Empezar de cero 5.

Empezar de cero

La primera semana en Bahía del Mar se me pasa volando. Entre el ir venir a Destins para revisar las obras de la oficina, acompañar a Valeria a organizar los últimos detalles de la boda y entrenar a Killer un par de horas diarias, estoy agotada. Y esta noche es la despedida de soltera de Valeria, pero que según me ha dicho, solo van a venir un par de chicas del pueblo, ya que de High City nadie ha podido venir, son casi cinco horas de camino.

Natalia y yo nos hemos hecho buenas amigas y confidentes durante esta semana, incluso la hemos invitado a la despedida de soltera de Valeria. Ella me cuenta cómo va superando lo de su ex novio y yo le cuento cómo he pasado página tras dejarlo con Sergio, ni siquiera pienso en él.

A Gonzalo no lo he vuelto a ver desde que cenamos juntos en casa de Rosalía el sábado pasado, hace ya una semana. Sé por Natalia que está invitado a la boda de Valeria e Ismael porque Ismael y él son buenos amigos, pero espero verlo antes, la verdad. No es que me guste, es solo que siento curiosidad. Aunque, como decía mi tío, la curiosidad mató al gato.

–  Dayana, ¿estás lista? – Me pregunta Natalia.

–  Pasa, ya casi estoy. – Le respondo desde el baño.

Vestida con un vestido negro y ajustado, unas botas altas con tacón de aguja y una chaqueta de piel negra, salgo del baño y me encuentro a Natalia con un vestido verde ajustado y con escote palabra de honor y una chaqueta de cuero marrón a juego con sus botas camperas.

–  Wow, estás estupenda. – Me dice silbando.

–  Gracias, tú también estás tremenda. – Le respondo riendo. – Vámonos o llegaremos tarde a buscar a Valeria.

Conduzco con Natalia sentada a mi lado hasta llegar a casa de Ismael y Valeria. Toco el claxon pero, en lugar de salir Valeria, sale Ismael con cara de disgusto. Natalia y yo bajamos del coche inmediatamente y yo le pregunto a Ismael:

–  ¿Qué ocurre?

–  Valeria se ha atrincherado en la habitación y no quiere ir a ninguna parte. – Me dice encogiéndose de hombros. – Se ha disgustado mucho cuando las dos únicas amigas que tiene aquí le han dicho que no podían venir hace media hora.

–  Bueno, nosotras sí hemos venido y las tres solas nos lo pasaremos genial. – Le respondo. – Llévame con Valeria, Ismael.

Ismael nos acompaña dentro de la casa y justo cuando entramos en el hall, aparecen Gonzalo y José por la puerta del salón.

–  José. – Se me escapa.

–  ¿Os conocéis? – Nos preguntan Ismael, Gonzalo y Natalia.

Acabo de meter la pata y creo que estoy ruborizada, así que para salir del paso, les digo lo primero que me viene a la cabeza:

–  El otro día salí a correr por la montaña y me perdí, pero me encontré con José y me guió hasta el pueblo. Si no llega a ser por él, todavía estoy dando vueltas por la montaña. – Los tres nos miran poco convencidos de lo que acabo de decir, así que añado: – Voy a ver qué puedo hacer con Valeria.

Subo a la habitación de Valeria dejándoles a todos en el hall un poco confundidos. Sin llamar a la puerta, la abro de golpe y veo a Valeria vestida con un precioso vestido de color azul, preparada para salir pero con todo el maquillaje corrido por las lágrimas.

–  Tienes tres minutos para lavarte la cara, maquillarte un poco y poner una sonrisa en tu cara. – Le advierto. – De lo contrario, Natalia y yo nos iremos a celebrar tu despedida de soltera sin ti.

–  ¡Menos mal que tú estás aquí! – Me dice abrazándome con fuerza.

–  Siempre voy a estar contigo, sobre todo ahora que vivimos en el mismo pueblo. – Le respondo devolviéndole el abrazo. – Venga, ya que nos hemos puesto tan monas tenemos que salir a tomar unas copas. Además, tú celebras tu despedida de soltera pero yo celebro mi bienvenida a la soltería así que no puedes faltar, me sentiría doblemente decepcionada.

–  Dame cinco minutos y estaré lista. – Me dice Valeria animándose de repente.

Bajo la escaleras y entro en el salón, donde Ismael, José, Gonzalo y Natalia se están tomando una copa. Ismael me hace un gesto para que me siente y me sirve una copa de vino de su propia cosecha.

–  ¿Has conseguido hacerla entrar en razón? – Me pregunta Ismael.

–  ¿Acaso lo dudabas? – Le pregunto divertida.

–  ¿A dónde vais a ir? – Nos pregunta Gonzalo.

–  No se lo digas que es capaz de venir con nosotras para hacer de guardaespaldas. – Me dice Natalia mofándose de su primo.

–  Tranquilo, te aseguro que saben defenderse. – Le asegura Ismael a Gonzalo.

–  ¿A qué te refieres? – Le pregunta Gonzalo.

–  No preguntes nada de lo que no quieras oír la respuesta. – Le respondo.

Justo en ese momento, aparece Valeria con una amplia sonrisa y más guapa que nunca con ese vestido azul y su pelo negro y rizado libre y salvaje.

–  ¡Gonzalo, qué bien que estés aquí! – Le dice Valeria abrazándolo con familiaridad. – Quiero presentarte a Dayana, mi mejor amiga. Se va a quedar por aquí una temporada.

–  Eso he oído. – Le dice Gonzalo sonriendo.

–  Dayana, Gonzalo es el mejor amigo de Ismael y es nuestro padrino de boda, así que tendrás que bailar con él en la boda. – Me dice Valeria divertida.

–  Genial. – Le digo fingiendo estar feliz. – ¿Nos vamos ya?

–  Un momento, también quiero presentarte a José, que seguro que Ismael no ha tenido el detalle de presentarte. – Me dice Valeria.

–  Ya se conocen. – Apunta Gonzalo molesto.

–  ¿De qué le conoces? – Me pregunta Valeria.

–  Salí a correr por la montaña, me perdí y me encontré con José. – Le respondo poniendo los ojos en blanco. – Cómo está en casa de Ismael, deduzco que también es su amigo. ¿Algo más?

–  Sí, José es un amante de los caballos como tú. – Me contesta Valeria. – Bueno, cómo tú y todo el pueblo, pero José es quién se encarga del establo y la hípica de Gonzalo.

Mi mirada se cruza con la de José y sus ojos me confirman lo que sospecho: Gonzalo es el dueño del cercado, el establo y al parecer también de una hípica. Y quién quiere sacrificar a Killer.

–  Dayana, ¿estás bien? – Me pregunta Natalia. – Te has puesto pálida.

–  Sí, estoy bien. – Respondo sin dejar de mirar a José. Vuelvo en sí y añado: – ¿Nos podemos ir ya?

Tras despedirnos rápidamente de los hombres, nosotras tres nos subimos en mi coche y conduzco de camino a Destins, el lugar más cercano a Bahía del Mar con pubs donde tomar una copa por la noche. Por el camino, Valeria me suelta:

–  Larga por esa boquita qué te traes entre manos con José. A mí no me engañas.

–  Si os lo cuento, ¿me prometéis que no se lo diréis a nadie?

–  ¡Prometido! – Me contestan las dos a la vez entre risas.

–  Por favor, dime que no te lo has tirado, ¡José está casado! – Me dice Valeria preocupada.

–  ¡Por supuesto que no! ¿Por quién me tomas? – Le reprocho entre risas. – Lo que os he contado antes es casi del todo cierto. Salí a correr por la montaña y me perdí. Llegué a un cercado cerca del establo y vi tres caballos. Uno de ellos me llamó la atención y me acerqué.

–  ¡Te prohíbo que subas a lomos de Killer! – Me espeta furiosa Valeria. – ¡Eso es lo que os traéis entre manos! ¿Te has vuelto loca?

–  Joder Valeria, a veces creo que me espías para enterarte de todo lo que hago. – Protesto.

–  Creo que me he perdido. ¿Qué se supone que has hecho? – Me pregunta Natalia.

–  Vi a Killer y, tras hablar un rato con él, decidí montarlo, aunque dentro del cercado ya que no llevaba ni riendas ni silla de montar. – Les explico. – Entonces apareció José y me dijo que Killer no dejaba que nadie se le acercara desde hace dos años, cuando murió una yegua que tenían en el cercado con él. Me dijo que su jefe iba a sacrificar a Killer en primavera si no volvía a ser el que era y, ahora que sé que Gonzalo es quién lo quiere sacrificar…

–  Sht. Está su prima delante, a ver qué vas a decir. – Me advierte Valeria.

–  Por mí no te cortes, estoy segura de que no podrás decir nada que no haya dicho yo antes sobre él, créeme. – Se mofa Natalia.

–  Le he prometido a José que iré todos los días al cercado para seguir con la terapia, llevo una semana con Killer y ha mejorado un montón, pero hasta que no consigamos que vuelva a ser el mismo José no quiere decirle nada a Gonzalo y, ahora que sé que él es el propietario de Killer creo que no le va a hacer ninguna gracia verme por su territorio.

–  ¿Por qué dices eso? A mí me parece que le gustas. – Comenta Natalia.

–  A mí también, pero estáis muy a la defensiva el uno con el otro. ¿Hay algo que nos quieras contar, Dayana? – Me pregunta Valeria maliciosamente.

–  Lo conocí el día que fui a comer a tu casa, entré corriendo en la pensión, completamente chorreando por la lluvia y tropecé con él en el hall. – Les explico. – Fue bastante desagradable, la verdad. Pero luego fui a buscar a Natalia y se relajó un poco conmigo, aunque cómo habéis podido comprobar, sigue en plan gruñón. ¿Siempre es así?

–  La mayor parte del tiempo, sí. – Me confirma Natalia.

–  No es cierto, Gonzalo es muy divertido y simpático. – Nos dice Valeria. – Puede que un poco estricto y mandón, pero es un buen tipo. Incluso me gusta para ti, Day.

–  Será mejor que sigas con esta conversación cuando estemos borrachas así al menos tendrás la excusa de poder echarle la culpa al alcohol. – Le digo con sorna.

–  Oye, pues a mí me gustas como prima política. – Me dice Natalia burlonamente.

Entre bromas llegamos a Destins, donde aparco en uno de los parkings privados del centro de la ciudad y nos metemos en el primer pub que encontramos, dispuesta a bebernos la primera copa.

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