No me llames gatita 14.

No me llames gatita

Media hora después de colgar a Ben y tal y cómo me había dicho, aparece con el semblante serio custodiado por dos agentes de John, que no ha pronunciado palabra desde que he dicho que Ben venía de camino. La situación es tensa e incómoda, ni a mis padres ni a Elliot les hace ninguna gracia tener que volver a verle, pero conozco a Ben y no es de los que se andan con rodeos. Si dice que tiene algo relevante e importante que decirme es porque así es.

Antes de que pueda ni saludar a Ben, John me agarra del brazo y, atrayéndome hacia él, me dice con su más puro tono de capitán:

–  Elliot se quedará contigo mientras él esté aquí.

Y, sin decir nada más ni dignarse a mirarme, sale del salón cruzándose con Ben y ambos se retan con la mirada pero ninguno se saluda ni se presenta.

–  Ven aquí, preciosa. – Me dice Ben saludándome con un efusivo abrazo mientras todos los presentes desaparecen excepto Elliot, que permanece de pie a mi lado. Ben me da un beso en la mejilla y, volviéndose hacia Elliot, le dice estrechándole la mano: – Elliot, me alegro de verte y saber que cuidas de Cat.

Elliot no le responde, se limita a estrecharle la mano con educación y se sienta en uno de los sofás. Ben me mira esperando a que le lleve a algún lugar donde podamos hablar, así que le digo:

–  Lo siento, pero esto es lo único que puedo ofrecerte en mi situación.

–  No hay problema, sé que confías en Elliot y que es como un hermano para ti. – Me responde Ben con gesto de preocupación. – Verás Cat, el otro día estaba en un lugar en el que no debía estar y escuché una conversación que no debí escuchar. – Me mira a los ojos y me dice: – Tienes que irte de Westcoast, un tipo al que nunca nadie había visto por aquí ha estado haciendo preguntas sobre ti y, después de lo de Parker, quise investigar quién era. Descubrí que se alojaba en el hotel de María, así que me acerqué por allí y logré que María me diera el nombre del tipo, Héctor González. Le pedí a un amigo que trabaja en la Interpole que le investigara y, según parece, Héctor González es uno de los alias que utiliza un sicario internacional conocido como “El Duro”. Anoche mi amigo me llamó y me dijo que él y algunos de sus hombres lo estaban siguiendo y que me llamaría en un rato, pero no me llamó y no he podido localizarlo, nadie sabe dónde están ni él ni sus hombres, Cat.

–  Joder Ben, no deberías haberte metido en todo esto. – Me lamento.

–  Dame el nombre de tu amigo, Ben. – Le dice Elliot. – Intentaré localizarlo y saber qué ocurre, pero no deberías seguir haciendo de investigador privado, limítate a seguir divirtiéndote.

–  ¿Tanta rabia te da que esté cerca de Cat? – Le pregunta Ben a Elliot furioso.

–  No pintas nada aquí y lo único que haces es complicar más las cosas. – Le responde Elliot furioso. – Si fuera por mí, ni siquiera habrías entrado en esta casa.

–  ¡Basta! – Les espeto a los dos levantando la voz más de lo que pretendía.

John, que debería estar cerca, al escucharme irrumpe en el salón y, fulminándonos a los tres con la mirada, nos pregunta con voz de capitán Stuart:

–  ¿Qué cojones está pasando aquí?

Resoplo sonoramente tratando de no perder la poca paciencia que me queda. Elliot le explica a John lo que Ben ha descubierto y John ordena a un par de agentes que lo escolten hasta que sepan qué ha ocurrido con su amigo de la Interpole para protegerlo. Acto seguido y sin dejar que me despida de Ben, John me agarra del brazo y me dice imperativamente:

–  Tenemos que hablar, ahora.

Salimos del salón y subimos las escaleras hasta llegar a mi habitación, donde entramos y John cierra la puerta para hablar con mayor intimidad.

–  ¿Se puede saber en qué estás pensando? – Me espeta molesto.

–  Ahora mismo en lo único que pienso es en largarme de aquí sola para no tener que escucharos a ninguno. – Le replico molesta.

–  ¡Genial Catherine! – Me espeta con ironía. – ¿Crees que a nosotros nos gusta estar aquí para proteger a una niña malcriada a la que ni siquiera le importa su seguridad? Esos agentes tienen una vida fuera de este trabajo, tienen esposas e hijos a los que están deseando ver. Si no quieres que estén aquí, solo tienes que decirlo y se marcharán encantados de poder volver con su familia. – Me mira a los ojos y, con una inmensa furia añade: – Aún estás a tiempo de irte con tu héroe si eso es lo que quieres.

John se da la vuelta dispuesto a largarse de mi habitación, pero a mí se me dibuja una sonrisa en los labios sin poder evitarlo. Está celoso. John está celoso de Ben.

–  John, espera. – Le digo agarrándole del brazo para evitar que se marche. – No te enfades, tenemos una tregua. – Le digo con una traviesa sonrisa mientras le echo las manos al cuello y le atraigo hacia a mí dejando su boca a un centímetro de la mía.

–  Gatita, no estoy de humor. – Murmura apartándose de mí.

Pero ya me da igual lo que me diga, lo único en lo que soy capaz de pensar es en besarle y eso es lo que hago. Me arrojo a sus brazos y devoro su boca. John no se hace de rogar, me agarra del trasero y me alza entre sus brazos para ponerme a su altura mientras yo rodeo su cintura con mis piernas. Nuestras manos acarician nuestros cuerpos deseosos de llegar al final, pero la puerta se abre y mi padre entra en la habitación.

–  Ejem, ejem. – Finge toser para alertarnos de su presencia. – Lamento interrumpir, pero me temo que es importante.

John se tensa y me deja rápidamente con los pies en el suelo, avergonzado por la situación en la que hemos sido descubiertos.

–  Lo siento yo… – Intenta disculparse John.

–  No lo sientas, yo me alegro de que por una vez en la vida el novio de mi hija me caiga bien. – Le interrumpe mi padre sonriendo.

–  Papá, entre John y yo no hay nada, lo que acabas de ver es… – Intento aclarar las cosas. – No sé lo que es, pero no somos pareja.

John me mira molesto, ¿qué se supone que he hecho mal? Probablemente también me culpe de que mi padre nos haya pillado, aunque he sido yo quién lo ha empezado y por lo tanto la culpa es mía.

–  John, Elliot quiere hablar contigo. – Le dice mi padre. – Ha ocurrido algo y…

John se coloca bien la camisa y se abrocha los dos únicos botones que me ha dado tiempo a desabrochar, pero antes de salir de mi habitación se vuelve hacia a mí y me susurra al oído:

–  Ya hablaremos luego tú y yo.

Mi padre me sonríe y se marcha detrás de John mientras yo me quedo pensando si las palabras de John han sido una amenaza o el presagio de que luego terminaremos con lo que hemos dejado pendiente.

Y luego está mi padre. ¿Cómo se le ocurre decir lo que ha dicho? Joder, un poco más y nos lleva al altar. Estoy segura de que John no se me vuelve a acercar en la vida, al menos no con las intenciones que a mí me gustarían.

Berta viene a buscarme en cuanto se entera de lo que ha ocurrido y, tras mirarme a los ojos, me dice:

–  Estás enamorada de John. – Y añade rápidamente: – Y no es una pregunta.

–  Sí y lo sé, soy una idiota. – Le respondo encogiéndome de hombros y dejándome caer en la cama con un suspiro dramático. – ¿Cómo ha podido pasarme? Si al principio creo que lo odiaba.

–  Ya sabes lo que dicen, del odio al amor solo hay un paso. – Se mofa Berta.

–  Me alegro de que mi desgracia te divierta. – Le reprocho molesta.

–  No te pongas así, Cat. – Me dice Berta abrazándome. – He visto cómo te mira, cómo te trata, cómo se preocupa por ti. No he visto a un tío más enamorado en la vida, Cat. John te adora y, si te gusta, no dudes en ir a por él.

–  John no es de los que buscan una relación estable.

–  ¿Te lo ha dicho él? – Me pregunta Berta. – Estoy segura de que no te lo ha dicho. En cuanto a la tipa que le acompañaba el otro día en el centro comercial, te ha dicho que era su hermana y su sobrino y que te los presentará para que puedas comprobarlo con tus propios ojos. ¿Qué más necesitas para darte cuenta de que él está apostando por esta relación? Si Elliot se decidiera a hacer lo mismo por mí, te aseguro que no me lo pensaba.

–  Pon a Elliot celoso con otro tío. No me preguntes por qué, pero eso siempre funciona. – Le aconsejo riendo. – Será mejor que bajemos a ver qué está ocurriendo allí abajo.

Berta y yo salimos de la habitación para bajar al salón, pero nos encontramos en el hall con John y Elliot dando instrucciones a sus agentes para que se retiren a sus casas. Cruzo mi mirada con la de John, pero él me hace un gesto para que entremos en el salón y le esperemos allí, así que eso hacemos.

En el salón, nos unimos a mis padres y los padres de John, que charlan alegremente en cuanto nos ven entrar, a pesar de que segundos antes estaban callados y preocupados. ¿Qué estará ocurriendo?

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