Empezar de cero 17.

Empezar de cero

Pasamos el fin de semana todos juntos en casa de Gonzalo, pero en cuanto llega el lunes les hago saber que tengo intención de ir a trabajar y Gonzalo trata de impedírmelo a toda costa sin éxito. Finalmente, logramos llegar a un acuerdo, él me llevará y me traerá del trabajo acompañado por dos agentes de Mark.

Joel ya no se muestra enfadado conmigo pero sigue estando un poco distante, lo que me hace pensar que tanto Velasco como Gonzalo han debido de hablar con él para suavizar la situación, pero sigue estando molesto conmigo. Velasco y Valeria también se han enfadado un poco conmigo cuando les he contado que fui a Tailandia a buscar a Mark, pero ellos se lo han tomado de otra manera.

Llevo tres días insoportable y de los nervios, y es que además de que la Tríada viene a por mí, también me preocupa la seguridad de los que están a mi alrededor, el enfado de Joel conmigo y la incertidumbre de no saber lo que va ocurrir. Por suerte, Gonzalo permanece a mi lado apoyándome y mimándome, sin dejarme ni un solo minuto a solas.

Una semana después de la llegada de Mark y sus hombres, la Tríada hace su aparición en casa de Gonzalo. Tanto Gonzalo como yo estamos durmiendo cuando nos despertamos al oír ruido de disparos. Ambos nos levantamos de un salto y bajamos al salón tal y cómo estamos vestidos (por suerte estamos mínimamente vestidos), él con un pantalón corto de su equipo de fútbol y yo con una camiseta de tirantes ajustada y unos shorts de algodón aún más ajustados, con nuestras respectivas pistolas en la mano.

–  Day, tú te encargas de la izquierda y yo de la derecha. – Me dice Mark en cuanto me ve. Se vuelve hacia Gonzalo y añade: – Tu nuevo novio me cae bien, por lo menos sabe coger una pistola y de momento no se ha echado a llorar.

–  Ha estado en el ejército de tierra, aire y mar; y ha llegado a ser general, así que será mejor que le trates bien. – Bromeo.

–  Me alegro de que esta vez estés con alguien a quien quieres de verdad y no con un pelele. – Se sincera Mark. – Sé que no es buen momento para hablar de esto pero como es posible que no tenga otra ocasión, te diré que me alegro de que por fin hayas escogido a un hombre de verdad, rubia.

–  Yo también me alegro de tu profesionalidad y de la amistad que mantienes con Dayana, de lo contrario ya estarías muerto. – Le dice Gonzalo sin ápice de estar bromeando.

Mark me mira divertido, levantando una ceja con regocijo y le digo:

–  Se me ha olvidado mencionarte que es muy celoso.

–  Ya veo, ya. – Contesta Mark. Se empiezan a oír disparos de nuevo y añade: – Tú la izquierda y yo la derecha. Gonzalo, tú nos apoyas a ambos por si no damos abasto. Mis hombres me han informado que la Tríada no ha venido sola.

–  ¿De cuántos estamos hablando? – Pregunto sorprendida al ver a Mark nervioso.

–  No me lo han podido confirmar, pero muchos más de los que esperábamos.

Entonces, la puerta principal se abre y entran dos tipos a los que abatimos de inmediato. Gonzalo se me queda mirando sorprendido, está claro que no se esperaba que tuviera tan buena puntería. Entran dos tipos más y actuamos de la misma manera y así sucesivamente hasta haber derribado a más de una docena de hombres y me quedo sin balas.

–  Mierda, no tengo balas. – Les susurro.

–  Rubia, ¿has olvidado cómo se pelea? – Se mofa Mark.

–  Últimamente me he aficionado a otro tipo de ejercicio más placentero. – Le contesto divertida. La puerta principal vuelve a abrirse y nos pilla de sorpresa. El tipo nos mira y nos sonríe con la maldad en estado puro en sus ojos, decidido a disparar primero a Gonzalo para que yo lo vea y así hacerme sufrir antes de matarme. Lanzándome contra Gonzalo, le empujo interponiéndome entre él y la bala al mismo tiempo que grito: – ¡No, cuidado!

Logro apartar a Gonzalo pero no logro esquivar la bala, que impacta en mi hombro izquierdo produciéndome una quemazón terrible, seguido de una sensación nada agradable al notar el cálido líquido de color rojo que resbala por mi brazo desnudo. Gonzalo y yo caemos al suelo y Mark se encarga de derribar al tipo justo cuando sus hombres llegan a la puerta de la casa y nos dicen:

–  Les tenemos a todos, ¿queda alguno por aquí?

–  No, éste era el último. – Les informa Mark. – Dayana, estás sangrando. – Añade preocupado arrodillándose frente a mí.

Gonzalo me mira aterrorizado, totalmente paralizado mientras me sostiene entre sus brazos. Mark examina mi hombro y después dice:

–  Has tenido suerte, la bala ha entrado y salido.

–  Hubiera tenido suerte si le hubieras disparado antes de que él me disparase a mí. – Le reprocho. – Se supone que eres tú el que está en forma.

–  ¿Podemos dejar la charla para otro momento y llamar a un médico? – Nos espeta Gonzalo que ha vuelto en sí con más carácter que nunca. – Me da un beso en la frente al ver que le miro con preocupación y me susurra: – No dejaré que te pase nada, cariño.

–  Entonces será mejor que llames a un médico, estoy sangrando demasiado y me estoy empezando a marear. – Le respondo con un hilo de voz.

Sin dejar de notar como la sangre caliente va recorriendo mi brazo, mi pecho, mi abdomen e incluso mis piernas, veo como Gonzalo le dice algo a Mark y él llama por teléfono. Después, Gonzalo me coge en brazos y me lleva a la habitación, donde me deposita con delicadeza sobre la cama y yo pierdo el conocimiento.

Cuando recobro el conocimiento sigo estando en la cama Gonzalo, pero con otra ropa, el brazo vendado y en un cabestrillo.

–  No te muevas, cielo. – Oigo la voz de Gonzalo y rápidamente lo veo aparecer a mi lado. Me acaricia la mejilla suavemente con el dorso de la mano y me da un beso en la frente antes de añadir: – Estás en casa y yo estoy contigo, cariño.

Le acaricio la barba de dos días que lleva y le pregunto preocupada:

–  ¿Por qué tienes barba? ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Están todos bien?

–  Tranquila, todos están bien. – Me responde con una tímida sonrisa. – Has estado durmiendo dos días, perdiste mucha sangre y tuvieron que hacerte una transfusión. La DEA convirtió la habitación en un auténtico hospital. ¿Cómo te encuentras, preciosa?

–  Mm… Como si me hubiera pasado un tren por encima, pero feliz de abrir los ojos y encontrarte a mi lado. – Le respondo sonriendo.

–  No me he separado de ti ni un segundo, mi amor.

–  ¿Tan mal estoy? – Bromeo. – Incluso te has dejado barba. – Le acaricio la mejilla con mi mano derecha y añado con picardía: – La verdad es que te queda muy sexy.

–  Eres una mujer insaciable, ni habiendo recibido un disparo puedes dejar de pensar en sexo.

–  Eres tú quien me provoca. – Le digo sonriendo. – Aunque creo que tendrás que hacer todo el trabajo tú solito, cielo.

–  No me tientes, que no respondo. – Me responde antes de besarme en los labios. – Voy a buscar al doctor, me ha dicho que le avise cuando te despertases.

Gonzalo vuelve a darme otro leve y suave beso en los labios antes de salir de la habitación y regresa escasos segundos después con un tipo de mediana edad y bata blanca.

–  Señorita Blake, soy el doctor George Maxwell, el médico de la DEA, la he estado atendiendo desde que llegué a Bahía del Mar hace dos días. – Me dice el doctor estrechándome la mano con más profesionalidad de la que esperaba, teniendo en cuenta que han montado todo este quirófano o habitación de hospital, cómo queráis llamarlo. – Ha tenido suerte, la bala entró y salió sin causar ninguna lesión grave, exceptuando la pérdida de sangre, claro.

–  Sigo sin entender por qué todo el mundo se empeña en decir que he tenido suerte, hubiera tenido suerte si no me hubieran disparado. – Respondo malhumorada.

–  Supongo que tiene razón, pero teniendo en cuenta lo que podía haber sido, nosotros consideramos que tuvo suerte. – Me responde con una media sonrisa. – Cómo le iba diciendo, no hay ninguna lesión grave que haya requerido una intervención, únicamente tuvimos que coser la herida y hacerle una transfusión de sangre. Ha estado dos días inconsciente, pero ha sido debido a la pérdida de sangre, la transfusión, el cansancio y la medicación que le hemos estado poniendo.

–  ¿Qué medicación me han puesto? – Le pregunto al doctor con desconfianza.

–  Antibióticos, analgésicos y sedantes. – Me contesta sonriendo ampliamente. – Todo está bien, pero deberá continuar con el tratamiento para evitar infecciones y para soportar el dolor, que sé por experiencia propia que no es fácil de soportar. Por supuesto, deberá permanecer en reposo absoluto durante unos días, después podrá empezar a moverse un poco, pero sin realizar esfuerzos. Vendré a verla un par de veces por semana para hacerle unos análisis y comprobar que todo vaya bien.

–  ¿Un par de veces por semana? – Pregunto horrorizada. – No puedo estar dos meses de baja, ¡soy la directora de una maldita revista mensual! ¡No puedo pasarme dos meses al margen!

–  Cariño, ya lo organizaremos como podamos. – Me tranquiliza Gonzalo. – Puedes revisar los artículos, entrevistas y todo eso que haces desde aquí. Puedes escoger la habitación que quieras para montar tu propio despacho y, si es vital que acudas a algunas de tus numerosas reuniones, puedo llevarte y traerte de la oficina personalmente, pero ya te advierto que no lo haré a menos que me demuestres que es de vital importancia que estés presente físicamente, para eso inventaron las videoconferencias.

–  Veo que estás en buenas manos. – Bromea el doctor. – Debo irme, pero les dejo mi tarjeta para que me llamen si tienen alguna duda, consulta o si hay algún contratiempo. Estoy a su entera disposición.

El doctor se despide y Gonzalo lo acompaña a la puerta aprovechando que Valeria, Ismael, Natalia, Joel, Velasco, Mark, Rosalía y Federico han entrado en la habitación en el mismo momento en que el doctor ha abierto la puerta. Gonzalo les recuerda que debo estar en reposo absoluto y les pide que no me alteren lo más mínimo, pero finalmente desaparece con el doctor.

Todos me saludan y me miman con cariño, como una verdadera familia. Mark me explica que sus hombres lograron abatir a todos los asaltantes de la Tríada y a los tres jefes. Como Mark me advirtió, la DEA no hace prisioneros. También me ha dicho que su jefe me hará una visita la próxima semana porque quiere conocerme en persona.

Gonzalo, Ismael y Valeria le han explicado a Rosalía y Federico quién soy en realidad y por qué ha pasado todo esto y, para mi sorpresa, ambos lo han asimilado y aceptado con naturalidad.

La pesadilla ha terminado, por fin puedo empezar de cero con mi vida. Por fin puedo ser quién soy en realidad, puedo ser Dayana Blake.

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