia es un tanto peculiar.

–  ¿Peculiar? ¿Cómo de peculiar? – Le pregunto preocupada.

–  ¿Acaso no has visto a mis hermanos?

–  Brian y Rachel me caen bien. – Le respondo encogiéndome de hombros.

John no dice nada, se limita a sonreírme con dulzura y me besa en los labios.

Casi una hora después, llegamos a casa de los padres de John, situada a las afueras de Sunset en un gran terreno. Elliot y Berta han venido con nosotros en el coche y eso me ayuda a sentirme más relajada, pues espero no ser el centro de atención. Nada más bajar del coche, John se coloca a mi lado, me rodea la cintura con su brazo y me da un leve beso en los labios en señal de apoyo al mismo tiempo que me susurra:

–  Tranquila gatita, todo va a salir bien.

En ese mismo instante veo cuatro figuras salir al porche para recibirnos. Entre ellas distingo a Brian y a Rachel con el pequeño Jake en brazos y supongo que las otras dos personas son el padre y la madre de John. Caminamos hasta reunirnos con ellos y Rachel es la primera en venir a saludarme:

–  ¡Cat, me alegro de verte! – Me dice abrazándome con naturalidad, como si ya fuéramos amigas de toda la vida, y yo se lo agradezco. – Si te soy sincera, esperaba que mi hermano te hubiera intentado disuadir para venir.

–  Yo también me alegro de verte, Cat. – Me dice Brian besando mi mano sin dejar de mirar a su hermano mayor para provocarlo. – ¿Te trata bien mi hermano?

–  Aléjate de ella si no quieres problemas. – Le dice John bromeando, o al menos eso creo yo. John saluda a sus padres con un beso en la mejilla a cada uno y, tras volver a mi lado para continuar abrazándome, les dice: – Os presento a Catherine Queen, aunque a ella le gusta que la llamen Cat. – Se vuelve hacia a mí y me dice sonriendo: – Ellos son mis padres, Heather y Michel.

–  Encantada de conocerles, señores Stuart. – Les saludo educadamente mientras les estrecho la mano con firmeza.

–  Es un verdadero honor tenerte entre nosotros, Cat. – Me dice Heather. – Y, por favor, tutéanos.

–  Elliot es un amigo y compañero de trabajo, también es un buen amigo de Cat, al igual que Berta. – Se encarga de decir John para terminar con las presentaciones.

Pasamos al salón y allí conversamos durante un buen rato, rompiendo el hielo ya algo más relajados. John no se ha separado ni un segundo de mí, incluso Brian y Rachel han estado bromeando sobre su obsesión por mantener el contacto físico conmigo en todo momento.

–  Querías que por fin me enamorara y, cuando lo hago, ¿me lo echáis en cara? – Protesta John divertido.

–  No te lo echamos en cara, es solo que nos sorprende verte tan… enamorado. – Termina por decir Rachel. – Entiéndelo, nunca te habíamos visto así y nos sorprende.

–  Has pasado de ser el hombre de hielo a ser un hombre con cara de tonto enamorado. – Se mofa su hermano Brian. – Solo te falta recitar poemas de amor.

–  Siento decepcionarte, pero tienes una idea muy equivocada de tu hermano, le gusta demasiado dar órdenes como para recitar poemas cursis. – Salgo en lo que podría ser una defensa de John.

–  Cariño, si vas a defenderme así, creo que es mejor que no me defiendas. – Bromea John.

–  Cat tiene razón, eres un mandón. – Le replica su madre.

Cenamos, tomamos el café y el postre y todos le damos nuestro regalo al pequeño Jake, que se entretiene más con el papel desgarrado del envoltorio de los regalos que con los propios regalos.

Los padres de John son amables y atentos conmigo, no dicen ni hacen nada que pueda incomodarme, todo lo contrario que Brian, que disfruta provocando a John y, en consecuencia, a mí.

–  No le hagas ni caso, Cat. – Me aconseja la madre de John. – Siempre se están pinchando, pero en el fondo se adoran.

–  No me cabe duda alguna, pero deben de haberte dado muchos dolores de cabeza. – Le contesto bromeando.

–  No lo sabes bien, querida. – Me responde el padre de John divertido.

Después de pasar una divertida tarde y noche con la familia de John, regresamos a su apartamento. Nos despedimos de Berta y Elliot en cuanto salimos del ascensor y John se encarga de decirles que mañana por la mañana nos marcharemos a pasar el fin de semana fuera y que no regresaremos hasta el lunes.

–  ¿A dónde me vas a llevar? – Le pregunto una vez nos encontramos a solas en su apartamento.

–  Voy a darte tanto placer que voy a llevarte al cielo, gatita. – Me susurra al oído mientras me estrecha entre sus brazos. – Y mañana te llevaré a dónde tú quieras, solos tú y yo.

–  Suena muy tentador. – Le contesto divertida. – Pero por el momento, me conformo con que me lleves al cielo, cariño.

Como era de esperar, John no se hizo de rogar. Me cogió en brazos y, sin decir nada, me llevó a la habitación, me depositó con cuidado sobre la cama y me hizo el amor.

Cuando nuestras respiraciones se normalizaron, John me abrazó y me susurró al oído:

–  Te quiero, gatita.

–  No me llames gatita. – Le contesté sonriendo medio dormida.

 

FIN

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