Empezar de cero 7.

Empezar de cero

A las dos y media de la madrugada llegamos a la hacienda de Ismael y Valeria nos alerta de que hay dos coches que no ha visto nunca aparcados frente a su casa y también vemos el coche de Gonzalo aparcado en la cochera. Tras indicarle a Joel que aparque junto al coche de Gonzalo, a una distancia prudente de los dos coches desconocidos, le digo a Velasco:

–  Quédate aquí con Valeria y Natalia, Joel y yo entraremos a echar un vistazo. Si en cinco minutos no hemos vuelto, sácalas de aquí. – Me vuelvo hacia Valeria y Natalia y les digo: – Me tenéis que prometer que, pase lo que pase, le vais a hacer caso a Velasco, ¿de acuerdo?

Ambas asienten asustadas con la cabeza y, tras hacerle un gesto a Joel, bajamos del coche y caminamos por el sendero de tierra y piedras que conduce a la casa. Nada más subir las escaleras de acceso al porche, oímos un gran estruendo y ambos confirmamos que algo no va bien.

Sin dudarlo por un momento, entro en la casa y, nada más poner un pie en el hall, veo cómo están atacando a Gonzalo y a Ismael. No tengo ni idea de quiénes son, no si están aquí por mí o por cualquier otra razón, el caso es que son ocho y ellos solo son dos. Por suerte, ninguno de ellos ha sacado un arma, al menos de momento. Me planto en medio del hall y uno de los atacantes, que parece ser el cabecilla de los otros siete, me sonríe malvadamente y dice con acento ruso:

–  Aquí está, la princesita de los Blake. – Me mira de arriba a abajo y añade con sorna: – No entiendo cómo después de más de veinte años aún no han podido eliminarte. Pensar que han tenido que enviar a alguien como yo para hacer el trabajo que podría hacer cualquier novato es un poco molesto, pero supongo que debes tener algunas buenas cualidades, sobre todo teniendo en cuenta que eres la hija de los Blake, la pequeña Dayana Blake.

Gonzalo me mira sin entender nada, esperando una explicación que, obviamente, ahora mismo no le voy a dar, quizás cuando todo esto termine, si es que seguimos con vida. Cuatro de los atacantes retienen a Ismael y Gonzalo, ambos con signos de haberse resistido. Sobre todo Gonzalo, que tiene una herida en la ceja y otra en la comisura de los labios.

–  Me buscas a mí, deja que ellos dos se marchen. – Le ordeno más que pido.

–  Así no funciona esto, pequeña Blake. Primero porque no estás en condiciones de pedir nada, mucho menos de ordenar. Y segundo, quiero ver con mis propios ojos si eres digna de ser la hija de los Blake, quiero comprobar si tienes las mismas agallas que dicen que tenían tus padres. – Me dice sonriendo.

–  ¿Quieres comprobarlo por ti mismo? – Le pregunto con sarcasmo.

–  No quiero hacerte daño, primero quiero que me enseñes lo que sabes hacer. – Me dice sin dejar de sonreír. – Incluso tendrás espectadores que te animen.

El tipo con acento ruso les hace un gesto a los cuatro hombres que retienen a Ismael y Gonzalo y los cuatro hombres hacen que tanto Ismael como Gonzalo se sienten en el suelo con la espalda apoyada en la pared y las manos sobre la cabeza. Acto seguido, le hace un gesto a uno de los otros tres hombres que estás de pie mirando sin hacer nada y el tipo se echa sobre mí, dispuesto a atacarme. Me pilla un poco de sorpresa pero logro esquivarlo con esfuerzo. En momentos como este me planteo no volver a beber nunca más, es complicado mantener el equilibrio y tener buenos reflejos cuando se han tomado varias copas de más.

El tipo es fuerte, pero no tiene equilibrio ni técnica, es un blanco fácil. Joel intenta ayudarme, pero otro de los tipos le ataca y él se ve envuelto en su propia pelea. Me distraigo al mirar a Joel y el tipo logra darme un puñetazo en el lado derecho de la mandíbula, haciendo que me tambalee.

–  ¿Eso es todo lo que sabes hacer? – Me pregunta el tipo con acento ruso carcajeándose.

Eso es todo lo que necesito para pensar con la cabeza fría, eso es algo que, según mi tío, siempre se me ha dado muy bien. Con la única idea en mi mente de acabar con todos y cada uno de ellos, ataco con todas mis fuerzas al tipo que tengo en frente, dejándolo KO en tan solo unos segundos. En cuanto ven caer inconsciente a su compañero, rápidamente se me acerca otro, que tiene la misma suerte que el anterior. Dos de los cuatro hombres que custodian a Ismael y Gonzalo se lanzan sobre mí y yo lucho contra ellos con bastante esfuerzo, pero Joel logra acabar con el tipo con el que luchaba y viene a ayudarme. Yo me deshago de uno de ellos y Joel continua luchando con el otro. Gonzalo e Ismael están luchando contra los otros dos. Bueno, Gonzalo lucha e Ismael trata de estorbar lo menos posible y golpear a alguno de los dos tipos cuando tiene oportunidad. ¿Dónde habrá aprendido a luchar así Gonzalo? No es momento de hacerse esa pregunta, ya lo descubriré luego.

–  ¿Sigues temiendo hacerme daño o ahora eres tú el que teme resultar herido? – Le pregunto con sorna y la mirada llena de ira.

Nunca me había sentido así, tan poderosa pudiendo destruir parte de lo que un día destruyó mi vida y la de mi familia.

Me lanzo a por él furiosa y llena de rabia y él saca una pistola. Forcejeamos y ambos caemos al suelo, él cae sobre mí y, mientras continuamos forcejeando, la pistola se dispara. Durante un instante, todo se queda en silencio y veo todo a cámara lenta. Mi mirada se cruza con la de Joel, Ismael y Gonzalo y compruebo que todos están bien. Cierro los ojos y, a parte de un cálido y líquido rojo que cae por ambos lados de mi abdomen, no nota nada más que me pueda resultar extraño. Miro a los ojos del tipo con acento ruso que sigue sobre mí y compruebo que, a pesar de que tiene los ojos abiertos, su cuerpo está totalmente inerte, así que lo empujo hacia un lado para quitármelo de encima y, respirando aliviada, les digo:

–  Creo que necesito una copa, aunque puede que antes necesite un baño. – Añado mirando mi precioso vestido negro empapado en sangre, al igual que mis brazos y mis piernas.

–  Estoy totalmente de acuerdo contigo, creo que todos necesitamos una copa. – Dice Joel. – ¿Estáis todos bien?

–  ¿Dónde están Natalia y Valeria? – Me pregunta Gonzalo furioso.

–  Estamos aquí, ¿estáis todos bien? – Responde Valeria entrando con Natalia en la casa, seguidas de Velasco.

–  Joder, ¿no se suponía que tenías que llevártelas de aquí si no volvía en cinco minutos? – Le pregunto a Velasco furiosa. – Y vosotras, ¿qué cojones os he dicho antes?

–  Hemos escuchado un disparo y…

–  Y en vez de hacer lo que haría cualquier persona sensata, ¡decidís entrar para ver qué pasa! – Les espeto molesta. – ¿Estáis locas? ¿Queréis que os maten?

–  Eso podríamos preguntártelo a ti. – Me espeta Gonzalo. – ¿Quieres que nos maten a todos, señorita Blake? Porque tengo entendido que es ese tu apellido, ¿no es así?

Fulmino con la mirada a Gonzalo pero, en vez de contestarle a él, le digo a Natalia:

–  Ni de coña, antes me meto a monja.

Valeria y Natalia se echan a reír mientras que el resto nos miran sin entender nada, por suerte para mí. Hasta que Gonzalo le pega un puñetazo a la pared y el silencio vuelve a predominar en el ambiente.

–  Creo que al menos tengo derecho a una explicación. – Me espeta Gonzalo. – ¿De qué coño va todo esto? ¿Quién coño eres? ¿Qué quieren de ti?

–  ¿Eres policía? – Le pregunto sonriendo, solo para irritarle.

Gonzalo abre la boca para contestar y probablemente para mandarme a la mierda, pero Ismael le pone una mano sobre el hombro para que se tranquilice y él cierra la boca.

–  Dayana, es la segunda vez que salvas mi vida, antes que nada me gustaría darte las gracias. – Me dice Ismael al mismo tiempo que le sonríe a Valeria y le hace un gesto para que se acerque y así poder abrazarla sin soltar a su amigo. – Sabes que cuentas conmigo.

–  No tendría que haberte salvado la vida si ella antes no nos hubiera puesto en peligro. – Refunfuña Gonzalo.

–  Creo que antes de opinar, deberías escuchar la historia. – Le reprende Ismael. – Pero antes, creo que deberíamos dejar que Dayana se dé una ducha.

Intercambio una mirada con Valeria, me da apuro dejarla ante tal situación, con ocho hombres de la Tríada muertos en su salón.

–  Sube las escaleras, en la primera planta tuerce por el pasillo de la derecha y en la primera habitación que te encuentres a la izquierda encontrarás todo lo que necesitas para ducharte y cambiarte de ropa. – Me dice Valeria. – Pensaba convencerte para que te mudaras con nosotros y te hemos preparado una habitación. – Abro la boca para protestar pero Valeria añade rápidamente: – Lo sé, no quieres vivir con una pareja de recién casados, pero a nosotros nos encantaría.

Asiento con la cabeza, no tengo fuerzas para discutir y mucho menos con Valeria. Echo un vistazo a mi alrededor y en mi mente aparecen recuerdos ya olvidados del trágico día de la muerte de mis padres, sangre y hombres muertos por todas partes. Me miro las manos totalmente manchadas de sangre y, lejos de sentirme culpable, por primera vez en mi vida sé quién soy.

–  No te preocupes, no habrá rastro de todo esto en cuanto bajes. – Me asegura Velasco. – Yo tampoco he podido olvidar esas imágenes.

Sin poder evitarlo, una lágrima cae de mis ojos y, con una sonrisa forzada, le hago un leve gesto de comprensión con la cabeza y sigo las instrucciones que me ha dado Valeria para llegar a la habitación y poder ducharme.

En cuanto el chorro de agua caliente cae sobre mí, las lágrimas brotan de mis ojos como cascadas y lloro como no he llorado nunca. Mi padre siempre me decía que llorar frente a los demás mostraba lo vulnerable que eres y nadie debía saber que era vulnerable.

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