Empezar de cero 21.

Empezar de cero

Cinco minutos después de irse el doctor, la puerta de mi habitación se vuelve a abrir y, creyendo que es Valeria, le digo sin abrir los ojos:

–  Lo sé, tengo que decírselo a Gonzalo ya, pero no me atrevo.

–  ¿Qué es lo que no te atreves a decirme? – Oigo la voz de Gonzalo.

–  Mierda. – Murmuro cuando abro los ojos y lo veo mirándome con su cara de pocos amigos.

–  ¿Qué es lo que me tienes que decir, Dayana? – Insiste.

–  No estoy preparada para tener esta conversación y mucho menos después de cómo te has comportado conmigo. – Le respondo furiosa. – ¿Tienes tú algo que decirme?

–  Pues sí, tengo algo que decirte. – Me responde sacando un sobre del bolsillo y arrojándolo sobre la cama. – ¿Puedes explicarme qué es eso?

Cojo el sobre y saco lo que hay dentro, unas fotografías de Sergio y mías del verano del año pasado. Miro las fotos una y otra vez y no recuerdo haberlas traído conmigo.

–  ¿De dónde las has sacado? – Le pregunto.

–  ¿Eso es todo lo que vas a decir?

–  No creo que tenga que decir nada más al ver unas fotos mías con mi ex. – Le contesto de malas maneras. – ¿Tu enfado viene por esas fotos?

–  ¿Te parece poco? Te pasas todo este tiempo viviendo conmigo en mi casa y descubro que te estás viendo con tu supuesto ex a escondidas y que además te importa poco que yo lo sepa.

–  Te estás equivocando, estas fotos son…

–  Estas fotos son la prueba de tu infidelidad. – Me espeta furioso.

–  ¿Qué? – Pregunto sorprendida de que crea que esas fotos son de este verano, son unas fotos de hace más de un año. – ¿Eso es lo que piensas de mí?

–  La única razón por la que aún sigues en mi casa es porque aún no estás recuperada, pero en cuanto lo hagas te marcharás. – Me dice mirándome fríamente.

–  No te preocupes, me iré de aquí ahora mismo. – Le espeto furiosa levantándome de la cama y empezando a vaciar el armario.

Gonzalo se marcha de la habitación dando un portazo y yo continuo recogiendo todas mis cosas al mismo tiempo que mis ojos se anegan de lágrimas.

Valeria entra corriendo en la habitación y me pregunta preocupada:

–  ¿Qué ha pasado? ¿Estás bien?

Le cuento todo lo que ha pasado entre sollozos y le enseño las fotos que Gonzalo me ha tirado con desprecio, unas fotos de hace más de un año.

–  El muy imbécil piensa que le he sido infiel. – Balbuceo entre sollozos. – Entró en la habitación y, creyendo que eras tú, le dije que ya sabía que le tenía que decir la verdad pero que no me atrevía y parece que él lo ha interpretado a su manera. Me arrojó las fotos a la cama y me ha echado.

–  ¿Qué? ¿Pero no le has aclarado la verdad? – Pregunta Valeria. – Y, ¿qué tienen que ver éstas fotos? Si son del año pasado.

Valeria me obliga a explicarle todo de nuevo, pues con los sollozos no ha entendido nada. Trato de calmarme durante unos minutos y después le cuento todos los detalles paso a paso y Valeria me dice que Gonzalo se ha ido de casa, que cuando ha salido de la habitación ha bajado las escaleras a toda prisa y ha cogido el coche para marcharse. Valeria coge mi ropa y algunos objetos personales y de higiene y me dice con voz dulce:

–  Hasta que todo esto se aclare, te vendrás a casa. – Me da un beso en la mejilla y añade: – Mañana iremos juntas a esa clínica y te harás la prueba esa. Te prometo que no te dejaré sola ni un solo segundo.

–  No creo que tú estés para acompañarme en tu estado.

–  Voy a estar en la mejor clínica de ginecología, es el mejor sitio en el que puedo estar. – Me responde con una tierna sonrisa.

Valeria me lleva a su casa y me instala en la habitación que preparó para mí cuando yo vivía en la pensión y en la que nunca llegué a dormir. Me obliga a permanecer en la cama y estoy tan exhausta que me duermo en un abrir y cerrar de ojos.

Cuando me despierto, Valeria está a mi lado y me tiene cogida de la mano.

–  Por fin te despiertas, dormilona. – Me dice con una tímida sonrisa. – ¿Cómo estás?

–  Mal, todo esto me está superando.

–  Dayana, mientras dormías ha llamado Ismael, que estaba con Gonzalo, y le he explicado lo que ha ocurrido. – Me confiesa Valeria. – Han venido a casa y les he aclarado el tema de las fotos y Gonzalo se siente fatal por lo que te ha dicho, quiere hablar contigo, pero le he dicho que antes te lo consultaría, quería asegurarme de que quieres hablar con él en este momento.

–  ¿Le has dicho que estoy embarazada?

–  No, eso te lo he dejado a ti. – Me responde sonriendo con complicidad. – Aunque debes saber que no deja de preguntarme qué es lo que le tienes que decir y no te atreves.

–  Déjale que entre, necesito aclarar todo lo que ha pasado antes de que me vuelva loca. – Le respondo temblando por cómo vaya a reaccionar Gonzalo.

Valeria me da un beso en la mejilla y sale de la habitación. Dos minutos más tarde, Gonzalo aparece y mirándome con pesar, me pregunta:

–  ¿Tienes un minuto para escuchar como el mayor idiota te suplica que le perdones?

–  Supongo que sí. – Le respondo con un hilo de voz.

–  Perdóname, mi amor. – Me ruega cogiéndome ambas manos para llevárselas a sus labios y besarlas con adoración. – Soy un imbécil, lo sé. Pero es que me volví loco cuando vi esas fotos, alguien me las envió por correo y cuando las vi…

–  Pensaste que te estaba siendo infiel a pesar de que me he pasado todo el verano contigo, exceptuando las horas que he pasado en la oficina en compañía de tu prima Natalia. – Le apunto para que se dé cuenta de lo estúpido que ha sido su comportamiento.

–  Ya te he dicho que soy un idiota y un imbécil. – Me dice con tristeza. – Regresa a casa conmigo, pequeña. Te prometo que te voy a compensar por todo lo que te he hecho pasar.

–  Gonzalo, yo también tengo que contarte algo. – Le confieso. – La verdad es que no sé cómo decirte esto ni sé cómo te lo vas a tomar, pero ahí va: Estoy embarazada.

Gonzalo me mira directamente a los ojos buscando algún tipo de confirmación, después mira mi plano abdomen y dibuja una amplia sonrisa en su boca para después preguntarme alegremente:

–  ¿Vamos a ser papás?

–  Vaya, no esperaba que te lo tomaras tan bien. – Le respondo sorprendida.

–  Acabas de hacerme el hombre más feliz del mundo, cariño. – Me dice besándome en los labios. – No puedo creer que no me lo hayas dicho, ¿desde cuándo lo sabes?

–  Me enteré ayer, al parecer los antibióticos anulan el efecto de los anticonceptivos. – Le respondo encogiéndome de hombros. – Mañana tengo que hacerme una prueba en la clínica de un amigo del doctor Maxwell que es una eminencia en ginecología.

–  ¿Una prueba? – Me pregunta preocupado. – ¿Qué clase de prueba?

–  Una amniocentesis. – Le respondo. – El doctor dice que sirve para verificar que el bebé esté bien y el embarazo llegue a término sin complicaciones.

–  Cariño, no me puedo creer que hayas estado pasando por todo esto tú sola y encima yo te haya dicho todo lo que te he dicho. – Me dice con los ojos brillantes. – Perdóname, mi amor. No volveré a dudar de ti nunca y te trataré como a una verdadera princesa, a ti y a nuestro bebé.

–  Creo que lo mejor es que nos olvidemos de todo lo que ha pasado. – Le respondo besándole en los labios. – Los dos hemos estado un poco nerviosos y nos hemos dicho cosas que no queríamos decir, prefiero quedarme con tu reacción al conocer la noticia. – Le respondo sonriendo. – Tenía miedo, no sabía cómo te lo ibas a tomar.

–  Dayana, te quiero. – Me dice mirándome a los ojos. – Saber que la mujer de mi vida me va a hacer padre es la mejor noticia que me podías dar, pequeña.

Al día siguiente, Gonzalo, Ismael y Valeria me acompañan a la clínica del amigo del doctor Maxwell y los tres esperan a que me hagan la prueba, que apenas dura unos minutos y no me hace daño.

Gonzalo no se separa de mi lado y ambos respiramos tranquilos cuando el doctor nos dice que el bebé está perfectamente y que estoy embaraza de unas siete semanas. Veinticuatro horas más tarde, me dan el alta y regresamos a casa.

Solo Ismael y Valeria conocen nuestro secreto, no queríamos decirle a nadie que estoy embarazada sin estar seguros de que todo iba bien pero, ahora que ya lo hemos confirmado, Gonzalo está loco de felicidad y quiere gritarlo a los cuatro vientos, así que hemos celebrado una cena en casa para darles la noticia a todos nuestros seres queridos juntos.

Todos están expectantes por conocer la noticia, excepto Ismael y Valeria que ya la conocen pero fingen muy bien y nadie se da cuenta.

–  Creo que ya sé la noticia que nos vais a dar. – Me comenta Sofía sonriendo con alegría. – No sabes lo feliz que me haces al hacer a mi hijo tan feliz, Dayana. Estoy de tu lado y, si tu futuro marido no cumple con sus obligaciones, puedo darle otra charla incómoda. – Bromea guiñándome un ojo con complicidad.

Gonzalo me abraza desde la espalda y me susurra al oído:

–  ¿Cómo estás, preciosa?

–  Estoy nerviosa, cariño. – Le confieso en susurros. – Y tu madre cree que vamos a anunciar que nos casamos.

–  Bueno, ya que estamos, podemos dar una doble noticia, ¿no? – Me propone sonriendo.

–  ¿Lo tenías planeado? – Le pregunto arqueando una ceja.

–  En realidad, pretendía decirlo sin que supieras nada, así no podrías negarte. – Me responde bromeando y encogiéndose de hombros. Se vuelve hacia el resto de invitados sin dejar de rodearme con sus brazos y les dice tras llamar la atención de todos: – Familia, Dayana y yo os hemos reunido a todos aquí porque queremos daros una buena noticia. – Me da un beso en la mejilla, me estrecha con fuerza entre sus brazos y añade: – La noticia que queremos daros es…

–  ¿Os vais a casar? – Pregunta Sofía sin poder esperar más para saberlo.

Todos nos echamos a reír, incluido Felipe que coge a su mujer por la cintura y trata de tranquilizarla. Rosalía me mira con complicidad y se pone las manos sobre el abdomen con disimulo, solo para que yo la vea. Le dedico una dulce sonrisa y le guiño el ojo con complicidad. No sé cómo lo ha hecho, pero Rosalía ha adivinado el motivo de la reunión.

–  Aún estoy tratando de convencer a Dayana para casarnos, pero creo que vas a tener que echarme una mano con eso, mamá. – Bromea Gonzalo. – En realidad, lo que queremos deciros es que pronto seremos uno más en la familia y el pequeño Derek tendrá un primito o una primita con quién jugar.

Todos se quedan con la boca abierta y Sofía empieza a reír y a saltar al mismo tiempo que llora mientras su marido trata de calmarla sin dejar de reírse él también. Rosalía y Federico se abrazan emocionados, Ismael y Valeria se besan, Joel le susurra algo al oído a Natalia que la hace sonrojarse pero que también le da un beso en los labios, Velasco me mira con los ojos llenos de lágrimas y me sonríe como sé que mi padre hubiese hecho si estuviera aquí con nosotros.

–  Estamos empezando de cero, pequeña. – Me susurra Gonzalo al oído. Me da un beso en los labios con ternura y añade: – Te quiero. Nunca dejaré de quererte. Bueno, de quereros. – Me dice sonriendo al mismo tiempo que coloca su mano sobre mi abdomen.

–  Yo también te quiero, mi general. – Le respondo burlonamente antes de besarle de nuevo.

 

FIN

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