Dulce tentación 5.

Dulce tentación

Norah no podía creerse que estuviera en la cocina de casa de su abuela preparando la comida con Samuel Smith, pero prefirió no darle vueltas, demasiadas cosas tenía ya en las que pensar.

Samuel por su parte, sabía que era un momento delicado para la familia y desconocido para él, pero Norah parecía estar perdida y aturdida y él no quería dejarla así.

–  Esto ya casi está. – Dijo Norah retirando la sartén del fuego. Sirvió dos platos, sacó un par de cervezas más del frigorífico y le hizo un gesto a Samuel para que se sentara a la mesa al mismo tiempo que le dijo: – Hora de comer, buen provecho.

–  Buen provecho. – Le dijo Samuel clavando su mirada en los ojos de ella. Quería saber qué le preocupaba y no dudó en preguntárselo: – ¿Hay algo más que te preocupa? Entiendo que no es asunto mío, pero recuerda que solo quiero ayudarte.

–  Mi abuelo me ha dicho que mataron a mi madre, a su amante y a todo su clan en el Museo de Arte Nacional y que el estado quiere que nosotros nos responsabilicemos de los desperfectos. – Le confesó Norah preocupada mientras se llevaba el tenedor a la boca. – Le he dicho a mi abuelo que no se preocupe, que contrataré a un abogado y que todo se resolverá, pero lo cierto es que no sé si servirá de mucho.

–  No pueden responsabilizaros de los desperfectos que haya sufrido el museo porque hayan matado a tu madre allí. – Le aseguró Samuel acercando su mano a la mano de Norah para acariciarla. – Josh, además de ser mi mejor amigo, es mi abogado. Si me lo permites, me gustaría que él se encargara de éste asunto, te prometo que será discreto y hará todo lo posible para que tus abuelos ni siquiera tengan que asistir a una vista ante un juez ni ser interrogados.

Comieron en silencio hasta que Norah decidió volver a hablar.

–  ¿Por qué haces todo esto? – Le preguntó Norah con curiosidad. – ¿Por qué quieres ayudarme?

–  No sé por qué insistes en querer seguir viéndome como a un enemigo, te aseguro que lo único que quiero es que estés bien. – Acarició con ternura la mejilla suave y rosada de Norah y añadió: – No puedes llevar el peso de los problemas del mundo tú sola sobre la espalda, déjame que te ayude. Te prometo que no te decepcionaré.

Norah cerró los ojos y trató de respirar con normalidad. Sentir las caricias de Samuel en su mejilla le estaba provocando una enorme tentación de arrojarse a sus brazos, besarle y hacerle el amor salvajemente. En lugar de hacer lo que realmente deseaba, Norah trató de calmarse y se apartó de Samuel levantándose de la silla para recoger los platos vacíos.

Samuel se maldijo por haberse acercado a ella en ese momento, en casa de sus abuelos y con las desgracias que se le habían venido encima aún presentes, pero no había podido controlarse. Tener a Norah tan cerca le tentaba demasiado, sobre todo si ella se mostraba sin ese caparazón que la envolvía.

–  Lo siento, no pretendía incomodarte. – Se excusó Samuel.

–  No, quiero decir que no me has incomodado. – Norah se puso colorada, menos mal que Samuel no podía leerle el pensamiento. – Te agradezco todo lo que estás haciendo pero no quiero molestarte con asuntos familiares.

–  Ya te he dicho que para mí no ha sido ninguna molestia, pero comprendo que en estos momentos quieras estar a solas con tus abuelos. – Le dijo Samuel consciente de la situación. – Regresaré a la ciudad y le pediré a Josh que se ocupe de vuestro caso, seguramente necesitará algunos datos, por lo que trata de tener el móvil encendido. Quédate aquí los días que necesites y avísame cuando quieras volver para que pueda venir a recogerte. – La miró a los ojos y añadió: – Llámame si necesitas cualquier cosa o si simplemente quieres hablar, siempre estoy localizable en el móvil. – Le dio un beso en la mejilla y le susurró: – No olvides llamarme para que venga a buscarte, de lo contrario me enfadaré.

Samuel le dedicó una sonrisa perfecta y acto seguido se despidió de los abuelos de Norah en el salón para después marcharse en su BMW X6 de color negro.

Norah observó cómo se alejaba desde la ventana y su abuela se percató de lo alejada que parecía de la realidad, pero no quiso sacarla de sus pensamientos, su nieta ya tenía suficientes cosas en las que pensar y con las que lidiar.

Pasó la tarde en el salón con sus abuelos y los padres de Amy, que se habían enterado de la noticia y se habían acercado a darles el pésame y saludar a Norah. Amy la llamó por teléfono y, tras dos largas horas de conversación, Amy le dijo que, si el viernes no había regresado a la ciudad, ella misma iría a Palmville a visitarla.

Norah arregló todo el papeleo para que enviaran las cenizas de su madre a casa de sus abuelos y llegaron un par de días después. Tras decidir qué hacer con las cenizas, el jueves Norah y sus abuelos esparcieron las cenizas en la playa donde iban de picnic cuando su madre les iba a visitar y no estaba demasiado colocada.

Hablaba con Josh todos los días, pues el estado ya había iniciado la demanda y Josh trataba de frenarla, así que la mantenía informada al mismo tiempo que le solicitaba algunos datos.

Samuel la llamaba todas las noches para preguntarle cómo se encontraban ella y sus abuelos, se interesaba por la evolución del proceso contra el estado a pesar de que Norah estaba completamente segura de que Josh le mantenía bien informado sobre el asunto. Aun así, a Norah le gustaban esas charlas con Samuel antes de irse a dormir.

El jueves por la tarde, después de esparcir las cenizas de su madre, Norah regresó a casa con sus abuelos y subió a su habitación para darse un baño. Una hora más tarde, su abuela entró en su habitación y, cuando Norah la invitó a pasar, se sentó a los pies de la cama. Norah continuaba cepillándose el pelo frente al tocador y su abuelo le dijo:

–  Cielo, sabes que nos encanta tenerte en casa, pero nosotros estamos bien y deberías seguir con tu vida con normalidad. – Buscó la mirada de su nieta a través del espejo y añadió: – Creo que deberías llamar a ese muchacho que tanto se preocupa por ti e invitarle a cenar, no puedes estar pendiente de todo en todo momento, cariño.

–  Mañana me marcharé, pero regresaré el próximo viernes para pasar aquí el fin de semana. – Accedió Norah complaciendo a su abuela.

La abuela Anne le dio un beso en la mejilla a su nieta y la dejó de nuevo a solas en su habitación. Norah se levantó, cogió su móvil y llamó a Samuel en vez de esperar a que él la llamara por la noche.

–  Norah, ¿estás bien? – Preguntó Samuel preocupado nada más descolgar.

–  Sí, solo te llamaba para decirte que mañana regresaré a la ciudad y que, si no tienes planes, me gustaría invitarte a cenar para agradecerte lo que estás haciendo por nosotros. – Le dijo Norah con un hilo de voz, con el corazón acelerado.

–  No tienes que agradecerme nada, pero me encantará salir a cenar contigo. – Respondió Samuel contento por lo que había avanzado. – ¿A qué hora quieres que pase a recogerte mañana?

–  No tienes que venir a buscarme, no es necesario y…

–  No es discutible, señorita Stuart. – La interrumpió Samuel y volvió a preguntar: – ¿A qué hora quieres que vaya a recogerte?

–  Cuando te vaya bien. – Le respondió Norah.

–  Tengo que pasar por la oficina a primera hora pero estaré allí antes de mediodía. – Samuel trató de disimular su alegría y se puso serio para preguntarle: – ¿Estás bien?

–  Estoy bien, con ganas de regresar a la ciudad. – Y Norah añadió para despedirse: – Nos veremos mañana. Buenas noches, Samuel.

–  Buenas noches, Norah.

Un pensamiento en “Dulce tentación 5.

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